PERIODISMO A QUEMARROPA

Ignacio Álvarez: "Los que nos dicen sensacionalistas que vayan a estudiar periodismo"

Ignacio Álvarez toma el volante de otra temporada de Santo y Seña, que renueva el equipo. Tras la vuelta, el periodista se saca el traje y habla de su intimidad distendido en su casa: revela que recurre a terapia, que fuma marihuana y que casi termina a las piñas con un compañero de trabajo.A pesar de estar de civil, no baja la guardia y pone la mira sobre los gobiernos del Frente Amplio, la continuidad de Tabárez en la selección y sus eternos detractores en Twitter. Un Álvarez con licencia para la polémica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ignacio Álvarez. Foto: Rafa Botto. Traje: Studio Muto.

—El nuevo ciclo de Santo y Seña presentó varias incorporaciones, ¿en cuáles condiciones te fijás a la hora de sumar a alguien a tu equipo?

—Para ocupar el lugar de Checho (Bianchi) buscábamos a un periodista de investigación. Así de simple y de difícil. Tenía que ser una persona que domine el método pero que también tuviera determinada personalidad: que vaya para adelante, sin miedo a nada, perseverante, responsable e inteligente. Y en lo posible que diera bien en cámara porque es un programa de televisión. Estoy seguro de que lo conseguimos con Ana Matyszczyk. En el caso del humor, teníamos la idea de tener un notero "estilo CQC" buscando pinchar a los entrevistados con la dosis justa de picardía y humor, y lo encontramos en Fede "el Chino" García.

El nuevo equipo de Santo y Seña
El nuevo equipo de Santo y Seña

—Gustaf dijo que se fue de Santo y Seña por considerarlo un ciclo cumplido. ¿Coincidiste en eso cuando te planteó la decisión?

—No. Esa fue la conclusión a la que yo lo hice llegar. Él planteó que este año quería que su espacio saliera grabado porque le había saltado la térmica después de problemas de salud y familiares. Hizo un click y empezó a tener una vida más sana que incluye no quedarse hasta la madrugada los días de Santo y Seña. A mí no me parecía lo ideal porque se perdía la frescura de la interacción. Yo le pregunté si él realmente quería seguir en Santo y seña. Lo pensó unos días y me dijo que gracias a esa pregunta se había dado cuenta de que había cumplido un ciclo en el programa. Seguimos tan amigos como siempre...

—¿Por qué no subió al escenario con ustedes cuando ganaron el Premio Iris con el programa?

—Él nunca quiere subir. La última vez subió al escenario fue porque lo llevé a los empujones. Capaz que tuvo ganas de ir al baño justo en ese momento (risas).

—¿Cómo sos como jefe?

—Muy exigente. El estrés muchas veces me hace descuidar un poco las formas, pero con el tiempo he aprendido a manejarlo mucho mejor. Soy algo obsesivo tanto en el trabajo como en mi casa. Si quedamos en que había que llamar al electricista por una reparación, pregunto: "¿En qué quedó?, ¿no lo llamaron?, ¿no habíamos quedado en que había que llamarlo?". Y en el caso de que lo hayan llamado, llamo al electricista y le pregunto: "¿No habíamos quedado en que venías hoy?, ¿por qué no viniste?". Aprovecho para mandarle un saludo a Pedro y recordarle que quedó en venir y todavía no vino...

—¿Hasta dónde descuidaste las formas?, ¿tuviste que pedir disculpas por gritarle a alguien, por ejemplo?

—En algún momento de estrés le levanté la voz a alguien y esa persona me levantó la voz a mí. Yo enseguida bajé la pelota porque la otra opción era terminar a las piñas y yo no lo concibo. No está bueno perder el control porque se genera una tensión que es contraproducente. Pero a veces hay que ser muy duro y marcar lo que se hizo mal. Eso se debe hacer sin medias tintas.

—Santo y Seña ha ganado cuatro Premios Iris seguidos. Además del mérito propio, ¿creés que hay poca competencia?

—Sí. En esto de periodismo de investigación prácticamente no hay competencia. Recuerdo algún informe que hizo Código País en su momento, y En la Mira también, pero no con la constancia, los recursos y los resultados que tuvimos nosotros. Ahora me enteré que levantaron Código País. Es muy fuerte que un canal no tenga al menos un programa periodístico. El periodismo cumple un rol fundamental y la televisión tiene un alcance único.

—¿Es caro poner al aire un programa como Santo y Seña?

—Eso es relativo. El rédito económico tiene que ver puramente con los anunciantes, y ahí los números dan bien. Y aparte tiene un intangible que está en la imagen que se asocia al canal, un canal al que le interesa denunciar los actos de injusticia y corrupción. Por otro lado es cierto que este negocio supone pagar determinados precios, como que eventualmente se vayan algunos anunciantes o presiones de distintos grupos o el gobierno de turno. Creo que fueron las razones por las que yo no pude hacer televisión durante cuatro años.

