ENTREVISTA

Ernestina Pais: "Mi trabajo precisa que yo sea inmadura"

Su inimitable vozarrón y simpática desfachatez se hacen notar por los pasillos del Hotel Radisson. Ernestina Pais ruega para conservar unos lentes rojos que se encontró en la decoración del hotel y le quedan al dedillo.Esa espontaneidad que la caracteriza se mantiene luego en la entrevista con Sábado Show, donde hace gala de su verborragia para hablar de su joven novio que conoció en Uruguay, su experiencia en Bailando por un Sueño, la forma de la que venció los ataques de pánico y su nuevo rol como actriz que la trae este fin de semana a Montevideo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ernestina Pais.

—Integrás el elenco de Menopausia Show (se presenta esta noche en el Teatro Metro de Montevideo), ¿cómo te estás llevando con el escenario?

—Yo con él me llevo bárbaro, hay que ver cómo se lleva el escenario conmigo... Si gente de la trayectoria de María Valenzuela, Manuel González Gil o Marta González me dice que lo hago bien, calculo que debe ser cierto. Para mí es fácil en el sentido de que toda la vida le hablé a la gente. La diferencia está en verles la cara, pero yo también ya había hecho la conducción de eventos con mucho público, entonces no le tenía ese miedo al escenario que le puede tener mucha gente que trabaja en televisión. Lo más difícil de llevar es el cansancio de la gira, pero estoy muy contenta. Encontrar en el teatro un reducto para poder decir lo que quiero es una bendición.

—La sinopsis de la obra se refiere a la menopausia como la etapa "tan temida", ¿para vos es así?

—Es temida porque viene de la mano de la vejez, pero yo estoy totalmente en contra de considerar la edad como algo como que defina a una persona. Cuando hablo de que estoy de novia enseguida me dicen "¡tiene 25 años!". No importa qué hace, si es un hijo de p… o no: lo que importa es que tiene 25 años. A mí la edad no me define. Yo tengo 45 años pero soy una inmadura porque mi trabajo requiere eso. El periodista necesita tener la curiosidad de un niño. Si a uno ya no lo sorprende la vida en nada, ¿para qué es periodista?

Integra <b>Menopausia Show</b> junto a María Carámbula, Divina Gloria, Marta González y María Valenzuela. Se presenta en el Teatro Metro de Montevideo hoy a las 20.30 horas.
Integra Menopausia Show junto a María Carámbula, Divina Gloria, Marta González y María Valenzuela. Se presenta en el Teatro Metro de Montevideo hoy a las 20.30 horas.

—Hablando de tu novio, lo conociste en Uruguay…

—Sí, en La Pedrera, donde veraneo hace 14 años. Fue en el restaurante Costa Brava: yo estaba fumando un cigarrillo en la puerta y a él no los dejaban comer adentro porque estaba con una perra. Yo le ofrecí atarla a mi mesa y cuando él salió del restaurante con sus amigos me invitaron una cerveza. Nos quedamos charlando y desde ahí no nos despegamos más.

—¿Se le hizo difícil encararte?

—Es que si vamos a los hechos, la que lo encaró fui yo. Sé que hay como un imaginario de que soy una tipa brava, pero no es así en lo más mínimo. Soy súper tranquila y comprensiva. En mi vida esto fue una nueva oportunidad porque me volví a enamorar después de tres años de estar sola.

—¿Y cómo definís esta etapa profesional con menos exposición pública pero animándote a nuevos rubros?

—Estoy en un gran momento. La exposición es enorme porque en el escenario a uno se le siente hasta la respiración, solo que es ante 400 personas que pagan su entrada. Y eso es impresionante. Yo hice programas de mucho rating pero la gente prende la tele y es gratis. Lo que pienso en teatro es: "qué milagro que estas 600 personas paguen la entrada para vernos". Es una responsabilidad enorme y yo trato de hacerle honor a esa responsabilidad.

—A lo largo de tu carrera televisiva enfrentaste varios desafíos complejos, ¿cuál recordás como el más difícil?

—¡No me dejaron una! Tomar la conducción de Guinzburg fue la situación más difícil de mi vida. Ver morir a tu mejor amigo cuando estás trabajando con él no es algo lindo. Cuando viví la situación de Jorge, a mí me tocaba enterarme de los partes médicos, y a veces eran esperanzadores y a veces no. Y yo me tenía que volver a calzar la sonrisa. Eso fue muy difícil para mí.

—¿Cómo hacías para manejarlo al aire?

