con el director de el 5 de talleres

Segundo tiempo

Adrián "Garza" Biniez estrenó su segundo largo, el divertido film de fútbol y amor El 5 de Talleres. Sobre su vida en Argentina, su llegada a Uruguay hace 10 años, su fama de músico, antiguos malos trabajos y nuevos propósitos como director, habla en esta charla distendida.

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Adrián "Garza" Biniez

La segunda película de Adrián “Garza” Biniez -que estrenó Gigante en 2009 y ganó tres premios en el Festival de Berlín- es un 37,3% autobiográfica, 14% uruguaya y recibió el 94% de críticas favorables en Argentina, país coproductor. Las matemáticas que muchas veces le dan chances a un cuadro que está en problemas, es el chiste ideal para acercarse a esta obra de Biniez, El 5 de Talleres, un film inspirado en un amigo del director, Sergio “Patón” Bonassiolle, excapitán del cuadro de fútbol argentino Talleres.

La película, coproducida mayoritariamente por la local Mutante Cine y la vecina Morocha Films, escrita en Montevideo y filmada en el club Talleres de Escalada, barrio en el que vivió Biniez hasta los 29 años, está protagonizada por la divertida pareja de actores argentinos Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, un grupo de amigos de Biniez y los uruguayos Néstor Guzzini y Alfonso Tort.
Es una historia de amor y de fútbol barrial, de decisiones difíciles, de comenzar de nuevo cuando se está en la mitad de la vida, de sentir que ya es tarde para viejos gustos y de planear un futuro mejor con la ayuda de la pareja. Aquí una entrevista con su guionista y director.

—La película se estrenó en Argentina y consiguió un 94% de críticas favorables.

—¿En serio?...No puede ser...

—¿Cómo sos con la crítica?

—Leo todo el tiempo acerca del cine, sigo a muchos críticos anglosajones y a algunos franceses aunque no sé hablar el idioma y me cuesta más. Creo que es por eso que no me gusta leerme: es lo que me da más vergüenza en la vida.

—¿Ves mucho cine?

—Sí, lo que pasa es que internet me destruyó el ir a la sala de cine y sé que es la mejor experiencia pero lo estoy perdiendo...mentira, nunca lo tuve. Soy de la generación VHS, en mi barrio, Lanús, había cuatro cines que murieron de golpe entonces para mí ir al cine era ir a la capital, toda una movida...

—¿Y cuando te mudaste a Montevideo?

—Los primeros años mis visitas eran muy esporádicas, conocí a la gente de Control Z (productora de cine responsable de 25 Watts, Whisky, La Perrera, Acné, entre otros títulos...) y me quedaba cinco días en la casa de (Pablo) Stoll o en lo del "Duque" (Federico Deutsch). Cuando me instalé fue que flasheé con Cinemateca, era muy barato, proyectaban en 35 mm y me copaba que iba mucha gente a ver las películas; no me gusta ver películas solo, aunque ahora me acostumbré.


—Trabajaste como guionista de TV en algunos programas de Tevé Ciudad...

—No, esa fue una mentira que dije en una entrevista. Yo solo hacía boludeces en algunos programas.

—¿Te gustan las series?

—Sí, me encanta Girls, ahora estoy viendo la última temporada.

—Leí que disfrutás mucho el cine negro.

—Sí..., me gusta de todo. Comedia miro muchísimo, comedia boluda también, pero viste que sigue siendo un espacio subvalorado. Me causa mucha gracia Adam Sandler y sé que puede ser detestable. No hay mucha comedia en el cine latino, quizás aunque no lo parezca donde más hay es en el cine uruguayo, lo que pasa es que siempre hay como una mirada sórdida por parte del espectador que se antepone y le cuesta ver el humor. Ahora estoy escribiendo algunos policiales.

—¿Es cierto que el primer director que te picó el bicho del cine fue Steven Spielberg?

—Sí, pero por una cuestión de edad. Yo tengo 40 y él es el director de E.T. (1982), fue el primer director famoso de nombre, y de chico pensaba que él estaba involucrado con La guerra de las galaxias.

—Hasta los 29 años viviste en Remedios de Escalada, ¿a qué te dedicaste?

—Ah, laburé de cualquier cosa: en una verdulería, supermercados, fábricas, muchas veces fui cadete. En pleno quilombo argentino cuidaba a la abuela de un amigo. Con ese amigo tocaba en la banda, entonces grabábamos todo el día en la computadora y después yo le cuidaba a la abuela. Y toqué mucho. Es que conmigo es al revés, la gente me dice "el director de cine" pero para mí soy más músico...Toco en grupos desde hace 25 años. Ahora no.