—¿Te consta que fue por eso o es una sospecha?

—Sí, claro. Cuando Canal 10 me dijo que no iba más fue porque los tipos no querían tener más quilombos. Estaba desde Paco (Casal) hasta el gobierno, e incluso me dijeron que había tenido un problema con la colectividad judía porque había hecho un informe sobre Israel que los ofendió. La solución que encontraron fue no tenerme más al aire.

—El primer informe de Santo y Seña de este año fue sobre casos de abusos infantiles. Es un tema recurrente en el programa, ¿es un asunto que te preocupa particularmente?

—Es un tema recurrente en Uruguay. Hay seis denuncias por día de abusos contra menores. No debe haber algo más aberrante: toda la inocencia y fragilidad de un niño destruida por un adulto en una de las peores conductas que puede tener un ser humano. Destruye la personalidad de ese chico para siempre. Y para peor, la respuesta de la Justicia a veces, como vimos en el programa del miércoles, deja mucho que desear.

—Han sido criticadas las formas. El programa se promocionó con imágenes y testimonios muy fuertes de niños abusados, lo que puede ser tildado de sensacionalista.

—Los que dicen eso que aprendan a hacer periodismo. Nosotros hicimos dos promos distintas, una especial para el horario de protección al menor que es menos explícita, ¡hasta tuvimos ese cuidado! Y no se vio ninguna imagen de sexo explícito. Lo que hubo fueron relatos detallados, y las imágenes registradas por el padre de una de las niñas que la muestra lamiendo un control remoto. Pero esa imagen le da más credibilidad al relato. El sensacionalismo supone sobredimensionar la realidad, nosotros lo que procuramos es dimensionar esa realidad, y que en los testimonios podamos tener una aproximación que siempre es menor al drama que vivieron.

—¿Internamente te cuestionás poner determinado material al aire?

—Permanentemente nos cuestionamos. Pero el propio padre de la niña nos dio esas imágenes porque entendió que eran de utilidad con la condición de taparle la cara, cosa que nosotros siempre hacemos. Lo que nos interesa es reunir la mayor cantidad de indicios que le den verosimilitud al relato. Eso es lo que tiene que hacer un periodista, buscando el delicado equilibrio entre informar y proteger a las víctimas.

—Más allá de este informe, ¿el morbo es un recurso válido para llamar la atención de la audiencia?

—Nosotros no buscamos el morbo por el morbo mismo, sino que hay situaciones que son morbosas. Yo fui a la morgue para hacer un informe llamado CSI Montevideo. Fui a un barrio complicado al lugar en el que había sido baleado un menor que había robado un almacén, y vi cómo se desangraba, cómo agarraban el cuerpo entre los llantos de los familiares y lo seguí viendo en la morgue cuando abrieron su cuerpo. El forense mostró a cámara el cráneo por donde entró la bala para explicar cómo se determina si el que le disparó actuó en legítima defensa. ¿Es morboso eso? Sí, pero es parte de una inquietud periodística legítima. No es al revés. No es "queremos morbo, ¿entonces qué hacemos?", sino "este tema me interesa, y si tiene morbo no voy a dejar de hacerlo por eso".

—¿Pero son elementos que ayudan a un programa de televisión?

—¿Sabés qué? Este tipo de programas como el de la morgue o el de abuso infantil son los que tienen menos rating porque la gente no los banca precisamente por ese morbo. Y los seguimos haciendo igual. Esa es mi respuesta a los que sin tener la mínima idea de cómo funciona la televisión nos acusan de hacer estas cosas por rating.

—¿Hay alguna crítica en particular que te moleste?

—No, a esta altura no. La aldea Twitter es donde uno se encuentra con especímenes que reúnen una mezcla de ignorancia con necedad, mala leche y estrechez de mente. Muchas veces me divierto provocándolos.

—E insultándolos... Les contestás "idiota" o "imbécil".

—A veces sí. Aunque en muchos casos no es un insulto sino una constatación fáctica.

—¿Cuál es la crítica más recurrente que te hacen?

—Hay de todo, el espectro es muy variado. Pero "ladran Sancho"; prefiero esto antes de pasar desapercibido. Yo sé que mi estilo despierta amores y odios. Sarna con gusto no pica. Al pronunciarme sobre determinados temas me expongo a las puteadas, y también a una cantidad de aplausos.

SABER MÁS

Gran polémica tras el primer programa

El INAU envió una advertencia al programa Santo y Seña previo al informe sobre menores abusados y Álvarez respondió con dureza al aire. "Más que preocuparse por advertir o censurar a un programa periodístico, deberían trabajar en esos derechos que invocan, pero en los hechos no protegen", arremetió.

—¿Cómo manejás el ego?

