Hacedores

Tomania quiere un nuevo teatro

Patricio Raurich y Diego Araújo armaron su propia compañía para independizarse de los círculos teatrales al crear. Este semestre pondrán cuatro obras en cartel. 

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Tomania plantea el concepto de un nuevo teatro

"No abrís un Gallito Luis y ves que se buscan actores para interpretar Hamlet. Entonces si querés ser actor y ves que no hay ofertas, ármate algo”. Patricio Raurich y Diego Araújo se conocieron en la Escuela del Actor hace dos años. No eran amigos, pero en seguida se hermanaron en una meta: querían vivir del teatro sin depender de ninguna institución. “Hay actores que egresan de los institutos y se quedan sentados esperando que los llame Tarantino. Si generás trabajo, podés vivir de esto, si esperás que te seleccionen en un casting, no”. Tomania nació como un proyecto de dos actores cuyo fin era gestio nar sus propios espectáculos y reunir artistas comprometidos, cinchando por una causa común. Desde enero son una asociación civil que agrupa más de 40 actores. 

Patricio y Diego compartieron escenario en la obra final de la Escuela del Actor y dijeron, ‘hagamos cosas por la nuestra’. A principio de 2014 se reunieron y tiraron una catarata de ideas. Las proyecciones se hicieron usando el método científico: "armábamos y si no nos gustaba, refutábamos". Después de varias charlas descubrieron que compartían muchos intereses (el gusto por el humor, la comedia, rescatar las raíces) y acordaron que debían retomar el sainete, un género popular y cómico que dejó de hacerse en Uruguay en la década del ’50. Se encontraron con que buena parte del público actual lo desconocía, a pesar de que había sido muy exitoso e incluso Florencio Sánchez le había dedicado varias de sus piezas. "Eran obras muy cortitas (25 ó 30 minutos) musicalizadas que mostraban la vida del bajo, del arrabal en la décadas del ’20, 30 y ’40". Ese mundo se retrató en Mi noche triste, la ópera prima de Tomania.

La obra estuvo en cartel en Café Misiones a mediados de 2014 y se re estrenará el 6 de marzo del corriente año. En paralelo, la compañía Tomania trabaja en tres proyectos más que se exhibirán en Tractatus también durante el primer semestre. Cliché (texto y dirección de Diego Araújo) y Las hijas de Eva (dramaturgia de Lucía Vázquez) se estrenarán el 6 de junio. En tanto, Una historia de llaves (monólogo a cargo de Soledad Guido dirigido por la francesa SabIna Jean) aparecerá en la cartelera capitalina el 2 de mayo. Esta pieza tiene la particularidad de que es la primera vez que se expondrá en América Latina, ya que su dramaturga, la francesa Nathalie Akoun nunca había querido ceder los derechos, pero accedió a hacerlo debido a la cercanía que tiene con SabIna.

Rumbo al sainete.

Configurar la trama de Mi noche triste demandó un exhaustivo trabajo de investigación. Se propusieron conocer cómo eran las costumbres de la época, las personas, el tango e incluso fueron a un diccionario para adaptar el modo de hablar y expresarse. Tomania invitó y sometió al público a un viaje en el tiempo cuidando los más ínfimos detalles. "Fuimos a la Biblioteca Nacional y había muy poco material pero hubo mucho recorrido por Tristán Narvaja, coleccionistas. La reconstrucción histórica es muy importante para que el intérprete no se salga de la historia. Por ejemplo, el actor se sienta al lado de alguien del público para leer una carta y el espectador observa que está escrita con tinta. Eso es genial. En un momento sale una botella de leche vacía y entra llena; hay un periódico del año 38 que el actor lee al lado del espectador: son pequeñas cosas que permiten que el público se traslade en el tiempo", enumera Diego.

Incluso cuidaron la elección del espacio físico donde se desarrollaría la obra. Mi noche triste tuvo lugar en Café Misiones y se re estrenará allí porque esta construcción acogedora de principios de 1900 les garantiza la estética que precisan para comunicar el mensaje. "No se hace en un bar por cuestiones económicas sino porque la trama transcurre en un bar. Si la obra que escribíamos era AK7 el submarino rojo, nos rompíamos para conseguir un submarino porque buena parte de lo que define a la compañía es el espacio alternativo", asegura Patricio.

La acertada ambientación en Café Misiones va de la mano con otra meta que se fijó Tomania: la inclusión del espectador, "no son extras, están integrados. Te aseguro que al minuto que empieza la obra te olvidás que son actores. Ese cambio en lo conceptual se da gracias al espacio alternativo: no te sentás cómodo en tu butaca del Solís o en el living de tu casa a comer pop, acá estás viviendo una situación de la cual no podés escapar", indica Diego. Y ahí encuentra fundamento la actualización del género: tomamos el sainete de principios del siglo XX pero lo preparamos para el espectador del siglo XXI. Hoy estamos acostumbrados a la imagen constante, el Facebook es imagen, la televisión es imagen, somos un público de imágenes y ritmos distintos. Por eso buscamos hacer un teatro donde el público esté atento y conecte con el actor y la historia".

Funcionamiento.

El nombre de la compañía lo trajo a colación Diego. En la película El gran dictador, Charles Chaplin no usa los nombres originales de los países, los inventa "para dar un punto de vista en el arte". Alemania, por ejemplo, se llama Tomania. Entonces, "Tomania es lo que hizo un genio para burlarse del fascismo. Hay una posición política en esa acción que realizó Chaplin en 1937. Nosotros volvemos a elegir Tomania muchos años después", fundamenta el creador.

