ENTREVISTA

Vero Piñeyrúa en su versión más jugada

La movilera de Bendita TV se animó a posar al desnudo con un bodypainting para recibir a la primavera.

Verónica Piñeyrúa
Verónica Piñeyrúa. Foto: Rafa Botto

—Tus primeros recuerdos son en Olivos, ¿cómo fue tu infancia?

—Feliz. Mis padres juntos, mi hermano y yo. Vivimos en Buenos Aires hasta mis siete años. Yo hacía muchas actividades. Recuerdo vacaciones familiares en Parque del Plata y acampando en La Pedrera.

—Tu hermano te cuidaba en Buenos Aires mientras tus padres trabajaban. La distancia ayudó a que el vínculo fuera más fuerte, ¿hoy el lazo es tan unido?

—Allá estábamos muy solos, era todo los cuatro, y hasta hoy somos medio clan. Nos llevamos bárbaro pero mi hermano después de que volvimos a Uruguay se separó un poco. Empezó a tener sus amigos y no dejaba que me juntara con ellos porque aparte era celoso. Yo me quería meter en su vida y odiaba que él no me dejara. Hoy tenemos muy buena relación, si él me necesita estoy, y él es igual conmigo, pero no tenemos esa confianza. Nos unimos mucho por nuestros hijos. Veraneamos todos juntos en San Francisco.

—¿Cómo eras en la escuela?, ¿inquieta, buena o mala alumna?

—Todos mis carné dicen, modere inquietud. Las maestras me ponían de florero en una esquina, me mandaban a hacer mandados o a ordenar la biblioteca para que no jodiera. Pero era buena alumna, pasaba con Muy Bueno Sote o Muy Bueno. Me encontré con una maestra hace poco y se acordaba de que no paraba de hablar.

—¿Recordás haber tenido crisis durante la adolescencia?

—Tuve una adolescencia alucinante. Empecé a salir a los 15 años. No había plus 15, te tenías que colar a los boliches para mayores de 18 y accedías al alcohol. Iba al Bacilón, La Locomotiv, Ecology. Era muy hippie: salía con el vaquero con el que iba al liceo, botitas de gamuza de la feria, una remera Hering de manga larga, un buzo de lana, y arriba una camisa leñadora.

—¿Y tenías levante?

—Sí, claro. Me movía en un grupo de gente que era igual que yo ¡Mirá si me iba a maquillar o a vestir bien!

—¿Qué cosas te ponían triste?

—Siempre fui muy para arriba. De repente me ponía triste alguna pelea con amigas pero nunca tuve crisis saladas o bajones. Tengo una familia muy unida y eso siempre ayudó. En casa tenían la costumbre de apagar la tele y cenábamos todos juntos.

—¿Sos llorona?

—No, me cuesta horrible llorar porque me siento débil y no me gusta que me vean así.

—¿Cuándo fue la última vez que lloraste y por qué?

—Hace poco. Estoy trabajando mucho, voy de un lado para el otro, tengo dos hijos, la casa, entonces me desbordo. Mi cabeza va más rápido que yo: de repente no disfruto lo que hago porque estoy pensando en lo que viene mañana. Llega un momento que exploto y me largo a llorar.

—Hiciste educación física pero no te hacía feliz y le pediste ayuda a tu hermano para entrar en los medios, ¿cómo reaccionó él?

—Al principio me decía que era una rompe huevos. Siempre lo dice y es verdad. Yo a veces le pido mucho. Soy pesada. Toda la vida le exigí, le exigí, le exigí. Siempre le decía pero no me daba bola. La gente me comentaba, sos un cague de risa, tenés a tu hermano en la tele y no le pedís. Yo no le quería pedir, pero un día lo encaré y le insistí: Quiero hacer esto. Y me llamaron para una participación en Bendita TV.

—¿Te tenía fe él?

—Todo el primer año me tuvo miedo. Empezó a ver cosas mías que no conocía: me cargo a los hombres, a los jugadores de fútbol. Él es mucho más recatado, ubicado y respetuoso. Se cuida mucho. Yo no. Me importa poco todo. Al principio me decía, tené cuidado, no vayas a quedar así o asá. Después de que pasó el primer año, me gané el afecto de la gente, el Iris Revelación, empecé a hacer radio y teatro y no fue gracias a él, se liberó. Aflojó y se dio cuenta de que soy así y no me va a cambiar.

—¿El Piñe disfruta de trabajar contigo?

—No creo. Él me dijo bien claro una vez, me encanta que te vaya bien pero en otro canal, si puede ser. Y terminé trabajando en Bendita. Pero sabe que a mí me hace bien y al programa también porque a la gente le gusta. No me dice nada, pero si me puede salir algo en otro canal, mejor para él.

—Has ido a Del Sol a hacer participaciones con Edison Campiglia, ¿podrías trabajar en la radio con tu hermano?

—Sí, tenía terror. Estaba más nerviosa por mi hermano que por el resto. La cara que va a poner, pensaba. Pero hizo un click. Se dio cuenta de que no puede conmigo. Campiglia me hace decir cualquier cosa y yo se la sigo. Yo podría trabajar en Del Sol, pero no sé si él podría. Igual no me gustaría tener un programa con mi hermano porque me sentiría todo el tiempo observada.

