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El año se inicia con actividad frigorífica muy floja: en las primeras dos semanas de enero se procesaron menos de 70 mil cabezas y aparentemente seguirá igual, por lo menos durante todo el mes.
También en los ovinos la faena ha sido pobre, con menos de 12 mil animales sacrificados en el período. Es claramente inferior a las cifras de 2011, que ya eran bastante menores que la del año previo.
No parece probable que se deba a la falta de animales susceptibles de ser destinados a faena, sino a estrategias antagónicas de oferta y demanda.
Como es sabido, el mercado está bastante trancado por las diferencias de enfoque de productores e industriales respecto a los valores que deben pagarse por la hacienda.
Los ganaderos miran el precio de exportación de la carne, que hace muchos meses se ubica en torno a los U$S 4.000 la tonelada, sin que se hayan registrado bajas en los promedios exportados.
Mercado doméstico
Otro tanto ocurre en el mercado interno de carne, que paga precios similares; mientras tanto, en ese mismo período, los ganados perdieron valor continuadamente, desde que en mayo alcanzaron su punto máximo.
A mediados de enero, la baja respecto a ese pico ronda el 15% del precio, tanto en novillos como en vacas. A mediados del año pasado, durante más de tres meses, los novillos se pagaban a más de U$S 4 el kilo de carne en gancho y recientemente se colocó por debajo de los U$S 3,60.
A su vez, el indicador de Novillo Tipo correspondiente a diciembre estimó el precio del novillo pago al productor en U$S 921, registrándose una caída de 10,5% respecto al precio máximo alcanzado en mayo pasado.
El Valor Agregado Industrial, concepto que integra costos y beneficios indiscriminadamente, ha ido recuperando, con altibajos, parte del nivel que tenía hasta este año: en diciembre llegó a U$S 277 por cabeza; en mayo había caído a U$S 195, lo que equivale a un aumento de 42% en ese lapso.
Problemas de colocación
Pero hay otras maneras de observar la situación. La industria y los vendedores de carne en el exterior señalan las dificultades de colocación que encuentran a la hora de negociar: la demanda está débil, los contratos se hacen por cuentagotas, por cantidades acotadas, con frecuentes pausas entre uno y otro.
Los volúmenes de exportación, sostenidamente inferiores a la producción luego de detraer las partidas destinadas al abasto interno, sugieren la formación de un saldo remanente de cierta importancia: los stocks en cámaras han ido creciendo en los últimos tiempos.
En el mismo sentido, el cuero, el principal "recupero" de la faena, en las últimas semanas cotiza a menos de U$S 1 el kilo, cuando en setiembre se pagaba por encima de U$S 1,40.
Esa diferencia equivale a casi U$S 15 menos de valor por res, que llevado a un promedio de carne en gancho novillo–vaca representa una rebaja de más de 6 cts por kilo de carcasa.
La referencia al Novillo Tipo permite observar que la remuneración de la hacienda capta 80% del precio total, mientras que la industria debe enfrentar constantes aumentos de costos en dólares y lograr márgenes con el restante 20%.
Lo cierto es que la situación de la industria dista de ser cómoda en las actuales circunstancias; de ahí puede entenderse la rigidez de la posición de los frigoríficos, que prefieren retraer su actividad, cerrar plantas o trabajar a media máquina, antes que convalidar las subas que pretenden los productores.








