GABRIELA CORTIZAS
El humorista argentino Enrique Pinti estará en el Hotel Conrad de Punta del Este mañana y el martes, con Antes de que me olvide, un show que busca la reflexión del espectador a través de la rememoración de hechos históricos. Junto al cuerpo de baile del Teatro Maipo, Pinti entabla una lucha ficticia con el Alzheimer, encarnado por un viejo soldado alemán, que intenta ponerlo fuera de combate.
Además de conversar sobre el espectáculo y su preocupación por las nuevas generaciones, el argentino se animó a hablar sobre política, el paso del tiempo, su perspectiva de Uruguay, las diferencias con Argentina y los proyectos a futuro.
-¿Cómo surgió Antes de que me olvide?
-Empecé a pensar que la cifra redonda de los 70 años era bastante importante como para hacer una especie de balance antes de que venga el viejo Alzheimer y se me lleve la lucidez, aunque no creo que me venga. Cada vez estoy más lejos de las generaciones jóvenes, que pueden pensar que lo que yo cuento son inventos o cosas surrealistas.
-En lo personal, ¿vivió los 70 años como una crisis?
-Los viví como un balance. La verdad es que yo estoy en crisis desde que me bautizaron. Eso es lo que me provoca la creatividad.
-¿Qué es más importante: olvidar o que lo olviden?
-Que me olviden a mí como artista es una posibilidad muy cercana. Se han olvidado de grandes intérpretes de mi país y del mundo. Nadie es eterno. Por ahí alguien tiene la suerte de Shakespeare, de Molière, de los clásicos, pero no me voy a poner ese listón tan alto. De eso no tengo miedo, porque es inevitable y no lo voy a ver. Tengo miedo de que la gente se olvide de lo que pasó. Eso sí me da bronca. La gente que dice que hace 20 años vivíamos bárbaro en la Argentina, que no había problemas y había trabajo, está loca. Los chicos no habían nacido, los viejos pueden estar medios chotos, pero que el que tiene 40 años diga esas sandeces es una cosa que a mí me enerva.
-¿Cómo es monologar en la coyuntura actual argentina?
-Es lo mismo. Acá siempre seguimos en crisis. Cada uno tiene su posición, cada uno tiene su idea, cada uno tiene su manera de evaluar la sociedad. Personalmente, mientras haya democracia, mala o buena, yo voy a estar mejor que con la dictadura. Siempre me he opuesto a golpes y a movidas de piso. Los que antes se hacían por cuartel, ahora se hacen por lobbies económicos. Creo que los gobiernos tienen que caer, subir o bajar por una cosa natural, por algo que hagan o no hagan. Me parece que la oposición no está a la altura de las circunstancias. Está en conventillos, en denuncias rimbombantes que no se concretan. ¿Sabés cuánto hace que están diciendo que volvemos al 2001? Desde el 2004. Desde el gobierno existe la tendencia de hacernos creer que estamos en Disneylandia y en la oposición una grave tendencia a hacernos creer que estamos en Calcuta en un mal día. Me enerva la Presidenta, me enerva la oposición y me enervan los pelotudos.
-Y de cara a las próximas elecciones ¿por quién apuesta?
-No sé. La última vez que aposté fue a la Alianza (Fernando de la Rúa-Chacho Álvarez, 1999) y me fue como el culo. No apuesto más por nadie. Apuesto por la democracia y espero que el pueblo se decida por lo que mejor le convenga, pero yo no tengo ya ninguna idea fija.
-Volviendo a lo artístico, ¿en qué público piensa al escribir?
-En realidad yo escribo lo que me sale. Y, en general, tengo una muy buena comunicación con la gente, como digo yo, entre los 40 y la muerte. Hay gente que tiene entre 40 y 80 y me va a interpretar más porque ha vivido esos hechos. Es más difícil comunicarse con las generaciones más jóvenes que esas. De todas maneras, tengo sorpresas extraordinarias como la de chicos que no vivieron eso pero me creen.
