JULIO "TATA" ALVARADO

Un rapero en la cárcel

"En el rap encontré una forma sana de expresarme y canalizar el rencor", asegura Julio “Tata” Alvarado. La historia del músico que lleva 17 años preso por rapiña y lanzó un videoclip desde la cárcel.

Julio Tata Alvarado
"El Profeta" de Julio Tata Alvarado. Foto: Francisco Flores

Lleva 17 años preso en Santiago Vázquez por delitos de rapiña, tentativa de homicidio y otra rapiña que, según denuncia, le plantaron. En la prisión se interesó primero por Cristo y luego por el Hip - Hop. Julio “Tata” Alvarado, de 34 años, lleva 11 temas compuestos, cinco grabados y un primer videoclip que acaba de lanzarse y que fue rodado en la ex Comcar. Durante su salida transitoria (12 horas al mes), otorgó esta entrevista para hablar de su vida en el infierno y de su conversión. En abril saldrá libre y tiene planes de seguir en la música y de disfrutar de su familia, que hace media vida lo ve detrás de los barrotes.

A muchos niños se les muere la madre. Algunos pasan el día solos porque el padre trabaja 12 o 14 horas. La casa puede quedar en un barrio como 40 semanas, con proliferación de bocas de droga y la aspiración delictiva instalada en varios de sus jóvenes. Cuando esos niños llegan a adolescentes, quizás se desmotiven en el liceo y formen barra en la calle; prueben una droga y otra y unos pocos se contagien de una obsesión por el dinero fácil que ni siquiera es deseo de riqueza, sino de identidad o de llamar la atención. Si encima uno de esos jóvenes huérfano, solo, aburrido y con ganas de bolsillo lleno, se enamora y termina en el piso de la no correspondencia, parece que no hay otro resultado:

A Julio "Tata" Alvarado le pasó todo eso y se convirtió en delincuente.

Se podrá discutir si las circunstancias forman a la persona o hasta dónde el destino se tiene que pelear contra la adversidad. Se me podrá acusar de exceso de compasión o flojera porque visto desde la niñez, todo delincuente sigue siendo un niño. Así que esta historia va a empezar de nuevo, pero más adelante en el tiempo del protagonista:

A los 17 años, Julio "Tata" Alvarado, morocho, bajo y fornido, era un convencido de que robar estaba bien, era de lo normal a lo máximo. Le daba placer. Era su forma de ser o (lo que suele significar lo mismo a esa edad), la forma de manifestar su rebeldía. "Yo creo que empecé por dolor, pero después me gustó", recuerda.

Y arrancó con un gorro visera, con championes, con un bicicleta... a los 18 años asaltó con otros un supermercado del Buceo. Algo salió mal, hubo tiroteo y un policía terminó herido de bala. Alvarado fue procesado por rapiña, lesiones y tentativa de homicidio.

Entró en 2001 a la cárcel Santiago Vázquez (ex Comcar) y ahí se hizo más de lo que ya era: más delincuente, más adicto y más despreciable. En 2007 se escapó de manera creativa de la cárcel de La Tablada y volvió al barrio y a lo único que sabía hacer. Dos semanas después, intentó un asalto a una fábrica de aire acondicionado y regresó a prisión, con nuevo procesamiento por rapiña y por la fuga.

Pero un año después, en un piso de máxima seguridad en Comcar, se entregó a la fe cristiana evangélica. Un compañero le habló de Cristo, de la familia, la transcendencia, de que la redención existe incluso para seres de prontuario detestable y esas cosas que creen los creyentes. Al otro día, como una especie de prueba, encontró al costado de una pileta una piedra de pasta base. "No, hermano, yo ya no me drogo más", le dijo a uno de sus compañeros de celda.

La buena conducta y su tesón como predicador le abreviaron la condena. Salió libre en abril de 2012, después de 11 años de reclusión. Pero a los siete meses, lo convirtieron de nuevo en delincuente, según su testimonio.

Iba en moto con un amigo a una cita con dos chicas porque estaba soltero y Dios lo permite. En la zona había ocurrido un intento de arrebato y los paró la policía. "¿Documentos?" Alvarado presentó la cédula y hasta la afiliación reciente a una Afap como comprobante de que había empezado a trabajar, en un supermercado, mirá vos.

Pero en los archivos figuraron sus antecedentes y lo mandaron al calabozo de la seccional 12. Si bien se comprobó su inocencia de la tentativa de arrebato, justo llegó a la comisaría un policía que buscaba culpable para un rapiña a sus hijas, ocurrida en una parada de ómnibus la noche anterior.

