Un camino hacia la felicidad

Vivir de viaje

"Viajar por el mundo siempre fue un sueño para nosotros”, dicen los hermanos Germán y Nicolás Kronfeld. Un día decidieron hacerlo realidad y ya llevan dos años recorriendo el mundo, una aventura en la que empezaron siendo tres.

En el monte Key Summit, en Nueva Zelanda
En el monte Key Summit, en Nueva Zelanda
En la Plaza Roja de Moscú
En la Plaza Roja de Moscú
En el Monte Tongariro, donde se filmó El Señor de los Anillos
En el Monte Tongariro, donde se filmó El Señor de los Anillos
En el Muro de los Lamentos, en Jerusalén, Israel
En el Muro de los Lamentos, en Jerusalén, Israel
en Moscú, Rusia.
en Moscú, Rusia.
En la Catedral de San Isaac, en San Petersburgo, Rusia
En la Catedral de San Isaac, en San Petersburgo, Rusia

Viajan livianos de equipaje, pero no de experiencias y anécdotas, que comparten cada semana en el programa Justicia Infinita (Océano FM). El recorrido no tiene fecha de finalización, pero saben que terminarán echando raíces en Uruguay. Con eso vendrá seguro un libro y, si hay que seguir cumpliendo sueños, tal vez un audiovisual y un programa de radio propio, experiencia por la que ya pasaron y les gustaría repetir.

A fines de 2013, los hermanos Kronfeld –Germán (29 años) y Nico (28)- y su mejor amigo Alex salieron con destino a Santiago de Chile. Terminaron en Australia, donde trabajaron durante doce meses para costearse lo que serían las paradas siguientes. Luego recorrieron Nueva Zelanda en casa rodante, volvieron a pasear "a dedo" por Australia y volaron hacia China, punto de partida de su camino por el sudeste asiático. En esa zona, visitaron Vietnam, Camboya, Tailandia e India. Siguieron viaje hacia Europa Oriental (Hungría, Croacia, Eslovenia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, y Serbia), pasaron por Turquía y España, para luego llegar a Israel, donde estuvieron dos meses. Más adelante vino Rusia, y les esperaban Mongolia, Corea del Sur y Japón. Desde hace poco más de un mes son solo dos, Alex se bajó porque recibió una propuesta irresistible. Quedaron solo los hermanos, que cuentan su gran historia en esta entrevista.

-¿Cómo surgió esto de salir por el mundo?

-Viajar por el mundo siempre fue un sueño para nosotros. Sin embargo, aunque estaba en la lista de objetivos, no había ningún plan real para cumplirlo. La lógica indicaba que terminaríamos por materializarlo un par de semanas al año, como mucho. Pero las cosas cambiaron. Si bien no hubo un momento "Eureka" en el que decidimos hacerlo, comenzó a tomar fuerza la idea de dejar todo y arrancar. Empezamos a averiguar sobre oportunidades laborales, porque no teníamos plata para esta locura, y aparecieron algunas opciones. La que más nos sedujo fue la visa de trabajo anual de Australia porque, además de pagar muy buenos sueldos, ofrece la posibilidad de vivir en ciudades de primer mundo, con ritmos que no conocíamos y que también nos interesaba experimentar. Entre los chistes sobre irnos de Uruguay y el día de la despedida pasaron 11 meses. En el medio, renunciamos a nuestros trabajos, acomodamos nuestros estudios, disfrutamos de nuestros amigos y familia, y nos preparamos para dejar nuestra zona de confort y salir a ver qué pasaba más allá de fronteras.

-¿Qué hacían hasta ese momento y a qué pensaban dedicarse?

Nico: Germán trabajaba en una importadora y en un bar; yo era periodista freelance y sobre el final también trabajé en el mismo bar. Ger andaba con ideas sobre una aplicación de viajes que todavía está en el tintero y yo sigo con el periodismo desde los lugares que visitamos, algo que quiero mantener para el futuro. Conocer el mundo también nos abrió la cabeza desde lo profesional y laboral. Queremos trabajar con turismo, nos encanta la idea de elaborar muestras para museos y en varios países que conocimos fuimos anotando ideas para desarrollar algún día.

-¿De dónde sacaron el dinero para el viaje?

Nico: Por las dudas que las cosas no funcionaran tan bien en Australia, antes de irnos aceptamos todos los trabajos que aparecieron. Germán siguió en la importadora y trabajó en el bar todos los días, con jornadas que sumaban más de 15 horas entre los dos turnos. Yo también atendí en el bar durante unos meses, pero ni siquiera me alcanzó para la primera parte: empecé el viaje con plata prestada por Ger, ya que la visa de trabajo y el vuelo hasta Oceanía costaron bastante dinero.

