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Diego Soto debutó como director de teatro con el pie derecho

No sabía que tenía habilidades como dramaturgo hasta que se enfrentó a una crisis laboral. Diego Soto había dirigido varias ficciones en Canal 10 y de un día para el otro esa racha se cortó.Hizo el duelo y decidió volcar todo lo aprendido en TV junto al “maestro y ahora amigo” Eduardo Ripari en un proyecto teatral. Así empezó a gestarse Inquina, obra que escribió y dirige. La última chance para verla es el miércoles 22 de marzo a las 21:00 en la Sala Verdi

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Diego Soto, director de "Inquina"

Llevaba cuatro años como director de ficción en Canal 10 (Porque te quiero así 2, Bienes gananciales y Somos). Ahí conoció al argentino Eduardo Ripari, absorbió mucho de su experiencia, le robó piques y se hicieron amigos. Se armó un grupo de trabajo y Diego Soto aprendió un montón. Estaba feliz porque se desempeñaba en lo que le gustaba y para lo que se había preparado.

De un día para el otro la alegría mutó. La gerencia de Saeta optó por dejar de apostar a la ficción, así que Diego y el resto del equipo volvieron a hacer programas convencionales de televisión. Esta decisión empresarial le valió algunos meses de duelo y lo empujó a meterse de lleno en un proyecto personal con el fin de volcar sus ganas de hacer ficción en otro espacio.

Primero pensó en la posibilidad de meterse en el cine. Realizó un par de intentos pero se frustraron en el camino por falta de tiempo y dinero.

Entonces se le ocurrió que podía fusionar el lenguaje audiovisual con el teatro. Nunca había coqueteado con esta rama artística pero se animó: "Un director es un director en televisión, teatro o cine, igual que un actor o un productor", pensó. Y dio el paso.

Arrancó a escribir la dramaturgia de Inquina en marzo de 2014 sin saber qué destino le depararía a ese material. Después de un año y medio de redactar en soledad se animó a mostrárselo a su amigo Robert Moré, que también es actor y director de teatro.

"Tenía un poco de miedo de que la gente del teatro se sintiera invadida, entonces decidí hablar con Moré. Negro, escribí algo que quiero que leas, le dije. Se lo mandé y a la semana estaba en casa con el libreto impreso. Me dijo que le gustaba la idea pero que si apuntaba a lo audiovisual le faltaba pila porque él veía una obra de teatro con proyecciones", cuenta Diego.

Hizo caso al consejo y reescribió Inquina en dos meses. Le sumó filmación, mapping y música en vivo. Hoy esos recursos marcan la diferencia en la cartelera: se enmarca como una obra original y atractiva.

Un día le pidió a su amiga Julieta Negrín que se encargara de producir la obra. "Estás loco. Nunca hice nada de teatro", le dijo ella. "Yo tampoco. Estamos a mano", contestó Diego. Después de esa charla que duró diez minutos en la puerta de Canal 10, Julieta tomó cartas en el asunto y registró la obra. "Así arrancó esta locura", recuerda él.

El director y autor de Inquina tenía pendiente un proyecto con su hermano Nicolás, así que le mostró el texto y lo invitó a que se encargara de la dirección de fotografía y que tocara la música en vivo para la obra. Además se dio el lujo de incluir a sus hijos, Octavio (15) y Miranda (14), en las escenas filmadas.

Inquina se estrenó en setiembre en la Sala Verdi y fue un éxito: la vieron más de dos mil personas. Gustavo Zidán, director de la Verdi, los elogió: "ustedes traen gente que nunca había visto en teatro". Y les propuso re estrenar el 14, 15, 16 y 22 de marzo. "Estoy sorprendido y feliz. Nos impulsa y deja la puerta abierta para otro proyecto que queramos hacer pronto", cierra Diego.

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