FACUNDO CAMPELO

Goleador de película

El protagonista de Mi mundial, la película que agotó entradas el fin de semana de su estreno, dice no tener idea cuando se le cuenta lo que pasa con la película. Es que Facundo Campelo, tiene otras preocupaciones (las notas, el fútbol, sus amigos) y eso no lo va a alterar un éxito de taquilla.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Facundo Campelo.

Facundo, con su hermana Sofía y su mamá Claudia (papá estaba trabajando) recibió a Sábado Show y contó cómo es eso de actuar, que va a estudiar ingeniería y de su récord de goles en un partido.

Lejos del movimiento y el comentario que está generando Mi mundial, Facundo Campelo, como todo quinceañero, tiene otras cosas en qué pensar. Pasar a quinto, por ejemplo, una opción que ve bastante factible con su promedio de nueve; quiere ser ingeniero. En el patio del colegio Misericordista, en el Cerrito de la Victoria a una cuadra de su casa, se ríe como uno más con sus compañeros, aunque en la entrada hay un poster de la película y el colegio celebró el acontecimiento cinematográfico y la participación de su alumno.

Facundo tiene 15 años aunque su cara de niño que se acentúa con esa sonrisa lo hace más chico. Y aunque no sabe cómo explicarlo todo ha sido nuevo desde que dos productoras lo ubicaron en una práctica de Montevideo Wandereres. Venían buscando protagonistas para la adaptación de un libro de Daniel Baldi sobre aspirante adolescente a astro del fútbol.

Así fue que Facundo se convirtió en Tito, el héroe de Mi mundial, la película dirigida por Carlos Morelli que se estrenó el jueves 22 y agotó todas sus funciones. Y sin quererlo terminó ensayando y luego filmando con actores como César Troncoso, Marcel Keoroglian, Verónica Perrotta y Néstor Guzzini. También está su coetánea, Candelaria Rienzi.

"Todos los actores eran re-bien", dice. Eso está perfecto pero nadie podía ayudarlo en las escenas que eran para su uso exclusivo: las de los partidos de fútbol.

"En una tuve que correr 60 metros y lo hicieron en cuatro planos y ocho veces cada uno. Y encima tenía que saltar una valla de más de un metro para festejar un gol", dice. "Volví con 20 kilos menos".

El casi mes y medio de rodaje "estuvo divertido". Y eso que fue entre octubre y diciembre del año pasado en tiempos de clase. "Eso sí, esos días estaba muerto".

"Con Facundo aprendí sobre ser honesto, sencillo y claro a la hora de comunicarme con mi crew y actores.", dice el director Carlos Morelli vía mail desde Alemania, donde vive. "Nunca olvidaré esa lección y e encantaría que viniera a Berlín a visitarme y que mis hijos lo pudieran conocer".

En Mi mundial se cuenta la historia de Tito, un niño pobre de un imaginario pueblo del interior; su padre (Guzzini) es un guardia de seguridad y los apuros económicos agobian a la familia (la madre es Perrotta). La solución parece venir del lado de un contratista brasileño que promete pases internacionales, aporta dinero y un apartamento en una ciudad muy parecida a Montevideo. Las inferiores de un club grande son territorio hostial para Tito, quien además empieza a abandonar los estudios (y una dragona del pueblo interpretado con dulzura por Rienzi), hacerse el importante y destratar a un padre en pleno debate moral Un giro en la historia le hará aprender una lección aunque todo va hacia un final emotivo y feliz.

Así, Mi mundial es una historia aleccionadora no sólo sobre un niño y sus ilusiones, sino también sobre el riesgo de que los padres depositen sus frustaciones y sus esperanzas en las piernas de su hijo. Morelli consigue lo que se propone: una película entretenida, bien lograda en sus aspiraciones y con un mensaje claro. Por ahí puede estar la razón de este éxito.

A sus compañeros del Misericordista, Facundo recién les avisó el día antes de empezar el rodaje. "Cuando les conté, se pusieron contentos", dice. "Capaz que hasta más que yo". La fueron a ver a un estreno especial y, aunque él tuvo que participar de una exhibición pactada con un sponsor, "a la salida nos fuimos todos a comer", dice. Por las dudas clara que "ese que está ahí en la pantalla no soy yo para nada", dice Facundo y se ve convencido. "Yo no soy tímido como el de la película". Además, a diferencia de un confundido Tito, Facundo nunca descuidó los estudios por el fútbol. "Al contrario, no me gusta andar mal. Siempre voy a hacer todo para seguir estudiando". A Claudia, su madre se la ve orgullosa.

"He visto varios que se piensan que van a ser cracks", dice Campelo con la suficiencia que le da la experiencia. "Y hay padres que si los niños hacen algo mal, los insultan; se enojan más los padres que los entrenadores".

Facundo había leído la novela cuando se editó hace seis años y como la película es una adaptación, "hay algunas cosas que faltan pero no son importantes: había más personajes, como yo que tenía cuatro hermanos".

"Cinco", corrige Sofía, su hermana de 10 años, quien está leyendo el libro en el tiempo que le deja la gimnasia artística, una disciplina que a juzgar por las piruetas que hace en el pasillo del colegio, le va muy bien. Como el fútbol a su hermano.

A Facundo no le interesaba la pelota hasta que cumplió cuatro años, y descubrió a Ronaldinho y quiso ser como él. Hoy (en realidad, aclara, "desde que jugaba en el Ajax") su ídolo es Luis Suárez, quién si no. Cómo aquel tiene talento para el gol como lo atestigua la pelota que le entregaron cuando le hizo siete goles a Rentistas, una anotación que, dice, aún es récord en la Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil. "Me salió todo en ese partido". Tiene, asegura, un promedio de un gol cada 30 minutos. "Le pega con las dos piernas", dice Claudia. "Y no lo digo porque sea la madre".

En el último año, por esas cosas del fútbol, tamaño artillero ha estado fuera de las canchas. Igual, espera el año que viene probarse en algún equipo. Mientras tanto su habitación está decorada con camisetas (es de Nacional), los trofeos y los retratos de todas las etapas de su carrera.

"Esto de actuar está bueno", dice, "pero el fútbol es el fútbol".

Opina el director.

"Facundo es un actor inteligente e intuitivo, capaz de comprender la esencia de las escenas muy rápidamente. Sus ojos y su mirada compleja e intensa (cargada de vida interior) terminó por transformar la composición plástica de la película en el rodaje y en el montaje: descubrimos que cuánto más cerca de sus ojos arrancáramos o termináramos los planos, más emocional y sentida sería la historia. Sus ojos son literalmente ventanas que nos permiten entender y sentir la historia", dijo Carlos Morelli, director de Mi mundial.

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