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POR HÉCTOR LUNA
hluna@seragro.com.uy
No arden las barbas del vecino, pero sería buena cosa poner las nuestras en remojo. Uruguay coloca carne ovina en Brasil. La situación actual de ambos –proveedor y cliente– lo ambienta. En las próximas tres páginas se presentan datos y factores que, si cambian, pueden generar un nuevo escenario.
"Uruguay no competiría nunca si algunas áreas de plantaciones de caña de azúcar en San Pablo fuesen convertidas a la ovinocultura", concluyó el prestigioso productor neozelandés Robin Hilson, tras una visita de tres semanas a Brasil, donde recorrió 8.700 km.
Hilson se había enterado de que 90% de la carne ovina inspeccionada en el país norteño provenía del nuestro y había constatado el potencial brasileño para desarrollar el producto. Pero también observó los problemas para concretar ese potencial.
La cantidad de cucardas
"La industria ovina brasileña demuestra no tener foco", afirmó Hilson en una nota que escribió recientemente en el periódico de noticias agropecuarias Farm Focus, que se edita en la Isla Norte de Nueva Zelanda.
Enseguida agregó que le "quedó claro" que los productores norteños "no entienden" que "solamente mejor genética producirá mejor producto".
El neozelandés –que, a sus 70 años de edad, lleva más de 50 como productor ovino- relató que cuando asistió a la Feria Internacional de Caprinos y Ovinos, de San Pablo, perdió la noción del tiempo en medio de animales que eran "cepillados, lavados, pintados y conducidos a arenas para ser juzgados como si fuesen modelos de pasarela y subastados como pinturas de Monet".
"Productores neozelandeses, ¿qué les recuerda eso? Sí, parecía que yo hubiese vuelto atrás 40 años en el tiempo", preguntó y se respondió.
Contó que, de las "innumerables" conversaciones que mantuvo "por horas" con "los entusiastas de la ovinocultura" en el predio de la Feria, "la más difícil fue explicar que el reproductor en Nueva Zelanda no tiene que ser bonito, tiene que probar resultados".
Debe ser capaz de cubrir 100 vientres naturalmente "para ser considerado bueno inicialmente" y, "lo más importante, la progenie que deja tiene que crecer para lograr metas mejores que las de su padre".
Un productor brasileño quiso saber la opinión de Robin Hilson sobre el carnero que él presentaba en el evento.
"Le respondí que yo no podría comprar reproductor alguno de él en tanto yo no fuese informado sobre el desempeño zootécnico del animal en términos de fertilidad, supervivencia y tasa de crecimiento", por ejemplo.
–Nadie viene a mi propiedad a comprar carneros y me pregunta sobre el desempeño zootécnico de ellos. Pero sí cuántas cucardas poseen –comentó el productor.
Australianos en portugués
El neozelandés Hilson –que se enamoró de Brasil en su primer viaje al país, 30 veces más grande que el suyo– narró luego que aprendió mucho sobre diversos regímenes de alimentación animal durante sus visitas a establecimientos ovinos.
"Razas terminales como Texel, Hampshire Down, Ile de France, Poll Dorset y Dorper se disputan la preferencia de los criadores y se encuentran en varias partes del país, por donde pasamos", relató.
También observó una raza nativa deslanada –que "ellos llaman Santa Inés"–, típica de regiones secas y con escasez de alimentos, y que le recordó a razas que vio en Medio Oriente y China, animales rústicos "sin aptitud para carne".
Hilson puntualizó que diversos tipos de suelos y pasturas "hacen de Brasil un potencial productor de ovinos muy parecido" a Australia.
El secreto
"Precisamos más carne de cordero. No conseguimos comprar lo suficiente, aunque nuestra necesidad sea inmediata", le dijo el gerente de una cadena de hipermercados de Porto Alegre.
"Los consumidores pagarían más por una carne de cordero de calidad, si hubiese disponibilidad", le comentó el dueño de una carnicería ubicada en la localidad paulista de Botucatu, de más de 110.000 habitantes.
Robin Hilson escribió que "en prácticamente todos" los comercios que visitó durante los casi nueve millares de kilómetros recorridos habían sido "unánimes" las quejas sobre la inconsistencia de la oferta.
El visitante se preguntaba –ante ese comportamiento de la demanda– por qué no había "una industria próspera" en el sector ovino.
Y así arribó a la convicción de la ya citada ausencia de "foco" y a la conclusión de que no se comprende que la genética es el camino.
Dejó constancia en su nota de que, varias veces, los productores brasileños le preguntaron cuál era el secreto de Nueva Zelanda. Los invitó a visitar su país. Muito obrigado –contestaban–, pero querían una respuesta más rápida. Entonces, dijo:
–Nosotros no criamos ovejas. Criamos pasto. La oveja es, apenas, el producto, dentro de nuestras limitaciones.
¿Y los datos?
El prestigioso productor neozelandés afirmó que el material genético ovino que importa Brasil "sufre un tipo de protección monopolizada" y que se aprecia una actitud de "super ostentación", "sin poseer datos comprobados de desempeño zootécnico".
El motivo
"Los ovinocultores brasileños desconocen, infelizmente, el potencial que el país de ellos posee: la tierra es abundante, el grano es abundante, el mercado es abundante. Y es por ese motivo (el desconocimiento) que la carne (ovina) uruguaya aún compite en las góndolas", sentenció Robin Hilson.








