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Martín Angiolini, la rockola humana

Los Reyes Magos pasaron por la casa de los Angiolini el 6 de enero del ‘86 y dejaron dos regalos al lado de los zapatitos y el pasto. Gastón se apuró y se quedó con la pelota. Martín, como buen hermano mayor, se resignó y agarró el órgano.“Así empezó todo”, resume al recrear la escena, aunque sabe que no fue casual.

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Foto: Fernando Ponzetto

La faceta de músico apareció en la niñez: Gastón, su hermano menor, recuerda que veían un comercial, “se levantaba de la mesa sin decir nada y a los cinco minutos llamaba a mis padres para cantarles la canción de la propaganda”.

Es fanático de Marvel, las películas de ciencia ficción y las series. Se enganchó con Amas de casa desesperadas y mira un capítulo por noche junto a su esposa y madre de su hija, Irene Piriz. Es hincha de Peñarol, colecciona camisetas pero no llega a ser un futbolero apasionado: "es menos fanático de lo que dice ser", opina Maxi Pérez, amigo, compadre y compañero de Don Timoteo.

De chico prefería juntarse a tocar la guitarra o escuchar música antes que jugar a la pelota. Practica más deporte ahora que en la adolescencia, aunque no se destaca en los partidos de fútbol 5 que arman cada sábado con los muchachos de la murga: "es medio pelo", dice su amigo. Martín Angiolini no niega que anda mal pero se consuela al deschavar que el Chino Recoba perdió los dos partidos que jugó con ellos.

Creativo e introvertido desde la infancia: Gastón llegaba a lo de su abuela y agarraba la pelota, Martín usaba el tiempo libre para hacer títeres, marionetas y muñecos de trapo, "era una cosa muy suya, lo hacía solo", relata su hermano. En su casa se asombraron cuando lo vieron interpretar a un vendedor de garrapiñada que se moría de un dolor de muelas en una muestra en Facultad de Ingeniería. Fue su primer papel, tenía 16 años y según Gastón, "era impensado, nunca me lo imaginé en un escenario, aunque le gustaba la música". "Es muy para adentro en su vida y bastante tímido. Me sorprende verlo en obras de teatro infantiles, este año actuó en Alicia en el País de las Maravilllas y apareció en un programa de tele con un enterito todo azul, los cachetes pintados de rojo y un gorro para atrás, fue maravilloso, lo arruinamos en el grupo de whatsapp de la murga", cuenta Maxi a las carcajadas.

Tiene la capacidad de estar en muchas actividades a la vez: es el director de Don Timoteo, hace arreglos corales para otras categorías del Carnaval (humoristas, comparsas, parodistas), actúa y compone bandas sonoras para obras teatrales, es tecladista de Pa entrar en calor, fundó Los Brisconti y ahora hace los Homenajes Cantados en Segunda Pelota (Océano FM), está en el staff de Desayunos Informales (Teledoce) y en el elenco de Imprevisto, el juego que se estrenó el viernes 14 en el Undermovie.

El Fata Delgado atribuye esa ductilidad a que todos sus proyectos están emparentados con la música, su pasión y profesión. Estudió piano en el Instituto Beethoven, tomó clases particulares, abandonó el teclado en la adolescencia -"pintaban los campamentos y agarraba la guitarra"- y lo retomó en el 98 para formarse con Gustavo Montemurro. Se escuda en el instrumento para tomar coraje, "me da tal seguridad que si me lo sacan es como si me faltara una pierna para caminar. Los nervios siempre están, pero supero la timidez cuando me aferro al instrumento para subirme a un escenario, hacer un tablado o pararme ante cámaras".

Debutó en Carnaval con La Pequeña Lulú (2000). Era el primero en salir cuando se abría el telón, "arrancaba cantando solito una canción que hablaba de la feria, me acuerdo patente que aparecía en la punta del escenario en la escalerita del Teatro de Verano con mi guitarra". Los Fatales también integraban esa revista y el Fata recuerda haberle comentado, qué valor salir solo siendo tan joven, vas a ser bruto carnavalero. "Apostaban a él porque veían que tenía futuro".

El director y arreglador de Don Timoteo en acción. Foto: Archivo
El director y arreglador de Don Timoteo en acción. Foto: Archivo

De rebote.

