Actuar para dar miedo

Gritos y sollozos

La película de terror psicológico uruguaya Dios local ya llegó a los cines. Aquí una entrevista con los tres actores encargados de asustar al espectador.

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Dios Local

"¿Ves? Tengo hiperlaxitud articular”, muestra Gabriela Freire torciendo los huesos de sus brazos para demostrar que, aunque hay un gran trabajo de efectos especiales en los sustos que sufren los protagonistas del film de terror psicológico Dios local, algunos trucos son destrezas físicas de los actores.La entrevista que sigue reunió a Freire, Mariana Olivera y Agustín Urrutia, un trío de músicos y familiares (Freire y Urrutia interpretan a dos hermanos, Olivera es pareja del chico), que revive sus peores recuerdos cuando se instala en unas cuevas donde se propone grabar unos vídeos clips. Realizada por el mismo equipo de La casa muda (Gustavo Hernández, 2010), el film visitó varios festivales de cine de género y llegó a salas locales el jueves.

—¿Cómo fue el impacto cuando vieron la película terminada?

—Mariana: Hay tremenda distancia con lo que uno imagina en el rodaje. Vimos bastante de la película cuando tuvimos que hacer el doblaje de audio, y ese fue el gran primer shock, pero nos mostraron escenas aisladas y fue comprobar que la película existía, que no era solo un recuerdo en nuestras cabezas de algo sucedido dos años atrás. La vimos entera en el Festival de Sitges en Barcelona y ya verla ahí, en ese contexto tan lindo, me hace dudar de si tengo una visión objetiva de la película. Como siempre, con el tiempo uno se reprocha que podría haberlo hecho mejor.

—Gabriela: Es un riesgo que asumís cuando decidís ser actor y entendés que no tenés incidencia en los contenidos en los que trabajás.

—Mariana: A mí eso es algo que me genera resistencia, me impulsa a querer hacer otras cosas, como escribir. Es un acto de entrega y de confianza que está muy bien, pero somos una generación de actores que nos gusta armarnos nuestros propios proyectos, Gaby está escribiendo un guión (junto a Santiago Svirsky, director de Flacas vacas), yo soy blogguera (madrecoco.tumblr.com) y estoy escribiendo un libro, Agustín hizo una serie web (Olivia, soy vos) y dirige y actúa en obras de teatro.


—¿Es accesible enterarse de los castings para cine?

—Mariana: No, es un azar si te llaman o no y con qué criterio. Tampoco hay representantes especializados en cine.

—Gabriela: Los criterios de elección también son bastantes cerrados, vos agradecés estar ahí pero es por un capricho. La diferencia con Gustavo Hernández (director del film) es que hace castings abiertos. Yo llegué a la película porque había trabajado con él en la serie de TV Adicciones, estaba instalada en México y quería venir a Uruguay y le mandé un mail, "quiero actuar en tu película". Acá la gente se mata por tener un protagónico.

—Mariana: Es un director que es un gran admirador del actor, que sabe mucho de actuación. Va mucho al teatro, bueno: nos puso un coach de actores (Gustavo Bouzas) para trabajar, entiende que el actor tiene una sensibilidad que corre distinta a la del equipo técnico. No es muy normal eso acá.

—Es que una de las virtudes que se suele elogiar en un director es saber dirigir a los actores, contar con un coach puede parecer contradictorio.

—Gabriela: Cosa extraña porque por ejemplo, James Gandolfini en Los Soprano tuvo su propia coach durante los siete años que duró la serie. En todos los grandes proyectos hay coachs y hay actores que vienen con su propio entrenador. El actor en el rodaje es un bicho raro, es una rockola de emociones y el coach es el nexo entre un director que está pensando en la foto, en la luz, en el sonido, en el encuadre, y ese saco de emociones. Para nosotros es un apoyo que te saca de un mal lugar, que te respalda cuando lo necesitás.

—¿Te sentiste cómoda viéndote en la película?

—Gabriela: Cada vez soy más amiga de ese verme después, lo empecé a superar hace unos años y Adicciones me ayudó porque fue estar en la tele. A partir de ahí me empecé a amigar con ese asunto y con Dios local sentí por primera vez en mi vida profesional, que estoy orgullosa del trabajo que hice junto a mis compañeros.

—¿Les gusta el cine de género terror como espectadores?

