stefanía tortorella

Moderna

Una chica de video clip que debuta en la pantalla grande con "Los modernos".

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Stefanía Tortorella

Stefanía Tortorella es una de esas mujeres que salen en la tapa de las revistas. Literalmente. Es modelo y actúa en publicidades. Fue varias veces la chica linda del video clip. Ese trabajo de ser la linda y únicamente la linda, es justamente lo que no le gusta. Por eso se metió en los lugares donde no suelen contratar rostros esculpidos como el que tiene ella. Es decir, en talleres de teatro que los estudiantes abandonan por su exigencia y en el cine. Filmó muchos cortos, casi siempre como única actriz, casi siempre sin diálogo y casi siempre con la cámara pegada a sus ojos azules. Ahora que cumplió los 30, consiguió un personaje destacado como Ana, una fotógrafa que no quiere tener hijos y se enamora de Noelia Campo. Esta película se presenta como un drama sexual, se llama Los modernos y se estrena el próximo jueves.

—Tuviste una infancia en un escenario atípico: entre Seúl y Berlín, ¿cómo se dio?—Es que mi padre es diplomático y por su trabajo pasé mis primeros años de vida en Corea del Sur. Se sabe que esos son momentos que te marcan para siempre, pero para mí era algo completamente natural. Luego vivimos en Berlín hasta mis 15 años. Entonces volví a Montevideo definitivamente y nunca más me fui. Ahora ni siquiera recuerdo bien cómo hablar alemán.

—¿Qué recuerdos tenés de esa infancia?

—Muchos flashes de estar en la calle, de ir al colegio, del trato con la gente.

—Dijiste que la actuación para ti fue inevitable, ¿por qué?

—Yo siento que la actuación me encontró a mí casi de casualidad. Nunca lo había planeado porque no me había visto de esa manera.

—¿Cuál fue esa casualidad?

—Yo era una adolescente bastante tímida y no sabía qué hacer con mi vida. Un día apenas había terminado el liceo mi padre me trae un folleto de la Escuela Nacional de Arte Dramático y me dice, "¿vos no querías ser actriz?" Y decidí probar sin tener la convicción. Quedé en la prueba y durante el primer año ya sentía que estaba en el lugar correcto.

—Estudiaste improvisación, danza, fotografía y artes plásticas, ¿todo eso para complementar la actuación?

—Me hubiera encantado ser bailarina, pero empecé de mayor. Toda esta formación fue un aprendizaje de técnicas que necesitaba para aprender a manejar mi cuerpo en el escenario, para saber cómo estar. Creo que el actor tiene que estudiar de forma permanente y sobre todo disciplinas relacionadas al cuerpo y al espacio.

—También trabajaste en la ópera Carmen.

—Sí, pero fue un bolo mientras era estudiante. Igual la recuerdo como una experiencia increíble porque todas esas voces hacían vibrar el piso del escenario.

—Se podría decir que sos una chica de video clip porque actuaste para "Mandrake" Wolf y Los Terapeutas, El Cuarteto de Nos, Par, Cardellino, ¿qué particularidad tiene este tipo de personaje?

—Y depende de la música, en el video de El hijo de Hernández finjo que me electrocuto y bailo como eléctrica, en otros soy solo una…

—Sos la chica linda.

—Para mí eso no es interesante.

—¿La belleza te juega en contra para actuar?

—Te puede jugar en contra o a favor. Pero sí colabora a que te encasillen en algo. Eso me sucedía sobre todo cuando era más chica. Con los años empieza a pesar la versatilidad y dejan de elegirte siempre para hacer de Julieta. Ahora me eligen como madre, por ejemplo.

¿Qué tipo de personaje te gustaría?

—Creo que tengo potencial para hacer de mala.

—Protagonizaste varios cortos, por lo general como única actriz, ¿implica otro desafío este formato?

—El desafío de los cortos es expresar mucho en muy poco tiempo. En una película vos tenés un desarrollo mayor para que el público participe de la interioridad del personaje. En el corto tiene que haber magia en el guión para que el director pueda exprimir toda la emoción. En un teatro la gente está lejos, pero cuando tenés una cámara cerca es impactante ya de por sí.

—¿En el momento de actuar notás una diferencia?

—Una cosa no tiene nada que ver con la otra. En el teatro tenés que concentrarte en llegar a la última fila con tu voz y tus gestos, y en el cine cuanto más chiquito sea todo, mejor. Una vez me dijeron que en el escenario se actúa y frente a una cámara se piensa. Ese fue el mejor consejo que me dieron.

