LETICIA PIRIZ

It girl profesional

No tenía Fotolog, ni ICQ, ni sacaba fotos con la máquina de rollo, pero era la más sociable de su generación. Leticia Piriz trabajó en una agencia de viajes y fue su mejor escuela. Decidió que jamás tendría un empleo que no la hiciera feliz.

Leticia Píriz. Foto: Francisco Flores
Leticia Píriz. Foto: Francisco Flores

Fundó CVR Buzz Marketing, agencia que se especializa en influenciadores, y optó por convertirse en uno para asesorar mejor a sus clientes y conocer de primera mano gustos y preferencias del público. Tiene 11 mil seguidores en Instagram. Y Snapchat la llevó a debutar como actriz en Confesiones de mujeres de 30. A partir del 1° de octubre conducirá Baño de mujeres por la X FM.

En el liceo se sentía frustrada porque no encontraba su lugar. Leticia Piriz era la más sociable del Elbio Fernández, se prendía a cuanta actividad extra curricular había, conocía gente de todas las generaciones, la saludaban todos, pero la escuela la achanchaba porque le quitaba chances creativas. Quiso ser dentista y veterinaria pero cuando se dio cuenta de que había que estudiar tanto desistió. Un amigo le comentó en la puerta del liceo que se iba a inscribir en marketing, le dio detalles de la carrera y le salvó la vida. Lo escuchó atenta y supo que era lo suyo. Amó la universidad y conectó enseguida con su vocación.

Trabajó durante años en una agencia de viajes estudiantiles y fue su mejor escuela. Se divirtió como loca, conoció varios destinos y decidió que jamás aceptaría estar en un proyecto que no la hiciera feliz. Fundó la agencia CVR Buzz Marketing que se especializa en influenciadores para todo tipo de público.

Hacía tiempo que le daba una mano a diversos Youtubers (Dosogas, Dosbros, el argentino Julián Serrano, entre otros). Lo hacía de onda: la contactaban, le mandaban el material y ella los asesoraba. "Siempre fui muy sincera. Si no me gustaba les decía que se dedicaran a otra cosa".

Se dio cuenta de que para que el trato con sus clientes fuera completo le faltaba conocer una pata: estar en la vereda del influenciador para identificar qué piensa el público de ellos. Quiso saber cómo los perciben, qué cosas le gusta a la gente y qué no, qué le enoja, qué contenidos generan mayor interacción, qué funciona y qué no, qué tipo de acciones perjudican a la marca y cuáles la favorecen. Entonces dijo, tengo que convertirme en un influenciador. Creó su cuenta en Instagram un año atrás como un desafío profesional. Su meta era dar un valor agregado a las marcas que se acercaban a su agencia. "Hoy me siento con un cliente y tengo conocimiento desde las tres puntas: el lado del cliente, el influenciador (porque yo lo soy) y del público". Eligió un contenido, una temática y armó un personaje para Instagram. Su público objetivo son mujeres y hombres que quieren saber qué opina el género femenino.

No comparte fotos porque sus seguidores le piden videos. Cuando arrancó subía dos por día porque sabía que la constancia era clave. Ahora solo comparte uno si tiene algo importante que comunicar. En el primer video que subió se la veía atacando una heladera con un compañero de trabajo. En aquel entonces tenía 200 seguidores, hoy supera los 11 mil.

En la actualidad su red social preferida es Snapchat. Descubrirla para Leticia fue una bomba. Le resulta más espontánea y menos estructurada. Puede generar hasta 20 historias diarias de 10 segundos cada una y funcionan en formato de reality. Se anima a compartir mucho de su vida privada. Es más, su hijo, su pareja y los hijos de él también se prenden al juego y aparecen en los vídeos. "Tenemos una novela y ha habido capítulos de pelea verbal armados con mi pareja". Llegó a conseguir 28 mil visualizaciones diarias.

—Hoy hay necesidad de registrar todo, ¿qué hacías vos antes de que existieran las redes sociales?

—Yo creo que es una necesidad de la época digital, antes no existía. Yo tenía cámara de fotos pero no me gustaba un rollo en la pavada. Nunca tuve Fotolog, ni ICQ, solo Messenger. Y me hice una cuenta en Facebook cuando viví en España (entre 2006 y 2009) porque era mi conexión con Uruguay. Le agarré la mano enseguida a la computadora. Soy autodidacta. Todas las herramientas que uso para complementar mi trabajo las he aprendido de ver tutoriales en Youtube, descargarme los programas y meterle mano.

—Tenés más de 11 mil seguidores solo en Instagram, ¿te conocen en la calle?

—Sí, me divierte un montón. Nunca estuvo en mis planes ser famosa pero me encanta. Han venido seguidores a cocinar a mi casa.

—¿Cómo saben donde vivís?

—Por los vídeos. A veces filmo en la puerta de mi casa con los hijos de mi pareja y se dan cuenta dónde es. Me caen o me mandan mensaje de Snapchat diciendo que están cerca.

—¿Te siguen muchos famosos?

—Sé que Yisela Moreira se mata de risa. Ana Inés Martínez y Caro Domínguez también.

—¿De dónde sacás material para las historias de Snapchat?

—Conversaciones con amigas, seguidoras que me mandan mensajes contándome sus historias de amor. Contesto todos los mensajes que me llegan. Paso horas haciéndolo.

