ENTREVISTA

Katja Thomsen o la valentía de una modelo

La modelo uruguaya acaba de publicar el libro autobiográfico "Mi vida como modelo", en el relata su peripecia para forjar una carrera en Estados Unidos y en Europa. Sola y rodeada de tentaciones y presiones (la drogas y los trastornos alimenticios, entre ellos), la rubia logró hacerse un nombre de fama mundial. Aquí, su historia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Katja Thomsen

A los 19 años, con las coronas de Reina de Punta del Este y Miss Uruguay en su haber, la joven Katja Thomsen aterrizó sola en Nueva York con el sueño de triunfar como modelo. Después de muchos reveses consiguió hacer carrera en Estados Unidos y Europa y se instaló como una de las top models uruguayas.

Hoy, con 32 años, la también abogada y madre de cuatro hijos, lanza el libro “Mi vida como modelo”, donde recrea la vivencias dulces y amargas en la profesión. Una historia llena de logros y superación, pero también reveladora del lado oscuro del ambiente fashion: las drogas y los trastornos alimenticios.

—Has tenido diversos traspiés y decepciones en tu carrera. ¿Qué crees que te mantuvo con las energías para continuar y no "caer" en la tentación de regresar con tu familia a hacer una "vida normal de adolescente"?

—Esta misma pregunta me las hacía yo al principio. Dudaba de si volver a casa, porque me sentía sola, desprotegida y expuesta. Lo que más me mantuvo fueron mis triunfos coyunturales, del día a día, además enseñanzas de mi casa. Mi madre siempre nos dio el ejemplo de que hay que reinventarse todos los días. En mi caso: me ponía metas a corto plazo: "hoy aprovecho para ir a la agencia, voy a tal casting y al otro, después plancho ropa"... Me creaba una agenda de tareas para no tener tiempo ocioso en el que caer en la depresión.

—¿En qué te hubiera gustado tener más tiempos de "vida normal de adolescente"?

—No tuve prácticamente esa vida. No podía sumarme a programas de salidas nocturnas, por ejemplo, porque debía cuidar de mi cuerpo. O si tenía una producción al otro día tenía que estar descansada y con energías. Y yo siempre me tomé muy en serio la profesión. No hay que olvidar que mientras yo empezaba mi carrera en Nueva York, era el año 2002, en lo peor de la crisis en Uruguay. Entonces si volvía nadie podía garantizarme ningún tipo de trabajo, ni siquiera mis padres estaba en condiciones económicas como para sustentarme. Entonces, entre volver a hacer nada, y probar con mi carrera internacional me aferré a la segunda opción.

—Los casos de compañerismo en el mundo de la moda los nombras como excepciones en el libro. ¿a qué crees que se deba esa hostilidad imperante en el medio?

—A lo mejor hay un poco de falta de autoestima en las chicas. Estamos hablando de personas de 15, 16 o 18, 20 años y en otros casos falta de inteligencia para poder medir a la competencia de manera sana. Quiero decir: pueden haber cinco rubias en un casting parecidas a mí pero por mi energía o mi porte, el cliente me elige a mí o a la otra. Y no tiene nada de malo esa decisión. Las cosas pasan por algo y no hay que responsabilizar a nadie.

—Las adicciones también aparecen en algunas colegas, ¿cómo resististe a esta otra tentación?

—Cuando mis padres "me dejan" irme lo hacen confiados de que yo podía manejarme en el exterior sin caer en esto. Se habían cansado de darme mensajes de rechazo a las drogas. Ya sé que a veces no es suficiente y hay familias que hacen lo mismo y el hijo cae de todos modos. Pero en mi caso yo tenía muy clara mi meta que era triunfar como modelo y si hubiera tenido un talón de Aquiles como ese, si hubiera sido floja en mi capacidad de decir "no", nunca hubiera sido una persona exitosa, porque en el camino me ofrecieron mil cosas.

—¿Qué tan instalado estaba el tema drogas entre tus colegas?

—Totalmente instalado. En aquel momento casi todas las modelos fumaban marihuana, por ejemplo. Compartíamos casa y después de haber fumado yo las veía y decían incoherencias y se ponían a reírse en el piso, vomitaban. De ninguna manera me interesa que me pasara eso. No le encontraba nada positivo. Eso también reforzó mi "no".

—Tu historia de amor atraviesa todo el libro, ¿cuál fue la clave para que el vínculo se mantenga en la distancia por más de dos años?

—Hicimos una gran sociedad con Santiago (Scavuzzo). Somos novios desde 1997 cuando yo tenía 15 y él 18. Si bien éramos dos chicos que teníamos todo resuelto económicamente en nuestras casas, los dos salimos de nuestra zona de confort y nos enfrentamos solos al mundo. Eso te hace el uno con el otro y se van mancomunando los intereses y objetivos. Hicimos una especie de sociedad y de amistad que es la más importante en mi vida.

