TEATRO EN CASA

Travesía por los lugares comunes

En tiempos donde los protagonistas de las historia suelen ser el celular, las computadoras y las redes sociales, el colectivo La Tijera propone un instante de encuentro y convivencia desde una obra teatral en el living de la casa de Paola Larrama, protagonista de Y los lugares comunes

Paola Larrama y Karen Halty, protagonistas de la obra
Paola Larrama y Karen Halty, protagonistas de la obra. Foto: Gonzalo Nogueira. 

La cita para disfrutar y transitar esta experiencia que mantiene alerta los cinco sentidos es jueves, viernes, sábados y domingos a las 21:00 horas en Gutiérrez Ruiz e Isla de Flores. La dueña de casa y Karen Halty contaron detalles de esta obra cuyo programa es un posavasos.

Hace cinco años, Estibalíz "Tiz" Solís se mudó a Uruguay por amor. La actriz, directora y dramaturga de Y los lugares comunes integraba el colectivo artístico La Tijera en Costa Rica y quiso fundar uno con el mismo nombre aquí para mitigar la nostalgia. Primero cranearon obras infantiles ¿Cómo encontrar un portal mágico? le valió a Paola Larrama el Florencio a Mejor Actriz en 2013. Y dos años después hicieron El árbol de naranjas.

Paola propuso explorar crear una obra para adultos, y una tarde Tiz mandó un audio revelador al grupo de Whatsapp: había encontrado el tema perfecto. Se iluminó mientras patinaba en el cubo del Parque Rodó. Observó cómo convivían personas vario pintas en ese espacio compartido y se le ocurrió indagar cuáles son los lugares comunes que tienen sentido. Es decir, un sitio de encuentro verdadero. Asoció esa idea con la posibilidad de explorar hacer teatro en una casa. Y enseguida le cayó la ficha: debía ser en el living de Paola porque es el lugar de reunión y creación, donde se gestaron y ensayaron todos los proyectos de La Tijera y que, incluso, tiene una habitación destinada a almacenar escenografía y vestuario.

Todo cerraba. Buscaban hacer teatro donde quisieran y pudieran. Le escapaban a las salas convencionales porque les interesaba crear un lazo más cercano con el público e investigar ese vínculo ¿Qué mejor que hacerlo en un sitio que conocen de memoria y que alberga sus creaciones e ilusiones desde 2013? Hace un mes, la casa de Paola se transformó en un teatro con funciones jueves, viernes, sábados y domingos.

"Es un espacio chiquito, tiene una capacidad máxima para 13 personas, la gente está cerca, interactúan entre sí, y con los actores. Siempre imaginábamos que le hablábamos a alguien, que le contábamos la historia a otro, y por eso el contacto visual es clave. De hecho, cuando empezó a ir gente a los ensayos cambió todo y tomó sentido", explica Karen Halty, protagonista de la obra.

Como en casa.

La comunicación y el encuentro son el leit motiv de la obra. Y arranca desde la modalidad de adquisición de las entradas. Los interesados envían un correo electrónico a [email protected], se toma la reserva y un artista de La Tijera realiza el delivery para dársela en mano a la persona en el lugar convenido, que suele ser la cantina del Cine Unversitario. "Desde ahí parte todo porque te encontrás con la persona, te ves, interactuás. Es una preparación para el intercambio", cuenta Paola Larrama, la otra protagonista.

Se les dice la dirección y cuando la persona llega a Gutiérrez Ruiz e Isla de Flores no sabe con qué se topará: ¿una casa, un galpón, un garaje? Ahí empieza a jugar el factor sorpresa. En el imaginario del espectador se genera algo distinto a lo que sucede cuando va a ver teatro a una sala comercial. "Tiene otras capas, otros misterios. Cabe la pregunta con qué me voy a encontrar, qué disposición tendrá ese espacio, quién vive ahí, cómo se habita", enumera Paola.

La experiencia sensorial arranca en la calle minutos antes de las 21:00. A medida que uno se aproxima a la puerta de esta casa con balcón, el sonido de los tambores que inunda el barrio Sur empieza a perder intensidad para dar paso a la música de Cher, Michael Jackson y George Michael. Es que el calentamiento de los actores de Y los lugares comunes consiste en bailar. Con esa banda sonora entran en personaje y ordenan el espacio para la función.

