Tras bambalinas de paleodetectives

Luz, cámara... es un juego

Leo Lagos dirige laserieeducativa quese dio en llamarPaleodetectivesy se emitepor la pantallade TelevisiónNacional (TNU)los sábados alas 11:00 y losdomingos a las18:00 horas. En esta charla, Leo Lagos, Ernesto Blanco (paleodetective biomecánico) y sus hijas, Sofía y Selene, también integrantes del staff, revelan los entretelones de los rodajes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Una ficción hecha por científicos reales para educar y divulgar.

El piloto de Paleodetectives arrojó un problema que traía una interrogante: cómo hacer para que la introducción del misterio resultara natural en la ficción y se alejara de lo burdo o lo forzoso.

Pretendían que se asemejara lo más posible al desarrollo típico de los procesos científicos, pero con cierta dosis detectivesca. Leo Lagos (director) encontró la respuesta. Hizo entrar en escena a la Organización Mundial de Niños Curiosos (OMNC) para que plantearan la pregunta inicial que activara la búsqueda de una solución por el trío de científicos.

Se trata de una producción de bajo presupuesto y a la hora de convocar a los niños se pensó en allegados al proyecto. Aparecieron los nombres de Sofía (13) y Selene (11) Blanco, hijas de Ernesto, el paleodetective biomecánico, y de otros pequeños vinculados al equipo "que tuvieran ganas de participar y supiéramos que se iban a comprometer", señala Ernesto. Los niños se juntaron en el Museo de Historia Natural donde Andrés Rinderknecht, paleodetective paleontólogo, les mostró los fósiles, los filmó y se observaron "sus reacciones, su curiosidad hacia la ciencia y si los movilizaba la historia natural", enumera Leo Lagos.

Realizar un casting "muy en familia" no se decidió al azar: "dado que los paleodetectives no son actores, preferimos recorrer un camino similar para seleccionar a los niños", explica el director. En esa recorrida, jugaron, probaron guiones, vieron qué tal fluía la química y cómo se sentían juntos. "Cuando Andrés les mostraba el cráneo de un dientes de sable, los niños respondían en seguida qué animal era, pero no sabían que habían vivido en nuestro país, entonces se despertaba su curiosidad y lo ametrallaban a preguntas: ¿dónde vivían?, ¿por qué no hay más?, ¿dónde se pueden encontrar fósiles de dientes de sable?", detalla.

Niños curiosos.

Las hermanas Blanco no planean dedicarse a la actuación, "es solo como diversión," dice Selene, aunque le gustaría probar interpretar otro tipo de personajes. "En la escuela tenemos clases de teatro, hacemos obras entre nosotros, a mí me tocó hacer de policía y enfermera". "Antes de arrancar con el programa hacíamos cortos en casa o actuábamos entre nosotras para jugar nomás", acota Sofía. Es la primera vez que se enfrentan a una cámara. Al inicio eran un manojo de nervios, "nos equivocábamos mucho, había que cortar a cada rato, pero después nos acostumbramos y al final filmábamos más tranquilas".

Deben entrar en un personaje, decir un guión, "el lugar y el vestuario te ayudan a crear el ambiente y sentirte parte", opina Selene, pero está planteado desde un punto de vista didáctico y lúdico. La técnica del director sirvió para que los niños se soltaran y se olvidaran que estaban en un set: "un rodaje es, en cierta manera, un juego. Todos estábamos ahí primero para divertirnos. Los chicos dibujaban caricaturas del equipo en el pizarrón del set de la OMNC, nos escribían hermosos insultos y bromas.

Eso contribuyó a que cuando había que grabar fueran ellos y no sintieran presión ni nervios". Es más, si se observa con cuidado, hay mensajes escritos en el pizarrón que salen al aire. Las pausas era infaltables: "teníamos recreos que estaban buenos porque hacíamos chistes, jugábamos entre nosotros y con Leo, charlábamos y nos íbamos preparando para grabar", recuerdan las hermanas.