—¿Cuidás tu estética personal en los vídeos?, ¿te importa lucir linda?

—No. Casi no uso caritas. Hago videos recién levantada, me veo y sé que estoy horrible.

—¿Te cuidás al enviar fotos, videos o audios íntimos hoy, ya que todo se viraliza?

—No hay video o foto mía dando vueltas por ahí que no haya sido aprobado por mí. No hay chances de que aparezca nada online que yo no haya querido.

—¿En algún momento sentís que podés llegar a hacer el ridículo con algún video o contenido?

—Yo estoy segura de que debe de haber gente que mira y dice, qué ridícula esta mina, es una tarada, le faltan jugadores. Pero hago un personaje que tiene como única finalidad poder aportar a mi conocimiento profesional. Me divierto muchísimo y se ha generado una bola de cosas que no imaginé. Lo disfruto, me gusta, pero también aporta a mi rendimiento laboral.

—¿Has stalkeado mucho?

—Obvio, todo el mundo lo hace. Incluso tengo videos dedicados a ese tema.

—Estás en pareja ahora, ¿usaste Tinder alguna vez?

—Nunca usé porque no tuve períodos de soledad en que dijera, tengo que conocer a alguien. Cuando estuve sola quería estarlo. Ahora no podría usarlo por una cuestión de exposición.

—¿Tus redes sociales personales son un trabajo más para vos?

—Sí, son mi mejor carta de presentación. Cada red tiene un público, un contenido y sé cuál es. Tengo todas. Linkedin es un perfil profesional, Twitter lo uso para dar alguna opinión porque sé que mis más de ocho mil seguidores me empezaron a seguir por temas vinculados al marketing. En Instagram hago videos y en Snapchat tengo todo tipo de público, hasta padres de amigos de mi hijo me han pedido que salga a saludar.

—No hacés publicidad en tus redes sociales, ¿te ha convocado alguna marca?

—Me han llamado, me han mandado mails pero no hago para nadie. He recomendado cosas pero como cuando le das un pique a una amiga de algo que te gustó. Me pasó con unas papas buenísima que probé y las recomendé. La marca se enteró y me mandaron una caja a la oficina repleta de productos. Soy voluntaria en Animales Sin Hogar y en mi Snapchat hay espacio para difundir a todas las marcas que apoyan esta organización. También le doy oportunidad a aquellos emprendedores que no pueden poner pautas en televisión y radio. Incluso le he hecho notas en Snapchat a artistas que quieren difundir shows.

—¿Podrías vivir de hacer publicidad en las redes?

—No. Esto para mí es como un experimento y hace que le pueda ofrecer a mis clientes un producto de mejor calidad. Si yo me convierto en alguien que hace publicidad pierdo credibilidad y lo que digo que hago cuando vendo no lo aplico conmigo misma. Tengo marcas con las que he generado amor y surge la recomendación en mis redes pero desde el lado del usuario. Jamás haría algo por plata si no me gusta. Me mandan un mail: Leti, somos una marca de ropa queremos regalarte unas prendas, que vengas por acá y hagas alguna cobertura. Yo voy, miro, si no me gusta, te mando un besito y me fui. No voy a decir qué divino este lugar. Me pasó con una tienda de vestidos que amo y mostré todo en mis redes. Tengo cinco vestidos comprados ahí, no regalados. Y ese es el experimento que vendo: no busques cualquier influenciador. Andá por gente que ame a tu marca y la potencie. Que se sienta parte de la marca y después la difusión en sus redes va a surgir sola.

—Estás haciendo la obra Confesiones de mujeres de 30, ¿surgió a partir de las redes sociales esta convocatoria para actuar?

—El productor de la obra es padre de una de las chicas que me sigue en Snapchat. Un día ella me manda un snap y me dice, Leti, mi padre es productor y quiere contactarte. Le pasé mi número, me llamó y me contó que estaba haciendo Confesiones de mujeres de 30 dirigida por Graciela Rodríguez y que quería juntarse conmigo. En mi vida actúe, le respondí. Yo hago videos que tienen algo de acting pero grabo, borro y vuelvo a empezar. La idea me divertía y todo plan que me divierta le doy para adelante. Me junté con el productor, el elenco (Cintia Caballero y Lucila Rada) y la capa de Graciela Rodríguez, y acepté porque son oportunidades que no te podés perder.

—Ahora tenés 33, ¿cómo te agarraron los 30?, ¿tuviste alguna crisis?

—Soy divorciada pero me agarraron casada y con mi hijo Mateo que ahora tiene 8 años. Creo que feliz, sin crisis.

—¿Cuál es tu próximo desafío?, ¿tenés alguna propuesta en los medios?

—El 1° de octubre arranco un programa de radio. Se llama Baño de Mujeres, va por la X FM, de 9 a 10 de la mañana. Me contacto Ximena Muniz con la idea, el nombre y el espacio en la radio. Yo lo que hice fue sumarme. Nosotras dos vamos a discutir al aire cuestiones femeninas. Me invitaron a participar y me copó. Si algo me divierte me prendo como una garrapata.

Dice que los referentes digitales hoy generan más credibilidad que los famosos que se exponen en los medios tradicionales (conocidos como celebritys) porque la conexión entre su comunidad y ellos es más fuerte y ha sido creada en la red social. "El celebrity hoy está muy prostituido porque a veces se venden a cualquier marca".

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