Ella trabaja; ellos contentos

Mientras que en 1960 las estadounidenses significaban el 7% del sostén económico de la pareja, en la actualidad son el 22%. El aumento derivó en una menor tasa de divorcios, según varias investigaciones. Los expertos concuerdan que las uniones son más felices y equitativas.

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Al casarse, las mujeres económicamente independientes tienen mayor poder de negociación. Resultado: un matrimonio más justo y equitativo para ambos.

NEW YORK TIMES | TARA PARKER-POPE*

Desde que Betty Friedan exhortó a las mujeres a dejar sus hogares y cursar carreras profesionales y laborales comenzó la polémica sobre si tal fenómeno llevaría al padecimiento del matrimonio. ¿Una mujer económicamente exitosa sería una amenaza o un alivio para su marido?

Recientemente, un estudio del Pew Research Center, Estados Unidos, denominado "El ascenso de las esposas", revivió el debate. Basado en información censal, los investigadores encontraron que actualmente en casi una tercera parte de los matrimonios, la mujer se encuentra en un nivel educacional más alto que el de sus maridos. Y aunque el hombre, en general, aún sigue teniendo ingresos superiores a los de sus esposas, ellas son hoy el sostén económico del 22% de las parejas, en comparación al 7% que significaban en 1970.

Mientras que el cambio económico de roles puede llevar un tiempo de acostumbramiento, ha tenido un efecto sorpresivo en la estabilidad marital. Ante todo, la evidencia muestra que la transformación dentro de los matrimonios -hombres haciéndose cargo de los trabajos domésticos y las mujeres ganando dinero fuera de sus casas- tuvo un efecto positivo, contribuyendo a disminuir la tasa de divorcios y a hacer más feliz a las uniones.

"Las mujeres ya no necesitan estar casadas por lo económico o educacional, así que están más propensas a elegir hombres que soporten una relación igualitaria", señala Stephanie Coontz, directora del área de investigación y educación del Consejo de Familias Contemporáneas, y autora del libro Marriage, A History: How Love Conquered Marriage" (Matrimonio, una historia: cómo el amor conquistó el matrimonio).

La experta se pone ella misma como ejemplo. "En mi matrimonio, yo tengo mayor educación e ingresos que mi marido; él ya se ha retirado. Lo elegí como esposo, no porque necesitara tickets de alimentación, sino porque me gustó el hecho de que me respetara y no tuviera problema en compartir las responsabilidades cotidianas. Cada vez las mujeres pueden elegir más libremente".

Usualmente, los cambios de roles en el matrimonio no son lo que muchas parejas han planeado, pero sí una reacción a presiones financieras inesperadas. Eso le sucedió a Cynthia y Brian Walder de West Springfield, Massachussets, quienes tienen cuatro hijos. Aunque su primer y segundo embarazos fueron cuidadosamente planeados, la sorpresa de unos varones mellizos significó que el costo de contratar a una persona que los cuidara se tornara prohibitivo. Era necesario que uno de ellos dejara su trabajo. "Uno de los dos debía quedarse en casa", señala Cynthia, de 34 años.

Su trabajo en marketing para una empresa de seguros proveía de beneficios de salud para toda la familia, así que un año atrás Brian, de 36 años, consultor empresarial, optó por quedarse en el hogar. "Fue muy estresante", dice. "Si me hubieran preguntado cinco años atrás si yo estaría en este lugar, habría contestado: `de ninguna manera`" (ver recuadro aparte).

Mito. Mientras existe la creencia que la independencia financiera de la mujer incrementa el riesgo de divorcio, las tasas en Estados Unidos cuentan otra historia: han disminuido a medida que la mujer obtiene sus propios ingresos. El promedio pico fue de 23 divorcios por cada mil parejas a fines de los 70, pero cayó hasta menos de 17 rupturas cada mil. Hoy, las estadísticas muestran que, generalmente, a mayor independencia económica y educación de la mujer, más es la estabilidad de su matrimonio. Y en estados donde pocas mujeres tienen trabajos pagos, la tasa de divorcio es más alta, de acuerdo a una investigación realizada en 2009 por el Centro de Progreso Americano.

Sociólogos y economistas señalan que las mujeres independientes pueden ser más selectivas al decidir contraer matrimonio, y que también tienen más poder de negociación dentro de la pareja. Pero no sólo la mujer gana. El resultado neto tiende a que el matrimonio es más justo y equitativo para ambos.

Las transformaciones no vienen sin sus desafíos. "Con mujeres haciéndose cargo de los ingresos y hombres responsabilizándose de los cuidados del hogar, se dan cantidad de cambios y juegos de malabares", dice Andrea Doucet, profesora de sociología de la Universidad Carleton en Ottawa.

Su estudio, el proyecto "Pan y Rosas", siguió parejas de Estados Unidos y Canadá en las que la mujer era el primer sostén económico. "La dinámica no es fácil como se puede pensar", indica. "No se puede cambiar así nomás".

Los hombres, por ejemplo, a veces pasan por un tiempo duro ajustándose a la idea de igualdad femenina o del poder de una mujer que gana más que ellos. Mientras tanto, ellas padecen al tener que entregar su poderío dentro del hogar y el control de todo, por ejemplo, de cómo se visten los niños, la alimentación de la familia o cómo se limpia la casa.

