VICTORIA CÉSPERES

Renacer luminoso después del cáncer

En 2011 le detectaron cáncer de mama y se le “movió toda la estantería”. Victoria Césperes dejó su casa, su marido y su familia y huyó a Buenos Aires. La enfermedad fue un tabú durante cinco años. Sentía vergüenza y no quería dar lástima. Empezó terapia hace un año y medio y se animó a contarlo. 

Victoria Césperes vuelve a presentar "La sangre de los árboles" por quinta vez
Victoria Césperes vuelve a presentar "La sangre de los árboles" junto a Juana  Viale. 

Vuelve por quinta vez a Uruguay a presentar La sangre de los árboles junto a Juana Viale, y es la excusa perfecta para charlar con esta actriz que renació después del quebranto de salud. Hay funciones hoy en el Florencio Sánchez y el domingo y lunes en la Sala Verdi. 

—Terminaste el liceo y te anotaste en Relaciones Internacionales, ¿no estabas segura de que querías actuar?

—Fantaseaba con Relaciones Internacionales por los viajes pero en paralelo iba a clase de teatro en el Circular. Hice un año entero, después entré a Relaciones Laborales y casi me recibo. Y a la vez trabajaba en el negocio de mi familia. Recién a los 22 entré a la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD).

—¿Podés identificar en qué momento apareció la vocación?

—En el liceo. Mi primer contacto con la actuación fue en unas clases de literatura donde tenía que jugar a ser una gallega en una obra de Florencio Sánchez. Yo iba a La Mennais y teníamos clases de teatro. Cuando me subí al escenario a leer los textos de otra persona dije, "qué divertido esto".

—¿Y antes no había habido otras señales?

—De chica creaba mis mundos jugando en mi casa. Siempre fui muy fantasiosa y romántica. Soñaba con ser una princesa. Después fui a unos talleres de aproximación en el Teatro Circular y me fascinó. Era un espacio que me hacía muy bien. Y no paré.

—Has dicho que actuar es lo único que harás para toda la vida…

—Sí, es una profesión que se puede hacer toda la vida porque uno puede generar sus propios proyectos. Si no soy convocada puedo seguir actuando si es realmente mi pasión.

—Si no actúas lo sufrís porque no estás en tu eje, ¿te tocó padecer esa abstinencia?

—Me tocó medio que por elección. En 2011 me detectaron cáncer de mama. Estaba casada e hice un quiebre muy grande. Se me movió tanto la estantería que recién ahora estoy bajando un montón de información y este año empecé a hablar de la enfermedad desde un lugar de luz y desdramatización. Me separé de Diego Martino (músico y exHereford) y me fui sola a Buenos Aires porque no entendía qué me pasaba y ahí estuve sin actuar durante un año y medio por primera vez en mi vida.

—¿Qué hiciste ese tiempo?, ¿cómo lo sobrellevaste?

—Tomé talleres de actuación con Ricardo Bartís y tuve que tratar de parar un poco la pelota porque venía con mucho trabajo en Uruguay: había hecho la serie Dance! (Canal 10) y dos obras de teatro. El quebranto de salud me agarró en la cresta de la ola.

—¿La enfermedad te obligó a parar?

—Paré porque me fui. Me detectaron la enfermedad, me operaron en diciembre de 2011 y me mudé a Buenos Aires en enero de 2012. Me fui huyendo. Tomé decisiones muy drásticas. Me arrepiento de algunos comportamientos que tuve. Lastimé a algunas personas por haberme ido de forma tan abrupta pero era el camino que tenía que recorrer porque la enfermedad para mí fue muy aleccionadora. Fue un renacer real.

—¿Hiciste el tratamiento en Argentina?

—Me hicieron una cirugía radical y mi tratamiento era con pastillas porque decidí no hacer quimioterapia. Se me había sugerido, no era obligatorio, e hice todo un camino de investigación porque no creía en la quimioterapia.

—¿Cómo recibió tu familia esa mudanza repentina y abrupta?

—Fue muy fuerte para ellos porque yo tenía todo acá: mi casa, mi familia, mi trabajo, mi marido. Y me fui abruptamente, pero hice lo que pude que era mudarme de país para ver si podía asimilar la realidad en otro lado. Quizá debí haber hecho desenlaces más amorosos y con más tiempo.

—Te acercaste a Clarita Berenbau cuando te hicieron el diagnóstico, ¿no?

—Tengo los mejores recuerdos de eso. Era una luz. Yo no entendía nada de lo que me estaba pasando y tuve dos conversaciones espectaculares con ella. Era un sol. Cuando falleció fue un golpe súper duro: ¿cómo ella con tanta alegría y tanta lucha se podía morir?