Johnny (José Ferraro) se encarga de recibir al público y en la escalera de entrada pregunta qué quieren beber. En esa bienvenida empieza a sentirse la calidez del hogar. Las opciones son vino, gin tonic y limonada. Johnny interactúa como si fuera el encargado de la barra del bar. Y esos espectadores conversan entre ellos de forma espontánea, porque en ese instante aún no son conscientes de que ya están inmersos en la obra, están jugando ese juego porque este viaje arranca desde que se oye la música en la vereda.

Proceso.

La obra se divide en tres actos: un sueño, un recuerdo y una construcción. El objetivo es plantear cómo se puede caer en tantos lugares comunes vaciados de sentido. Mandatos impuestos, conclusiones que vienen dadas y no se cuestionan, frases hechas que repetimos como loros porque están integradas al día a día, por ejemplo, "el que ahorra siempre tiene".

Esta Mujer 1 y 2 interpretadas por Paola Larrama y Karen Halty reproducen una cantidad de acciones, comportamientos y dichos que uno suele realizar de forma automática, sin pensar, ni cuestionarse, y este proceso de investigación los encontró preguntándose qué significa realmente esto que digo o hago, y qué sentido le doy.

—Paola: Hubo una investigación sobre qué representan estas dos mujeres: qué muestran, qué no, qué tienen que ver entre ellas, cómo es el vínculo. Incluso hubo momentos en que pensamos que podrían ser la misma persona en sus diferentes caras.

La directora Tiz propuso explorar desde infinitos ejercicios. Les planteó estímulos físicos para llegar a determinados lugares, o construir ciertos materiales que quedaron en la obra tal cual. Las conversaciones que usaron para crear se bautizaron "picoteos" y se parecen mucho al clásico zapping televisivo: saltar de un tema al otro, agarrar del interlocutor la idea que te gustó sin que sea textual lo que estaba diciendo el otro y llegar a conclusiones insólitas y disparatadas.

Hay una cantidad de objetos que aparecen en el piso de este living y dentro de una caja que tuvieron un rol clave en este camino creativo. La consigna de Tiz fue que llevaran a los ensayos elementos comunes que cualquiera pudiera reconocer, que fueran bellos y que entraran en una caja de cartón.

Karen compartió unos diskettes que encontró tirados en la calle, un palillo, lentes de sol y un VHS con bloopers de deportes. Paola eligió un mapa, una sombrillita pequeña, otra para colocar en vasos, un guante y linternas.

—Paola: Cada uno llevó lo que quiso y pudo ¿Qué hacemos con todos estos objetos juntos?, nos planteamos. Fue lindo preguntarse por qué lo había llevado cada uno, por qué era importante para esa persona y ver cómo los poníamos a dialogar. De lo que aportamos todos surgió el tercer acto que es la construcción.

Estos flashes dan una sensación retro porque llevan de forma inevitable a conectar con algo que resuena en la memoria del espectador, sea un recuerdo, un momento, un lugar, un ser querido, una época.

Comunión.

La sensación de estar en una casa se plantea desde el arranque y funciona. Las cercanía de los actores con el público permite que se conecte desde un lugar verdadero. Las miradas y el contacto visual hacen que la trama quede en segundo plano porque el espectador se dispone a transitar la experiencia como una travesía distinta a cualquier obra y se anima a jugar con los cinco sentidos.

—Más allá de lo que pueda leer cada uno de lo que sucede, se trabajó una conexión con el vínculo verdadero no mediado por nada externo, sino por estar ahí juntos en ese momento. Es el encuentro. Compartir. Y el teatro es eso: la convivencia.

Cuando las actrices piden un tiempo para hablar a solas, el público se retira al comedor de la casa que funciona como bar y Johnny charla con las personas como cualquier cantinero. En ese mano a mano con maní, alcohol o limonada de por medio hay mucho más que un guión. Este viaje merece ser vivido.

Artistas y amigas.

Paola Larrama y Karen Halty interpretan a la Mujer 1 y 2 en Y los lugares comunes. Estas dos actrices se conocen de memoria hace once años. Compartieron clase en la EMAD, incluso llegaron a vivir juntas, e integran el colectivo La Tijera desde 2013. Actuaron en el policial sinfónico Muñeca Rota, y para esta obra rescataron las linternas que usaron en esa obra que marcó el debut de Lucía Trentini como directora en 2016. Un detalle: el programa de Y los lugares comunes es un posavasos.

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