garra y amor

La historia de los videos de Villazul en la voz de sus protagonistas

Los 25 clips están disponibles en Youtube y el plan a futuro es que salgan en un DVD. Aquí el relato en detalle sobre la pata audiovisual del proyecto Villazul.

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Cuando los papás de Antonio (6 años) se enteraron que padecía un Trastorno del Espectro Autista (TEA) su vida giró 180 grados. Ella dejó de trabajar para cuidarlo y él, Fabián Marquisio, usó su pasión por la música para alivianar el día a día de su hijo y de otros tantos chicos.

Investigó y compuso junto a Estela Magnone 25 temas que refieren a acciones cotidianas. Villazul ganó un Graffitti a Mejor Álbum Infantil, fue disco de Oro, se editó en Argentina y Chile. Pero la mayor alegría de Fabián es haber logrado que un niño repartiera abrazos en Navidad a su familia por primera vez. El audiovisual estaba en el germen del proyecto. Creyó, y otro sueño se hizo realidad. 

Fabián Marquisio golpeó varias puertas antes de dar con la persona indicada. Todas las productoras le decían que era un proyecto demasiado ambicioso para el presupuesto que manejaba. Tenía el apoyo del Fondo Nacional de Música (Fonam) pero esos 80 mil pesos no eran suficientes para costear los 25 clips.

A Carlos Dossena le interesó el espíritu de Villazul, se involucró para lograr que el disco tuviera su pata audiovisual y terminó dirigiendo todos los videos.

—Hagamos uno o dos con esa plata-, sugirió Carlos en la primera reunión.

—No, mi idea es hacer los 25 porque es un proyecto global, son acciones desde que se levantan hasta que se acuestan; hacer uno o dos no tiene sentido, salvo por capricho. Solo sirve si filmamos los 25-, explicó Fabián.

—Hagámoslo, no sé cómo, ni de qué manera porque lo veo inviable económicamente, pero hagámoslo.

Ocuparon el estudio de Daniel Machado del 18 al 21 de diciembre de 2015 y solo pagaron los costos de luz. Todos trabajaron de forma honoraria. Los jóvenes del grupo teatral Sueños Reales llegaron desde Piriápolis agradecidos por la oportunidad, con muchas ganas y muy poca experiencia. Filmaban 18 horas de corrido sin chistar. Era una maratón. Había que cumplir con los plazos y al tercer día el cansancio se hacía sentir: los actores se dormían sentados mientras esperaban entre un vídeo y otro. Cada clip dura un minuto y monedas pero registrarlo llevaba entre 45 minutos y una hora.

En el disco participaron prestigiosos artistas -como Jorge Nasser, Ruben Rada, Sandra Mihanovich, Fata Delgado-, pero se grabó sin lujos en la casa de Fabián y de forma bien artesanal. El ideólogo quiso trasladar esa esencia a los vídeos. Se optó por una estética lo menos cargada posible porque el foco debía estar en la acción representada por los actores y no en la escenografía.

Se filmó sobre un sinfín blanco y se crearon más de 80 elementos en cartón: flores, pelotas, cepillos de dientes, camas, almohadas, autos, árboles, jaboneras, juguetes. Los responsables de arte cortaron durante una semana. El director no habla de minimalismo sino de "baratismo: la mayoría de las decisiones tuvieron que ver con resolver una carencia económica".

Fabián Marquisio lideró este gran equipo de rodaje. Foto: Manuel Rodríguez
Fabián Marquisio lideró este gran equipo de rodaje. Foto: Manuel Rodríguez

Los actores tenían entre 14 y 21 años al momento del rodaje. Carlos les dio permiso para ir a recorrer el Centro, pero ellos no se movieron del estudio. Iban del hotel al rodaje. "Viajamos a Montevideo a grabar los vídeos, no a pasear", resume Luana Conde (19 años).

***

Facundo Gutiérrez (21), Emiliano Debali (19), Luana Conde y Andrea Perrone forman parte de Rotaract, una comunidad integrada por jóvenes entre 18 y 30 años dentro de los clubes Rotary. Virginia Veneziano dirige el centro de equino terapia Sueños Reales, que trabaja con niños discapacitados y los había visto actuar en la mini gira escolar que hicieron por Piriápolis con Cuidado con Blancanieves.

Son amateurs, pero le gustó y los invitó a que representaran las canciones de Villazul en el aniversario de la institución. No tenían más experiencia que los dos años de teatro cursados en el bachillerato artístico. Igual se animaron.

En esa función estaban todos los niños que acuden al centro con sus padres y la experiencia para este equipo que se tiró al agua "de careta" fue única. El entusiasmo le ganó al pánico escénico. Emiliano jamás olvidará la mirada expectante de los pequeños, o cómo lograron mantenerlos concentrados durante 60 minutos sin tener experiencia en las tablas.

Luana detectó magia en esos "niños especiales que ven la vida de otra manera". Y Fabián percibió una química inmediata. Observó atento desde la platea cómo los niños estaban hipnotizados ante la interpretación de las canciones de Villazul y dejó de buscar actores para los clips. Dijo, "ta, es esto, tal cual".

Los invitó a una actuación en la sala Zitarrosa para volver a testear y otra vez funcionó fantástico. El público los amó. Se metían entre los niños a interactuar con algo de temor porque no sabían cuál podía ser la reacción. Pero cayeron rendidos, y en la canción Besos repartieron abrazos y bailaron con los actores.

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Carlos viajó a Piriápolis para reunirse con los chicos creyendo que eran actores y se encontró con que no tenían noción alguna sobre interpretación. Percibió sus ganas y eso alcanzó para cargarlo de entusiasmo.