—Pero estás componiendo música para películas...

—Ese dato también fue un chiste y luego lo levantaron. Hice la música de mis dos películas y trabajé para Tanta agua (Leticia Jorge, Ana Guevara, 2013), hice algunas canciones que suenan en el hotel, en el gimnasio, porque no tenían plata para pagar derechos y a mí me gusta.

—La música de El 5 de Talleres la hiciste vos.

—Sí, toda, con amigos. Tiene poquita, igual. Me fue mejor en el cine que en la música y ahora estoy colgado, no me copa tanto tocar en vivo, hago música en casa y me paso diciendo que voy a grabar un disco y nunca lo grabo, o grabo todo y no lo saco.

—Reverb, la banda que te trajo a Uruguay es casi mítica a esta altura...

—Sí, solamente acá nos fue bien.

—¿Por qué hacés cine?

—Porque me gusta y es algo que quería hacer desde chiquito. Es la segunda cosa de mi vida que quería hacer; la primera era ser escritor.

—Este guión lo escribiste en tres meses.

—Sí pero lo fui retocando. Escribo todo el tiempo porque me divierte, aunque ya no pienso que cada guión va a terminar siendo película. Además un guión es un guión y no es literatura. Escribí hasta los 20 y pico, intenté con tres o cuatro novelas pero nunca me convencieron.

—¿Estudiaste cine?

—No. Bueno, en el 92 estudié dos meses. Pero no estaba el auge que hay ahora de escuelas de cine, además no había terminado el liceo y la escuela no tenía ni cámaras, así que me fui. En un momento hasta quise ser crítico, luego quise hacer cine pero en Argentina no podía porque no conocía a nadie. A los 26 ó 27 me acuerdo de estar en mi casa y pensar "la música sí porque es accesible, escribir sí porque es fácil, pero cine no voy a poder". Hasta que conocí a los pibes acá, cambié de ambiente, me copé. En la casa de Alfonso Tort (actor de 25 Watts) escribí algunos guiones, horribles todos. El tercero se lo mostré a Pablo y a Juan (Pablo Rebella) y me llamaron para hacer una serie. Pero yo nunca me vine con esa idea.

—Actuaste en Whisky (Stoll, Rebella, 2004), en Hiroshima (Stoll, 2009), en Una noche sin luna (Germán Tejeira, 2015): sos como un guiño metacinematográfico dentro del cine nacional.

—¿Tenés al "chino" Lito de Cha Cha Cha? Bueno, yo me considero así, soy horrible pero estoy para los amigos. Nunca haría un personaje, no me da el cuero.

—Parecés un tipo muy relajado, ¿qué tipo de director sos?

—Soy relajado puertas afuera, para adentro...también pero a veces soy medio calentón.

—¿Qué te enoja del cine?

—Financiar las películas. Me encantaría hacer dos por año, buenas y malas. Nunca voy a ser un productor puro y duro pero coproduciría quizás, al estilo de la gente que está en la tentativa de por dónde ir, no todo el día en una oficina porque me disperso enseguida.

—¿Cómo elegís el equipo que te rodea en un proyecto?

                                                                —Trato de que sean amigos, pero en este rodaje salvo Gonzalo Delgado (director de arte) no conocía a nadie, fue todo por recomendados. Los actores eran o amigos o profesionales. Escribí personajes pensando en amigos, por ejemplo pensando en Néstor Guzzini como el DT.

—En el rodaje, ¿dónde ponés la energía?

—En todo, no dejo ni al bolo más chiquitito al azar. En esta película ya tenía pensada la puesta en escena; en Gigante fue más conversada, la iba hablando con los pibes, pero también era más inseguro porque era mi primera película. En esta confié mucho en la opinión de Gonzalo, que no es solo un director de arte, es un chabón que sabe de todo y que es muy sincero, si le parece una mierda te lo dice.

—¿Sos de filmar mucho?

—En teoría no. Creo que debe ser una cosa medio concentrada; uno, para no perder el interés y otra, porque me gusta trabajar rápido, creo que la velocidad te da algo.

—¿Preferís ensayar mucho?

—Según el actor. No tengo mucha experiencia pero te das cuenta según quién es. Esteban (Lamothe) siempre te da como que lo está haciendo por primera vez. Pero Uruguay no es Argentina: acá vos vas a hacer una película y los actores ensayan tres veces por semana y se les paga o lo hacen de onda, o vas viendo, allá como el sindicato es muy fuerte solo pude ensayar mucho con mis amigos y con los protagonistas porque se coparon.