—¿Empezaste terapia después de que te diagnosticaron cáncer?

—En el momento no podía. Tuve un proceso lento y sabio de aceptación que me llevó casi cinco años. Hago terapia hace un año y medio y es maravilloso. Viví tres años en Chile con una pareja y cuando me separé volví a Buenos Aires. No sabía enfrentar la soledad porque desde los 17 años siempre había estado en pareja. Sentí que era necesario estar sola para conocerme más a mí y ahí empecé terapia. Animarme a hablar sobre la enfermedad fue clave en mi vida para poder liberar, aceptar y encarar la misión de comunicar que es posible estar bien y tener cáncer.

—Iniciaste un camino espiritual por intuición, ¿cómo fue?

—Empecé a hacer terapias con cuencos tibetanos que armonizan la energía. Me acerqué a lecturas un poco más profundas sobre el autoconocimiento. Hace un tiempo estoy aprendiendo a meditar y arranqué yoga también. Era todo muy intuitivo. Hoy estoy en un estado de consciencia y profundización que me permite hablar y aceptar mi enfermedad.

—Has dicho varias veces que te gustaría ser madre, ¿en ese momento pensabas en la maternidad?, ¿te daba miedo?

—La maternidad es un gran tema con mis médicos. No sé si es posible ser madre porque primero está mi salud y mi tema hormonal. Estoy sola ahora, y me gustaría tener un hijo pero en pareja. Si hoy o mañana quisiera tenerlo y no puedo quedar embarazada sé que hay otras posibilidades. Pero no me es traumático. Lo acepto. No me lo cuestiono. De hecho, estuve casada muchos años y no fui madre.

—Para crear La sangre de los árboles, el director Luis Barrales les propuso que hablaran sobre lo más doloroso que atravesaron en sus vidas, ¿apareció tu enfermedad en esas charlas?

—No. En los nueve meses de proceso que llevó la obra no hablé del cáncer con Luis Barrales. Se toca el tema en la obra pero no fue porque yo haya hecho un exorcismo de mi enfermedad.

—¿Y con Juana Viale lo hablabas?

—Con Juana y los más íntimos sí. Pero a muchas amigas de mi nuevo grupo en Buenos Aires les conté después de un año de conocerlas. Con Juana fue inmediata la confianza. Era un tema tabú para mí. Yo sentía vergüenza de parecer débil o que me tuvieran lástima. Mis amigas sabían sobre mi enfermedad pero tenían la pena de muerte si abrían la boca.

—¿Te permitió sanar el proceso de La sangre de los árboles?

—Sin duda, fue súper sanador. Al año de que me diagnosticaran cáncer falleció mi padre y él era una figura súper especial para mí. Ese tema apareció en varias improvisaciones que el director propuso. La obra no tenía el fin de sanar traumas pero en esos juegos que él nos planteaba surgían temas como el amor, el abandono, las relaciones y a raíz de eso él iba escribiendo la dramaturgia.

—Has dicho que Juana Viale es como tu hermana. Las presentó una amiga en común y se han vuelto inseparables, ¿no?

—Nos conocimos en Buenos Aires por una amiga que me hice en mi nueva vida allá. En Chile forjamos mucho más la relación porque estábamos las dos solas, sin familia, ella con sus hijos, y yo con mi novio. Cuando hicimos una clase magistral dijimos, "qué bueno trabajar juntas, hagamos algo". Desde ese día que nos sentamos a tomar una cerveza en un bar de Santiago de Chile hasta hoy pasó de todo. Ella se mudó de vuelta a Buenos Aires primero, yo después. Está buenísimo trabajar con una amiga, hemos encontrado nuestra fórmula, a pesar de que no es nada fácil.

—¿Se potenció el conocimiento y la amistad después de compartir el escenario?

—Sí, se potenció y se profundizó la relación, pero no está tan hablado. Hay mucha comunicación. Están claros los roles. Nos copa trabajar juntas, seguimos en el proyecto, y a la vez somos amigas. Voy a su casa a comer su comida deliciosa porque cocina espectacular. Me encanta visitar a sus hijos, los amo, son los niños más cercanos que tengo en estos años. Ella trabaja mucho pero siempre encontramos momentos para vernos.

—Mirtha Legrand las ha ido a ver al teatro una cantidad de veces, ¿la trataste?, ¿cómo es?

—Es igual que lo que ves en televisión. Yo ya no la veo como Mirtha Legrand, sino como una abuela. Las veces que he compartido una comida, un cumpleaños o un té con ella me pareció una persona común que habla de temas normales. Es Mirtha en un rol de abuela en una mesa.