—En el libro nombrás a colegas, bookers, fotógrafos… ¿Con cuántos de has mantenido el vínculo?

—Principalmente con quien nombro como Adriana, una maquilladora que me sacó de un gran problema. Sigo también en contacto con mi booker de París y con algunas otras personas. Es difícil tener amistades profundas en este ámbito.

—También mencionás casos cercanos de anorexia y bulimia, ¿crees que el mundo de la moda favorece la aparición de esas patologías?

—Yo creo que sí. El mundo de la moda favorece la aparición de esas patologías. Pero que las chicas caigan en ellas no puede ser responsabilidad de "la moda". Una vez más, todo pasa por el sostén de valores en sus hogares. Si a la madre le da lo mismo que tenga o no tenga bulimia la hija (como yo misma lo vi) porque la chica gana mucho dinero, esa familia no hace nada para evitar el trastorno. Ninguna agencia en el mundo va a solucionar estos problemas. Al contrario, la agencia te da el estrés y te apura, te manda que tenés en forma para las fotos, te presiona para que des lo mejor de ti. Va en cada una ponerles un parate de manera educada y ser consciente de los límites físicos.

—¿Te han pedido que adelgaces más de lo natural?

—Sí, dos veces por lo menos: una en Miami y otra en París. Siempre fui una persona con ancestros vikingos, de espalda ancha, no pueden pretender que sea un talle 0. Me pidieron que adelgazara más de lo que mi cuerpo permitía y me negué. "No voy a ser más flaca que esto: si no te sirve este tamaño y esta altura, me vuelvo a mi casa", dije y fui sumamente respetada. Hay que saber poner los límites.

—En este tiempo dedicada a tu profesión de abogada y a la maternidad, ¿cuánto extrañas tu vida como modelo?

—La extraño un montón, pero he estado bastante ocupada. Tengo cuatro hijos e hice en este tiempo la carrera de Derecho. Invertí bien el tiempo.

—¿Este es un libro principalmente para quién?, ¿en quién pensabas cuando escribías?

—Lo empecé a escribir para mis hijos. Era una especie de ayuda memoria para que ellos leyeran algún día sobre las aventuras de su madre. Los primeros capítulos los escribí al poco tiempo de volver y estaban muy frescos los recuerdos. Luego me di cuenta de que mi historia de vida podría ser interesante e inspiradora para otras personas, no solo para quien quisiera ser modelo, sino como ejemplo de superación de las adversidades. Además, quise medirme como escritora. Toda la vida escribí, desde niña.

—Al final, tu booker de París profetiza que a los 30 volverías a ser muy requerida por la industria. ¿Estás dispuesta a un regreso?

—Sí, de hecho estoy volviendo y muy entusiasmada. Con las mismas condiciones del primer día que son el respeto y el profesionalismo. Creo en una visión de la modelo que no busca ser famosa per se, sino como resultado en todo caso de mucho trabajo y esfuerzo. Tengo muchas ganas. El error no es apuntar alto y errar, es apuntar bajo y acertar. Eso decía Leonardo Da Vinci y por ese camino vamos.

—¿La profesión que sigue siendo rentable como en aquellos tiempos?

—Eso podría responderlo dentro de un tiempo porque estoy por volver a viajar. Lo que sí puedo decir es que estuve hace no mucho, luego de tener a mi segundo hijo, y los fotógrafos me decían que me extrañan. Rubias hay miles pero con el profesionalismo y la experiencia que he ido acumulando muy pocas. Posar no es algo sencillo.

—¿Qué le dirías a una de tus hijas si resuelve tener "su vida como modelo"?

—A priori, lo que quiero es que ellos trabajen de la profesión que los haga felices. No quiero que se dejen cegar por falsas expectativas generadas a través, irónicamente, de mi propio ejemplo. No quiero que piensen que este nivel de reconocimiento se da sin sacrificio. Hecha esa salvedad, se los voy a "repermitir"; corren con la ventaja de que yo hice ese camino y las puedo ayudar. Es lo mismo que quiero del libro. Me parece que da muchas respuestas a aquellas madres de hoy que no saben qué responder cuando las hijas les dicen: "Mamá, yo quiero ser modelo".

Una carrera al natural.

Katja Thomsen, bella en su forma clásica: rubia, ojos azules y 1,80 metros de altura, comenzó su carrera en el año 2000, cuando se coronó reina de Punta del Este. En 2001 llegó a Nueva York, luego trabajó en Miami, Barcelona, París. Dubai... En 2005 regresó a Uruguay, se casó y es madre de cuatro hijos de 10, 8, 3 y 1. También hizo la carrera de Derecho y ha ejercido la abogacía.

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