—Gabriela: Ninguno es fanático del género y sin embargo filmarlo es hermoso. Es muy divertido, y uno empieza a respetarlo de otra manera. Además cuando vas a un festival de cine especializado en el género y ves toda esa cantidad de fanáticos que se lo toman tan en serio, entendés que hay otro universo. Tiene códigos, otras formas de filmar ese cine.

—Mariana: Actoralmente te implica explorar un lugar muy extremo, jugar con la adversidad. Por otro lado, más allá de estar inscripta dentro del género, Dios local es sobre todo un thriller psicológico, eso hace que el terror y la tragedia de cada personaje tengan un costado muy humano con el que realmente empatizás más allá de ser seguidora de ese tipo de cine o no. Yo nunca curtí ese género pero sentí que era un tipo de película que de alguna manera uno ya está acostumbrado a ver.

—La película más que temor por torturas físicas, plantea el miedo a la locura.

—Mariana: Que es el peor miedo.

—Agustín: Trabajamos más que nada en el pasado de los personajes, que tienen un vínculo familiar entre sí muy apegado. Primero nos tuvimos que conocer a nosotros mismos, y trabajando, porque nos conocíamos muy poco antes de esta película. Construimos los conflictos de ese pasado, los familiares, los de la pareja, los internos de cada uno.

—Mariana: El principal enfoque fue desde la vulnerabilidad, y así fue que nos conocimos y creo que por eso nos hicimos tan amigos entre nosotros. Para abordar el lado oscuro del personaje nos tuvimos que meter con nuestras propias oscuridades, porque uno trabaja con lo que tiene.

—Gabriela: Cada personaje tiene un pasado particularmente oscuro, encierra un secreto o una vivencia dura, entonces además de construir el colectivo había que construir la desgracia del personaje. Ensayamos todos los días durante un mes.

—¿Qué tipo de ensayos?

                                                                                                                                                                                                                                  —Mariana: No nos dieron el guión, terminamos improvisando y surgieron escenas de esos ensayos que fueron quedando en la película. Ese fue el método de trabajo que eligió Gustavo y que para mí le da un aire de realidad a la película.

—Gabriela: Mi personaje es Maite, una tipa muy negativa, oscura, que pasó por una cosa muy fuerte y que se está llevando mal con los otros dos personajes. En el proceso yo sentía que estaba con una nube negra en la cabeza que nadie me podía sacar. Me contaminé, porque veníamos trabajando muy fuerte.

—Mariana: A mí me pasó que en medio de los ensayos quedé embarazada y hay escenas con niños muy fuertes. El día en que lo planteé, porque era un rodaje muy físico e intenso, Gustavo me dijo "es genial que esté pasando esto porque vas a tener otra condición". El embarazo me aportó un montón durante el rodaje, e incluso no acepté trabajar con doble porque yo quería correr de la adrenalina que tenía. Nos daban deberes durante los ensayos, y me acuerdo que ese fin de semana que me entero del embarazo me piden que vea Anticristo (2009) de Lars von Trier, que trata sobre una pareja que pierde a su hijo...y yo pensaba "tenés un protagónico, tenés que hacer esta película o hacerla, no te pongas sensible"...

—¿Qué otros deberes les asignaban?

—Gabriela: Muchos: responder los huecos pendientes del personaje en el guión, desde su historia personal hasta la música que escucha. Nos dieron un instrumento a cada uno para trabajar solos, a mí una guitarra, a Mariana un bajo y a Agustín unas baquetas de batería. Y vimos películas, sobre todo de Lars von Trier para captar un tono onírico que querían en la película. Nunca estas referencias fueron con ánimo de imitación, siempre se nos pidió que recurriéramos a nuestras propias herramientas.

—Filmaron en Minas, en una ex mina de oro, la propia locación debe haber aportado incomodidad.

—Agustín: Muchísimo, era un ambiente perfecto para el miedo porque no tenías que imaginarte nada: tenías frío, oscuridad, murciélagos, humedad, te podías partir la cabeza en cualquier momento -de hecho éramos los únicos del rodaje que no usábamos casco dentro de la cueva-. Ese espacio potenciaba todo tu trabajo.

—Hay varias escenas emocionalmente fuertes para el actor, ¿se repetían mucho las tomas?

—Gabriela: Al contrario. Gustavo suele darte una indicación cuando entrás a escena, "necesito que en esta escena te concentres en lo que le pasó a Maite cuando tenía 17 años", y si vos vas, jugás la escena y él lo siente, queda en una sola toma. En el caso de una escena muy fuerte me acuerdo que le pedí al director de fotografía (Pedro Luque) que por favor me dejara probar una vez más...

