-¿Vislumbra cambios en Cuba, con Raúl Castro en lugar de Fidel?
-No esperar ningún cambio me parece ilógico y esperar cambios radicales también. Prefiero una pregunta más específica: ¿Cambiará Raúl la forma de gobernar que heredó de su hermano? Mi respuesta sería "No". Pero sí creo y doy constancia de que en Cuba están ocurriendo cambios para una apertura económica que, si se concretara en profundidad, traería cambios políticos y sociales mayores. Después de 14 años sin poder entrar en Cuba, fui a la embajada y comencé el trámite para sacar otra vez mi pasaporte cubano. En diciembre de 2009 volví a entrar en Cuba, y a los 29 días salí. Sin ningún problema. Fue un viaje hermoso, intenso, complejo en todos los sentidos, irrepetible. Después volví unos pocos días en marzo de este año, por problemas familiares. Es curioso: eso es un cambio bueno también poder ir a Cuba para asistir o cooperar con la solución de los problemas familiares. Esta segunda vez no me bañé en ninguna playa, me hospedé solo una noche en un hotel, no alquilé autos y sí visité amigos. Pero no escribí ni una línea. La primera vez sí hice todo lo contrario: cuando llegué a Montevideo, escribí tres libros de un tirón. En las dos visitas me divertí, sufrí y dije que no volvía más. Pero no, iría; creo que siempre que reuniera los recursos y el tiempo para ir, iría. Que la prohibición venga de las manos de otros.
-Usted habla mucho de Cuba y las cubanías.
-Cuba es el territorio geográfico, el topónimo que nos otorga el gentilicio. Pero las cubanías son todas la interpretaciones identitarias en que se ha venido repartiendo y multiplicado lo cubano. Ya no somos una isla, y no se puede gobernar a los cubanos como si fuéramos hijos de un puñado de tierra. Este gobierno cubano o cualquier otro futuro, si quiere hacer cambios profundos, debe atender las necesidades de las diferentes cubanías. Que no son dos, maniqueas: La Habana buena y la mala Miami. Por eso creo que los cambios profundos en Cuba deberían venir también por los cambios de la percepción cultural. Y entre los cambios culturales hay uno que ya se disparó: el socialismo ya no se puede sostener como imagen de igualdad ni como contención ilimitada.