Entrevista

Rodrigo Romano: la vuelta en salud

El relator de Tenfield volvió luego de más de un mes de ausencia debido al fuerte malestar que sufrió debido a una hernia de disco. El dolor fue tan intenso que llegó a tener pensamiento suicidas. Ya recuperado y sin dolor gracias al tratamiento, el periodista habla de sus días más difíciles. Adjudica gran parte de la responsabilidad de su dolencia al estrés que le provoca la hostilidad de la gente por la "guerra anti Tenfiled". "Todos los fines de semana nos gritan cosas", dice.

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Rodrigo Romano

Había terminado de almorzar y al levantar el plato sintió como un hachazo en la espalda. Era el 18 de febrero y ese desencadenante cotidiano sería el inicio de un infierno para el relator Rodrigo Romano (40 años).

El diagnóstico: hernia de disco y múltiples protusiones. Los dolores en la columna fueron tan fuertes que lo dejaron tirado en una cama y llegó a tener pensamientos suicidas. Rescatado por médicos y amigos, apoyado con terapia, ahora ha vuelto a los relatos y al noticiero de VTV. Adjudica al estrés su afección y cuenta cómo es blanco de agresiones por ser figura de Tenfield. “Hoy, cuando me gritan, trato de no tomarlo como personal”. Aquí, relata sus días más difíciles.

—Hace más de un mes desapareciste de la pantalla, tanto de los relatos como de tu participación en los noticieros de VTV, ¿qué pasó?

—Fue al mediodía de un sábado. Ese día jugaban Plaza y Nacional. Había terminado de almorzar y hora y media después viajaba a Colonia para hacer los relatos. Pero me levanté de la mesa para llevar el plato a la pileta y cuando lo fui a apoyar, sentí como si me hubieran dado un hachazo en la espalda. Quedé duro. Atiné a hacer dos llamadas: a la emergencia médica y a otra a mis compañeros para decirles que no podía viajar. Cuando llegó la ambulancia, el médico me dio calmantes y estuve acostado dos días. Ese fue el comienzo.

—¿Tenías antecedentes?

—No, jamás. En la espalda nunca me había pasado nada. Después de varios estudios descubrieron que tengo un hernia de disco y muchas protusiones en al columna.

—¿Qué sentías en los días sucesivos?

—El dolor era insoportable y no mejoraba con nada. Estaba en casa dopado por toda la medicación paliativa del malestar. Pero lo peor que viví en los primeros días era que la cabeza se me fue como nunca. Daba vueltas y pensaba en las peores cosas para aliviar el dolor. Ahí empezó todo un circuito con psiquiatra y psicólogo, un montón de cosas que yo nunca había pasado para ayudarme a salir del pozo.

—¿En qué pensabas?

—Estaba absolutamente deprimido y pensaba en cosas anormales... Cuando vos te decís: Me meto en la piscina que mi mujer no está y no salgo. Y te lo decís teniendo una hija de 11 años y una abuela de 84 a tu cargo. Cuando pasa eso, ¿en qué estás pensando? Directamente en suicidarte por porque no aguantás más el dolor. Llegué a ese extremo.

—¿Qué fue lo que te hizo revertir la situación?

—Muchas cosas, pero el que realmente me rescató fue Julio Sonino, con quien tengo una relación de muchos años. Él me formó como relator y si bien no está trabajando en Uruguay, estaba en Montevideo para presentar la película de Jorge Nasser, de la que es el director. Se enteró de mi situación y me fue a ver. Me dijo: "Vamos a sanar la cabeza, porque solo así puede sanar la espalda". Al otro a quien tengo que agradecer es al doctor Gustavo Huertas, que es el médico de Defensor y especialista en columna. Empecé a tratarme con él y mejoré notablemente. Yo no podía ni subirme al auto y ahora manejo con toda normalidad. Si bien tengo la hernia, no experimento dolores. Pude volver a relatar y a todos mis actividades.

—¿A qué crees que se debe este problema de espalda?, ¿has hecho ejercicio dañino para la columna?

