ENTREVISTA

Fiorella Bottaioli, modelo de actriz

El primer casting que hizo fue un desastre, pero no se desanimó y probó siete veces más hasta quedar en uno. Las publicidades le sirven para conseguir ingresos y seguir formándose como actriz, su real vocación. Audicionó en Argentina para una novela teen de Disney, y espera ansiosa ser elegida. 

Empezó en el mundo de la moda y sueña con brillar en la actuación
Empezó en el mundo de la moda y sueña con brillar en la actuación

"¿No te gustaría tocar un instrumento?", le preguntó su madre, y la mandó a Todomúsica con seis años para que tomara clases de piano. Fiorella Bottaioli aprendió las notas con colores y así empezó a conectar con su faceta artística. Hoy toca el piano "cada muerte de un obispo", pero dice que le sirve para descargarse cuando una situación la afecta.

Fue a clases de danza en la escuela de su tío desde los 5 a los 13 años. Preparaba coreografías de Florecienta y Chiquititas y le pedía a su padre que la grabara ensayándolas. Las tarjetas de memoria de aquella vieja filmadora están repletas de videos de Fiorella bailando.

Su vocación era actuar y nunca lo dudó. Empezó a hacer castings para publicidades con 17 años y en paralelo arrancó a estudiar teatro. En 2014 se inscribió en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM), pero a los tres meses de empezar las clases le surgió la posibilidad de concursar para ingresar al Centro Artístico de Selección de Telentos (Cast) de Telefé. Fue y vino de Buenos Aires en la primera etapa hasta que se decidió a armar las valijas e instalarse en la vecina orilla para focalizarse 100% en esta beca de seis meses donde se formó en canto, actuación y baile. Quedó en la base de datos de Telefé, así que cruza el charco bastante seguido con el fin de realizar distintos castings acordes a su perfil. Audicionó para Once Tiros (Pol-Ka) y no quedó. El último que hizo fue para interpretar a una joven de 18 años llamada Jazmín en una tira adolescente que se verá en toda América Latina por Disney Channel a partir de 2018.

Su primer casting resultó una mala experiencia. Tenía 16 años, fue con su hermano mayor y le tocó hacer una escena donde hablaba con su novio enojada. "Fue un desastre. No quedé y salí muy frustrada", dice. Audicionó ocho veces más antes de quedar elegida para Salus. La publicidad le ha dado buenos ingresos para poder moverse y seguir formándose como actriz. Desde hace un tiempo ya no la llaman solo por ser "una cara linda o poner una buena sonrisa" sino por otras cuestiones vinculadas a lo actoral. Fiorella dice que el modelaje le aporta un plus a su carrera.

—No comparto mucho lo que es el mundo de la moda. En algunas producciones me han dicho que estoy un poco pasada de peso y siempre contesto que no voy a hacer dieta según lo que ellos pidan. Estoy centrada en formarme como actriz. Decidí hacer talleres de actuación en vez de la carrera porque también necesito tiempo para trabajar. Estoy estudiando en la Escuela del Actor y en la Escuela de Cine Dodecá. Más allá de que me llegue una propuesta para una súper marca con un buen cachet, si no me valoran como persona no acepto.

—Filmaste una cantidad de publicidades para marcas muy importantes, ¿siempre te sentiste linda?

—No, trabajo mi seguridad día a día. Sé que doy la imagen de una persona creída que se lleva el mundo por delante. Muchas veces me siento linda y segura, pero hay días que me levanto y digo, hoy no. Siempre hay subidas y bajadas. En 2015 hice bastante moda, estaba un poquito más flaca, estilizada, y empecé a tener cierto conflicto con mi estatura. Mido 1,62 y usaba plataformas siempre. Cuando retomé contacto con el teatro me di cuenta de que uno tiene que aceptarse como es.

Luz, cámara, acción.

El primer rol que interpretó fue en la película Tan frágil como un segundo (Santiago Ventura, 2015). Le tocó un personaje muy similar a quien es ella en la vida real: una chica de 16 años, muy dada y extrovertida, que iba al Liceo Francés, hacía castings como modelo, y sus padres estaban en una buena posición económica.

Fiorella estudiaba en la escuela de Franklin Rodríguez en esa época y era alumna de Delfi Galbiati. Él la recomendó al director, Santiago Ventura, porque daba perfecto con el perfil físico que pretendían (una chica castaña y de ojos claros). "Cuando pasé a la instancia del casting con letra y actuación se dieron cuenta de que el personaje que ellos buscaban era mi persona. Pero después quise sentar cabeza y estudiar porque no siempre me iba a tocar hacer de mí misma", reconoce.

—¿Te gustó verte en esa primera película?

