fer vázquez y agustín casanova

La sociedad de la fiesta

Fer Vázquez (Rombai) y Agustín Casanova (Márama) no recuerdan cuándo fue la última vez que participaron de una fiesta debajo del escenario. Pero la falta de tiempo para salidas la compensan con algo no menor: cumplen el sueño de sus vidas. “Y recién estamos empezando”, advierte Vázquez tras sumar otro eslabón a la cadena de éxitos: la película sobre Márama y Rombai.

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Fer Vázquez y Agustín Casanova. Foto: Julmart Bueno

El fenómeno Márama-Rombai no conoce de límites. Cada vez que parece que las bandas uruguayas de cumbia pop llegaron a lo más alto, se las ingenian para perforar el techo y subir un poco más. Así fue que el éxito de sus videos en You Tube se transformó en la contratación de reconocidas marcas, videoclips de amplio despliegue, shows multitudinarios, giras por Latinoamérica, la convocatoria para participar en Showmatch, y lo último: su propia película.

"Yo siento que recién estamos arrancando", advierte Fer Vázquez (F.V), el joven que concibió los dos productos musicales que se consumen como pan caliente por gran parte de Latinoamérica. Se muestra distendido en una oficina de prensa, sentado frente a una mesa de vidrio y rodeado de afiches de la nueva película Márama-Rombai: el viaje. A su izquierda se encuentra Agustín Casanova (A.C), el frontman de Márama y coprotagonista del film, sobre el que reconoce que al comienzo le "costó entender la idea".

Aquella idea de retratar el fenómeno de los conjuntos uruguayos en el cine nació en la cabeza de Enrique Quinteros, manager de las bandas, y se la trasladó al director Federico Lemos, de amplia experiencia en documentales. El cineasta reconoce que no tenía idea de la dimensión de los grupos, pero por haberse curtido por años como dj en boliches durante su juventud, el género tropical no lo intimidó. Por el contrario, se dejó seducir rápidamente por "el desafío de contar una historia desde el desconocimiento personal".

Sentado junto a los cantantes y ante sus atentas miradas, Lemos define la película como "un viaje en el que subimos al espectador a un escenario con sus ídolos, a un avión, un barco, al camarín, a la casa con sus padres y los participamos de la intimidad más cercana". Asegura que allí muestra "la dinámica del grupo y escenas de backstage con conflictos que existen en cualquier grupo humano". "Al principio percibíamos que molestábamos siempre con la cámara, pero esa intimidad es lo que le da riqueza a la película", apunta.

Agustín admite que "cuando se empezó a grabar, costó trabajar con las cámaras en la interna". Su par coincide: "Fue difícil, al principio era molesto. Obviamente hay roces, y todo el tiempo había alguien al lado grabando. En cierto punto aprendimos a no verlo, pero estaban ahí".

"Era como estar en la casa de Gran Hermano", bromea Agustín con lucidez pese a haber llegado hace apenas horas de Buenos Aires sin dormir en toda la noche. "¡Es lo único que les falta!", acota con humor uno de los colaboradores de la banda.

Y que no sorprenda si llegaran también a ese reality. Las caras del fenómeno que se apoderó de radios, boliches, televisión y del celular de cada adolescente no paran de sumar emprendimientos. Están sumergidos en una vorágine que definen como un "ruido mental" que incluye shows, giras, videoclips, grabaciones, "y cuando pensábamos que no teníamos tiempo para nada más, se sumó Showmatch y ensayar tres horas por día para bailar", añade Fer. "Las cosas van viniendo y yo digo 'vamo arriba', y sigo trabajando". Agustín complementa: "Lo tuvimos que aprender a hacer así: sin tiempo para ensayar, para grabar, para nada. Era todo de golpe y sin pensarlo. Nos tuvimos que acostumbrar".

—Fernando, ¿qué tan perfeccionista sos como productor?

—Soy perfeccionista, y eso en un punto es bueno y en otro malo. Lleva a ponerse presión y capaz que las cosas saldrían mejor si uno no se presionara tanto. Igual creo que también me ha llevado a cosas lindas como estar detrás de cada detalle de las canciones para que queden bien.

—¿Y cómo hacés para estar en todos los detalles cuando no están dados los tiempos que uno quisiera para hacer las cosas?