—No, nada en lo absoluto. Yo creo que es producto del estrés, sobre todo en el trabajo. Nosotros vivimos un estrés muy difícil todos los fines de semana con la guerra que hay en el fútbol uruguayo contra Tenfield; una guerra injustificada para mí en muchos aspectos y creo que explotó por ahí. Yo nunca cargué peso ni hice nada perjudicial para la columna. Es todo estrés.

—¿En qué te afecta directamente esa "guerra"?

—Todos los fines de semana nos gritan cosas, nos insultan. Tenemos que tener cautela de dónde dejar los autos. A algunos lugares no los podemos llevar y vamos todos en una camioneta. Somos 20 que estamos siempre juntos. Nunca nos pasó nada grave, pero en un fútbol y una sociedad cada vez más violenta, el miedo a una situación delicada, frente a una masa de gente descontrolada, es muy grande. Todo eso va pesando, va cargando. Esa es la mochila que yo tengo en la espalda y que me la hizo reventar.

—Y ahora que volviste, ¿qué actitud vas a tomar frente a esas situaciones?

—Con la psicóloga estoy tratando de procesar de forma sana ese tipo de cosas. Ella me está haciendo entender que los problemas son empresariales y no personales. Pero a veces me los tomo como personal. Ahora se viene un partido muy difícil que define el campeonato como el de Nacional y Defensor. Yo tengo que ir mentalizado de que me van a gritar cosas pero que en realidad no son para mí. Al ser una de las figuras del canal, al gente se la agarra conmigo. Pero tengo que entender que esa gente no me agrede a mí personalmente, sino por una descarga de odio que tienen hacia la empresa en la que trabajo. Un odio para mí injustificado, pero ese no es un problema mío, sino de ellos. Yo no tengo que explicar el odio de los demás. Ni siquiera entenderlo. En eso estoy trabajando.

—Estuviste casi un mes con licencia médica, sin embargo relataste en el medio el partido Uruguay - Brasil, ¿qué pasó?

—Sí, lo hice luego de una charla con (Nelson) "El Tano" Gutiérrez. Él me preguntó si podía volver para ese partido y yo le dije que sí porque me sentía bastante bien en ese momento. Sin embargo, el día del encuentro me levanté y no me podía poner los zapatos. Fue un milagro que haya subido al auto y haya ido al estadio y haya relatado. El primer síntoma fue cuando pronuncié mal el nombre de Coates o en otra jugada, un tiro libre para Uruguay, relaté que pegaba en la barrera cuando la sacó el arquero al córner. Fue como una alucinación. Hoy, diría que haber relatado el partido, en las condiciones en las que me encontraba, fue de los errores más grandes que cometí en mi carrera.

—A los pocos días de ese partido circuló la versión de que te habían suspendido...

—Fue un disparate, igual que dijeron que Javier Díaz había renunciado. Nosotros tenemos muchos enemigos que hacen mucho daño. Inventaron una historia. Hay una persona que odia mucho a Tenfield a la que le pasaron mal los datos. Y él se jugó por esos datos y quedó pegado porque a mí no me suspendieron y Javier Díaz nunca renunció.

—La versión indicaba que habías tenido una diferencia con Gutiérrez y le habías escrito un mail para decirle que te incomodaba el conflicto de Tenfield con los jugadores por los derechos de imagen, ¿fue así?

—La verdad es que a mí me molesta el conflicto entre los jugadores y Tenfield pero nunca le escribí un mail a Gutiérrez. Lo que hubo fue un encuentro mano a mano, justamente cuando él me preguntó si podía hacer el partido ante Brasil y en esa oportunidad también hablamos del enfrentamiento por los derechos de imagen. Yo le dije que el conflicto me tenía mal porque me identifico con esta selección y tengo muy buena relación con muchos de los jugadores. Lo que me respondió el Tano fue: "Vos tenés que relatar. No tenés que preocuparte porque el problema lo tenemos nosotros y lo vamos a solucionar nosotros".

—¿Pero fue un comentario en buenos términos o se trató de un "andá a relatar y no te metas"?

