el mar sin miedo

El lado B: otras facetas de Santullo

Antes de empezar el proceso de creación de su último álbum disco titulado El mar sin miedo, Fernando Santullo ya tenía claro que quería que fuera un disco de banda, que no hubiera sonido de sintetizadores modernos ni las emulaciones digitales con las que trabaja siempre. Entrevista al músico a propósito de su próxima presentación en Bluzz Live.

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Santullo toca el 14 de agosto en Bluzz Live

No le interesa ser explícito ni ahondar en el significado de sus letras: deja un margen para que el receptor interprete. Hace un tiempo abandonó las referencias puntuales, Santullo ya no canta, ‘como dijo no sé quién en tal película’, lanza la cita directo “y al que le interese, que lo busque. Si yo me tomo la molestia de escribir estas letras, que alguien se tome la molestia de leerlas”. La decisión no incluye las metáforas futbolísticas: esas no se borran porque están en su lenguaje cotidiano. Es más, si alguien le pregunta qué es Santullo, de inmediato recurren a una curiosa analogía: “un cuadro de media tabla, probablemente no salga campeón pero tampoco va a descender a la B”. Su trabajo ideal sería “escribir lindo sobre fútbol, no boludeces”. Le gustaría entrevistar futbolistas que tengan algo interesante para contar o incluso agarrar a los que “no les fue de puta madre pero juegan fenómeno”.

Vive en Barcelona y cruza el Océano muy seguido. Las horas muertas arriba del avión y las esperas en los aeropuertos despiertan en Santullo un aire de introspección que facilita su veta creativa: "no le importás a nadie, no te dan pelota, todos van volando al lado tuyo, entonces te sentás tranquilo con la mente en blanco y te detenés en esas cosas que de repente hace meses o semanas que no pensás y termina siendo un disparador de ideas para letras".

Es más afín a la perseverancia que a la inspiración, "si no pasara horas delante de la computadora seguramente no sacaría discos. Creo que la inspiración llega cuando le metés mucho trabajo". Le gusta estar informado y le saca jugo al material que lee en prensa e internet, "ahí aparecen cosas, no directamente letras pero disparadores que te permiten decir, arranco para tal lado o de repente sacás una frase". Es gran lector, consume ciencia ficción desde la adolescencia y recurrió a esas novelas para su último disco, El mar sin miedo. Rescató imágenes que tenía en la memoria y las convirtió en letras: "Espiral es medio romántica pero toda la imaginería que usa es de ciencia ficción: llega el amanecer, se abre la compuerta, pero la cosa es no explicar, en vez de decir el giro que da la nave espacial, ponés, el giro. En todo caso lo explicás un poco más si hacés un video clip".

—Empezaste a componer las canciones de El mar sin miedo apenas salió el álbum que te presentó como solista, Bajofondo presenta Santullo (2009), ¿recordás cómo eran esas primeras ideas?, ¿tenían algo que ver con el resultado final?

—El otro día buscando unas baterías programadas para un show en vivo me puse a revisar carpetas viejas y me encontré con versiones antiguas de las canciones de El mar sin miedo y había temas en los que no coincidía la música actual con la de entonces, o pedazos de letras que se utilizaron después en otras canciones. Cuando arranco las canciones son fragmentos de letras y melodías, y si veo que alguna tiene pinta de que puede desarrollarse, lo hago; si pueden combinarse las trabajo juntas.

Una de las cosas más interesantes de este disco es que es el primero en el que tengo la sensación fuerte de que el resultado final se parece a lo que imaginé. Es difícil controlar el proceso, acá más que control fue haber conversado mucho con el productor y fue fácil ir todos hacia el mismo sitio, por más que hubo debate, discusiones.