En el almuerzo comieron paella y el director les contó que filmarían 25 videos en tres días. Les advirtió que era una locura, pero que si se ponían las pilas lo lograrían. Y lo más importante, les recordó, era que él y Fabián tenían una confianza ciega en ellos. Luana compara la charla de Carlos con la arenga de un director técnico antes de salir a comerse la cancha.

La joven durmió en cuotas la víspera al rodaje. Viajaron en la camioneta de Sueños Reales con mucho nervio a cuestas y entraron al estudio cohibidos. "Estábamos viviendo en persona eso que veíamos en las películas o en la tele", dice con asombro Emiliano. Se sentían estrellas mientras los maquillaban. "Estar parado frente a una cámara y pensar que detrás hay miles de niños impresiona", confiesa Facundo.

Después de media hora, la vergüenza y ansiedad mutaron a entrega, trabajo y ganas de sacar a flote esta linda locura audiovisual.

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Fabián y Carlos insistían en que las acciones y gestos interpretados por los actores fueran reales, claras, sencillas y naturales. La meta era que los destinatarios pudieran empatizar e identificarse rápidamente para poder imitar. No hubo lugar para el doble sentido ni la actuación desmedida. Todo lo que decía la canción se tenía que ver de forma simple y tenía que ser fácil de descifrar.

No hubo mayor dirección que "hagamos tal acción". Carlos los paraba frente a cámara, les contaba su idea, y si lo lograban continuaba, y sino lo resolvía con lo más inmediato que le disparaba al actor: "Lo primero que surge en general es lo que se puede decodificar rápidamente. Si pienso demasiado es probable que me equivoque".

—¿Les dijiste qué querías lograr con sus actuaciones?

—(Carlos) Trabajábamos con una premisa: no eran videos para lucirnos nosotros sino para que sirvieran a los niños a imitar las acciones. Con esa cabeza se hizo todo.

Carlos y Fabián intuyen que lo más difícil fue interpretar esas canciones que no referían a una acción concreta, por ejemplo Tranquilo o Esperar hablan sobre controlar la ansiedad.

A Facundo lo que más le costó fue tener que quitarse la remera frente a cámara en A vestirse porque le daba mucha vergüenza.

Para Luana el vídeo más complejo fue Dame un abrazo porque "tenías que sentirlo de verdad". Ellos cantaban y saltaban mientras el director les pedía que se tranquilizaran para poder filmar concentrados. La joven que hoy estudia teatro en la escuela de arte dramático de Maldonado no recuerda cuánto demoraron pero se le hizo eterno.

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Besos salió rapidísimo. En 20 minutos lo tenían resuelto. Era pararse frente a cámara, dar y tirar besos. Ellos se conocen desde chicos, son amigos y resultó un trámite. Había tres compañeros nuevos (Merlina Machado, Gastón Rijo y Raúl Palladino) pero después de un par de días de convivencia no hay vergüenza que valga. Emiliano dice que enseguida pegaron buena onda y que se deben un asado.

—¿Fue muy emotivo el rodaje?

—(Carlos) Sí, sabíamos que estábamos haciendo una locura audiovisual. Era una demencia, pero estaba saliendo y funcionaba. Fabián (Marquisio) le estaba sumando una pata a un proyecto que ya es hermoso y eso nos tenía a todos muy emocionados. El proyecto en sí ya conmueve, entonces nos emocionaba desde ir a comprar una milanesa hasta ir a editar.

—(Emiliano) Era un sueño entre amigos. Fueron cuatro días y tres noches inolvidables. Siempre que nos vemos recordamos alguna anécdota.

—(Luana) Me sentaba a mirar a mis compañeros y me emociona porque no podía creer estar ahí. Supe por las noticias que iban a salir los vídeos y ese día a las doce de la noche estaba frente a la computadora. No aparecía, me fui a dormir y me levanté a las ocho de la mañana. Los miré una y otra vez. Se lo mandé a mis amigas. No podía creerlo.

***

Estos vídeo clips están en la mente de Fabián Marquisio desde que se gestó el proyecto. Incluso pensó el nombre Villazul con la idea de que fuera una especie de pueblito donde los habitantes realizaban todas estas acciones a las que refieren los 25 tracks.

Trasladarlo al lenguaje audiovisual implicaba un costo mucho mayor, y por eso eligió primero grabar el disco.

Fabián quería que los videos fueran atravesados por el mismo proceso de investigación que el álbum: probarlo con niños, que les gustara y funcionara. Por eso se demoró un año en filmar.

Los clips están disponibles en un canal de Youtube desde enero, pero el plan de Fabián es sacar un DVD que contengan, además, un registro de Villazul sinfónico. Es que su mayor pretensión es hacer una función especial junto a la Orquesta Sinfónica del Sodre. Fabián dice que los niños con Trastorno del Espectro Autista no tienen la oportunidad de asistir a un espectáculo de estas características y él quiere hacerlo posible.

Hace un tiempo planteó esta opción a Miguel Britos, director de la Orquesta Juvenil del Sodre, y le pareció brutal. Resta esperar. Su ilusión está intacta y viene invicta, ya que con Villazul logró mucho más de lo que imaginó y planeó. "Todo es soñar. Es creer y sale", asegura.

Villazul se editó en Argentina y Chile, lo escucharon en Australia, les interesó y por eso se traducirá al inglés. Fue disco de Oro y Platino. Ganó un Graffitti. Pero la mayor recompensa es la respuesta y el avance de los niños. Fabián se emociona con cada historia.

—Hace poco una señora me contó que su hijo de ocho años nunca había hablado. Un día se despertaron con el marido, estaba el niño parado al borde de la cama y les empezó a cantar, "al baño voy a hacer pichí". Cantó la canción completa. Ellos lloraban. Me dijo, "gracias, nunca había escuchado a mi hijo decir una sola palabra".

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