—En una película de este tipo uno supone que los directores de fotografía, arte y sonido son aliados para los actores, ¿cuáles de estas herramientas fueron las más útiles para actuar?

—Mariana: En mi caso todo el trabajo de arte que hizo Federico Capra, al ser una puesta de género, fue fundamental.

—Gabriela: Yo me apoyé en el equipo de cámara, no solo en Pedro Luque, también en el operador de cámara, el gaffer, los eléctricos. Gustavo trata de tener una actitud un poco distante en el rodaje para no empatizar demasiado con nosotros y para no sufrir por nosotros por lo que nos está pidiendo que actuemos, por lo tanto el fotógrafo se convierte en tu mejor amigo en el rodaje. Y además nosotros teníamos que iluminar con linternas como parte de la actuación, así que trabajamos la foto con él conjuntamente, era una gran coreografía.

—Agustín: También hay que destacar la sensibilidad de Pedro de unirse a tu trabajo e invisibilizarse con la cámara.

—¿Cómo era la puesta de cámara?

                                                                                                                                                                            —Agustín: De todas las formas que se te ocurran, casi no teníamos marcas de posición. En la mina y fuera había mucha cámara en mano y un foco complejo.

—¿Actuar con una puesta de cámara en mano es más complejo?

—Gabriela: Depende de quien sea el fotógrafo, en este caso fue un placer.

—Cada uno tiene en la película una escena climax de violencia psicológica y física, ¿cómo fueron esos rodajes?

—Mariana: Cada uno tuvo su día negro. Y ese día se trabajaba la escena más compleja. Mi día coincidió con el último del rodaje y te puedo decir que sentí miedo. Compartimos ese día con Agustín, fuimos a filmar al Parque Lecocq y no sé si eran los leones que rugían de noche o que ya estábamos realmente limados del rodaje, o que tenía que imaginar una escena en la que llueven autos del cielo arriba mío, que empezamos a sentir una presencia y nos mirábamos entre nosotros, "¿estás cagado como yo?"

—Agustín: Nunca sentimos miedo en las cuevas ni en la oscuridad del campo de Minas pero ese día fue raro, incluso Gustavo pidió que saliera de la cámara la persona que estaba y no había nadie.

—Gabriela: A mí me tocó una escena de violación pero no tuve problema porque soy una fetichista de la actuación y me encantan esas escenas donde uno se expone hasta la muerte, así que estaba esperando filmar esa escena. Tenía planeado en mi cabeza cómo iba a conducir la emoción en cada momento. El problema es que antes filmé una escena en la que reboto contra una pared y me pegué en la cabeza, me bajó la presión y tuvimos que parar el rodaje durante tres horas.

—¿Qué costó más? ¿Las lágrimas o los gritos?

—Mariana: A nosotras los gritos y a Agustín las lágrimas. El grito es lo más lejano a una. Y a mí se me rompen las copas del agudo entonces tenía que tener cuidado de no aturdir.

—Agustín: Y hay distintos tipos de gritos en la película, que luego tuvimos que grabar en doblaje y era muy difícil encontrar el registro. Además el doblaje es un arma de doble filo, puede desfavorecer tu actuación o no, depende de la concentración y de la capacidad de cada uno.

—Gabriela: También hay toda una gama de sollozos y de respiraciones. Eso es lo lindo del género: te permite entrar en el detalle técnico del sufrimiento.

—¿Le tienen miedo al público uruguayo?

—Mariana: Bastante, esta es la semana que venimos esperando desde hace dos años. Dios local es una película dura y el uruguayo no conecta con el dolor, es muy propio de nuestro país el mirar para el costado si ves a alguien sufriendo, y el espectador prefiere ir al cine a cagarse de la risa. A mí me encanta porque siento que me resuelvo yo también si veo una película donde se trabaja mucho la angustia. Igual la película la va a ir a ver el que se sienta atraído de verla. Irán muchos, o nuestras familias.

Mariana Olivera (26).

Actuó en La culpa del cordero, Relocos y repasados y en Historias de diván. Será conductora en Pop TV.

Agustín Urrutia (24).

Mucho teatro, realizó serie web Olivia, soy vos y actuó en Una bala para el Che, Frondoso edén del corazón y Adicciones TV.

Gabriela Freire (28).

Actuó en Adicciones TV, en el film 3 y junto a Leonardo Sbaraglia en Era el cielo y la serie de HBO El hipnotizador.

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