Sin embargo, ese era el plan B. La plata que nos paga el viaje es la que ahorramos en Australia. Ahí los sueldos son muy altos y trabajamos 12 meses casi sin días libres. Nuestros jefes nos ofrecían descansos y decíamos que no.

-¿Cómo es su forma de viajar?

-Poco ostentosa. Tratamos de vivir con personas locales a través de Couchsurfing (red social de turismo en la que se ofrece alojamiento gratuito), cocinamos siempre que podemos, salimos muy pocas veces a restaurantes (preferimos aprender a preparar los platos típicos y después comerlos con la gente que nos los enseña) y no hacemos todas las visitas "obligadas" de cada ciudad.

-¿Cómo es su equipaje?

-Tenemos dos mochileras y una mochila de mano entre los dos. Nuestro equipaje cubre todos los climas y necesidades frecuentes. No tenemos ropa de media estación, por ejemplo. Abrigos, uno cada uno. No llevamos regalos ni recuerdos que ocupen mucho espacio; compartimos mucha ropa y lo que más lugar nos roba son los accesorios electrónicos, fundamentales para poder subir contenidos a nuestro sitio web y páginas en redes sociales: cámaras, computadoras, cargadores, soportes y accesorios.

Expertos en café.

Los hermanos han trabajado como obreros, mozos en bares, en muestras de arte y en casamientos. Fueron baristas (encargados de la máquina de café, un puesto sagrado en Australia), cajeros, limpiadores y estatuas vivientes.

Lo más raro: Ser estatua viviente en Melbourne. Nico ya había hecho de estatua en otro viaje. Elegimos escenificar una dupla de caballeros sentados en el baño, leyendo. Compramos ropa de segunda mano, la pintamos toda de blanco, construimos el "baño" liviano para transportarlo, armamos carteles y salimos a la calle. Fue una experiencia increíble, la gente se amontonaba para sacarnos fotos y nos dejaba cartitas diciendo que les cambiamos el día o que les arrancamos sonrisas. Fue sensacional.

Lo más exigente: Lo vivió Nico, en el bar de la Casa de la Ópera de Sydney, un restaurante con 400 mesas que recibe entre 2.500 y 4.000 personas durante las noches de fin de semana. Su tarea era caminar por todo el local y juntar vasos y platos que ya no estuvieran en uso.

Lo más divertido: Fue cuando trabajábamos juntos. Entramos en una agencia que gestionaba varios locales y nos asignaba diferentes lugares según el día. Algunas veces coincidíamos, y era gracioso saber que detrás de esos trajes y delantales señoriales había un conocido que no era tan serio como parecía.

Lo que más les pagaban: Como obreros, pero nos informaban de cada turno la noche anterior y era muy inestable, entonces conseguimos trabajos más periódicos y lo dejamos. El caso opuesto fue ni bien llegamos, cuando en una empresa de catering se quisieron aprovechar de que no conocíamos casi nada del mercado y nos ofrecieron la mitad del sueldo mínimo. Pero entre que confirmamos asistencia y llegó el día de nuestro primer turno, ya estábamos advertidos y cancelamos.

-Australia les cambió la forma de ver y valorar el café.

-No podemos decir que descubrimos una vocación en hacer café, pero sí que desarrollamos un gusto y una especie de pasión por esta infusión. En Australia, el café es sagrado. No se hace en un minuto ni en cualquier cafetera, y no da lo mismo Latte que Capuchino ni que Espresso. Así que cuando nos preguntaron si sabíamos hacerlo y dijimos que sí, nos metimos en un lindo problema. Hoy podemos decir que sabemos hacer café como se debe, que nos gusta mucho probar diferentes variedades, y que sabemos diferenciar los tipos y las fuerzas de cada producto.

Comunicadores.

Nico y Germán tiene un hermano mayor, Javier (32 años). Los tres, junto a sus padres Jaime y Laura, forman una familia muy unida. Antes del viaje, vivían todos en un apartamento en el Parque Rodó y en los ratos que les dejaban los trabajos de los cinco, les gustaba matear, salir a caminar, hacer asados en el Parque Rivera, ir a la Playa Ramírez o a ver a Defensor Sporting, equipo del cual Nico y Javier son hinchas fanáticos. Tanto a Nico como a Germán les falta un examen y la tesis para recibirse de Licenciados en Comunicación, el primero en Periodismo y el segundo en Publicidad.

-¿Cómo se dio lo de la salida en Justicia Infinita?