—¿Escribiste pensando en las locaciones?

—Sí, salvo la casa. Es que al club lo conozco de memoria, yo iba de chico y mi familia también, así que pensé en cada lugar para las escenas. También hay escenas que me vienen desde la puesta, otras que escribo y no tengo idea de cómo las voy a hacer, y otras que las deformo. En Gigante era más estructurado todo, había una o dos formas de hacer las cosas.

—Dijiste que la película es 14% uruguaya, ¿qué la hace ser de un país o de otro?

—Todas las cosas juntas: de dónde vino la plata, de dónde es el director, el elenco, dónde se filmó. Para mí es una película argentina, Gigante es uruguaya y las dos que voy a hacer ahora son uruguayas. Ojo, las escribí todas acá.

—El arranque inicial de la película fue por el título.

                                                                                              —Sí, se le ocurrió a Abi Mendlewicz. Empezamos a joder y me puse a escribir. Un día estaba en un hotel de Alemania por la gira de Gigante y encontré las ocho páginas que había escrito y dije, "la tengo que hacer".

—¿Cuál fue el primer entusiasmo de filmarla?

—Filmar en Escalada. Después lo de la pareja surgió muy fuerte, quería hacer un tipo de película así. Es una película de pareja atravesada por el fútbol, a veces se juntan las dos cosas y a veces no. La pareja me interesaba mucho, no era una historia secundaria para meter un costado romántico. Esto me sumó como estructura -soy un poco formalista en eso-, me dio nuevas capas para el guión. Es más, escribía escenas sueltas en una libreta y posteriormente junté todo. 

—¿Esquivaste el drama?
—No es que esquivé al drama, ¡si el tipo llora solo en el estacionamiento de un shopping! -aunque detesto lo solemne-, es que no quería caer en personajes de pareja típica. Para el mí el problema que tiene el tipo retumba en la pareja pero no lo tiene la pareja. Patón es un tipo que sabe que se va a deprimir cuando decide retirarse del fútbol y empieza a preparar todo faltando dos meses para ese momento, eso sí me interesaba.

—La película tiene mucho erotismo, mucha joda entre la pareja, ¿estaba guionado o surgió de la química misma entre los actores?, que están juntos también fuera de pantalla. 

—Estaba guionado aunque ellos se cambian los apodos no sé por qué, si es una joda de los actores o qué, me di cuenta cuando edité. Hay varias escenas que surgieron en los ensayos.

—Algunas críticas la describen como una película de aprendizaje.

—En Tribeca decía "this coming-of-middle-age" (esta llegada a la mediana edad), qué se yo…La veo como una película que para el cine indie es demasiado mainstream y para el mainstream es demasiado indie. Eso me interesaba, quería una película que tuviera puteadas, sexo y drama, que el protagonista llore, que la pase mal.

—¿Te sentiste alguna vez como tu personaje?

—No, es que soy muy melómano, cinéfilo y leo mucho, siempre tuve eso de que si no lo hago disfruto consumiéndolo. Igual cuando miro películas no lo hago como un director de cine, lo mismo cuando escucho discos. La parte del malhumor y de retomar el Secundario sí son mías. Uno de mis entusiasmos fue querer ser maestro así que preparé una materia que debía del liceo pero me fue mal y lo dejé. Además en la clase de magisterio había 200 mujeres y dos hombres. Sí viví eso de no tener un peso, de agarrar trabajos de mierda o de pensar en pegarla con un negocio, pero soy muy malo para eso.

—¿Sos hincha de algún cuadro?

                                                                                                                                                                                            —Lo fui de más pendejo. Cuando vine acá Nacho Alcuri, Marcos Morón y Stoll me llevaban a ver a Defensor. Lo seguí los primeros años pero ahora no voy más a la cancha.

—¿Fue difícil filmar fútbol?

—Yo sabía que lo que quería hacer era que cada jugada fuera un plano. Quería mostrarlo de distintas formas, por ejemplo el partido final tenía que ser híper realista, tenía que lucir como una cancha de verdad, con gente que no pareciera extra. El final de la película lo terminé de decidir con un amigo que tiene un lavadero al que yo le iba contando la película. No fue difícil filmar el fútbol sino saber cuánto carajo poner.

—¿Te interesa el enfoque realista más que otros?

—No, estoy con otra película que es híper chiquita, con equipo reducido y es completamente fantasiosa. La idea surgió porque quiero filmar con luz día, quiero rodar rápido, con poca plata. Es una opción personal, una cuestión vital, y las tecnologías están disponibles para eso. Me achiqué, quiero hacer cosas más amateur y menos pro.

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