—Yo me negaba a mí misma que Jorge estuviera enfermo. Entonces yo llegaba al canal y decía "¿Hoy Jorge no vino?, ¡ay, este Jorge…!". Me negaba lo que estaba pasando porque era la única forma de tener fuerzas para sentarme ahí y cag… de risa en el programa. Yo me creía que Jorge se curaba, al punto de que cuando se murió yo tampoco me lo esperaba aunque estuviera al tanto de todo. Fue un golpe muy duro.

—Guinzburg murió justo antes que se instalara la coyuntura política de "la grieta". ¿Cómo creés que la hubiera interpretado?

—Jorge hubiese sido una persona brillante en el análisis de la grieta. Se hubiera reído mucho de las cosas que pasaron y nos hubiese hecho reflexionar a través de la risa. Y la vez hubiese sido implacable. Jorge era un tipo independiente de pensamiento. Muy independiente.

—¿Te sirvió para algo estar en Bailando por un Sueño?

—Sí. Me sirvió para volver a conectarme con el cuerpo después de tener ataques de pánico. Los ataques de pánico no son solamente mentales, tienen una carga física muy grande. Yo tuve el cuerpo muy atrofiado: subía una escalera y me quedaba sin aire. Estaba casi lisiada, y siempre había sido una persona hiperactiva. Estuve mucho tiempo deprimida sin poder salir de la cama, y cuando me volví a mover mi cuerpo era otro. Showmatch fue volver a conectarme con el entrenamiento que siempre había tenido. Me terminó de sacar de los ataques de pánico. Y me sirvió para dejar claro públicamente que yo ya estaba bien. Yo ya había vuelto a la tele con el programa En Estéreo y también a la radio, pero Showmatch si no estás centrado no lo podés hacer. Enseguida se nota y se entera todo el mundo. Y yo estuve cinco meses impecable en el certamen. Además cumplimos el sueño. Todas las cosas que podían salir bien salieron bien.

—¿Te preocupaba que te dejaran de contratar por haber pasado por ataques de pánico?

—Durante tres años me ofrecían cosas pero yo misma no me sentía en condiciones de enfrentar esos desafíos. No tenía ganas. Me fui fortaleciendo con el tiempo.

—¿Cuál dirías que fue la clave para salir de aquella situación?

—Parar. El ataque de pánico avisa que tenés que resetear tu máquina. El primer signo de salud que tuve fue renunciar al programa en el que estaba (Desayuno americano). Eso implicaba que a mí me importaba más mi salud que estar en pantalla a cualquier costo. Yo soy híper profesional, pero ahora sé cuáles cosas no puedo hacer. Antes yo estaba a cualquier costo porque desde mi infancia con la desaparición de mi padre fui acumulando una fortaleza que no era natural. Y un día exploté.

—¿Cómo evaluás la situación política en Argentina tras un año y medio del gobierno de Macri y a poco de elecciones legislativas?

—En una transición de un modelo a otro siempre hay crisis. Me da pena que la crisis demore tanto en solucionarse. Todas las medidas que se toman tienen efectos a largo plazo pero en el mediano se tiene que poder vivir, y hay gente que se cayó del sistema. En el kirchnerismo había una economía inventada, pero en el macrismo hay una inventada de otra forma. Quiero creer que es una evolución hacia algo mejor.

—Fuiste una de las conductoras del emblemático CQC, ¿por qué no hay un programa así al aire ahora?

—Lo que pasa es que hoy los dueños de los canales tienen claros intereses políticos. ¿Cómo le pegás al dueño de tu canal?, ¿cómo hacés humor libre así? La esperanza está en la libertad en internet. El futuro del humor político podría llegar a estar ahí.

—¿Cómo ves la trascendencia que cobró el movimiento "Ni una menos"?

—Es interesantísimo. Pero hay personajes femeninos que banalizan el tema como pasó con los desaparecidos. Cuando se utiliza un discurso desde un lugar deshonesto se termina banalizando. Si hay una mujer que dice que fue maltratada por su novio y después se descubre que es mentira, en una sociedad machista eso sirve de excusa para que la gente no crea que está pasando eso de verdad. Es un espanto el sobreuso del discurso porque lo vacía de contenido.

—¿Quién banalizó el discurso de la lucha por los desaparecidos?

—Me refiero a Schoklender, a Hebe de Bonafini, a hablar de los "goles desaparecidos" cuando pagábamos Fútbol para Todos (NdeR: es una alusión a un discurso de Cristina Fernández). No hay que banalizar luchas tan importantes como las de los derechos humanos porque hay personas que lucharon en serio y se ven involucradas con estas porquerías.

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