-Cuando estábamos por terminar nuestro año de trabajo, nos dimos cuenta de que teníamos demasiado para contar y ni siquiera había arrancado la fase de viaje puro. Entonces, quisimos llegar a uruguayos que, aunque no puedan irse de viaje tan seguido, tuvieran la chance de viajar con nosotros una vez a la semana. Escribimos a Justicia Infinita y la respuesta no pudo ser mejor. Gonza (Cammarota) había trabajado con Nico en una revista y nos había escuchado en otras salidas que hicimos para Océano FM. Encontró interesante la idea de hacer salidas semanales, por lo que estamos al aire cada martes, alrededor de las 14 horas. Solemos mezclar informaciones con experiencias propias y anécdotas que pintan de forma más real lo que contamos. Hace unos años tuvimos un programa de radio y siempre nos gustó ese medio, así que estamos felices de poder hacerlo.

-¿Hay un itinerario trazado o se va armando sobre la marcha?

-Para nosotros la felicidad está muy relacionada con hacer lo que nos gusta y lo que queremos, en el momento que surge. No tendría sentido un itinerario estricto en nuestro viaje. Nuestro única exigencia es sentir a cada momento que no podríamos ser más felices que lo que somos, en ningún otro lugar. Si termina el día y podríamos estar más contentos en otro sitio, empezamos a conversar para cambiar.

-¿Alguna vez se vieron tentados por algo para quedarse en un lugar?

-Hay días en que se extrañan otros sitios o momentos. Hay experiencias que nos gustaría vivir por más tiempo. Hay una frase de Martín Caparros que nos encanta y resume un poco esta idea: "Viajar sigue siendo un gesto de desesperación: rozar, por un momento o unos días, todas esas vidas que nunca podré. No hay nada más brutal, más cruel que entender que podría haber sido tantos otros". Pero no podemos decir que nos quisimos quedar en algún lugar. Conocimos países que parecen espectaculares para vivir, encontramos gente que vale la pena sumar a nuestra vida y han querido retenernos en nuestros trabajos pero, por ahora, seguimos eligiendo esta vida. Sin embargo, estamos abiertos a todo. "Sin planes" también significa eso, que todo puede terminar en un momento. Salimos con la idea de volver a Uruguay y todavía la mantenemos; imaginamos muchos años en Uruguay. Sabemos que queremos formar familias y tenemos sueños profesionales que no son del todo compatibles con vivir de viaje, pero por ahora no estamos analizando detenernos por eso. El tiempo dirá…

-¿Tuvieron problemas de documentación o con las autoridades en algún momento?

-No. Tratamos de averiguar bien sobre las complicaciones de cada destino y, si bien hay visas que exigen demasiada anticipación o decenas de documentos probatorios, no nos han negado ninguna hasta el momento. Una vez, en el camino de Tailandia a India, teníamos una escala de 19 horas en Sri Lanka. Como era una escala no averiguamos sobre la visa, pero resultó ser obligatoria. Nos enteramos 12 horas antes de viajar y ya era de noche. Por suerte, la visa se hacía en línea y se aprobaba durante las 24 horas. A los 15 minutos recibimos un mail con las visas aprobadas. Increíble.

-¿Esta aventura tiene destino de libro, documental, película, programa de radio propio…?

-Esperemos que sí, y si es todo eso mejor. Llevamos un registro minucioso de lo que hacemos y en varios soportes. Tenemos horas de videos, miles de fotos y muchos textos sobre nuestra experiencia. El libro es algo que queremos hacer en un mediano plazo, mientras que el resto de los proyectos parecen más adecuados para cuando nos asentemos de nuevo en Uruguay, además de que no podríamos llevarlos a cabo sin ayuda de terceros, porque son más ambiciosos. Sin embargo, nos encantaría trabajar con una productora y publicar un audiovisual sobre esta experiencia.

-Si uno de ustedes quiere dejar la experiencia, ¿qué pasa?

-Nada, cada uno es libre de bajarse cuando quiera. Éramos tres hasta hace un mes y nuestro mejor amigo se fue porque recibió una propuesta que consideró irresistible y estamos muy felices por él, dejó un sueño por otro que lo ilusionaba más. Si uno de los dos decide parar, el otro verá si quiere seguir solo o si también agarra para casa. Este viaje por el mundo es nuestro camino para llegar a la felicidad y si mañana creemos que se puede llegar por otro trayecto que nos inspira más, lo tomaremos.

Algunas anécdotas.