—¿Tus hijos disfrutan tu exposición o les pesa?

—Julia (12) es más tímida y al principio le daba cosa. A Nacho (16) le encanta y quiere empezar a ir a la radio con mi padre. Se acostumbraron. No es como los hijos de mi hermano que nacieron con su padre famoso. A mí ellos me veían como profesora de educación física. Al principio Julia me decía, ¿vas a salir con eso? Es muy introvertida y yo todo lo contrario. Pero me ven feliz porque yo trabajaba muchas horas, salía muy temprano, no los veía hasta la noche, y volvía cansada, sin ganas de nada. Y ahora disfruto lo que hago.

—¿La cobertura de la boda de Messi fue lo mejor que te pasó?

—Ni ahí, si no nos dejaron entrar. Fue una cagada. Ayer me encontré con Agustín Casanova, y le dije, si hubiera tenido tu teléfono te juro que te llamaba para hacerte de tira cables. Disfruté el viaje, estuvo bueno porque después salimos a tomar cerveza, pero como nota no fue la que más me gustó. Había unas vallas y no lo veías ni de lejos. Ya sabíamos que iba a ser así porque no teníamos acreditaciones.

—El ministro de Trabajo, Ernesto Murro, no te quiso dar una nota porque dijo que solo hablaba con medios serios, ¿tuviste algunas otras negativas?

—El único roce fue con él. Ya era un embole trabajar un 1° de mayo y todavía me agarré con este loco. En general la gente te recepciona muy bien. Incluso los jugadores de fútbol en la zona mixta responden re bien.

—No sabés nada de fútbol pero te encantan los jugadores, ¿saliste con alguno?

—No. El otro día me dijeron, vos sos re botinera. Me gustan los jugadores, pero nunca tuve oportunidad de acercarme a uno. La gente no puede creerlo porque mi padre y mi hermano trabajaron toda la vida en el deporte. Pero nunca se me ocurrió pedirles, y no es mi estilo ir a una cancha de fútbol a buscarlos.

—El Pelado Cáceres te dedicó un tweet por tu cumpleaños, ¿te sorprendió?

—Casi me muero. Me estaban maquillando para ir a una fiesta, y le grité a mi hijo, me escribió el Pelado Cáceres. Enseguida me fijé si era su cuenta oficial porque pensé que me estaban jodiendo.

—¿Es tu preferido?

—Sí, me mata. Es mi permitido.

—¿Sos de ir al frente con los hombres?

—Sí, algunos me tienen miedo. Como voy para adelante reculan. Me cargué a Fer Vázquez, le dije, qué lindo que sos. Y no supo qué responder.

—¿Y en la vida sos igual?

—Sí. Desde chica pienso que no se puede estar perdiendo el tiempo. Si te gusta alguien tenés que encarar.

—¿Te la has jugado por amor?

—Siempre.

—¿Has rebotado mucho?

—Solo una vez, de adolescente.

—Antes del estreno de Swingers decías que tenías miedo de subir al escenario y quedarte en blanco, ¿cómo fue?

—Me pasó y casi me muero. Estaba re nerviosa y en la escena principal que hago con Pacella me quedé en blanco. Y él me repetía, ¿qué es lo que te pasa, mi amor?, decime. Yo no me acordaba lo que venía. Fue horrible, no sabía qué hacer, me comí una parte y seguí. No me pasó nunca más. Ahora me puedo confundir pero la remo.

—También decías que no te sentías actriz, ¿estás más suelta?

—Yo no me considero actriz, la gente estudia para serlo. Es como esos profesores de educación física que se hacen llamar docentes y hacen un cursito. No me considero actriz pero estoy actuando. El papel es muy parecido a lo que soy yo. Me siento re suelta. La gente que me ha ido a ver no me dice, qué actriz, sino, qué natural.

—¿Querés seguir actuando?

—Me encantaría, pero no sé si puedo hacer un drama.

—Cuando te pidieron que dijeras un referente elegiste a tu padre, ¿por qué?

—Mi padre es referente para todos en mi familia. Es muy centrado y abierto. Sabe dar consejos, sabe callarse y no atomizarte. Te dice lo justo, o no te dice nada para no lastimarte. Con mis hijos lo necesito mucho y él siempre está. Todo el mundo lo quiere, no habla mal de nadie. Él y mi madre siempre estuvieron y con una sonrisa.

—Lo que más disfrutás de la popularidad es el cariño que recibís, ¿por qué te quiere la gente?

—Lo que me repiten es que la televisión precisa más personas como yo: naturales, frescas y que digan lo que les sale sin estar en pose.

—¿Te sentís carismática?

—Me siento carismática porque soy como soy, no oculto nada. Hay gente que cree que yo hago un personaje, y no, soy así.

—Al principio te decían la Piñe, ¿dejaron de llamarte así?

—No, al principio me decían la hermana del Piñe. Ahora me dicen de cualquier manera: la hermana del Piñe, la naherma (por el chiste con Campiglia) Vero, o Piñe. Pero a mí me apodaban Piñe en el liceo también.

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