—A la hora de incorporar un personaje, ¿qué técnica te interesa?

—Yo estudié de todo, pero cuando trabajo me olvido de todo eso porque tanta formación te puede limitar la espontaneidad, que para mí es fundamental. De todas formas todo eso que aprendiste quedó en vos. Aunque valoro la memoria emotiva, creo mucho en el estar en presente.

—En Los modernos tuviste de partenaire a Mauro Sarser, uno de los guionistas y de los directores de la película, ¿cómo fue?

—Fue muy raro porque sabés que durante la escena no solo está actuando contigo sino evaluándote. Admiro a los actores que pueden también dirigir porque creo yo no podría.

—Con Noelia Campo te tocaron escenas de amor y sexo, en un tratamiento bastante novedoso para el cine local.

—Bueno, yo conocía a Noelia pero ella a mí no. Es una mujer muy bromista y sabe romper el hielo, así que toda la tensión que podía sentir con nuestras escenas desaparecía instantáneamente.

—Esta película parece querer agrupar un discurso existencial de una generación que vos integrás, ¿qué planteamientos te interesaron más?

—Me parece que es una película que podría empatizar con el público de varias maneras, por ejemplo a mí me interesa el encare de la sexualidad y de la maternidad que propone.

—Te presentás como una actriz freelance, una condición cada vez más común entre los actores jóvenes, ¿te gustaría integrar un elenco estable?

—La actuación freelance siempre existió y cada vez es más común. Lo lindo de los elencos estables es que llegás a conocer mucho a tus colegas. Pero en mi caso me gusta saltar de un puesto al otro, porque uno se puede estancar al estar en un mismo espacio.

Con Noelia Campo en una de las escenas de Los modernos.
Con Noelia Campo en una de las escenas de Los modernos.

—En Los modernos compartís elenco con Federico Guerra, dramaturgo en ascenso y que te dirigió en Odio oírlos comer, ¿qué significó para vos esta obra?

—Fue su primera dirección (antes había escrito Snorkel) y me tocó actuar con Tabaré Rivero, Virginia Méndez y Fernando Amaral. Agarro solo las obras que me interesan, no me gusta estar en cinco proyectos en simultáneo.

—¿Ser tan selectiva tiene que ver con la forma en que vos trabajás los personajes?

—Sí, porque el proceso a mí me demanda mucha energía. Necesito mucha concentración para no repetirme y eso es algo que veo en algunos actores que trabajan mucho. No quiero caer en eso, por eso priorizo obras y personajes muy distintos entre sí.

—Rodaste dos largos independientes con directores estadounidenses.

—Sí, pero llegué a las películas a través del típico casting.

—¿Ser modelo publicitaria te ayudó a perderle el miedo a los castings?

—Para nada, los sigo odiando. Digamos que hacer tantos te ayuda a perder los nervios, pero tenés que hacer tantas cosas iguales tantas veces que te sentís ridícula. Para mí es la peor parte del trabajo de actor.

—¿Qué tipo de proyecto te motiva en este momento?

—Lo que me interesa es ofrecer algo distinto. Si me toca ser madre, cambio siempre algo. Por eso me gustó tanto Los modernos: fue el personaje más distinto a mí que interpreté.

—¿Con qué director te gustaría trabajar?

—Con Roberto Suárez, y como sabía que era imposible que me llamara porque no me conocía me anoté en un taller que da en Casavalle. Fueron dos años muy intensos en los que construís permanentemente estados que luego no vas a usar, pero te quedan en el ADN actoral. No es para cualquiera. Necesitás mucha paciencia para no abandonar, de hecho la mitad se fue y yo misma pensé en eso varias veces. Por suerte aguanté.

—¿Por qué?

—Porque cambia tu conocimiento sobre cómo trabajar la energía en la escena, que es esencial para conectar con el público.

—¿Cuál es el secreto?

—Todo está puesto en la emoción. Ahora, cómo llegás a la emoción es entrenamiento.

—¿Cómo te sentís después de una función?

—Si la función fue mala, me deprimo. Si fue buena, soy muy feliz y agradecida. Es muy bipolar lo que te puede suceder en el escenario. Yo lo comparo con jugar un partido de fútbol, porque no sabés cuándo te va a tocar ganar y cuándo perder.

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