En 19 países, más de 60 ciudades y 125 puntos visitados es claro que las anécdotas son muchas y variadas. Germán y Nicolás eligieron contar las siguientes:

-Dedo en la Polinesia Francesa: Nos levantaron familiares de un fallecido cuyo velorio recién había terminado, un patrullero, y una señora, que nos trató de llevar a la casa en la montaña donde nos hospedábamos pero no la encontró. Al rato volvió a pasar, nos volvió a llevar y llegamos a destino. La gente en Polinesia Francesa es maravillosa.

-Hospedaje en Sydney: "Coordinamos para visitar un apartamento que parecía bueno por el precio. Nos hicieron subir dos pisos por escalera. En el camino, varias chicas nos saludaban desde sus apartamentos. "¡Qué vecinos tan amigables!", pensamos. Miramos, conversamos el precio y nos fuimos con la promesa de pensarlo. Salimos y cuando miramos la fachada ¡era una casa de masajes! Nos querían alquilar un cuarto como al resto de las mujeres que trabajaban ahí".

-Fin de Año en Australia: Nico trabajaba en la fiesta de la Casa de la Ópera, el mejor lugar del país para pasar fin de año. Estaban buscando dos personas para cuidar un sector del bar por seis horas y ofreció a Germán y Alex. "Pero un día antes, nos dijeron que tenían trabajo para uno solo. Mandamos un mail diciendo que vinimos juntos desde Uruguay, que no teníamos con quién pasar Fin de Año y que no íbamos a dejar a uno de los tres solo. Ofrecimos trabajar gratis con tal de que nos tomaran. Nos pagaron la mitad pero entramos a la fiesta, brindamos juntos a las 12 de la noche, vimos uno de los espectáculos de fuegos artificiales más importantes del mundo y encima, cuando terminamos de trabajar, nos dejaron participar de la fiesta como si fuéramos clientes".

-Padres en Nueva Zelanda: "Llegamos a un pueblo de 12.000 habitantes. Compramos unas carnes y cuando empezamos a averiguar ¡no había parrillas públicas! Nos dijeron que podíamos comprar unas parrillitas descartables en una barraca. Tampoco conseguimos, pero en la puerta encontramos a una pareja que vendía chorizos para recaudar fondos para una ONG y les contamos de nuestro problema. No solo accedieron a cocinar nuestra comida, sino que mientras lo hacían, al rato de conversar, nos invitaron a dormir en su casa por algunas noches, dado que sus hijos estaban fuera del país. El hombre trabajaba en otra ciudad que visitamos después, por lo que nos encontramos de nuevo y estuvimos diez noches más en su segunda casa. Hasta hoy seguimos en contacto con Mark y Susan, nuestros padres en Nueva Zelanda.

-Pariente famoso en Nueva Zelanda: "Sabíamos que la pasión por los All Blacks alcanzaba a todos. Uno de los jugadores de los All Blacks más importante de la historia del rugby de ese país, hoy retirado, se llama Josh Kronfeld y cada vez que alguien conocía nuestro apellido nos preguntaba por él. Decidimos conocerlo. Fuimos al estadio, nos pusimos en contacto con unos productores del canal de TV para el que trabaja y quedaron en escribirle un mail. A los pocos días, teníamos coordinado un encuentro. Nos saludó como si fuéramos su familia y parecía más interesado en nuestro viaje que en las historias de su carrera deportiva".

-La gran experiencia de Israel: "Nos invitaron a un evento de Familias Incompletas, una organización de integrantes de Israel y Palestina que visitan casas para contar sus historias en las que siempre hay un familiar cercano asesinado a manos del otro bando. Con la piel erizada y los ojos vidriosos escuchamos a madres y hermanos decir que la paz es el camino. Que antes de palestinos e israelíes son seres humanos y que el odio no es opción; el camino es la convivencia. Nos dieron un ejemplo que no vimos nunca antes, el privilegio impagable de escuchar historias de grandeza como nunca conocimos. Realmente, fue una de las experiencias más enriquecedoras y profundas de nuestra existencia".

En las redes.

La página de Facebook es su canal más importante y el que prefieren destacar. Aparece al buscar A la Vuelta en el buscador de Facebook o entrando en www.facebook.com/tres.alavuelta. También está el sitio web: www.tresalavuelta.wordpress.com. Otra posibilidad es seguirlos a través de su cuenta en Twitter: @ViajeAlaVuelta o entrando a www.twitter.com/ViajeAlaVuelta.

Y los martes, a las 14 horas, tienen su espacio en Justicia Infinita (Oceáno FM).

Muro de los lamentos.

En Israel, protagonizaron las experiencias más enriquecedoras y profundas de su viaje, al escuchar testimonios de palestinos e israelíes con familias destrozadas por su eterno enfrentamiento. "Nos dieron un ejemplo que no vimos antes".

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