—Es cierto que el que mucho abarca poco aprieta pero espero que no me pase a mí. Yo intento dar lo mejor en todo lo que hago y me apoyo en la gente que confío y que me dice lo que no hago tan bien. Cuando arranqué me decían que hablaba poco en las entrevistas. Todo lo voy tomando y pienso que capaz que hay que ser un poco más extrovertido. Son cosas que me han dicho para crecer y me han ido nutriendo.

Fer y Agustín se miran, se ríen, se conocen. El éxito de ambos creció a la par y lo procesaron juntos con la frescura propia de jóvenes de 22 años que ven sus sueños cumplirse frente a sus ojos. Pero no son iguales. El apunte que hace Fernando sobre su dificultad al inicio para desenvolverse en entrevistas es clave para seguir encontrando perfiles diferentes entre los ídolos juveniles. "Yo soy más medido", revela Fernando. "Pienso mucho las cosas antes de decirlas y ejecutarlas. No soy tan suelto como Agus".

"Yo soy al revés", señala Agustín. "Digo mucho más lo que pienso. Si siento que tengo que decir algo, lo digo. A veces las consecuencias me generan problemas. Soy como más sincero". Fernando bromea: "Ah, ¡entonces yo soy un mentiroso!".

—Agustín, en una entrevista a César Bianchi para Montevideo Portal dijiste: "con el primero que me pegue un palo (en Showmatch), me voy a reír". Sin embargo, así como expresabas que decís lo que pensás, le has respondido con dureza a las figuras públicas que te criticaron.

—Es que depende en qué estado emocional me agarre. Intento reservarme. Al jurado no le podría decir nada porque si me dicen algo del baile van a tener razón. Pero si alguien me quiere lastimar me voy a poner de punta.

—Le respondiste nada menos que a Mario Pergolini en Twitter, por ejemplo. (NdeR. el conductor le dijo "Por dios, callate nene", y Agustín tuiteó: "Que vamos a esperar de alguien que fue la sombra de otro toda su carrera")

—Sí una vez, ¿qué querés que haga? Después entendí que es en vano hacer ese tipo de cosas. No sirve para nada, y te agarra en un estado emocional en el que perdés. Uno entra en una discusión que no tiene resultado, es todo negativo. Entrar en una pelea lleva a un problema, es mejor cortar por lo sano.

—¿Qué tan difícil es hacerte entrar en una discusión?

—Cada vez es más difícil, antes saltaba con cualquier cosa. Me enojaba con el primero que me decía algo. Siempre fui muy de ir al choque. En eso jugó mi inexperiencia de recibir críticas sin sentido.

Uno es el "medido" y el otro el "espontáneo", y hay más diferencias entre los músicos que brotan en el transcurso del diálogo. Agustín, por ejemplo, comenta que mira sus actuaciones en Showmatch. "¿Te viste? Yo nunca haría eso", se distancia Fernando. "Tampoco escucho notas mías y si sale un artículo de Rombai no lo leo. Estoy podrido, prefiero ver otra cosa. ¿De qué me sirve leer sobre mí o sobre Agus que ya lo conozco?", se pregunta.

<b>Federico Lemos, el director. </b><i>Márama-Rombai: el viaje</i> fue dirigida por Federico Lemos, quien estuvo al frente de documentales como <i>Gonchi, Jugadores con patente</i> y <i>DF10</i>. Define que el film sobre las bandas busca “entender el proceso: cómo empezó, cómo sigue y cómo va a terminar Márama-Rombai”.Foto: Julmart Bueno
Federico Lemos, el director. Márama-Rombai: el viaje fue dirigida por Federico Lemos, quien estuvo al frente de documentales como Gonchi, Jugadores con patente y DF10. Define que el film sobre las bandas busca “entender el proceso: cómo empezó, cómo sigue y cómo va a terminar Márama-Rombai”.Foto: Julmart Bueno

Noche del Luna lleno.

Cuando Fernando y Agustín miran hacia atrás y reconstruyen parte de lo que vivieron, aparecen dos mojones claros: el show en el Velódromo y en el Luna Park. El del mítico estadio porteño fue hace poco más de dos meses y marcó un antes y un después: fue su consagración al otro lado del Río de la Plata.

