MARLON MORENO

Pronto para dejar todo en la cancha

Pedro Pablo León Jaramillo, un narco que se transforma en uno de los hombres más ricos y poderosos de Colombia, fue el personaje que le dio fama a nivel internacional en la serie El Capo. Otro narco, de menor poderío, es el que interpreta en 1 contra todos, la serie brasileña producida por FOX.

Marlon Moreno
El actor colombiano participa de los capítulos finales de "1 contra todos".

EN RIO DE JANEIRO: ANALÍA FILOSI

"Estuve dos meses preparándome para jugar los últimos cinco minutos del segundo tiempo". De esta forma muy futbolera define Marlon Moreno su participación en 1 contra todos. El colombiano aparece en la última escena del capítulo siete y en la primera del ocho de la segunda temporada de la serie brasileña que desde el pasado lunes 11 de setiembre se está emitiendo por FOX Premium Series (23:45). Pero como ya está disponible completa en la aplicación de FOX, es posible que muchos ya conozcan al personaje de Moreno; para los demás, el actor prefiere la expectativa.

Sin saber el nombre ni cómo llega a la historia de Cadú (Julio Andrade) y compañía, igual se conoce que hace de un colombiano vinculado al narcotráfico. Algo que no es ajeno para un actor que ha hecho papeles similares en distintas telenovelas de su país, la más conocida a nivel internacional fue El Capo. Pero tampoco es ajeno para un colombiano que cruza fronteras, incluso para un latino, por lo general se los elige para interpretar narcotraficantes. "Los colombianos han aportado mucho a esta actividad de la economía", bromea en rueda de prensa en Rio de Janeiro con periodistas latinoamericanos, de la que participa Sábado Show. "Pablo Escobar era muy inteligente y utilizó esa inteligencia para el negocio narco. Como dice mi personaje en algún momento, nosotros somos comerciantes que trabajamos con un producto que por el momento es ilegal. Pero ya vemos que la marihuana se está volviendo legal porque ya se cultiva en California, seguramente en algún momento pasará lo mismo con la coca", acotaba a principios de este año, cuando en Uruguay todavía no se había puesto en marcha la ley que permitía el cultivo y la venta del cannabis.

"Yo me acabo de enterar al mismo tiempo de ustedes de mi relación con Pepe", le cuenta a los periodistas sobre su vínculo en la serie con el narco boliviano que encarna el uruguayo Roberto Birindelli. "Digamos que en lo que está planteado, yo trabajo para Pepe y manejo las situaciones con cierto grado de humor, con mucha tranquilidad", es lo poco que quiere o puede- adelantar de su personaje, al que se escucha siempre hablando en portuñol. "Según lo que vi en los guiones que tengo, me he atrevido a pensar que mi personaje es bipolar, porque se contradice en los textos. Entonces traté de jugar con ese personaje el tiempo que me queda, que son cinco minutos de serie", decía cuando le faltaba grabar muy poco. "Estoy como cuando cambian a un jugador de equipo y quiere demostrar lo mejor de sí para que lo tengan en cuenta para el próximo partido (risas). Eso es lo que está pasando conmigo en este momento".

Confiesa haber visto la primera temporada de 1 contra todos y haber leído todos los textos de la segunda. "Estoy como muy excitado, feliz, de poder trabajar primero en Brasil, en una gran serie, con grandes actores que he tenido la oportunidad de verlos en otras producciones. En el caso de Julia (Ianina, Malú en la serie), la vi en 3 %, en Magnífica 70. Soy un seguidor de las producciones brasileñas", apunta para luego enumerar las que marcaron su carrera. "Yo empecé a descubrir Brasil con Ciudad de Dios; luego vino Tropa de élite, la uno y la dos, que me gustó más que la uno; después me puse a ver Carandirú; Bruna, que vi la película… entonces me sorprendió mucho escuchar a Breno (Silveira, director de la serie) decir que le parecía increíble que en Latinoamérica se estuvieran olvidando de ellas porque, al contrario, para nosotros las producciones brasileñas son de lo mejor que hay. La verdad es que tienen una gran fanaticada en toda Latinoamérica; son muy, muy reconocidas".

La vieja TV

Saltó a la fama con La mujer del presidente (1996); otros grandes mojones fueron Pandillas, guerra y paz (2003), La saga, negocios de familia y Sin tetas no hay paraíso (2006), por nombrar algunas de sus tantas telenovelas. Luego llegaría la época de las series con, por ejemplo, tres capítulos de la internacional Tiempo final y el gran éxito que significó la colombiana El Capo (2009), dejando en claro que las telenovelas cedían su lugar a las series. "Gracias a Dios sucedió, me tenía muy preocupado que no hubiera pasado antes", confiesa Moreno. "Todo tiene que ver con una generación. Yo soy de una generación que creció viendo mucho cine, que no vio tanta telenovela, y que tiene una necesidad de expresarse. Y son los nuevos cineastas los encargados de hacer esta nueva televisión. Digamos que el paso que dio Netflix fue maravilloso para que otras compañías se pudieran plegar a este tipo de producción", analiza.

Destaca además que se estén abordando temas más realistas y cotidianos. "Creo que ha sido muy importante que se hable de lo que somos, tenemos que hablar de lo que nos pasa y lo que nos pasa es corrupción, narcotráfico… es lo que tenemos en Latinoamérica. Si abres la prensa, cualquier página habla de la corrupción en cualquiera de nuestros países. Te cansa, yo entiendo esa posición", agrega sin olvidar que la televisión también es un negocio. "¿Qué hace un negocio? Ofrecer lo que se vende y eso es lo que se vende. Mientras haya demanda, va a haber oferta, es así de sencillo".

