LOS AUTÉNTICOS DECADENTES

Máquina de hits

Sonaban espantoso, no sabían tocar, pero les sobraba actitud. Los Auténticos Decadentes eran aclamados en cada festival porque entendían los shows como una performance. Hacían un culto a alegría, la diversión y su eje era la comunicación.En el ‘87 salían al escenario con desesperación, tenían ansias de conquista y prendieron. Celebran 30 años de fiesta y éxito. Compusieron un hit atrás de otro: Vení Raquel, Los Piratas, Tu forma de ser, El Murguero. La lista es interminable. Jorge “El Perro Viejo” Serrano contó la historia de esta banda que trasciende generaciones.

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Foto: gentileza prensa auténticos decadentes

MARIEL VARELA - FOTOS:GENTILEZA PRENSA AUTÉNTICOS DECADENTES

—Se cumplen 30 años de la banda. Los Auténticos Decadentes se fundaron en el ’87 pero no grabaron un disco hasta el ’89, ¿cómo fueron esos años entre el nacimiento y el álbum debut?

—El nacimiento fue para tocar en la fiesta de fin de año de un colegio, era algo informal y se armó en una semana. La pasamos bien, a la gente le gustó, y como los chicos tenían mucho empuje empezaron a conseguir fechas espaciadas para tocar. No fue la época en que explotó, pero siguió en la movida under. Yo me fui un año y medio a Estado Unidos hasta que los chicos me llamaron para grabar un disco. Yo no lo podía creer. Volví y me quedé.

—¿Cuánto de lo que dice la letra de la canción Y la banda sigue (2014) tiene que ver con la historia real de los Decadentes?, ¿querían tocar para no trabajar?

—Tiene que ver casi todo, pero no sé si realmente lo pensábamos. Empezamos a tocar para divertirnos, pero no estábamos creídos de que nos íbamos a salvar con esto.

—Has dicho que al principio sonaban muy mal y si hubiera una arqueología musical se podría ver el espanto que eran, ¿ensayaban?, ¿querían perfeccionarse?

—Éramos un espanto y en el momento lo sabíamos. Tocábamos mal, pero teníamos mucha actitud, buenas canciones, éramos simpáticos y entendíamos la música como una performance. Con nuestra horripilancia notábamos que éramos el grupo que más gustaba en los festivales porque no sabíamos tocar instrumentos pero no nos subíamos al escenario para exhibirnos, sino para hacer lo que la música es esencialmente: comunicación.

—En uno de los primeros shows un locutor los presentó como un grupo de cumbia rock y les tiraron con todo antes de tocar, ¿es cierto?

—No nos conocía nadie y en un recital de rock nos presentó como un grupo de cumbia rock. Nosotros nunca nos definíamos, ni nos poníamos dentro de ningún género. Antes de que empezáramos a tocar la primera nota ya nos estaban tirando de todo. Fue la única vez que nos rechazaron porque la gente siempre que nos escuchaba se reía. Había una cosa chanta y de cara dura que disfrutaban mucho. Era sincero, para nada impostado, tenía más bien algo carnavalesco.

—Tocaron en bailantas porque querían conocer el ambiente, ¿cómo eran esos toques?

—Buenísimos. Dentro de esta idea paragua de que la música tenía que ser universal, que no existían géneros buenos o malos, sino canciones lindas o feas, glorificamos la canción romántica, el bolero, el cuarteto, la música tropical, la cumbia. Investigamos en eso. Llegábamos a las bailantas con los ojos abiertos como si estuviéramos en Las Vegas. Queríamos aprender, mirábamos qué instrumentos usaban, nos hicimos amigos de la Tota Santillán. No era nuestro ambiente porque veníamos del rock pero íbamos con todo el respeto y con ansias de aprender.

—¿Reivindicaron esos géneros, entonces?

—Creo que sí. Tuvimos que ver con que se volvieran más potables para la gente. Ahora está bastante mezclado y es lo que se merecen. Lo otro es racismo.

—Vos dijiste que cuando cumplieron 10 ó 15 años conquistaron a la prensa y a la gente, ¿antes no lo habían sentido así?

—No, al principio el mundo del rock, que era nuestra cuna, nos veía como una especie de cocoliche. Además salíamos en el programa de (Marcelo) Tinelli, tocábamos en casamientos, no teníamos filtro. No éramos mercenarios por el dinero, sino por la avidez de conocer todos los ambientes, por una ideología de universalidad de la música como mensaje de alegría. La melodía que te alegra cuando estás soplando las velitas de una torta, y cantás el cumpleaños feliz todo desafinado es la primordial función que tiene la música como cosa tribal de celebrar, recordar y comulgar en algo.