Lleva el gusto por el Carnaval en los genes, va al tablado desde que tiene uso de razón pero hubo una cuota de azar en su primera incursión. "Un día me entero que un amigo muy querido de la escuela estaba en humoristas Los Bubys, arreglé con él y fui a un ensayo, me para el productor comercial y me dice con voz tosca y rasposa (la imita), ¿querés salir en Carnaval? Tenía 15 años y le contesté, dejame conversarlo con mis viejos. Se fue y me quería morir, ¡había tenido la oportunidad en la mano y la había desaprovechado! A los dos minutos aparece Carlos Viana, director del conjunto y me dice, vení y salí en Carnaval, tenés para conocer un tablado, hacer un pesito". No existían los celulares, la única opción para comunicarse era conseguir un teléfono público, pero no lo hizo, se fue a dormir a lo de su abuela y al otro día le contó a sus padres que lo habían invitado a hacer una publicidad de arroz en los tablados disfrazado de cocinerito, "mis dos momentos de gloria eran antes de empezar la humorada que salía, hacía la promoción y bailaba y antes de que arrancara la despedida".

Nunca había pensado en subirse a un escenario, pero esa invitación del productor comercial de Los Bubys fue el puntapié para un montón de vivencias. "Estaba siempre dando una mano y cuando quiso acordar se había metido dentro de un conjunto, lo incorporó sin darse cuenta", según Irene. Los Bubys ensayaban en el Instituto Cultural Arteatro y Martín lo frecuentó durante cuatro años porque era utilero del conjunto. Allí conoció a su primera novia de la que estuvo enamorado por años, se inscribió a uno de los talleres que dictaban porque alguien se lo propuso, "empecé a estudiar teatro muy de aficionado" e incluso se arrimó a la Murga Joven porque Arteatro era el punto de encuentro de La Esquina Peligrosa. Es más, Florencia Infante integró esta murga, años después se la cruzó en Océano FM y hoy hacen Imprevisto juntos.

Su debut en Carnaval también vino de la mano de una invitación. Cursó un taller escénico con Coco Rivero, "precisaba un personaje para La Pequeña Lulú, me preguntó si quería salir y le dije que sí. No sabía qué tenía que hacer pero pensé, vamo arriba, era mi sueño salir en Carnaval". Y otra vez se cerrará un círculo: Coco Rivero realizará la puesta en escena del espectáculo que hará Don Timoteo para el Carnaval 2016 titulado Creer o reventar.

Las casualidades se repiten en su vida artística. Su hermano Gastón es miembro fundador de Pa entrar en calor, una tarde estaba por irse a un ensayo, Martín pasó por su casa y terminó acompañando a su hermano. La banda aún no tenía nombre, se juntaban a tocar versiones de Spinetta y coincidió que había un teclado en la vuelta. Felipe Castro lo animó a que se sumara con el piano y los acompañara. Martín no quería meterse, había ido a escuchar y tomar unos mates pero se puso tocar y quedó en la banda.

Yin y yan.

Gastón era el peleador, Martín era mucho más tranquilo. Bondad, sensibilidad e inocencia son cualidades que Maxi resalta en su amigo. "Yo soy mucho más porfiado, odioso y le erro por mal tipo, Martín nunca tiene maldad de fondo, es el bueno de la relación, aunque cuando se le pone algo en la cabeza es difícil sacárselo". "Es un músico del carajo, tremendo director, escénicamente es muy bueno pero si hubiera que buscarle una debilidad sería que le falta un poco de personalidad fuerte para dirigir la murga, le cuesta mear a la gente. Yo no sé tocar ni una tecla del piano pero nos combinamos bien: él es el talentoso, yo la mala persona y así sale el producto".

El director de Timoteo reconoce que le falta don de mando y se apoya en Maxi: "él tiene una presencia mucho más fuerte, impone otro respeto, a mí me cuesta porque no tengo ese espíritu de ir al choque y a veces se necesita". Por eso desde hace un tiempo son los socios ideales, trabajan codo a codo y han hecho de todo, "la mayoría laburos sin rédito económico: jingles, un himno para el Sporting que nos pidió el Piñe, otro para un cuadro de Pando que cumplía 50 años, una canción para la fiesta de fin de cursos del Crandon o canciones para regalarle a nuestros hijos", enumera Maxi.

Martín supo desde Murga Joven que su lugar era el de director: "me voy al coro y en el primer tablado quedo afónico, pero además me gusta agarrar la guitarra e investigar, probar una voz con otra, entrar a mezclar, es como un juego". Maxi seguía sus pasos y fue quien planteó su nombre a Carluccio cuando se enteró que Tabaré Cardozo dejaba Curtidores de Hongos para dedicarse a su carrera solista. "Debuté dirigiendo a Julio Pérez y el "Chato" Ambrosio que para mí son Dios Momo. Era maravilloso pero me producía cierto nervio encarar al grupo como tenía que hacerlo, que me respondieran y que los veteranos no me dijeran bueno, botija, tenés que pagar derecho de piso. No pasó nada de eso".