—La banda estuvo muy involucrada en todo el proceso. Un momento decisivo fue una noche que se quedaron en un auto en Mar del Plata y se colgaron a tirar ideas…

—Fue como un aeropuerto pero en el medio del campo, estuvimos horas al santo botón, no llegaba el auxilio y empezamos a divagar mientras tomábamos mate y comíamos salamín que era lo único que había. Yo ya tenía una idea: quería que fuera un disco de banda, pero ahí empezamos a conversar más en concreto con el baterista sobre cómo tenían que ser los sonidos de bata, si usar sonidos profundos, platos grandes, lo mismo con las violas, los teclados. En un momento las maquetas fueron a la banda y se reinterpretaron, buscamos arreglos todos juntos en un estudio, cada uno propuso algo y terminó siendo un filtro muy potente: escuchás y es el disco de una banda, por más que las canciones las compuse casi todas yo. El papel de la banda fue de llevarlas a un sitio más humano y colectivo.

—Tu idea inicial era que fuera un disco de banda, ¿por qué?

—Después que grabamos el disco en vivo, Volumen 2 - Canciones del futuro reciente (2012) tuve una sensación: acá hay una banda que suena bien, con gente que puede decir cosas desde su instrumento, usemos eso. Si tenés un grupo que te está siguiendo la cabeza, que hace una lectura interesante de lo que proponés, no tiene sentido no usar eso cuando vas a grabar el disco.

—Se marcaron como dogma eliminar los sonidos digitales y los sintetizadores modernos...

—Yo trabajo con emulaciones digitales, pero para el disco quería utilizar teclados de verdad, entonces usamos un Casio del 81, un Mug del año del golero, un órgano de los 60 porque todos esos sonidos tienen una personalidad que no es tan fácil de encontrar cuando llenás todo de sonidos digitales. No hay dos guitarras eléctricas que suenen igual. Con los teclados es lo mismo: podés sonar parecido a, pero el sonido del bicho sonando es el sonido de ese bicho sonando. Queríamos rescatar esa cosa orgánica.

—Mencionaste en varias entrevistas que querías salir de la zona de confort; lograste balancear el rap y el canto, fusionaste estilos, convocaste a artistas de distintos palos que no se parecen a lo que hacés…

—Para mí es parte de correr algunos riesgos, de tirarse al mar sin miedo y decir, qué pasaría si agarro al Pinocho Routin que viene de la murga, lo pongo a cantar una melodía murguera pero con distorsión en la voz; qué pasaría si Juan Campodónico que hace un montón que no se pone a tocar guitarra eléctrica bien rockera hace un solo rockero; qué pasaría si agarramos a Emiliano de No Te Va Gustar y lo ponemos a cantar un tema con un aire reggae. Cuando invitás a alguien es porque entendés que esa persona tiene algo interesante para decir pero también está bueno ver qué pasa entre esa voz propia y el lenguaje que vos estás manejando en el disco.

—En la época de Peyote Asesino citabas frases del Cuarteto de Nos y las ponías en contextos raros, ¿lo has hecho con otros artistas?

—El Cuarteto y Los Tontos siempre fueron unos maestros en meter humor y descontractuar: podían estar diciendo el disparate más grande, cualquier bizarreada pero de una manera tan graciosa que te reías. A mí me gustaba hacer el camino inverso: meter frases del Cuarteto y cambiarlas de contexto. Ahora no lo hago más, es más de la época en que decía, cómo dijo no sé quién en no sé dónde.

Pero me gusta traer, aunque no sean frases, algo ajeno al arte propio, digamos. Lo que sigo haciendo es incluir en los discos la versión de una banda o un artista que me haya marcado. Por ejemplo, cuando versionamos Solos de Los Estómagos lo llevamos a otro lugar pero para mí era una forma de decir, yo también vengo de acá, esta música con la que no tengo mucho que ver es la música que escuché para hacer lo que hago ahora. En este disco hicimos Ella vendrá de Don Cornelio y La Zona, una banda under argentina que no tuvo gran andadura pero cuando salieron (1987) yo era un guacho y para mí era como estar escuchando algo muy distinto.

—En Twitter escribiste, cocinar es como escribir canciones, se hace por placer y si te queda rico, lo disfrutás como loco, ¿cuándo sabés si una canción te quedo rica?