"En el calabozo tenemos a un negro. Fijate si no es", le dijeron al efectivo. Cuenta Alvarado que el uniformado se ensañó con él y le hizo declarar a las hijas que él había sido el "hijo de p.." que las había robado. Lo reconocieron por fotos y todo. Un defensor de oficio desganado, un fiscal acusador, un juez de martillo rápido y un policía contento hicieron que Alvarado volviera a la cárcel de un jueves a un lunes.

"Fue un retroceso. Porque por mis errores, mis errores, la sociedad me convenció de que yo había sido toda la vida un malviviente. Pero cuando me convertí y decidí vivir como un ciudadano, me pararon frente a un espejo y me dijeron: "no, señor, mire bien: usted sigue siendo un delincuente. Vaya para la cárcel", asegura.

"Incluso desde la lógica criminal, se me acusó de un delito que yo jamás hubiera cometido, ni pensado. A la semana de salir, antiguos compañeros me ofrecieron entrar en el narcotráfico. Me negué. Tengo compañeros que son asaltantes de bancos. En la cárcel, conocí a los maestros del crimen. Aprendí a desactivar alarmas y a abrir burras (cajas de seguridad). En 2001 ingresé a la cárcel por un delito a un supermercado del cual nos llevábamos 300.000 pesos y en 2007 el botín era de dos millones de pesos. Y después de 11 años privado de mi libertad, ¿voy a robarle a dos chiquilinas en una parada?"

Se le puede creer o no. Hay libertad para odiarlo o pensar en qué necesidad de que Sábado Show dedique este espacio a un antiguo antisocial y violento. Pero Julio "Tata" Alvarado sale hoy en la revista por motivos musicales. Seguirá preso en Santiago Vázquez hasta abril de 2018 cuando finaliza su condena. En la cárcel comenzó a desarrollar su pasión por el hip hop. Gracias a talleres brindados por la usina cultural del MEC que funciona en prisión y el apoyo de bandas del género como "Contra las cuerdas" y "Portadores de hip - hop", acaba de sacar su primer videoclip, titulado El Profeta y disponible en You Tube. Fue íntegramente grabado en la ex Comcar y todos sus bailarines, coristas y extras son también reclusos.

El domingo pasado, mientras Alvarado disfrutaba de su salida transitoria de 12 horas al mes, dio esta entrevista en su casa del 40 semanas, rodeado de una numerosa familia:

—¿Desde cuándo componés y cantás?

—Fue durante esta segunda condena, hace unos tres o cuatro años. Yo estaba en el Módulo 8 que es uno de los más conflictivos. Por problemas, hacía un mes y medio que no nos daban patio. Estaba encerrado con mis compañeros y cada tanto jodía con unos auriculares y cantaba. Ese día colgué una bufanda corte (significa "al estilo de") micrófono y me puse a cantar. "Vos tenés que rapear, en serio, Tata", me dijo uno de mis compañeros. "Tenés razón". Ahí le di una patada a la puerta de la celda y le dije: "En el nombre de Jesús, te abrís". Al mismo tiempo, sin que yo supiera, en el liceo de la cárcel se estaba armando una movida de Hip - hop. La banda "Contra las cuerdas" estaba buscando talentos y un compañero mío les dio mi nombre. Al otro día se abrió la puerta y preguntaron por mí. "¿Vos sos rapero?" "No, pero quiero serlo". Desde ese día salí todo los días y me transformé en referente de estudios. Iba celda por celda preguntando si alguno quería estudiar o trabajar. Eso está bueno pero también me trajo problemas.

—¿Por qué?

—Porque en la cárcel la presión es constante y el contacto con otros presos puede despertar conflictos. Yo iba preguntando y alguno me podía faltar el respeto. "Andá a la con... de tu madre", me dijo uno una vez. Y para mí, que perdí a mi madre con 11 años, si tengo una oportunidad de hacerle honor a su memoria, lo hago. Peleamos con cortes y por suerte solo terminamos pinchados. Otra vez me tocó contra dos hermanos. Hay un video que está colgado en You tube en el que estoy peleando con dos cortes carcelarios. Ese lío se dio porque un compañero tenía deudas y el acreedor le dijo para pelear pero mi amigo era primario. No sabía pelear. Así que tomé su lugar. En la cárcel siempre pase así, al límite.

—¿No hay otra forma de permancer en la cárcel?

—Tenemos momentos de paz. Pero la mayoría del tiempo estás bajo presión. Además de Cristo, lo que a mí me salvó fue la música y cuando me otorgaron la salidas transitorias, hace siete meses. Te aferrás a esa oportunidad. Uno empieza a pensar en el afuera y no está con la cabeza todo el tiempo adentro de la cárcel. Eso es una de las cosas perversas del sistema: el preso solo está pensando en la cárcel. El aislamiento lo transforma en un bicho de cárcel. Hoy estoy mucho más tranquilo porque pasé al Módulo 6, que es de máxima confianza y en un piso cristiano. En la música, llevo 11 temas escritos, unos cinco grabados. Hicimos este videoclip y quedé muy contento.