—Fue en buenos términos. El Tano tiene un estilo firme de hablar y yo también. Pero todo en buenos términos; una conversación normal entre un jefe y un empleado preocupado. Yo estoy muy agradecido a la empresa, que desde el primer día me dio las garantías para estar parado el tiempo que fuera necesario. También me facilitó y agilitó algunas consultas médicas.

—Desde que estalló el conflicto, ¿notás alguna diferencia en la relacionamiento tuyo con los jugadores de la selección?

—No, no ha cambiado nada de mi parte, ni la de ellos. Con algunos hablé en los últimos días. Se enteraron de que estaba mal y me llamaron o me escribieron y se pusieron a la orden. Básicamente me dijeron: "Rodrigo, vos estás defendiendo tu trabajo y nosotros una posición que consideramos la más justa. No te pongas mal porque te hace mal".

—¿Este conflicto sumó a aquello del estrés como desencadenante de tu afección?

—Sí, claro sí. No tengo duda.

—¿Cómo crees que terminará el enfrentamiento?

—Se va a solucionar como todo problema de dinero. Al final se llega a un arreglo. Pero lo que yo tengo que entender es que soy funcionario de la empresa que tiene este conflicto pero mi función es relatar y no debo sentir que el conflicto es mío. Lo que dije antes: no debo absorber batallas que son de otros.

Rodrigo Romano
Rodrigo Romano

—Durante tu ausencia, en las redes hubo mucha gente que preguntaba por qué no estabas o pedía tu regreso, ¿te llegó eso?

—Sí, eso positivo para mí. La gente se acostumbró a mi relato y cuando no estuvo, lo extrañaron. Tampoco aclaré ni me manifesté en ningún momento: desde que desaparecí hasta que volví, no dije nada en las redes sociales,. No quería hacerlo porque lo precisaba en ese momento era paz. También quiero agradecer a todos los compañeros que me escribieron para preocuparse por mí o ponerse a las órdenes. La buena vibra siempre aporta en la sanación.

—¿En el tiempo de convalecencia, mirabas fútbol?

—No, nada. Si lo hacía, me iba a enloquecer más. Miraba los resúmenes para conocer los resultados y los goles. Pero el dolor no me dejaba y necesitaba aislarme. El único partido que miré y sufrí fue el de Perú - Uruguay, que perdimos 2 a 1. Con la selección soy un enfermo y me obligué a mirarlo. Lo vi recostado en un sillón, con una bolsa de hielo en la espalda. Y aún así, quedé recaliente (Risas).

—¿Cómo sigue tu tratamiento?

—Tengo que cuidar de no agacharme ni levantar peso. Tengo que hacerme estudios periódicamente. Tengo que cuidar la dieta, bajar de peso para no cargar la columna. Entonces también estoy trabajando en la alimentación y hacer deporte sin impacto y de forma moderada. Voy a seguir tratándome con el Dr. Huertas, a quien visito todas las semanas para tratar el dolor. El resto: vida normal . Mi meta es no llegar a cirugía por la hernia de disco. A los 40 años y es bravo tocar la columna.

—A nivel familiar también eres responsable de tu abuela decías...

—Sí, mi madre murió cuando yo tenía 22 años y ella 43. Desde entonces me hice cargo de mi hermano de 11 años y de los abuelos maternos. En cuatro años, ellos sufrieron del fallecimiento de su única hija y la pérdida de la casa. Hoy, soy responsable de mi abuela, de 84 años, que vive conmigo. Las responsabilidades están y los problemas se presentan para solucionarlos. No para tirarse en una cama a lamentarlos.

—¿Cómo vas a encarar tu trabajo de ahora en más?

—Ya el fin de semana que volví a la canchas la actitud fue diferente. Fuimos al Tróccoli a hacer Cerro - Nacional. Hubo unos gritos y no di bolilla. Yo me tengo que aislar: hacer mi trabajo, que es un trabajo divino y lo que más me gusta hacer en la vida y nada más.

Mayoría de edad.

En 2017, Rodrigo Romano cumple 18 años como relator. Se inició en Tenfield en 1999, con el debut de esa empresa en las transmisiones de fútbol. Hincha "enfermo" de Uruguay, dice que el conflicto entre los jugadores y Tenfield lo incomoda. "Ojalá se solucione".

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