EL MERCURIO | MAURICIO ALARCÓN
Es la más vendedora de los escritores de Chile, la más traducida y, lo que importa en estos días, posible candidata al Premio Nacional de Literatura, algo que ya despierta polémicas.
Isabel Allende se deja caer sobre el sofá. Parece cansada. Luego explicará que ésta es la tercera entrevista del día, y no será una queja. Pronto se anima. Se ve que está cómoda en Sausalito (San Francisco, California). Aquí trabajó algunos de sus libros, en una pequeña casita de madera, separada de la principal por el estacionamiento. "Este fue el primer prostíbulo de Sausalito", dice. Es evidente que le encanta. "Cuando vi la casa, pensé: `se está cayendo`, pero Willie, mi marido, que tiene alma de arquitecto, se enamoró".
Isabel descansa la espalda en los almohadones, mientras explica la forma esquizofrénica en que divide el año, con su sabida costumbre de empezar a escribir el 8 de enero.
Mientras lo hace puede pasarse ocho horas encerrada, hasta que la llaman su marido o su hijo. "Me llaman para que me pare, porque ya estoy vieja: me paro y tengo los huesos fosilizados", dice y subraya "fosilizados" con una carcajada.
"¿Qué vas a hacer en agosto?", pregunto con mala intención.
En agosto debiera anunciarse el ganador del Premio Nacional de Literatura, al que la escritora está siendo postulada por un grupo de mujeres encabezadas por la ex directora de la revista Paula de Chile, Delia Vergara, y que ha recibido el apoyo de varios ex presidentes. Una postulación que Isabel se había mostrado reacia a asumir. Ni siquiera había dado muchas señas de querer tratar el tema.
En agosto, la escritora estará en Brasil. Es su respuesta. Irá a la feria del libro que se hace en Paraty, una isla frente a Rio de Janeiro, donde el que publica es Willie, su marido, que escribe novelas policiales. La miro con atención. Nada. Parece no caer en cuenta. Repasa su plan. "Primero me voy a Chile y luego a Paraty. Después iré cinco días a Jamaica, y me vengo para acá".
-El Premio es en agosto...
-¿Qué época exactamente, sabes? Averíguame, porque sería bueno al menos saber para estar enterada", dice, y nada delata que le incomode el tema. "Sé que hay una verdadera controversia en este momento. Y hay una movilización fuerte de un montón de mujeres que sienten que esto ya no tiene que ver conmigo. Tiene que ver con desafiar el machismo. ¿Cómo es posible que se le haya dado a tres mujeres en la historia del premio, que a Gabriela Mistral se lo dieran cinco años después del Nobel? Bueno, a Pablo Neruda también", se distrae y remata: "Me sobrepasó por completo la cosa".
-¿Estás dispuesta a dar pelea?
-Estoy dispuesta. Y es un costo brutal para mí...
ataques. La vez anterior que Allende sonó fuerte para el premio, en 2002, la polémica se desbordó. La escritora se quejó de que la mayoría de los cuestionamientos eran a la persona, más que a la obra. "Eran ataques super personales. Salieron en la televisión... Nunca vi el programa, pero me lo comentó todo el mundo. Todos decían que había sido atroz. Que se dijo de todo. Voy a tener que exponerme a eso, imagínate, de nuevo".
-Pero has tenido vocación de dar la pelea...
-Mira, he dado muchas peleas en mi vida, pero nunca personales. Son peleas por ideas. Por una idea o por una causa, me juego entera, no me importa. Pero en lo personal, me hieren las cosas. En general, la gente ha sido generosa, cariñosa. Y en Chile sobre todo. Cuando dicen: `Te han tratado mal`, no. No nos equivoquemos: los literatos chilenos me han tratado mal. Pero la gente me ha tratado bien siempre.
-¿Es sólo un asunto de intelectuales?
-No es una cosa de "los" intelectuales, que es una generalización. Son unas pocas personas con gran visibilidad, porque tienen mucho acceso a los medios.
-¿Te atacan personalmente?
-No sé. La crítica no me molesta -dice, y ahora sí está evidentemente molesta. Las palabras se le tropiezan. Chocan. Se empujan-. Lo que me molesta es la actitud mezquina. No entender que por cada libro que vendo, gano un lector que nos sirve a todos. Cualquiera que tenga éxito en cualquier campo, le abre cancha a los demás. En Chile, el único éxito que se permite es el de los futbolistas. Si eres reina de belleza, te acostaste con el jurado. Cualquier cosa que hagas, ¡ah, la copiaste! Si eres rico, ¡ah, robaste!
