SOFÍA RODRÍGUEZ

Jugadora de toda la cancha

Por la vuelta de Maybelline Model a la pantalla, Sofía Rodríguez habla de los prejuicios de la moda, de género y belleza, de sus inquietudes y del proceso que la llevó a ser una de las caras más visibles de Monte Carlo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sofía Rodríguez. Foto: Ariel Colmegna

—Empezó una nueva temporada de Maybelline Model. ¿Te sigue dando nervios el estreno?

—¿Sabés que sí? Pero está bueno que sea así, porque el día que perdés esa adrenalina y te crees que te las sabés todas, marchaste. En mi caso lo siento como una especie de mecanismo, que tengo que estar alerta.

—¿Qué injerencia tenés en el programa, además de conducir?

—Bastante. Maybelline tiene un trabajo de preproducción enorme y quienes llevan el trabajo más pesado son los productores, porque el secreto para que un reality salga bien es el casting. La primera depuración del casting masivo, al que se presentan 600 chicas, lo hace la producción. Después, a las 90 que quedan se las cita en el canal y ahí sí estamos Rosario San Juan, Giannina (Silva), Andrea (Menache) y yo. Está bueno porque cada una tiene perfiles distintos y captamos cosas diferentes de cada una de las chicas; y todos complementamos a esa chica Maybelline que termina ganando. En los rodajes no tengo injerencia, es donde tienen el trabajo más duro las madrinas, pero yo necesito estar ahí para saber qué pasa: quién se frustró, quién fue para adelante, qué conflictos se generaron, a quién le fue mejor.

—¿Qué tiempo lleva todo eso?

—Y hay un trabajo previo al casting todavía, que es cómo va a ser el formato de cada año. Hoy yo ya sé cuál va a ser el desafío final, que obviamente está guardado bajo siete llaves. Pero te diría que Maybelline termina a mitad de año, y en setiembre ya estamos pensando en potenciales desafíos.

—O sea que mientras dura, Maybelline es tu prioridad.

—Y sí, porque también es mi programa como conductora. Es mi bebé (se ríe). Ojo, Algo contigo y Buen día Uruguay también me llevan mucho trabajo, pero durante la época de Maybelline trato de estar muy enfocada y hago un balance de cada temporada, para ver qué tengo que mejorar, dónde tengo que estar más fluida, cómo hacer la concatenación de las historias... Hago un análisis de mi trabajo y todos los años busco mejorar.

—Y en el proceso de encontrarte como conductora, siempre verás algo tuyo a corregir...

—¡Siempre! Siempre va a haber algo que uno quiere corregir, mejorar, y es imposible que siempre te vea bien el exterior. Hay un proceso interior y uno exterior. Hace un tiempo, cuando en el Mes de la Mujer se hablaba tanto de la violencia de género, decía que una de las cosas que más me impacta —y por supuesto que hay cosas mucho peores—, es lo difícil que es la posición de la mujer hacia la mujer. Les pasa a las comunicadoras pero les pasa a las mujeres que no están en los medios: la crítica entre mujeres es tremenda. Creo que nosotras mismas debemos bajar un cambio y querernos más. Porque es terrible. Si estás flaca, estás anoréxica; si estás gorda, no estás apta para estar en televisión; si usás el pelo lacio, sos una aburrida; si lo tenés con rulos, mejor andá a la peluquería; si estás quemada, estás demodé; si estás muy blanca, parecés un muerto en televisión. Si te preocupás por la vestimenta sos una superflua. Y así...

—Y a eso se le agrega lo que decís y cómo lo decís.

—Que si decís un comentario inteligente, "esta se quiere hacer la culta". Si bobeás y te divertís, "esta es una boba...". Es tan desgastante, y te juro que si hacés un análisis de las críticas recibidas —muchas son constructivas y son las que tomo—, las mayores críticas que recibe una mujer provienen de otra. Y son críticas saladas. Te juro que trato y trabajo todos los días para por lo menos erradicar todo eso, y mandar otro mensaje.

—Ahora, estando al frente de un programa que es sobre la belleza y que, en tanto competencia, juzga, ¿cómo manejás todo esto? Hay límites muy finos a la hora de enviar un mensaje.