—Hubo un episodio no tan feliz cuando aparecieron esas fotos y el titular que decía, "más calientes que nunca: caricias hot de Juanita a su amiga", ¿qué pasó cuando leíste eso y te viste en la tapa de una revista?

—No me gustó nada. Ese día la pasé pésimo. No me olvido más. Me quedé encerrada en casa. Hablé con mi madre que estaba indignada, me decía, "qué horrible eso que ponen, por qué lo hacen". Lo horrible fue la mentira y la cizaña porque si fuéramos pareja está todo más que bien, lo decimos y ya está. La foto fue sacada de costado, con cizaña. Yo le estaba tocando el talón y parecía que le acariciaba las partes íntimas. Eran las tres de la tarde en una plaza. Después hasta se dijo que nos habían visto dar un beso. Hoy, después de dos años, me río. En ese momento llamé a Juana que estaba en Chile y me dijo, "te pido por favor, no te amargues por estas cosas. La prensa argentina publica fotos que no son verdad". Me llamaron de un montón de programas para que fuera a hablar pero no me interesa ese tipo de prensa. Prefiero mantenerme por fuera.

—Ibas con Juana a los ensayos del Bailando, ¿qué veías en esos pasillos?

—Lo mismo que se ve en televisión. La acompañaba cuando podía porque ella me lo pedía. Es un lugar muy expuesto y tenés que estar contenida con alguien que te banque la cabeza. Estuvo interesante conocer ese mundo, pero no es un ámbito donde elijo estar.

—No es tu perfil, ¿entonces?

—No es mi objetivo pero ni me lo cuestiono. No me interesa.

La sangre de los árboles significó tu debut en Calle Corrientes, ¿era algo con lo que soñabas?

—Siempre quise trabajar en Buenos Aires pero superó bastante mis sueños. Soy súper consciente y agradecida de todo pero lo vivo como algo natural. Esto es hoy y no sé mañana. Fue espectacular estar en el Cultural San Martín, estrenamos cuatro veces en Buenos Aires, pero seguimos trabajando y dándole todo a la obra. Esa fue un poco nuestra fórmula: seguir como hormiguitas. Es muy angelado todo, pero no porque nuestro objetivo fuera estar en Calle Corrientes, se fue dando, y así fue todo: recorrimos ocho países con la obra yendo a festivales.

—Y en febrero se fueron de gira con la obra por el interior de Uruguay, ¿qué les dejó esa experiencia?

—Fue hermoso. Juana se tomó todas sus vacaciones con sus hijos para hacer esta gira que fue posible gracias a Laura Pouso y la productora Reverso. Fue casi sin fines de lucro, los precios eran populares porque lo monetario no era nuestro leit motiv. Fue divino recorrer el país con la van y hacer las funciones en escenarios bien diversos.

—Estas viniendo a Montevideo los fines de semana para grabar la película brasileña Amigas de sorte, de Homero Olivetto, ¿no?

—Sí, tengo una participación. Trata sobre una mujer (Susana Vieira) que se gana la lotería en Brasil, viene a Uruguay a festejar y se encuentra con tres argentinas interpretadas por Manuela Da Silveira, Natalia Chiarelli y yo- que son barderas. El cine es un mundo maravilloso que todavía tengo que descubrir. Nunca protagonicé pero las veces que participé (Zanahoria, El cuarto de Leo y Amateur) lo súper disfruté.

—Has dicho que tu idea es volver a instalarte en Uruguay, ¿te tiene atrapada Buenos Aires?

—Por ahora me siento cómoda allá. Me gusta vivir en Buenos Aires y tengo la posibilidad de venir seguido porque estoy al lado. Me encantaría en algún momento volver pero puedo ir y venir. Allá vivo en Retiro, una zona muy linda, y también me armo mi micromundo. Buenos Aires es una ciudad maravillosamente agobiante. Me gusta su ritmo en muchas cosas y en otras no me acostumbro todavía porque es bastante acelerado. Armé mi grupo de amigas, son parte de mi familia, y tengo muchas oportunidades laborales.

Más trabajo juntas.

Juana Viale y Victoria Césperes manejan Sangra Producciones y en junio estrenaron una nueva obra en un festival de Costa Rica. Se titula Falta Fedra, la dirige el argentino Cristian Drut y la dramaturgia es del uruguayo Gabriel Calderón. La obra se presentó en Salto hace dos meses y el plan es estrenarla en Buenos Aires el año próximo y traerla a Montevideo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)