no es un robot

Retratar a Messi en movimiento

Leonardo Faccio es un periodista argentino que escribe en la revista Etiqueta Negra. Comenzó a investigar a la estrella del Barcelona en 2009 con el fin realizar un perfil de diez páginas. Quería contar quién era 'La Pulga' lejos del fútbol y la pelota. El trabajo le llevó tres años y terminó publicando un libro titulado Messi. El chico que siempre llegaba tarde y hoy es el primero (2012). Aquí los detalles y curiosidades sobre el proceso de Faccio.

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Foto: Archivo El País

Pep Guardiola dejó en el banco a Lionel Messi en un partido contra el Sevilla porque quería reservar a la estrella del Barcelona para un encuentro más importante.A ‘La Pulga’ no le gustó y al día siguiente faltó a la práctica. No dijo una palabra, reaccionó desde la acción, igual que cuando lleva la pelota en sus pies y elude con la exactitud de un jugador de Play Station al rival, sin quejas ni lamentos ante las patadas.

Guardiola no precisó que emitiera sonido para saber que no podía dejarlo afuera nunca más. “Él quiere jugar todos los minutos de todos los partidos”, dice Leonardo Faccio, autor de Messi. El chico que siempre llegaba tarde y hoy es el primero (2012). El periodista argentino siguió al crac rosarino durante tres años y respetó esos silencios que tan bien supo interpretar Guardiola en sus años como director técnico del Barcelona para componer esta biografía que se concentra en la intimidad del mejor jugador del mundo. 

Faccio, autor de 'Messi. El chico que siempre llegaba tarde... Foto: J.P Chuet Misse
Faccio, autor de 'Messi. El chico que siempre llegaba tarde... Foto: J.P Chuet Misse

Faccio esperó nueve meses para conseguir un mano a mano con Lionel Messi que duró apenas quince minutos. Sucedió en 2009 y el jugador con el que todos los periodistas se morían por hablar recién llegaba de unas vacaciones en Disney. Ese joven de 22 años se aburría de ver Lost, dejó de jugar al Play Station porque no tenía rival, no disfrutaba pasear, prefería dormir la siesta en el sillón de su casa y vivía con su perro boxer -Facha- cuando Leonardo Faccio comenzó esta investigación que le exigió tres años y más de 100 entrevistas con personas de su entorno.

Fue tras un Messi que no paraba de crecer, evolucionar y ganar títulos. Que afianzaba su relación con su pareja -hoy devenida en su mujer- y no tenía techo en su profesión. "Fue como retratar a una persona que está en constante movimiento y uno no puede decirle, quedate quieto".

En esa época Antonella Roccuzzo era su novia y cuando el periodista le preguntaba sobre ella, no se negaba a responder pero zafaba con humor. Aunque le incomodara. Hoy esa rosarina, prima de su mejor amigo, es la madre de sus dos hijos: Thiago (3) y Mateo (10 meses). Los niños no tienen edad suficiente para saber quién es su padre. Aún no se enteran de las derrotas con la Selección argentina que lo destrozan, ni festejan el sinfín de títulos que logró con el Barcelona a nivel grupal e individual. Pero Thiago ya le pega a la pelota y Lio se lamenta de que sea derecho y no zurdo como él.

En 2009 Lionel Messi era una celebridad pero se conocían pocos detalles de su vida sin una pelota en los pies. Faccio llegó a la entrevista en las instalaciones del Barcelona FC convencido de que quería descubrir qué hacía Messi cuando no corría hipnotizado. Era difícil humanizar al ídolo. Y por momentos sentía que estaba frente a Superman. Sabía que iba con desventaja porque seis años atrás Lio se comunicaba menos que ahora y las entrevistas lo ponían muy tenso. Es más, a los 10 minutos de estar conversando con él ya buscaba la salida.