—¿Hay un concepto musical que avala al conjunto, más allá de la diversión y la celebración?

—Sí, la universalidad, tomar con humor las cosas, abarcar todos los géneros y edades, no estar pendiente de que si tocás en un programa popular vas a perder tu público. En un principio tuvimos en contra a los medios intelectuales porque éramos populares, después se dio vuelta y ahora somos universales.

—¿Les sirvió haber tocado en el programa de Marcelo Tinelli?

—Todo lo que hicimos nos sirvió, pero ese tipo de situaciones son amplificadores: ¿Cómo no te va a servir que de golpe te miren cinco millones de personas? El que dice que no o reniega de eso tiene una neurosis patológica.

—¿Qué pasa en los camarines de los Decadentes antes de salir escenario?, ¿cómo viven la previa?

—Depende, hay veces que venís de un show, te sentís cansado y estamos todos tranquilos, tirados en un sillón con un buzo tapándonos las caras, durmiendo y no queremos ruido, pero empieza el show y cambia todo. Otras veces está lleno de gente que nos viene a visitar. Y los camarines con amigos nunca son tranquilos.

—Hoy la fiesta la arma la gente. Ustedes se pueden quedar callados y el público canta las canciones solo, ¿cómo generaban eso treinta años atrás, cuando no los conocía nadie?

—Con desesperación. Ahora salís a jugar canchero porque sabés que la gente conoce tus canciones, lo disfrutás de otra manera, como un abuelo. Cuando estás empezando y los tenés que ganar sos un lobo, salís con toda la transpiración a devorarte el mundo. Ahora el espectáculo es la gente: ellos saben de memoria las canciones, están celebrándose y cantándose a ellos mismos. La gente te dice que sos la banda sonora de sus vidas. No necesitan escucharnos, somos los que operamos el show. Nosotros nos divertimos porque se divierte la gente y al revés. Sino nos funcionaría.

—Adrián Dárgelos (líder de Babasónicos) dijo que ustedes logran ser realmente alegres sin quedar groseros ni sobre actuados, ¿estás de acuerdo?

—Creo que somos groseros, sobre actuados y grotescos porque arriba del escenario todo se amplifica, pero nos salva que tenemos una buena intención. Lo nuestro jamás es violento. Nunca es burla, siempre es servicio e interacción.

—Pocas bandas pueden armar una lista de temas para un recital y que todos sean hits, ¿ese es el principal mérito de los Decadentes?

—Totalmente. Tenemos una canasta con todos los huevos de pascuas. Hacemos un show largo y quedan afuera canciones que la gente conoce mucho y le hubiera gustado escuchar. Pero en treinta años sacamos diez discos, se podría decir que somos bastante perezosos.

—Pero en sus recitales siempre es una que sepamos todos…

—Ese es el espíritu desde el principio: somos show con la gente. Cuando todo empezó no nos subíamos al escenario para que nos admiraran porque no había nada que admirar: éramos un desastre, estábamos para interactuar e invitar a la gente a subirse a cantar con nosotros literalmente. Es más, al principio no se sabía quién tocaba y quién no.

—¿Era igual el espíritu festivo cuando las canciones no las conocía nadie?

—Raquel fue un hit muy rápido. Tenemos una gran inmediatez y estribillos de "ohh" que enseguida pegan. Somos muy populistas y demagogos. Siempre fuimos así: una puñalada.

—Y esa demagogia está mal vista en el ambiente...

—Estaba mal vista. Nosotros éramos posmodernos. La gente todavía estaba en un período de esperanza y modernidad y nosotros ya éramos cínicos. Ahora son todos así, no sabemos qué hacer. La ironía ya está: todo es humor, todo es referencia, todo es retro, todo se parece a algo. Nosotros fuimos un escándalo. Encontramos eso y estamos viviendo de esos laureles, renovando lo propio y reinterpretando canciones que son legendarias, clásicas, talladas en piedra y que la gente no se puede sacar de la oreja aunque quiera. Eso ya está. Me siento satisfecho, pero quiero saber qué es lo que viene, cómo hago un nuevo escándalo. Aunque no lo haga yo, que lo haga otro igual. Ahora todo está aceptado y es posmoderno, pero ¿dónde está lo nuevo?, ¿dónde está el futuro?

—En el primer disco titulado El milagro argentino (1989) ya la pegaron con tres temas mínimo (Vení Raquel, Entregá el marrón, Loco (tu forma de ser), ¿sentiste cierta presión a la hora de sentarte a componer después de ese suceso?