—¿Cuál es tu inspiración?

—La rebeldía, frente a lo que me pasó y me pasa. En el rap, encontré una forma de expresarme y canalizar de forma sana el rencor de lo que me ha sucedido. Como rapero soy y voy a ser un crítico sin censura. Contra el Estado, contra el sistema y contra los delincuentes. Porque una vez que la verdad está en mí no me van a callar, atropellándome con calificativos de que soy un malviviente. Ya no lo soy.

—¿Qué momentos de tu historia dentro de la prisión fueron los más duros?

—Cuando caí de nuevo en 2012, por ese procesamiento infundado. Entré al Módulo 1, con 8 compañeros de los cuales 6 eran adictos. Pasaba llorando y al mes quise ahorcarme. Me rescató un compañero. Antes de la conversión también tuve momentos muy difíciles. En 2008 me proporcioné varios cortes para ir al hospital y fugarme, aunque no pude. Mi padre me fue a ver y me dijo que si a mí me pasaba algo, él se quitaba la vida. Fue un quiebre también para mí.

—El tema El profeta es un manifiesto en contra del sicariato y del narcotráfico, ¿por qué?

—Porque los sicarios tienen a mi barrio en jaque. También al Marconi, Cerro Norte y Palomares. Aquí hay una guerra de narcos que ya lleva más de 30 muertos. A muchos de ellos los conocía. En mi primera salida transitoria, mi sobrino de tres años tenía miedo de que me pasara algo. ¿Por qué? Porque yo soy amigo de toda la vida de un líder de uno de los grupos enfrentados. Entonces los del otro bando podrían pensar que estoy con aquellos. Fijate que hoy es domingo, el día está precioso. Aquí enfrente hay una canchita de fútbol, pero no ves a ningún chiquilín afuera. Porque es un peligro. De un momento al otro pinta tiroteo y hay que encerrarse porque te matan a un niño o a un inocente. La mira para el costad o y repite "ajuste de cuentas". Se tiene que terminar.

—¿Es verdad que la cárcel es la universidad del delito?

—Hoy cada vez menos porque los primarios están aislados en otros módulos. Cada uno tiene su historia de cómo se hizo delincuente y sus motivaciones para seguir siéndolo o para salir. Para el que quiera aprender más lecciones de delincuente, la cárcel sigue siendo un buen lugar. Lo bueno de hoy es que hay oportunidades: se puede estudiar o trabajar y hay por lo menos 1.000 presos que lo hacen. Creo que el principal problema es la falta de respeto y de códigos. Nos hemos quedado sin presos viejos y referentes. Si a mí que llevo 17 años recluido y los conozco a todos, me pasa cada tanto de tener un problema, imaginate a un primario.

—En abril finaliza tu condena, ¿cuáles son tus planes?

—Seguir con la música, salir a trabajar. Para algunos gurises son una especie de modelo. Quiero disfrutar de mi familia. Ellos están sufriendo también de la tensión y el miedo de que un día me entreguen adentro en una bolsa de plástico. Tengo una señora y un hijo de dos años. Quiero educarlo, estar él y aprender a ser padre. Escribí un libro cristiano también y espero editarlo. Se titula El héroe es Dios.

—¿Vas a vivir en el barrio?, ¿No temés a las tentaciones de volver al delito?

—No. Hace 10 años que no cometo un delito. Mi cabeza está en otro lado. Es cierto que muchos de mis amigos siguen siendo delincuentes, otros son finados, unos pocos se hicieron millonarios pero ellos en su camino y yo en el mío.

—Saliste a las 8:00 y a las 20:00 vas a volver, ¿cómo sigue tu día?

—Voy a seguir aquí en familia. Vamos a comer unos ravioles con tuco y a jugar a las cartas. Vamos a poner una música y vamos a bailar. Trato de aprovechar al máximo de ellos. Y cuando llegue la hora, nos subimos a la moto con mi padre y me lleva a Santiago Vázquez. Nos despedimos y ese es el momento más duro. Pero también implica una prueba de conversión. Hay que anhelar mucho otra vida para que yo, que siempre quise fugarme, me vaya a entregar.

Un evento con polémica.

La dirección de Cultura del MEC, a cargo de las usinas culturales que funcionan en las cárceles organizó el lanzamiento del videoclip de Tata Alvarado y otros reclusos. Estaba prevista la actuación en vivo del rapero. Pero llegó ese 4 de noviembre y a Alvarado no le dejaron gozar de su salida transitoria. “Me quedé vestido. Nadie me dio una explicación de por qué no me dejaron salir”, asegura.

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