-¿Qué es lo que más te dolió?
-Hay algunas que me sacan, por estúpidas. Por ejemplo, que soy un fenómeno de marketing. Eso es no tener idea de lo que están hablando. Algunos creen que vendo libros porque mis editores hacen una campaña de marketing. Mis editores publican, qué sé yo, mil libros al año. ¿Por qué le van a hacer campaña a uno? ¿Por qué de los mil vende uno y no los mil...?
-¿Se cuestiona la calidad...?
-¿Tú crees que con marketing puedes sostener un producto durante 30 años si no tiene calidad? Ellos pensarán que tengo una agencia de publicidad que trabaja para mí... Están enfermos de la cabeza. ¿Y por qué no ponen ellos una campaña de marketing, a ver si pueden vender algo?
-Lo de la calidad te molesta...
-No, porque eso es completamente subjetivo. Mis libros se estudian en las universidades americanas. Son lectura obligada en la secundaria. Si te mostrara mi currículum, verías los premios. Entonces, que me discutan la calidad, es subjetivo. A ellos podrán no gustarle, pero a mí puede ser que tampoco me guste Kafka. Me da rabia porque es... quitarle mérito al éxito ajeno, porque con eso te sientes mejor tú. Es una pequeñez de espíritu. En Chile nos encanta que el otro lo pase pésimo.
-¿Y sientes que el Premio ahora es un símbolo?
-Creo que sí. Son las mujeres las que han impulsado esto.
-Te gusta eso.
-Me encanta, porque la pelea ya no es mía. La pelea es de todos.
-Antes habías estado mucho más reticente.
-Porque no quería volver a exponerme a lo que ya pasó. Pero esta vez, cuando me dijeron: "Te vamos a presentar de todas maneras", entendí que había llegado el momento.
-¿Hay que hacer campaña?
-No, no tengo que hacer campaña y ese premio lo decide un jurado, y ese jurado incluye a otros premios nacionales. Yo no sé muy bien quiénes son, pero sé que son mis enemigos de todas maneras.
-¿Está mal aspectado entonces?
-Está mala la cosa -, y estalla en una carcajada.
-¿Siempre ha sido difícil?
-A codazo limpio. Que es muy propio de la generación mía, que se tuvo que abrir paso en un mundo muy machista. Y en el campo literario, por lo menos para mí, ha sido muy difícil. Cuando publiqué La casa de los espíritus no había una sola voz femenina en la literatura latinoamericana. No era porque no estuvieran escribiendo, sino porque estaban ignoradas por la crítica, por los profesores, por los otros escritores, por los editores, por los distribuidores...
-Es curioso que sea así en un mundo que, por naturaleza, se supone que debiera ser más abierto...
-El mundo de la literatura, como muchos ámbitos, está controlado por hombres. Muy machista. Entonces, ahora que hay muchas más mujeres escribiendo, ahora que se sabe que más mujeres que hombres leen ficción, ahora que hay más profesoras de literatura, empieza a haber crítica hecha por mujeres, empieza a haber un espacio. Un espacio ganado en Estados Unidos, en Europa y en otras partes. Pero en Chile el machismo literario da terror.
SABÁTICO. No habrá libro de Isabel Allende en 2011. El próximo 8 de enero, en lugar de buscar una primera frase, la escritora intentará iniciar un año sabático. El plan es descansar de todo. "Lo que voy a hacer es que tengo libre el calendario para todo el próximo año. Primera vez en toda mi vida. Lo voy a hacer porque siento que estoy reciclando las mismas ideas. Ya necesito exponerme a nuevas cosas. Salir de mi zona cómoda y empezar a recibir cosas".
-¿Es una necesidad de qué tipo?
-Espiritual creo. Una inquietud del alma, de ¡ya basta! Todo esto es burbuja. Es material. Y no queda nada después. Siento que el alma de uno, necesita su espacio, atención.
-¿Tienes un déficit...?
-Llevo muchos años con una práctica espiritual, pero necesito tiempo. Es muy importante.
-¿Qué práctica espiritual?
-No tengo ninguna religión. Le tengo terror a las religiones. Creo que son la fuente de horrorosas violencias en el mundo, y ha sido siempre así. Pero necesito, como todo el mundo, una práctica espiritual, algo que me ponga en contacto con el alma.
-¿Y qué planeas hacer?
-Nooooo...-Alarga la respuesta, riendo-. Va a ser un año libre. No me voy a poner metas.