—Fui con mi hermano al avant premiere. Fue una sensación extraña. Soy muy exigente conmigo misma y no me encantó. Nunca me deja conforme lo que hago, siempre pienso que puedo dar más.

—Esa chica que encarnaste en Tan frágil como un segundo soñaba con ser modelo e irse a Europa, ¿vos también?

—No soñaba con eso pero a los 18 años, que era la edad que tenía cuando grabé la película, no contaba con la madurez suficiente o las ganas de crecer que sí tengo ahora. Hoy me siento en otra sintonía. En ese momento idealizaba más el modelaje y la publicidad. Pero me di cuenta de que hacer televisión no significa nada: te da exposición, pero es un trabajo más.

La segunda experiencia de Fiorella en la pantalla grande fue con el filme en blanco y negro Ojos grises (Santiago Ventura) que se estrena en 2018. Hizo el casting para encarnar a una villana y una moza subordinada, pero empatizó más con el segundo rol y quedó en ese.

—¿Se construye la relación con la cámara, incluso en publicidad?

—Sí, yo creo que lo bueno es estar siempre activo,. Dejás de ir un tiempo a castings y te da un poco de cosita. Podés acostumbrarte más a la situación, pero nunca se pierden los nervios, y es bueno que eso pase.

—¿En qué pensás cuando salís de un casting?

—Podría haber hecho esto, por qué no hice esto otro. En publicidad no depende mucho de uno: hay un cliente y una agencia por detrás que quizá no consideran la actuación y sí se fijan que tenés un lunar y no les gusta. Cuando audicionó para películas, tiras o cortos intento prepararlos lo más que puedo y me voy siempre con ganas de más.

—¿Quedás ansiosa al salir?

—Muy ansiosa. Soy un saco de nervios. La perseverancia es fundamental en esto. Acá el mercado es muy acotado, pensás en irte a otro país, pero no sabés si jugártela, dejar todo, si te va a ir bien o no. Te empiezan a surgir una cantidad de dudas y decís, tendré que dedicarme a las ocho horas y chau. Pero nunca me pasó al punto de aplicarlo. Siempre seguí adelante.

—¿Pensaste en quedarte en Argentina, por ejemplo?

—Fui con 19 años, era chica y extrañé a mi familia y amigos. Sé que es un mejor mercado, me abriría muchas puertas porque tendría oportunidad de hacer más castings pero soy muy casera. Aunque si me surgiera una oportunidad laboral me iría sin pensarlo.

Evolución.

Fiorella tuvo su primera experiencia teatral meses atrás en una muestra y le resultó mágico. Construyó un personaje introvertido, bien distinto a ella, y se sintió muy cómoda. En el segundo semestre interpretará a Irina en Las tres hermanas, de Chéjov.

—Filmaste el corto Barcos de papel como parte de un trabajo para Dodecá. Tenía una carga emocional intensa y vos ponías en un post que recordabas la sensación durante el momento que decían, corte, ¿cómo fue?

—Fue un intenso proceso de preparación que duró cuatro meses. Lo que escribí fue real: escuché "corte" y sentí alivio, una descarga emocional, ya está, ya pasó. La emoción es un músculo y desarrollar la sensibilidad requiere ejercitarse. Tuve que transitar en cinco minutos la soberbia, el enojo, la tristeza y la tranquilidad de esa chica se suicidaría e iba a estar todo bien porque ella estaba segura de querer hacerlo.

—Tuviste que transmitir una cantidad de emociones y a la vez convencer, ¿cómo lo construiste?

—En ese momento me entregué. Estuvo bueno el resultado porque lo ensayé mucho. En esos meses me preparé mucho con música que me movilizara. Estar conectada con el director (Santiago Ventura) era fundamental. Cuando terminé de hacer el monólogo me mantuve en el estado. Tenía los ojos cerrados, conecté con el director y él me dijo, seguí en esa. No lo miré y nos mantuvimos los dos en ese mundo que habíamos creado. Con esa improvisación cerramos el corto y fue lo mejor.

—¿Qué tan creativa sos vos en la vida cotidiana, más allá de lo profesional?

—Soy más receptiva que creativa. Quizá no se me ocurre la mejor idea del mundo, pero me das un cuadro y lo puedo copiar y pintar. Hice un taller de arte plástico mientras cursaba el bachillerato artístico, y me gustaría retomar en algún momento.

—Soñabas con ser actriz y convertirte en alguien popular, ¿seguís teniendo ese anhelo?

—Si vuelvo a conectar con esa chica de 19 sí quería eso. Pero siento que es vacío. Sé que me va a nutrir más ser Irina en Las tres hermanas que hacer a una chica superficial para una tira adolescente. Pero Disney Channel me da una gran estabilidad económica, la chance de ganar visibilidad y de que se me abran otras puertas.

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