Linda Duxbury, una profesora de la Escuela de negocios de la Universidad de Carleton, recuerda momentos de su matrimonio en que dudó mucho en entregar ese control. "Mi marido debía vestir a mi hija para ir al colegio y yo decía: `Mi Dios, ella se parece a un payaso`. Él me respondía: `Ella se siente bien usando eso. Si no te gusta mi elección, entonces hazlo tú`".

Y añade: "De muchas maneras, las mujeres son sus propias enemigas: queremos que los hombres lo hagan, pero también decirles cómo deben hacerlo".

crisis. Los hombres también pueden sufrir por esa expectativa social existente de que los esposos deben ser siempre los sostenes económicos. Pero, la recesión económica mundial ha hecho que esas expectativas sean menos realistas.

"Actualmente, necesitan de los ingresos de sus mujeres", explica Joshua Coleman, una psicóloga de San Francisco que escribió The lazy Husband: How to Get Men To Do More Parenting and Housework. (El marido haragán: cómo hacer para que los hombres realicen más tareas de padres y en el hogar).

"Hay un pensamiento instalado en la cabeza de muchos hombres: `Cuál es mi valor aquí si no estoy trayendo dinero. Entiendo que quieras un marido comunicativo y simpático que realice la tarea doméstica y sea padre, pero ¿qué orgulloso puedo estar de eso?`"

Una editora de una revista de Nueva York, que pidió que no se la nombrara por respeto a la privacidad de su marido, señala que durante su matrimonio de 10 años, su esposo perdió el trabajo, y su ingreso mayor se convirtió en una suerte de tensión.

"De un día para otro, yo estaba llevando todo el dinero", cuenta. "Fue difícil encontrar un balance entre ser un sostén y, a la vez, decir: `Pero realmente necesitamos cash, amor, ¿podrías tener un trabajo de medio tiempo?`"

Después él le sugirió que realizara un master para aumentar su poder de ingreso económico. "Recuerdo que pensé: `Odio eso, ¿por qué él piensa que debo tener un mejor trabajo y hacer un montón de dinero?` Me hizo dudar de que quizás había una parte de él sintiéndose confortable que fuera yo el sostén, y por un largo tiempo".

Kirsten W. Springer, una socióloga de Rutgers, asoció hombres de más de 50 años, que tienen esposas que ganan más, con menos salud. Entre las parejas que tenían los mayores ingresos de su investigación, un marido que gana menos que su mujer es 60% menos propenso a una buena salud comparado con los que ganan más que sus mujeres.

AÚN FALTA. Y aunque los cambios de los roles matrimoniales se vienen observando desde hace 40 años, el trabajo de ambos no es equitativo. Aún, entre parejas donde ambos integrantes trabajan, la mujer todavía realiza dos tercios de las tareas domésticas, en promedio, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Wisconsin.

Pero los hombres hacen bastante más que antes. Los números muestran que desde 1960, la contribución masculina a las tareas domésticas se ha duplicado, mientras que se triplicó el tiempo destinado a cuidar a los hijos.

Y las transformaciones de los roles tradicionales de género aparecen junto a un efecto positivo. Lynn Prince Cooke, sociólogo y profesor de la Universidad de Kent, Inglaterra, encontró que las parejas americanas que comparten trabajo y responsabilidades hogareñas son menos propensas a divorciarse, comparado con parejas donde el hombre es el único sostén familiar.

* (Tara Parker-Pope es columnista del New York Times y autora "For Better: The Science of a Good Marriage", publicado el 6 de mayo ppdo.)

Cambio de roles con muy buen resultado

Brian Walder, quien dejó de trabajar a los 36 años para quedarse en casa a cuidar a sus cuatro hijos pequeños, señala que es todo un desafío diseñar una nueva rutina diaria. "En casi todas las instancias la esposa es quien toma las decisiones cuando se trata de los niños y generalmente el marido sigue ese lineamiento. Es raro cambiar el rol".

Su mujer dice que encontró difícil ceder su trabajo como progenitora a cargo. "Me llevó un tiempo llegar a ese punto y no sentir culpa cuando no iba a una cita médica de los niños o cuando no podía supervisar cada aspecto de sus vidas", dice.

Pero hoy, los Walder aseguran que el experimento fue una bendición. La mayoría de los días, Brian lleva a sus hijos a la biblioteca, al jardín o al museo. Él maneja el tema de limpieza diaria de la casa y el lavado de ropa, y usualmente se ocupa de la cena. Los fines de semana, su mujer Cynthia, toma un rol más preponderante con los niños y hace la limpieza más a fondo, las compras y el plan de comidas para toda la semana.

"Pienso que ella tiene el trabajo más duro", dice él. "Si me hubieran preguntado un año atrás, yo sentía que tenía lo más pesado. Pero ahora que lo tengo, lo amo. No me gustaría renunciar".

Las madres tienden a bañarlo de consejos. "Obtengo siempre las mismas reacciones de las mujeres. Ellas dicen, está muy bien, bárbaro, pero mi marido nunca podría hacerlo. Creo que no le dan oportunidad a sus esposos. Todos pueden hacerlo, así como todas las mujeres pueden ser los sostenes económicas de la familia", finaliza Brian.

Las cifras

22% de las parejas estadounidenses tiene a la mujer como sostén económico, mientras que en 1970 era el 7%.

17 divorcios por cada mil matrimonios se producen hoy en Estados Unidos, mientras que en los 70` esa cifra ascendía a 23.

100% Es lo que aumentó la contribución masculina en las tareas domésticas desde 1960, y en cuidado a hijos el porcentaje se triplicó.

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