Estaba acostumbrado a ver un "Messi de Play Station", pero lo sorprendió: le abrió la cancha para que lanzara el cuestionario con soltura y no se guardara nada. Contestó con simpatía, le sostuvo la mirada durante todo el diálogo y se comunicó con fluidez. "Me transmitió una cercanía que no es propia de esas personas tan agitadas que llevan una vida atravesada por las cámaras", revela Leonardo Faccio desde Barcelona, donde reside.

***

La charla con el periodista argentino experto en el crac del Barcelona sucede vía WhatsApp el 6 julio, el mismo día que Lionel y su padre, Jorge Messi, son condenados a 21 meses de prisión por defraudación fiscal. No irán a la cárcel porque la pena es menor a dos años, pero sus caras invaden los multi medios. El periodista que lo siguió por tres años dice que se trata de un desenlace anunciado, ya que las primeras declaraciones datan de 2013, y que estos procesos a personas famosas suelen usarse como "castigos ejemplares. Messi no es la excepción. Javier Mascherano pasó por lo mismo. Diego Maradona no podía entrar a Italia, pero cualquier cosa que hace Messi cobra dimensiones proporcionales a su fama".

En Messi. El niño que siempre llegaba tarde..., Faccio relata que Lio se molesta cuando ve en su mochila el libro El niño que no podía crecer (de Luca Caioli), y le dice "de esas cosas es mejor hablar con mi viejo". Es que el 10 delegó los negocios de su carrera y la empresa en su padre y en Rodrigo, su hermano mayor. Él solo se encarga de hacer magia con la pelota; entra a la cancha y no piensa, solo juega, y quizá sea en el único sitio donde se divierte. Su padre y su hermano le administran la fortuna.

—Hablaste más de una vez con Jorge Messi para esta investigación, ¿qué impresión te dejó?

—Tiene la sensibilidad de un padre, se emociona cuando piensa en la carrera de su hijo, y por otro lado, aparece la frialdad de un tipo de negocios: es el representante cuando explica cuestiones relacionadas a lo futbolístico y comercial. Cuando uno habla con él percibe esta doble faceta. No oculta su sensibilidad como padre bajo su figura de representante.

Faccio recurrió a más de 100 personas para componer el puzzle íntimo de Lionel Messi. Viajó a Rosario y se metió en Las Heras, el barrio obrero de casas bajas donde vivió el crac hasta los 13 años. Descubrió que la tradición matriarcal italiana es un sello en su hogar: el primero de los tantos tatuajes que se hizo Lio fue la cara de su madre, Celia Cuccittini, y que fue su abuela materna quien lo llevó a debutar a una cancha de fútbol.

El periodista conversó con antiguos representantes, dirigentes del Barcelona, técnicos, compañeros, el psicólogo de la Sub 20 argentina, familiares, amigos de la niñez, vecinos, el carnicero que le llevaba el asado e incluso con su doble en varios spots publicitarios, Miguel Martínez. Eligió dar mayor protagonismo a personajes desconocidos o secundarios que ayudan a pintar la sensibilidad del humano detrás de ese símil robot de Play Station que uno está acostumbrado a ver en la pantalla.

Faccio relata en el libro que su primera maestra detectó problemas de comunicación y baja autoestima en Messi y le recomendó a su madre que lo llevara al psicólogo. Su compañera de banco, Cintia Arellano fue su intérprete en la escuela. Lionel hablaba a través de ella y ni siquiera se compraba la merienda. Hay señas que se mantienen: jamás intercambia camisetas porque siente mucha vergüenza. Solo se la pidió a Zidane.

El periodista llamó a la madre durante meses pero no logró ubicarla. La única vez que alguien atendió ese teléfono, del otro lado del tubo, estaba María Sol, la hermana menor. Tenía 16 años en 2009 y le dio una visión cercana, llena de admiración y cariño. "Creció siendo la hermana de un genio del fútbol, convivió con esta exposición pública de forma más prematura que sus otros dos hermanos (Rodrigo y Matías)".