—Lo sentí y lo siento. Pienso que a veces hay que convivir con la idea de que uno puede tener una trayectoria con picos. Todos los artistas tienen un momento que brillan, pero también hay que envejecer elegantemente: no sé si uno puede ser revolucionario toda la vida. Yo no siento que lo sea, pero me gustaría saber dónde está la nueva revolución. No la veo todavía, me gustaría encontrarla, y si eso pasa me la voy a apropiar inmediatamente.

—La simpleza es una característica de los Decadentes. No hablás en difícil, no sos rebuscado a la hora de componer, pero tirás mucha cosa a la basura si no te gusta, ¿sos muy exigente?

—Sí, por eso no soy muy prolífico. Y a veces lo vivo como algo angustiante. Hubo muchos momentos en que me pareció que no tenía más ¿Y ahora qué hago, qué digo? A lo mejor hay que permitirse ser aburrido, repetir las ideas. En el arte hay que ser estético, no ético. Se puede hacer cualquier cosa.

—¿Identificas personajes en las canciones de los Decadentes (los piratas, el muchacho de la guitarra, por ejemplo)?

—Los Piratas, Pendeviejo, Y la banda sigue son todas canciones que tienen mucha cosa cinematográfica en sus letras. Nos gusta eso. Quisimos ser una especie de folclore urbano actual, no tradicional, y meter personajes. Escribir una novela desde el lugar donde estamos. Y duramos tantos años que los personajes se fueron acomodando solos. Lo que pasa es que cada vez está más frondosa la casa y te cuesta más meter algo nuevo, te parece que ya está todo dicho.

—Las canciones de ustedes se bailan en los casamientos, las fiestas de 15 y han traspasado generaciones, se las saben desde el nieto hasta el abuelo, ¿componen pensando en eso?

—Siempre fue un orgullo. No sé si pensamos en eso pero automáticamente le gustaba a la abuela y al niño. Las canciones tienen ese perfil de querer que la gente participe. Siempre fueron así, con esa cosa demagógica, complaciente, lúdica, de hacer un juego con la gente, de contar historias con un lenguaje que entendamos todos. Lo contrario al artista que se exhibe para mostrarse y que lo adoren. Quisimos romper ese telón invisible.

—Como debería ser, ¿no? Porque sin público no hay artista…

—Pero nada debería ser para mi gusto: cualquiera puede hacer lo que quiera. Vos podés ser un artista y tocar en una sala vacía. Lo lindo del arte es que no tiene reglas, no debe ser ético sino estético.

—¿Qué pasa cuando suena un tema de los Decadentes en una fiesta y estás vos?, ¿lo bailás?

—Me miran y yo pongo cara de "je je". Si estoy en la pista bailo, canto, hago lo que hay que hacer.

—Hay canciones de ustedes que las usan varios cuadros de fútbol en el Río de la Plata para alentar a sus equipos, ¿sentís que tiene algo que ver con el origen del conjunto, que nació para la hinchada?

—Yo no soy nada futbolero, pero el espíritu es de mucha hinchada, tribuna, casamiento, cumpleaños, viaje de egresados. Lo valoro como si usaran un tema nuestro en una manifestación. Hacen que la canción se vuelva universal, como el cumpleaños feliz. Es hermoso e imposible de explicar.

—Uno de tus temas preferidos de los Decadentes es El Murguero porque habla de la historia de gente que tiene mucho que ver con ustedes, ¿en qué se parecen los Decadentes a los murguistas?

—Eso de ser un grupo numeroso, el espíritu de percusión, el canto- respuesta, hablar sobre la realidad con palabras de uso diario, el humor, el disfraz, el ruido, la algarabía, la actitud dionisíaca, el alcohol.

—¿Te gusta el Carnaval?, ¿sos de ir a ver murgas o espectáculos?

—Me encanta pero ya no consumo nada. Me volví un fóbico social, no voy a lugares donde hay mucha gente. Antes iba a la fiesta de los artesanos en Colón pero ya no se puede pasear. Antes era saludar, charlar, firmar autógrafos, ahora es sacarse fotos sin parar porque todos tienen una cámara en el bolsillo, y es gratis. Entonces ya no salgo mucho. Pero lo he disfrutado muchísimo. Y me saco el sombrero por rey momo a la celebración de la vida, a lo dionisíaco y al placer.

Currículum.

Jorge Serrano fundó la banda punk Todos Tus Muertos en 1985 y aunque el pasaje fue fugaz, le alcanzó para componer el éxito Gente que no. Es autor de la mayoría de los hits de los Auténticos Decadentes: Corazón, Tu forma de ser, La guitarra, Vení Raquel, y otras tantas.

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