—Súper finos, pero yo creo que Maybelline tiene mucho cuidado. Siempre tratamos de enviar buenos mensajes. En la historia del programa hubo participantes más flaquitas, más gorditas, más belleza real, más belleza según el cánon, tu vecina que sueña con modelar, una chica con cicatrices... Para mí está buenísimo y tratamos que esos mensajes estén. Ahora hay una participante que se había presentado en otras ediciones de Maybelline, y no había ingresado porque tenía un desorden alimenticio. No. Nosotros no íbamos a mostrar la imagen de la modelo no saludable.

—¿Te sorprende que Maybelline, apuntando a un público no masivo, ya vaya cinco temporadas en horario central?

—Salado. La moda está un poco vapuleada popularmente, al menos en nuestro país, y Maybelline es un programa de nicho pero tiene a su público cautivo. Y hoy en día hay una generación que no mira televisión —desde adolescentes a veinteañeros— a la que Maybelline capta. Y sí, nunca creí que iban a ser cinco años.

—¿Y en el ambiente de la moda, que tiene sus propios prejuicios, cómo se posicionó?

—Muy bien. Tenemos un desafío nada menor: llevar a lo masivo algo que no es nada masivo. Decodificar el discurso para gente que en su vida vio nada de moda, y la más especializada, es un trabajo súper intenso. Hay mucha gente del mundo de la moda a la que le gustaría que fuera un poquito más técnico, más elevado, pero hay que entender que hay llegarle a todos, y que la moda es para todos.

—Vos también encontraste un equilibrio entre un programa que puede parecer frívolo como Maybelline, uno más de farándula como Algo contigo y la faceta más seria, de reportaje o historias de vida, en Buen día Uruguay. Hacia adentro, ¿eso te costó?

—No, porque yo soy eso (se ríe). Cuesta más para afuera que para adentro. Yo salgo en la televisión, me fascina estar de jogging y championes en mi casa, me gustan la jardinería, los perros, leer revistas de espectáculos. En la tele miro desde un documental de medio ambiente hasta una novela o serie policial, los informativos... Yo soy todo eso, y en televisión soy yo.

—¿Eso es lo que te permitió, en pocos años, convertirte en una de las caras de Monte Carlo?

—Sí, fue un crecimiento rápido pero no explosivo, lo cual fue un poco buscado. El otro día estaba pensando y hace 14 años que trabajo en los medios, pasa que siempre traté de dar pasos chicos pero seguros. Nunca me enloquecí ni tuve esa desesperación de salir en la tele, no fue por ahí. Yo estudié periodismo y no es que quiero trabajar en televisión: yo quiero hacer televisión, y si un día tengo que estar de productora, estoy. Soy muy de sugerir notas a la producción porque me gusta, mis inicios están ahí.

—El año pasado dijiste a Sábado Show, a propósito de la polémica por la conducción masculina de los Iris, que no veías las cosas en términos de machismo o feminismo. Este año te tocó ser una de las conductoras mujeres...

—Sí. A mí nunca me gusta ponerme en los lugares de machismo o feminismo; entiendo que hay luchas que son sumamente necesarias y apoyo a morir todo lo que sea contra la violencia. La reivindicación del año pasado de muchas comunicadoras la entiendo; algunas cosas comparto y otras no. Para mí, el hecho de que estuviéramos sólo mujeres conduciendo los Iris no hace a un premio más igual. Y creer que porque lo hicimos, va a serlo, me parece simplificar demasiado la problemática. Cuando me llamaron para conducir, lo primero que dije fue que para mí era un honor que me convocaran, porque son los únicos premios y hay que defenderlos, apoyarlos y tratar de enaltecerlos. Que se pueden hacer mejor: sí, obvio, todos nos creemos que podemos hacer mejor las cosas de otro. Y discrepo con un montón de cosas, pero estoy en ese equilibrio. Y les dije que a mí no me va eso de: "Bueno, somos todas mujeres y está todo bien". En estos premios, a veces se pierde que es un espectáculo televisivo, y la conducción tiene que estar orientada a eso, al televidente. Y no sé si está bueno que sean todas mujeres o todos hombres rotativos, capaz tiene que ser una persona sola. No lo sé. Yo lo tomé como un trabajo, también como un mimo y un reconocimiento.

—¿Tenés más planes para 2017?

—Siento que este año para mí, es un año bisagra. No tengo nada concreto, pero no sé por qué tengo ese sentimiento, que se viene un cambio en mi vida. No sé qué será.

Un rostro y un canal.

En seis años se convirtió en una de las caras de Monte Carlo. Hoy conduce Maybelline Model y Buen Día Uruguay (por Soledad Ortega), y por eso puso en pausa su rol en Algo contigo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)