Tomania se transformó en una asociación civil desde enero de 2015 con los estatutos y papeles legales correspondientes. Hoy piensan las obras en términos de producto: generan fuentes, satisfacen una necesidad, hacen ruido para darse a conocer, difunden, crean expectativas y redoblan la apuesta. "Al generar piezas de calidad, despertás en el público el deseo de volver a consumir lo que ofrecés", opina Diego.

Ese primer elenco que integró e hizo posible Mi noche triste hoy es pieza estable de la compañía y además se incorporaron otras tantas personas de distintos palos (abogados, contadores, fotógrafos, técnicos) que aportan desde sus diversos rubros y ayudan a consolidar este grupo humano. A todos los une más de un denominador común: están vinculados al teatro con dedicación, son actores de profesión o han curtido el oficio en la calle. Hay varios que no recibieron educación formal pero son actores por vocación. Es el caso de Martín Hernández, que se formó "a los palos" y lleva diez años subiéndose a los escenarios; Sergio Paglietta compartió elenco con Emilce Viñas e hizo Shakespeare, Ismael Pardo es músico, aprendió clown en Colombia y se adaptó perfecto a la modalidad de este colectivo artístico.

Patricio se anima a esbozar una analogía: "imaginate que la compañía es un bebé y somos una familia muy grande, con muchos papás y mamás que quieren cuidarlo. Si todos somos actores, ese bebé va a estar mucho más seguro porque ninguno va a apuntar hacia otro lado. Queremos alimentarlo, que crezca, se desarrolle y en un futuro camine solo". El compromiso es de ida y vuelta: el modo de trabajo que guía a la compañía es el profesionalismo. "Participás de una causa donde no se toman las decisiones comiendo una pizza, tenés que imaginarte que estás cobrando un sueldón. Todos queremos vivir del teatro pero es muy difícil que puedas lograrlo si antes no viviste para el teatro, si no fracasaste un millón de veces, si no conocés el sacrificio", agrega.

La base es la organización: hay departamento de comunicación, producción, finanzas y otras comisiones para solucionar lo inmediato (generación de fondos, difusión, marketing). Esta gran planificación permite a los integrantes de la compañía conocer cómo será la programación de aquí a un semestre y eso redunda en que "se trabaje con seriedad y profesionalismo. En noviembre los actores ya sabían que el 28 de febrero empezaban los ensayos y el 6 de junio se estrenaba la obra en Tractatus", subraya Diego.

Ese perfeccionamiento fue clave para el éxito de Mi noche triste y la recaudación de ese espectáculo determinó que se pudieran financiar otras tres obras para el año siguiente. "El formato de la compañía es corporativista: todo se reparte en partes iguales respetando las funciones de cada uno".

Hacer para entender.

El promedio de edad de los miembros de Tomania es de 27 años (a excepción de Sergio Paglietta y SabIna Jean) y ambos fundadores coinciden en que sacan provecho de la juventud apuntando a formas originales de concebir el arte. Utilizan su energía en construir, crear y hacer, en vez de sentarse a esperar. Tomania plantea el concepto de nuevo teatro que es aquel que le escapa a ciertos convencionalismos propios del ambiente, como son los escenarios tradicionales, "el teatro frontal, aburrido, carente de acción, el teatro de figuras que tienen 80 años y las siguen poniendo en una marquesina gigante solo porque estuvieron 50 años en la Comedia Nacional", expone Diego.

Se anticipan a aclarar que el concepto de nuevo teatro está lejos de lo abstracto y la cosa "multi loca", sino todo lo contrario, el objetivo esencial es crear obras que se comprendan, donde fluya la comunicación y el público se divierta. "Que no se interprete que vamos a estar todos pintados de verde. Al revés, la principal característica de Tomania es el vínculo y comunión con el espectador, a quien integramos, lo hacemos intervenir y lo mantenemos despierto. Los personajes están vivos tanto dentro como fuera de escena", explica Patricio. Se esfuerzan por brindar herramientas para que el público reflexione desde el humor: "que las obras sean profundas no quiere decir que no sean entretenidas. Si el público no entiende, se desentiende. Si no hay comunicación, no llega el mensaje", aclara Diego.

Se preocupan en transmitir un mensaje. En Una historia de llaves se critica el sistema educativo, en Cliché se pone en tela de juicio "lo que la tele, la publicidad y el consumo nos hizo entender como familia, que quieras o no, interfiere (...) No hacemos teatro por hacer teatro, para que las gente nos aplauda o nos diga cosas lindas en Facebook, sino que siempre hay algo para comunicar. Y ahí está el concepto de nuevo teatro", remarca Diego.

No se paran a "escupir" un libreto: hay un análisis previo para lograr comprender y asimilar el contenido. "El actor analiza por qué ese ser humano actúa así en ese momento y de dónde viene porque todos somos un resultado de nuestro entorno. El actor debe inventar cosas que el dramaturgo no le da apelando a su creatividad porque ahí es donde uno le da el sentido", opina Diego. "Si lo sentís, el tipo que está enfrente también lo va a sentir, no hay vuelta. Esa comunión entre actor y espectador es lo que más se tiene que cuidar y respetar", según Patricio.

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