IGNACIO ÁLVAREZ
El viernes previo a su partida a España, el presidente Mujica se despidió criticando a los sindicatos, a los neoliberales, a los periodistas, a los politólogos y a "la oligarquía", que según él es la que compra autos cero kilómetro y desborda los shoppings haciendo compras. Seguramente Tabaré Vázquez volvió a pensar que su compañero dice "estupideces" y muchos lo compartirán, mientras otros dirán que es "el Pepe tal cual es". Pero no por conocido puede eximirse de las críticas correspondientes, agravadas por su condición de primer mandatario.
Sin embargo quiero volver a hacer foco en el concepto subrayado el domingo pasado en esta columna, porque más allá de los comentarios anecdóticos, refiere a una actitud de espíritu que define la esencia de la convivencia civilizada en todos los órdenes de la vida: no pensar mal del otro. No en el sentido ingenuo y naive del que termina dándose contra la pared del desengaño, sino en el de que no por no estar conmigo el otro está contra mí; de que hay derecho a la discrepancia más profunda y aún así todos sentir que están procurando el bien común; y de que no por pensar distinto el otro es moralmente inferior. En definitiva, tener la humildad de reconocer que nadie tiene la verdad y respetar el punto de vista del otro; o más que eso: aún considerándolo absolutamente equivocado, entender que incluso desde el error el otro puede propender al mismo y último objetivo que yo.
Pero no es lo que Mujica piensa. De hecho, aquel viernes respondió a las críticas de quienes señalan que el gobierno no está ahorrando lo que debería, diciendo que "en el fondo, parecería que adoran que venga la crisis; parece que su novia eterna es el deseo de la existencia de la crisis, la llaman a grito pelado".
O sea que cuando los economistas alertan sobre la necesidad de implementar políticas anticíclicas, que como en la fábula de la hormiga y la cigarra permitan ahorrar para tener provisiones cuando lleguen las épocas de vacas flacas, según Mujica lo hacen para llamar a la crisis, y no tratando justamente de evitarlas.
Cuando estaba en facultad, un profesor de periodismo nos citó una frase que desde entonces aplico: "el bien no resulta del trabajo de hacer el bien, sino de lo bien que hagas tu trabajo". Pero el presidente no parece entenderlo. Porque al volver de España arremetió contra el economista Ernesto Talvi, a quien le pidió más "patriotismo" después de que éste alertara sobre el debilitamiento de la calidad de la democracia en Uruguay. Y al día siguiente llamó a los uruguayos a "ponerse la camiseta" y "no poner palos en la rueda".
No está mal que el presidente llame a los ciudadanos a defender la causa nacional; pero es jugar sucio tildar de antipatriota a quien critica al gobierno. La semana pasada tuve la oportunidad de entrevistar a Talvi cara a cara en Radio Sarandí, y créanme que en el acierto o en el error, pude ver sus ojos emocionados y advertir un firme convencimiento que provenía de sus fibras más patrióticas y lo llevaba a denunciar esas cosas que él señalaba como amenazas para la democracia uruguaya. Y si algo no se merece es el calificativo de antipatriota, cuando justamente lo que busca es analizar lo que ocurre en el país desde el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) que él dirige. Para eso están los académicos: para investigar, analizar, debatir y criticar. Y esa es su mejor manera de hacer Patria. Y Mujica que se dedique a gobernar y a dejar que cada uno haga lo suyo de forma libre e independiente.
Claro que es un problema para alguien que no cree en los independientes: "Durante toda la vida nos han dado palo, el periodismo independiente, la politología independiente, etcétera. De paso señalemos: para nosotros no existe la independencia; existe el no compromiso, que es una cosa distinta. Independiente no hay nadie, hay gente que no se compromete y que no quiere tomar partido pero tiene posiciones y vaya que las tiene", expresó esta semana en su audición radial.
Por si lee esta columna le comunico al Presidente que sí hay independientes en Uruguay. Y que estamos comprometidos precisamente con esa independencia. Pero él lo sabe, porque hace sólo unos meses se refirió a quien escribe reconociendo que "no es un simpatizante de nosotros; es más que independiente, pero que tiene a ojos vistas, un margen desusado de honradez intelectual". Pero como te digo una cosa te digo la otra.
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