Maxi define a su amigo como una "rockola humana" y se lo debe al "trajín de los arreglos en parodistas, revistas, Carnaval de las Promesas, tiene una valija enorme de canciones en su memoria". En su casa se escucha música de diversos géneros, pero además, "está rodeado de amigos que le tiran temas para que entren en una retirada, un saludo y así va armando el puzle", comenta Irene. Es obsesivo, detallista, puntilloso, quiere que el coro suene lo más prolijo posible. "En 2009 empecé con alopecia, me dejó de crecer la barba, se me caía el pelo producto de los nervios y el estrés. Hablé con Carluccio y le dije, voy a parar un año, me quiero cuidar. Hay veces que no llegás a decir las cosas de la forma que querés en el espectáculo, entonces querés mejorar, laburás día y noche para encontrarle la vuelta y eso genera mucho estrés hasta el último día del Carnaval".

Bendito 2013.

Martín jamás olvidará la noche de fallos del Carnaval 2013: al fin logró poner broche de oro al esfuerzo, trabajo y sacrificio y levantó la copa por primera vez. "En 2012 habíamos salido segundos con Curtidores y si bien laburamos juntos en todos lados yo había tenido la suerte de ganar en 2004 con los Curtidores y después con la Catalina, pero él no. Por suerte se sacó esa espina en 2013", relata Maxi. El músico, director y arreglador recuerda incluso qué ropa llevaba puesta esa noche: la camiseta alternativa de Peñarol. "El club estaba repleto, él estaba eufórico, tenía mucha ansiedad, estaban sus padres, su hermano, iban y venían los amigos, mucho Twitter, Whatsapp, mensaje de texto", revive Irene.

Era primera hora de la mañana y Martín esperaba al lado de su esposa, su hermanastro y los padres de Maxi Pérez, Antonio y Blanca, hasta que escuchó el puntaje de Diablos Verdes, rival directo de Asaltantes con Patente y disparó hacia atrás para recibir la noticia junto al grueso del grupo. "Cuando dijeron que habíamos ganado nos abrazamos todos y empezamos a llorar".

Al regresar de las vacaciones se enteró que Irene estaba embarazada, habló con Rafa Perrone y le comunicó que no haría Carnaval en 2014: "me muero por salir, mi corazón está con la murga porque me encariñé mucho con los dueños y el grupo pero no voy a poder cumplir con las dos cosas". La creación lo consume, salir implicaba estar con la cabeza en otro lado y no quería perderse ese momento único, "sabía que no iba a poder hacer bien ninguna de las dos cosas, ni estar en la murga ni acompañar a la familia".

Junto a la luz de sus ojos, Maite
Junto a la luz de sus ojos, Maite

En 2014 dejaron atrás Asaltantes con Patente, se llamaron Don Timoteo, defendieron el título, volvieron a salir primeros y se la perdió. Martín volvió para el Carnaval 2015, Maxi no salió esta vez y no hubo premio: "como que sin mí no está pudiendo ganar porque para ganar hay que ser malo". No levantó el trofeo pero se quedó con una condecoración mayor: hizo la música de la canción final de Timoteo (Original) junto a Facundo, el hijo mayor de Maxi que tiene 10 años. Hace un tiempo que su amigo "está poniendo en papel y lápiz lo que le pasa, quiso manifestar su visión con una letra y me la dio para que le pusiera música. Yo le buscaba la vuelta, pero no aparecía hasta que una tarde vino con Facu, le toqué la idea que tenía de la canción, le pedimos que cantara lo primero que le viniera a la cabeza y a los cinco segundos estaba cantando la melodía que terminó yendo en la canción final del espectáculo".

Ex Brisconti.

No hay más Brisconti. La producción de Segunda Pelota quería que Martín siguiera en el programa pero había que buscarle la vuelta para que el Piñe, Rafa Cotelo y Pablo Fabregat no tuvieran que cantar, "para ellos era una incomodidad" y surgieron los Homenajes Cantados. "Las letras de las canciones que hicimos inéditas y los himnos fueron escritas por mí pero es bien de careta porque no soy letrista ni cerca".

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