Así lo vivió Fernando, como productor artístico de ambos grupos, cantante de Rombai y espectador del show de Márama: "Estaba feliz, tenía en el Luna Park a la familia de Márama y Rombai, amigos, y a mi propia familia que me fue a ver. Había mucha gente de Argentina que nos apoya. Todo eso junto era imposible. Estaba en un éxtasis de felicidad. No voy a olvidar esa experiencia".

Agustín se suma al relato y sostiene que "shows como el Velódromo, el Gran Rex o el Luna Park son experiencias distintas a todo porque tienen una magia de verdad que el público experimenta y que se siente desde el escenario". Recuerda que esa noche le transpiraban las manos, estaba pendiente de que los músicos estuvieran cómodos y de que su familia pudiera ver bien el show. "Es como que nosotros no podíamos creer hasta dónde habíamos llegado", afirma.

Fernando encuentra una metáfora para completar la descripción de Agustín: "Estar sobre un escenario es difícil de explicar pero es algo muy parecido a tirarse con un paracaídas. En el momento decís '¿qué hago acá?', pensás que te puede pasar de todo ahí arriba, que algo salga mal y caerte, estás nervioso, te sudan las manos y te llenás de adrenalina. Saltás al aire, y flotás, como en el escenario".

—Al margen de los buenos momentos, ¿hay oportunidades en las que les dan ganas de dejar todo?

—F.V: Me ha pasado. Hay momentos que querés tirar todo a la m... Pero te pasa acá y en la facultad de agronomía. Decís: "¡me quiero ir!".

—¿Ante cuáles situaciones sienten eso?

—A.C: A mí me pasa cuando salen críticas que pueden lastimar a mi familia. Ahí me pregunto "¿vale la pena que mi familia o mis amigos salgan lastimados por esto?" Y no sé si vale la pena.

Enamorarnos sí.

Fernando ya no siembra misterio sobre su vida amorosa como el año pasado. Ahora se anima a exhibir orgulloso su relación con Florencia Popi Andreoli, la escultural modelo argentina que le robó el corazón. Ella lo acompaña en shows y en sus presentaciones en Showmatch, y ambos disfrutan compartiendo románticas fotos con sus seguidores en las redes.

El cantante la conoció en verano del 2015, justo cuando nacía Rombai. Ella trabajaba en la barra de un boliche en Punta del Diablo y el joven no dudó en acercarse para hablarle. "Fer se la cargó y ella no le dio bola", lo deschava Agustín. Pero el galán de Rombai tuvo revancha: "Eso fue como por una semana, después la fui a ver a Buenos Aires y ahí sí me dio bola", cierra Fernando.

Caso Rajchman.

Ya pasaron cuatro meses de la principal adversidad pública que enfrentó Rombai: la partida de su vocalista Camila Rajchman. Cuando parecía que la cicatriz había cerrado y que el grupo liderado por Fer Vázquez estaba trazando un nuevo camino, la película volvió a meter el dedo en la llaga.

La ex "rubia de Rombai" está presente en gran parte del "viaje" que muestra film, y sobre el final los protagonistas dan sus versiones sobre la desvinculación. Por fuera del relato oficial, Camila reveló en una entrevista semanas atrás que le había planteado a Vázquez la posibilidad de irse de la banda porque "sentía que ellos iban a fracasar por su culpa".

—Fernando, ¿vos pensaste en algún momento que Camila perjudicaba a la banda?

—No, para nada. Esto se trata de pasarla bien y hacer lo que uno disfruta. Yo tengo mucha pasión por lo que hago, puedo pasar muchas horas grabando y días sin dormir. Si no te gusta se te hace tedioso. Eso le pasaba a Cami y la tuvimos que apoyar en su decisión de dejar. Fue tan difícil para ella como para nosotros, pero lo que se necesita para lograr cosas es tener pasión.

—Ella comentó que te planteó que sentía que perjudicaba al grupo y vos no le dijiste que no fuera así.

—Lo que yo hice fue apoyarla en su decisión. No era lo que yo pensaba, por eso nunca se lo aclaré. Obviamente necesitábamos más esfuerzos de ella, pero no le podía pedir más esfuerzos a alguien que no se estaba sintiendo cómoda en lo que estaba trabajando. Además, es mi amiga y la entiendo.

—¿Siguen hablando?

—Todo el tiempo, tenemos un grupo de amigos en común que es el de facultad donde nació la banda. Está todo bien, dejamos de lado Rombai y establecimos nuestra amistad.

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