-Dado que habla de temas tan locales, ¿por qué cree que es tan reconocido en Uruguay?
-Siempre creo que el Uruguay se ha visto como un espejo deformado de la Argentina. Lo que nos pasa a nosotros a veces les pasa después a ustedes. Dicen que nosotros nos resfriamos y ustedes estornudan. Pero yo creo que las realidades han cambiado. Todo esto corría hasta hace ocho o diez años, pero creo que ahora el Uruguay tiene un perfil definido. Siempre lo tuvo, pero creo que antes vivía más de rebote de las cosas que ocurrían en Argentina. Ahora está totalmente diferenciado. Tienen una organización distinta. Por el hecho de haber elegido a (José) Mujica, por ejemplo. Y las actitudes de Mujica distancian mucho de las actitudes kirchnerianas o menemistas. Se lo ve como una persona que ha pasado por una serie de procesos, que viene de algún lado. Se parece mucho más a Lula. Tanto Brasil como Uruguay y el mismo Chile, con su izquierda y derecha, están dando una sensación de más estabilidad política que la Argentina, que está siempre en los extremos. También creo que el uruguayo se ve un poco reflejado en algunas cosas y por eso yo tengo tanta repercusión y la gente me viene a ver, somos como primos. Somos parecidos pero, si bien nosotros tenemos más extensión, más cosas, ustedes siempre han tenido más seguridades, más cosas concretas, menos ambiciones desmedidas y más sobriedad para todo. Ven nuestros defectos y se consuelan.
-Y desde el punto de vista artístico, ¿cómo lo ve?
-Somos lo mismo. Por una cuestión de desarrollo muchos uruguayos vienen a Argentina para hacer mayor proyección, pero, en realidad, tenemos la misma formación, venimos del mismo tipo de clase media cultural y nos gustan las mismas cosas.
-Los insultos, que desde el principio fueron transgresores en sus monólogos, ¿tienen ahora el mismo efecto?
-El efecto nunca lo tuve en cuenta. Yo siempre hablé como me dio la gana y desde un profundo conocimiento del idioma español. Yo pertenezco a una generación de una cultura general mucho mayor a la que se puede tener ahora. Elegí esta forma de expresarme porque me queda cómodo, no para generar efecto. Y creo que la gente entiende. Soy de las personas que piensa que no es lo mismo un tonto que un boludo. Un tonto es una persona atolondrada, un boludo es mucho más que eso. Y un pelotudo es peor porque se cree sabio. Esas palabras en mi código tienen valor.
-¿Cómo ve a la televisión argentina actual?
-Hay que verla desde un sillón porque si no te caés de culo. Tiene cosas buenísimas como las ficciones. Después está el resto de la producción que es Bailando por un Sueño y Gran Hermano. A mí no me aterra eso, me aterra que sea sólo eso. No hay lugar para hacer programas cómicos. Ya no se usa más. Hoy en día los programas de chimentos son los programas cómicos. Yo no me veo ahí.
-¿Ha pensado en su retiro?
-Tengo un dilema. No me gustaría que me retiren porque me quedé en el escenario y me olvidé de la letra. Pero mientras yo pueda estar parado, voy a estar ahí porque es lo que más me gusta. Mientras tenga salud, memoria y pueda brindar un espectáculo que no sea lamentable o que yo considere lamentable, me quedo. No soy de los que quieren morir en el escenario, pero tampoco me veo haciendo otra cosa, a menos que esté choto, enfermo. No sé hacer otra cosa así que no tengo mucha opción.
El dato
En el Conrad
Mañana y el martes, Enrique Pinti presenta el show "Antes de que me olvide", junto con el cuerpo de baile del Teatro Maipo. El argentino invita a reflexionar sobre hechos del pasado que, a su entender, no se deberían olvidar. La cita es a las 22 horas en el Salón Punta del Este del Hotel Conrad. Las entradas están a la venta en la Red UTS a 78, 68, 58, 48 y 38 dólares, más la comisión.