—Todos los que estamos en el medio tenemos un temita con el ego. Por eso hay celos, envidias y preocupación por la imagen. Hay que tener ego para pararse frente a una cámara o un micrófono sabiendo que del otro lado hay decenas de miles de personas mirando y uno diciendo lo que piensa. Los otros pueden decir "¿y vos quién sos?", y nosotros creemos que somos alguien digno de escucharse. Pero al mismo tiempo también tenemos un ego muy chiquito que tiene una terrible necesidad de aprobación, aplauso y reconocimiento. Partiendo de esa base, creo que el primer paso es reconocerlo y tenerlo claro. Yo lo tengo asumido desde hace años. De hecho, hago terapia desde hace mucho tiempo y me sirve para lidiar con la exposición, para que no se me suban a la cabeza los halagos, y para que las críticas feroces no afecten demasiado.

—¿Tenés algún vicio de estrella de televisión?

—Tengo perfil bajo. No voy a eventos, hago vida de familia y me gusta pasar desapercibido. Uso lentes negros y sombrero.

—¿Estar cuatro años afuera de la pantalla te afectaba solamente en lo laboral o también fue un golpe al ego?

—Obvio que sí. Por un lado era la frustración de sentir que tenía un potencial enorme y lo estaba aprovechando solamente a través de la radio, pero a su vez también fue un golpe al ego haber estado allá arriba como el conductor del programa que revolucionó la televisión como Zona Urbana y después pasar a quedarme sin laburo. Pero en el fondo siempre tuve las cosas claras. Desde chico era muy introspectivo, muy sensible, y con una gran capacidad para soportar el sufrimiento y superarlo. Viví cosas muy duras y en el fondo siempre tengo esa confianza y tranquilidad de que voy a poder salir adelante.

—¿Cuál es la impresión que tenés de estos años de la segunda gestión de Tabaré Vázquez?

—Medio pocón. No hay mucho para mostrar. En materia educativa el cambio de ADN quedó por el camino, en economía hay un déficit fiscal llegando al 4% del PBI que supone un rojo como hace años no le pasaba al país y tiene directa relación con la irresponsabilidad del gobierno pasado en el gasto desmedido que asumió Mujica. Y es innegable la demencia del Frente Amplio, donde vemos cosas increíbles como la defensa del gobierno de Venezuela. Eso me indigna, porque cuestiona si verdaderamente la defensa de la democracia es lo principal. Para muchos frentistas parece que no, porque sobre eso prima el defender a una ideología compañera y un régimen como el de Maduro. ¿Cómo se puede ser tan hipócrita y tener un doble discurso tan flagrante?

—¿Creés que Mujica va a ser candidato?

—No sería la mejor opción para el Frente Amplio. Muchos de los que lo votaron, no lo volverían a hacer porque están viendo las consecuencias nefastas de algunas de sus decisiones y las sufren en sus bolsillos.

—¿Estás de acuerdo con la medida de que se comience a vender marihuana en las farmacias?

—Me parece bárbaro. Estoy totalmente de acuerdo. Somos grandes, y así como puedo comprar una botella de whisky o un paquete de cigarrillos, también puedo comprar unos gramos de marihuana y fumarme unos fasos. Lo mismo con otras drogas.

—¿Vos fumás marihuana?

—Eventualmente.

—¿Otras drogas?

—No, solamente alcohol.

—¿Probaste?

—No, nunca.

—¿Qué fue lo que más te preocupó cuando se viralizó el video de tu intimidad?

—Mi preocupación eran mi esposa y mis hijos, que por suerte quedaron al margen de todo eso; aunque lo hablamos con ellos. Después, más que preocupación fue el pudor de verme expuesto de esa manera, pero con la conciencia tranquila de que era algo pasado y que no estaba haciendo nada malo.

—A la distancia, ¿la repercusión fue peor de la que imaginaste en un primer momento o no tan grave?

—Es que nunca te imaginás lo que puede pasar con una cosa así.

—¿Te generó un problema a nivel familiar?

—No precisamente porque era un hecho pasado, de cuando yo estaba separado.

—¿Te fuiste de la Teletón por este tema?

—No, y eso lo saben todos mis compañeros, porque yo ya había planteado que me iba a alejar antes de que esto me pasara. Incluso me iba a ir el año anterior y desde la Teletón me pidieron que me quedara una edición más. Sentía que había cumplido un ciclo, me estaba repitiendo.

—Pero se supone que lo hacías para colaborar.

—Lo hacía para colaborar y sigo colaborando desde otros lugares. Hice la cuenta pública con Laura Raffo y llamamos para donar desde casa.

—¿Te dio algo de culpa que no hayan llegado a la meta planteada?

—No, no me creo tan importante.

—¿Seguís pensando que Óscar W. Tabárez debe dar un paso al costado de la selección nacional?

—Uruguay no está jugando a nada. No se puede ser tan necio de negarse a aprender a jugar al fútbol. No le quito méritos a Tabárez, pero quiero otro técnico. Me encantaría Guardiola o Bielsa, ¿o por qué no Diego Aguirre? Y lo digo yo que soy de Nacional.

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