ENTREVISTA

100% Muscari: Dirige Falladas en Montevideo

José María Muscari está al frente de la versión uruguaya de Falladas, una de sus obras de Calle Corrientes. La versión local se exhibe en los jueves en la Sala Movie y cuenta con cinco reconocidas actrices nacionales. "Es un espectáculo que perfectamente podría estrenar en Buenos Aires", sostiene.

José María Muscari. Foto: Inglize
José María Muscari. Foto: Inglize

El destacado director argentino José María Muscari vuelve a dirigir una de sus obras en Montevideo con elenco local. Está al frente de Falladas, que cuenta el encuentro de cinco amigas hablando sin tapujos. La experiencia anterior en Montevideo había sido El Secreto de la Vida (2015), pero el artista indica que este nuevo espectáculo tiene un sabor especial por tratarse de una obra comercial. Muscari revela detalles de su trabajo con las actrices uruguayas y reflexiona sobre su reciente transformación en figura mediática. "No me da miedo lo mediático", define.

—¿Cómo es encarar el proyecto de dirigir tu obra Falladas de Calle Corrientes pero en Uruguay y con un elenco local?

—Es un proyecto de máxima felicidad. Es la segunda vez que monto un espectáculo con actores locales en Uruguay. En este caso tiene el sabor de ser un espectáculo que apunta a lo comercial. Es la sala de Teatro Movie que tiene 600 localidades y viene con funciones agotadas todos los jueves. El espectáculo genera muchísimo interés. Para mí es un placer trabajar con estas actrices. Trabajamos con mucha seriedad y responsabilidad para una obra que es difícil. Las actrices en Falladas tienen que estar muy seguras, precisas y entregadas.

—¿Cómo describirías el elenco con el que estás trabajando en Uruguay (Wolf, Ferrand, Bianco, Da Silva y Acuña)?

—Son cinco actrices muy atractivas, glamorosas, personales, con mucha impronta y un sello fuerte arriba del escenario. Yo estoy muy orgulloso del proyecto, del elenco y de la forma de la que este espectáculo se estrenó. Es un espectáculo que perfectamente podría estrenarlo en la Calle Corrientes.

—¿A cuál de las actrices la llevarías a la versión argentina?

—Cada una tiene un encanto particular, pero quedé muy sorprendido con la ductilidad, la potencia y la entrega actoral que maneja Adriana Da Silva. Es un personaje muy difícil y realmente está brillante. Es una actriz intensa, atractiva, profesional, y con un sello muy magnético.

—¿Cuáles dirías que son las fortalezas del elenco y cuáles los aspectos que hubo que pulir más en los ensayos?

—La virtud principal es una cosa de camaradería que está buenísima. Tienen un vínculo que es un valor agregado que se traduce en escena. Son un bloque energético que se retroalimenta. Los aspectos que hubo que trabajar más tuvieron que ver con la apropiación del texto. Yo escribí Falladas pensando en las actrices de Buenos Aires, y en Uruguay el proceso fue al revés porque recibieron la obra ya escrita.

—¿Qué tan exigente sos al momento de dirigir?

—Soy exigente pero a veces se confunde la exigencia con la rigurosidad. Soy muy ejecutivo y no me gusta que me hagan perder tiempo. Trabajo con actores profesionales y si bien todos los artistas tenemos nuestro ego, yo hago que el ego lo dejen afuera. Lo más importante siempre es la obra. En Falladas la vedette es Falladas, no es ninguna de las cinco actrices ni yo.

—¿Cómo se traduce esa rigurosidad en la práctica?

—Tomo notas mientras las actrices trabajan en escena y les digo todo lo que anoto con mucha claridad. Abro el espacio para la confrontación para saber si el otro lo entendió. Después repaso mucho: "a ver, repítanlo de nuevo".

—Dijiste que Falladas es una obra comercial, ¿eso implica que sea el espectáculo que lleva menos ese sello personal de transgresión que suelen tener tus espectáculos?

—No. Si bien Falladas tiene muchos componentes comerciales también tiene mi gran sello y es un espectáculo muy provocador. No es habitual ver en el escenario a cinco mujeres que hablen sin tapujos de sexo, política, y otros temas que en general están destinados a los hombres. Desde la forma en la que está contada, hasta la estética con el vestuario y la escenografía, la música, yo siento que es un espectáculo con mi sello a flor de piel igual que Bollywood, que es la obra que tengo en el under. No tengo diferencia entre lo que es un espectáculo comercial en cuanto a mi sello como autor. Lo que cambia son las características de producción. En los espectáculos comerciales hay actores famosos, dinero invertido en publicidad, etc. Son diferencias que no hacen a lo artístico.