En cuanto a que las telenovelas hayan quedado atrás en la lista de preferencias, Moreno también tiene su explicación. "Pues nos cansamos de ver que la niña pobre y hermosa se enamora del galán bobazo y bonito. Llega un momento que ya nadie lo aguanta. Digamos que los protagonistas, y gracias a Dios me tocó a mí en algún momento, empezamos a ser los feos del paseo. Ya no eran los bonitos los que protagonizaban. Hubo una necesidad de cambio".

Y lo dice alguien que fue galán de varias historias rosa y que luego supo reinventarse con personajes fuertes en distintas series. Eso lo llenó de fama y le hizo olvidar lo que era estar sin trabajo, hasta que hizo algo que una cadena no le perdonó: se fue a trabajar para la competencia. Cuando quiso volver, le ofrecieron un trabajo por la mitad de lo que venía ganando y no lo aceptó. Fue en ese momento que decidió ir a probar suerte a Los Ángeles y fue como empezar de nuevo, allí Marlon Moreno no era nadie. "Fue estar en cero en otra cultura y eso me hizo entender cómo valorar cada proyecto que llega a mi vida de una manera diferente. Cuando te acostumbras a tener trabajo durante dieciocho años, que no terminas uno y ya estás pendiente del otro, como que todo esto se vuelve normal", reconoce sobre un cambio que confirman los periodistas colombianos. Moreno era uno antes de Estados Unidos y fue otro después.

"Siento que hoy tengo más los pies en la Tierra que nunca, valoro cada persona, el tiempo que me da cada persona. Con eso me refiero a todo, a poder compartir en el trabajo y algo que no he hecho en mi vida. Siempre he ido del trabajo a la casa y de la casa al trabajo, cero vida social, siempre muy entregado a la profesión. La vida me ha enseñado a ser distinto. Comparto mucho más, comparto con la gente y me está haciendo sentir mejor", destaca.

Inmigrante

Si bien ya hace un tiempo que está radicado en Los Ángeles, el colombiano no ha podido evitar que la asunción de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos y, fundamentalmente, sus políticas migratorias, lo tengan alerta. "He estado pensando mucho en eso, pero mucho, mucho, todos los días, y llegué a una conclusión: si me tengo que ir un día, me iré, no tengo ningún problema, pero mientras tanto no voy a formar guerras con nadie. Hubo un momento en que alcancé a hacer un video contra Trump y no me salió bien la vuelta; aprendí de eso también. Respeto la posición, Trump es una persona difícil. Aguantaremos ahí hasta que se pueda", manifiesta.

Moreno compara la mudanza de una sociedad a otra con lo que le ocurrió cuando se mudó de su Cali natal a Bogotá, la capital de Colombia. "En mi tierra somos muy cálidos, de abrazo, de que tu llegaste a mi casa y te doy la comida, no me importa si ya comiste. En Bogotá me encontré con un mundo totalmente diferente. Y ahora que vivo en Los Ángeles, es más frío aún, no te saludan ni en el ascensor. Y este colorcito de piel siempre crea un problema, racismo hay. Se siente en pequeñas cosas. Pero yo creo saber quién soy, estoy tranquilo acá. Disfruto la tranquilidad de poder caminar de noche. En Bogotá estás con miedo de que te van a atracar", cuenta quien es padre de cuatro hijos, uno de ellos actor como él y con éxito en Colombia.

"Mi relación con mi hijo Brian es de mucho respeto. Él está desarrollando su carrera y digamos que está ahora en el curubito (cúspide), en un momento muy interesante de su vida. Yo siempre he respetado todo su proceso. En algún momento me pidió ayuda para determinado personaje, le di la ayuda puntual, pero nunca me he querido meter, porque siento que la carrera de actor es muy propia. Cada quien desarrolla una forma de ver este trabajo muy personal. Es otra de las cosas que he aprendido, a respetar el punto de vista. Yo antes creía que los actores teníamos que ser muy concentrados, abocados, y no, hay gente que tiene mucho talento y no necesita ni concentrarse, simplemente llegó ahí, lo hizo y todo el mundo quedó maravillado. Yo no tengo esa fortuna, yo necesito pensar y pensar, y darle para organizar en mi cabeza el personaje".

En lo que sí puede aconsejar mucho a Samuel es en materia de fama, esa que él sabe muy bien que va y viene. "Cuando te empiezan a pedir autógrafos, tienes la fortuna de que te paguen bien y eres joven, te crees que tienes el mundo a tus pies. Y ésta es una carrera en la que nosotros siempre estamos buscando trabajo. Sabemos que tenemos este trabajo ahora y no sabemos nada más. Somos desempleados. Entender eso es parte de un proceso personal. Cuando tienes un proyecto y te apareció el otro y el otro, dices me volví lo máximo, y no. Tenemos que entender que debemos seguir siendo lo que somos, más allá de si tenemos o no éxito. Que nuestra búsqueda tiene que ir más adentro y no tanto hacia afuera, al que me reconozcan. Yo, hoy por hoy, creo saber más o menos quién soy y eso me deja tranquilo", destaca con una sonrisa.

En ese "hoy por hoy" se está dejando o ha dejado- sorprender y conquistar por el nuevo mundo que le abrió 1 contra todos. "Es una oportunidad muy bonita, el solo hecho de jugar este partido. Si meto o no el gol, ya dependerá del destino, la vida. Pero yo estoy feliz de poder estar aquí, en Brasil, encontrarme con colegas que no conocía y compartir una nueva cultura. Eso es la felicidad, no existe algo más bonito para mí. Soy un sentimental de mierda, por eso soy actor".

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