—¿Con cuánta gente hablaste antes de entrevistar a Messi?

—Armé una agenda de teléfonos y contactos de gente que me parecía interesante para contar su historia, pero no llamé a nadie antes de su entrevista porque puede resultar una actitud invasiva para una persona con esa sobre exposición mediática. Por sentido común: a nadie le gusta que estén hablando de uno a sus espaldas. Preferí esperar, presentarme, contarle lo que estaba haciendo y después sí empezar a conversar con el resto de las personas.

Juan Sebastián Verón fue compañero de Messi en la Selección mayor y le contó a Faccio que cuando está de malhumor es mejor no hablarle. María Sol dijo que cuando ve a su hermano triste por esas derrotas futbolísticas que vive como intensos duelos, le toma la mano sin mencionar una palabra.

El periodista también respetó esos silencios. Pudo haber conseguido su número de celular y no lo hizo para evitar vulnerar su intimidad. Lo saludaba en los entrenamientos, pero no buscó otro mano a mano. Sabía que tendría que esperar mucho y que el 10 padecía las entrevistas. Estaba convencido de que la pluralidad de voces de su entorno explicarían mucho mejor a Messi que sus propias reflexiones.

Messi, desde el silencio, lo habilitó a entrar en su territorio: sin su autorización ninguno hubiera hablado. El día que se reunió con Verón, el propio Lio se mensajeaba con él curioso por saber acerca de la charla. Un amigo rosarino, Juan Cruz Leguizamón le mostró un chat privado y también fue a parar al libro.

***

Llegó a Newells con ocho años. Hizo una prueba y en el primer partido metió dos goles. En la Selección juvenil ganó todo: salió campeón olímpico y Sub 20. Su sueño era que lo citaran para la mayor, pero entró con el pie izquierdo. Debutó el 17 de agosto de 2005 en un amistoso contra Hungría, igual que lo había hecho Diego Maradona en 1977. Jugó 47 segundos y salió expulsado por un codazo a Vilmos Vanczák. La cosa empezó mal.

Messi es una excepción. Venía de España. No lo conocían. Era el extranjero. No lo habían visto crecer en inferiores. Nunca había jugado en un club de primera división en Argentina. "Era un ilustre desconocido. Fue una especie de afecto construido de mayor: como una adopción. Esto es crucial para entender el presente, lo que provocó su renuncia a la Selección y su relación con los argentinos", explica Faccio.

Llegó a cuatro finales con la camiseta Argentina y las perdió todas. En diciembre de 2015 dijo estar cansado de recibir tantas críticas. No sabía si la Copa América Centenario sería una nueva chance o significaría continuar sufriendo. "Cada vez que se expone a jugar con la Selección ese disfrute del juego se transforma en un tormento. La creatividad no es posible cuando se está atado a presiones", opina el investigador.

Después de caer nuevamente en una final ante Chile y de haber errado un penal, salió a hablar en caliente. "Se terminó para mí la Selección. Ya lo intenté mucho, me duele más que a ninguno. Me voy sin poder conseguirlo". La hinchada respondió pidiendo su vuelta. Ha dicho que lo hará pero se tomará un tiempo. No estará para la próxima fecha a disputarse en setiembre contra Uruguay y Venezuela.

Este líder sin temple de caudillo ha vivido los tormentos callado. Esta apertura abrió un nuevo capítulo en la historia sentimental con la hinchada argentina. "Hoy Messi es más maradoniano que nunca en términos narrativos: abre una trama telenovelera de intriga y drama que hasta ahora nunca había incluido porque lloraba en silencio", dice Faccio.

La historia no es nueva. En 2005 mandó un mail a un amigo que decía, "la gente y la prensa me tienen harto", según cuenta en el libro. Messi convive con esta exposición desde las inferiores de Newells: "Los padres de los niños que jugaban en otras categorías se quedaban en el campo para ver jugar a Messi".

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