Adriana Da Silva, Patricia Wolf, José María Muscari, Luciana Acuña, Paola Bianco, Catalina Ferrand.
Adriana Da Silva, Patricia Wolf, José María Muscari, Luciana Acuña, Paola Bianco, Catalina Ferrand. El equipo de Falladas.

—Hace seis años ya eras un director reconocido pero resolviste convertirte en una figura mediática al sumarte al Bailando por un Sueño de aquel año. ¿Cuál es el balance que hacés de ese cambio?, ¿hay veces en las hubieses preferido no hacerlo?

—No. Yo no siento que haya cambiado mi perfil. Lo que pasó es que el gran público le pudo poner cara a un nombre que capaz que había escuchado alguna vez. La televisión es el mejor medio para traducir quienes somos y lo mejor que me puede haber pasado es que todos conozcan quién es Muscari. Antes había una gran confusión conmigo. Como mis espectáculos son polémicos y transgresores, la gente creía que yo como persona también lo era. Confundían el artista y su obra. En realidad, mi llegada a la televisión hizo que el público se pudiera dar cuenta de que soy una persona convencional, y que mi locura y cosa volada está puesta solamente en el escenario. Yo como persona estoy muy lejos de esa transgresión. Además, creo que si tengo el espacio que tengo en la televisión y mis espectáculos se convierten en exitosos es porque al público le gusta el tipo de personaje que tengo. Yo no le tengo miedo a la palabra "mediático".

—Pero el perfil mediático te ha expuesto en polémicas públicas, ¿no padecés esa parte?

—Yo no padezco nada de mi trabajo. Disfruto de todo lo que me pasa. Incluso los pocos momentos no felices los tomo como parte del aprendizaje. Y tengo límites muy concretos: no me pelearía con nadie solamente para permanecer una semana más en un programa de televisión ni haría escarnio de nadie.

—Comentabas que en tu vida privada sos convencional, ¿sentís que nunca transgrediste en lo cotidiano?

—Nunca. Creo que es un componente que exorcizo en mi trabajo, entonces en mi vida ando más liviano. Siempre he sido una persona tranquila, sin excesos. Nunca me drogué ni con un porro. Me cuido, tengo una buena alimentación, una familia que me apoya y una pareja es un gran sostén. Tengo una vida con afectos verdaderos que no están en ese circuito de los medios y eso me ha servido para estar equilibrado.

—¿Cómo viviste la situación de Noemí Alan, que trabajaba en una de tus obras y fue internada en una clínica psiquiátrica en las últimas semanas?

—Fui una de las primeras personas a las que ella llamó para contarle que se iba a internar por su propia voluntad. Lo vivo con la angustia de saber que una persona a la que amo atraviesa un momento delicado, pero con la entereza de saber que lo mejor que le puede pasar a alguien que necesita ayuda es pedirla. Yo sabía que ella venía arrastrando cosas que la ponían triste y venía con secuelas de otros momentos depresivos. Es de público conocimiento que ella tuvo episodios en otros momentos de adicción a las drogas y el alcohol. Ahora está lejos de eso pero le han quedado consecuencias emocionales. Creo que en un tiempo va a estar bien y se va a reincorporar a la obra.

—¿Qué pasó con Graciela Rodríguez, que participaba en una obra tuya en Argentina y se volvió a Uruguay poco después del estreno?

—La experiencia no llegó a buen puerto. Ella no se sentía cómoda y se terminó volviendo. Consideraba que el personaje era chico. Yo le expliqué que no, que era uno de los mejores. Incluso la actriz que tomó ese personaje se llevó todos los premios. También tuvo algunas diferencias con la producción. Yo traté de intermediar pero cuando hay algo disonante lo mejor es cambiar de rumbo. Lo mejor que pudo pasar es que Graciela se vuelva a Uruguay para seguir con su trabajo y que en Los Corruptelli entre Liliana Pécora.

MAL TRAGO

Inseguridad en Uruguay.

Días antes del estreno de Falladas, Muscari fue víctima de un momento "angustiante" en Montevideo. En pleno ensayo junto al grupo de actrices, unos delincuentes irrumpieron en la casa donde ellos estaban preparando el espectáculo. El equipo de la obra se encerró en una sala y esperó por la policía. "Estábamos preocupados", recuerda el director. "A los diez minutos llegó la policía, revisaron todo y sólo habían roto una ventana para entrar. La sacamos barata", evalúa.

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