La actitud de Leo facilitó la fluidez, "mi labor consistió en ser un Niño Curioso más. La relación con ellos fue totalmente lúdica y horizontal". "Leo nos mostraba los huesos, nos explicaba, él actuaba un poco para mostrarnos qué teníamos que hacer. Aparte nos ayudaba pila porque nos leía la letra en voz alta", relata Sofía.

La explicación del director servía de estímulo para despertar curiosidad en los chicos, "las preguntas que estaban en el guión muchas veces eran las que nos hacíamos en realidad". La clave fue lograr que el equipo se sintiera a gusto: "(Leo) no te critica, confía en que si estás cómodo, el resultado será positivo porque vas a mostrar eso que de verdad sos, en mi caso un científico de verdad que sabe del asunto".

Selene y Sofía tiene 11 y 13 años e integran la Organización Mundial de Niños curiosos. 
Selene y Sofía tiene 11 y 13 años e integran la Organización Mundial de Niños curiosos. 

Adultos investigadores.

Este trío de científicos de primer nivel encontró en Paleodetectives la posibilidad de promover sus conocimientos y hacer que la población se acercara a su disciplina. "Prestarse a interpretar papeles en la serie es solo una parte de su labor como divulgadores. Un actor profesional podría decir sus líneas perfectamente pero hay una diferencia entre un divulgador que se dirige a la gente y un actor que, como el capitán de Star Trek, puede repetir términos científicos que para él no significan nada", remarca el director.

La serie de TNU les permitió transmitir eso que les apasiona y darse el gusto de encarar su veta artística. A Ernesto siempre le interesó actuar, incluso realizó un proyecto de café científico donde introducía breves interpretaciones a las charlas "para generar una cosa más emocional y dar un mensaje más artístico". Fue parte del staff de Súper Héroes de la Física (Leo Lagos) y aunque era conductor y guionista, se las ingeniaba para mechar algún fragmento actuado.

Paleodetectives fue su debut en ficción y eligió una interpretación naturalista. "Los personajes están caricaturizados pero se parecen mucho a lo que somos en la vida real: yo soy el más veterano, Andrés y Washington Jones el paleodetective biólogo- fueron alumnos míos y asumo el papel de paleodetective más antiguo, distribuyo tareas, es un trabajo más de escritorio". Es más, los chistes y situaciones humorísticas que se ven al aire se toman de la realidad.

Otros roles.

Los tres catedráticos redactaban la estructura del guión, se la enviaban a Leo y él le buscaba la vuelta para que se adaptara al lenguaje audiovisual. El relato debía incluir el planteo del problema, la búsqueda de pistas y la resolución en media hora: "yo leía los artículos y hacía el camino inverso, de los resultados de la investigación trataba de llegar a la pregunta inicial para contarlo en formato televisivo y no de papel".

"Hubo capítulos que requirieron mucho más trabajo de Leo para dar con el misterio y con la pregunta inicial que hiciera interesante el flujo del programa", comenta Ernesto.

La audiencia de hoy reclama animales realistas y para este equipo era imposible intentar competir con producciones de altísima calidad como la BBC, Discovery o National Geographic, entonces resolvieron usar animaciones para generar una estética propia y acorde al presupuesto que manejaban.

"Pensamos en Palermo Estudio, que fueron quienes realizaron las animaciones de la película Anina (Alfredo Soderguit, 2013). Ellos son allegados y les pareció interesante como reto artístico, más allá de lo económico. Fue un trabajo bastante cercano entre los científicos y la gente de animación; nos juntábamos para ver lo que tenían y les marcábamos detalles sobre las características anatómicas de los animales, cuidábamos determinadas cuestiones vinculadas a la ciencia", explica Ernesto.

Se apeló al dibujo animado para presentar las conclusiones y también para plantear las hipótesis disparatadas en la mitad de los episodios, "la idea era mostrar que la ciencia no es un camino lineal, uno se equivoca, se da cuenta y corrige", cierra Ernesto.

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