—Es una buena pregunta porque con la comida es mucho más fácil, te la comés en diez minutos pero con las canciones es complicado.Me cuesta trabajo darme cuenta cuándo funcionan. Te pongo ejemplos de patinazos históricos: nunca pensé que Mal de la cabeza de Peyote fuera a ser single, ni siquiera cuando hicieron el video clip pero empezó a sonar, vi que la gente la cantaba y dije a la puta, pero no era mi candidata ni loco. Una cosa es que te guste y otra que sea el single. En este disco me encanta El martillo azul y nunca podría ser single porque tiene una letra oscura, la melodía es medio sombría, tiene una salida larguísima y sin embargo es de las que más me gusta, si no es la que más me gusta. Uno puede creer que entendió la canción pero después cuando llega al público la gente la entiende diferente y tu idea pesa pero la canción empieza a ser más propiedad de otros.

Arte y pelota.

Le encanta el fútbol, jugó a ese deporte hasta los 20 años y disfruta al explayarse sobre el tema. Es curioso que no sea hincha de ningún cuadro pero comprensible cuando explica los motivos. "Era medio hincha de Peñarol pero me fui a vivir a México a los 8 años y Peñarol y Nacional ya no me decían nada; me hice hincha del Jalisco porque me encantaba el golero, yo siempre jugué en esa posición. Resulta que el arquero murió, el cuadro descendió y desapareció y me quedé sin cuadro por segunda vez ¿Ves por qué no tengo cuadro? Soy yeta y no quiero volver a pasar por esa decepción", se ríe.

Vive en Barcelona pero nunca fue a ver a jugar a Luis Suárez porque las entradas son carísimas y hay que comprarlas con mucho tiempo de anticipación. Fue periodista durante varios años y hace un tiempo que tiene ganas de ponerse a entrevistar futbolistas. El ideal sería Diego Forlán porque "se expresa perfecto, tiene una forma de entender el deporte que no tienen otros, puede explicar muy bien cosas técnicas porque tiene clarísimo todo lo que ha hecho y por qué lo ha hecho".

Compuso El mareo junto a Juan Campodónico para el disco Mar Dulce de Bajofondo y "era una canción más hasta que la agarró (Gustavo) Cerati" y le puso su impronta. En ese álbum las voces eran de invitados. Grabó Elvis Costello, la Mala Rodríguez, el propio Santullo y Cerati. Primero pensaron en un artista anglo pero no resultó por cuestiones de agenda. Entonces alguien tiró la idea de convocar al ex Soda Stereo, lo localizaron, aceptó y "pegó salado, mucho más que si la hubieran cantado en inglés. Es más, yo hice versiones en inglés y ninguna quedaba. Para mí fue como el sueño del pibe que un tipo como Cerati grabara mi canción. Y cuando la cantó ya no parecía que el protagonista del tema fuera un looser, a pesar de todo seguía siendo medio crac porque le agregó toda esa cosa glamorosa que te daban ganas de que te abandonara tu mujer", rememora entre risas.

Otro lujo que se dio en su carrera fue grabar el tema Intacto, que pertenece a su álbum debut junto a su hija Agustina. Santullo hubiera querido que la joven de 16 años se animara a cantar en El mar sin miedo pero no quiso y no la obligó. Es más, había pensado el tema Lo que debo para que lo rapeara ella, pero ante la negativa, lo terminó haciendo Emiliano Pérez Saavedra, batero de la banda. "Se lo propuse, no la vi entusiasmada, se lo volví a proponer, me contestó, creo que no y la dejé por esa. Me hubiera gustado para que continuara el concepto que estaba instalado, aparte rapea bien pero a ella no le convence, no le gusta su voz ni cómo rapea. Pero capaz que otra vez viene sola, como pasó en el disco anterior".

El mar sin miedo remixado.

El proyecto más reciente de Santullo y su banda fue la realización de una versión remix de El mar sin miedo. "Agarramos todas las canciones del disco y se las dimos a amigos músicos para que hicieran remixes". Les pusimos normas y condiciones: "salvo la pista de voz, no podían utilizar material del disco, solo información de las maquetas, de los demos y material propio. Quedó algo interesante: son las canciones del disco pero a la vez hay muy poco elemento reconocible de esos temas". Algunos de los artistas amigos que participaron fueron: Daniel Anselmi, Walas (ganador de un Premio Graffiti como DJ), Andrés Torrón y otros tantos que "se dedican a distintos rubros de la electrónica y aportaron cosas distintas".

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