EN EL BACKSTAGE DE LA FINAL DE MASTERCHEF

El corazón de la cocina

Selfies, videos, abrazos, papeles plateados, conversaciones eufóricas, reencuentros emotivos, entrevistas, sueños cumplidos, amigos impensados, aplausos, gritos.La final de MasterChef acaba de terminar y la famosa cocina se llena de todo eso, en el último tramo de una velada emotiva que consagró a Nilson Viazzo pero que vio cómo el resultado final hizo que decenas de personas fueran partícipes de una felicidad compartida. Esta es una crónica de la primera hora tras el final de un reality que se convirtió en evento nacional y que bajó cortina para preparar con tranquilidad una segunda temporada que busca mantener la pasión.

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Nilson, el campén de MasterChef. Foto: Fernando Ponzetto

Las luces encandilan, el ruido por momentos ensordece, el piso brilla cubierto por una capa de papelitos plateados, y una pequeña multitud celebra y sonríe. La primera temporada de MasterChef Uruguay acaba de terminar con un último capítulo en vivo, y en la cocina más famosa de la televisión nacional hay un montón de gente. Están las cámaras de Canal 10 y las principales figuras de sus programas haciendo notas, hay más medios de prensa, influencers que transmiten en vivo para las redes sociales, familiares y buena parte del equipo del programa.

A mitad de la sala, la francesa Chantal Tuttle, la primera eliminada del reality, conversa con su compatriota Laurent Lainé, el jurado que durante la transmisión de la final confesó que nunca pensó que caminando por las calles montevideanas, se iba a cruzar con gente que le iba a gritar: "¡Está cgudo!", imitando su singular acento.

Amparo Pereira, otra de las concursantes, camina de acá para allá con ese andar nervioso que mostró en la pantalla y que la llevó a ser uno de los personajes más queridos del ciclo. Teléfono en mano va haciendo transmisiones para sus redes sociales, filma videos, se saca selfies con algunos de sus compañeros y se convierte en una especie de paparazzi amateur.

Martín Méndez, el último en abandonar el reality previo a la final, también está con su celular tratando de sacarse la deseada foto con Nilson. Con una camisa floreada que le costó algunos chistes de Diego González, espera al ganador que está dando una entrevista y que, cuando lo ve, lo abraza y aprovecha para hablar de los muchos amigos que se llevó del programa. Al final posan juntos, trofeo en mano, y lo muerden como hace el tenista Rafael Nadal con las copas que gana. A los fotógrafos les encanta la imagen y disparan una, dos, tres veces ese flash que no se detiene; a dos técnicos del programa también y vienen en busca de esa misma postal, mientras un fanático adolescente, una señora y otros dos personajes del reality, Danilo Britos (el chico de las rastas) y Gonzalo Teixeira (el del famoso huevo-mate que fue furor en las redes), esperan para posar junto al hombre de la noche.

A pocos metros Leticia Cicero, con su sonrisa amplia, conversa tranquilamente con su marido mientras los niños corren alrededor. Parece aislada de la locura que está sucediendo y muy entusiasmada tanto por haber sido la finalista como por el triunfo de Nilson. "Era el competidor que quería que ganara, obviamente si no ganaba yo", comenta entre risas.

"Para mí fue todo positivo hasta acá", afirma esta ingeniera química de Libertad que vio cómo su vida cambió gracias a la televisión. "Uno entra con muchos miedos y en el proceso vas aflojándote al estar frente a las cámaras. Darme cuenta de que los miedos se superan y que te desafiás a vos mismo dándote cuenta que podés con eso, fue una muy buena apuesta", dice.

"Y si bien sabés cómo son los realities, entrás a algo desconocido. Pero acá se generó un grupo precioso, me sentí muy cómoda y lo viví siendo consciente de que era un reality, pero tratando de divertirme en cada competencia y de tener compañerismo. Que en mi caso, es como soy yo", añade con una sonrisa antes de hablar de sus planes a futuro. Piensa en dar clases para niños, un lugar al que se está inclinando naturalmente con la intención de "volver a la cocina de hogar". "La cocina y la química están muy relacionadas entonces no voy a dejar eso de lado. Pero dedicarme a la gastronomía es una meta", afirma.

MasterChef, dicen, les cambió la vida y eso se extiende a los participantes, al jurado e incluso al canal, que le dio un sacudón a la televisión uruguaya con un éxito impensado. En esa cocina que tiene ánimo de fiesta hicieron historia, y lo celebran con una foto grupal, que representa al equipo ganador aún cuando Nilson no llegó a tiempo.

Otras voces.

El conductor Diego González pasa y comenta con alguien que ahora toca festejar. En un rincón, varios le cantan a alguien el Feliz Cumpleaños y en otro rincón, Ana María Fiorentín, la ama de casa que brilló en esta competencia, cuenta que se fue feliz y que sigue aplicando todos los conocimientos adquiridos. "Fueron aprendizajes que tendré para toda la vida, eso y la amistad que hicimos entre todos. Porque no fue un grupo que estuviera compitiendo mal; nos ayudábamos mucho, no éramos como en otros realities que uno ve, que se apagan las hornallas al pasar, que le tiran algo. No, nosotros somos uruguayos, no somos así", reflexiona.

Más tarde, la jurado Lucía Soria recordará que la primera vez que vio a Nilson sintió "que estaba muy interesado en participar y que le había puesto mucho cariño a lo que había hecho. Había traído una ternera de Florida, la envolvió, se preocupó y eso fue un gran inicio para él". "Fue muy bueno que terminaran estos cuatro finalistas", agrega y confiesa que disfrutó mucho este primer ciclo, aunque también está contenta de que haya terminado para poder enfocarse ya en la segunda temporada, que va tomando forma.

La cocina, ya casi vacía y con las luces a medio apagar, deberá prepararse para volver a este ritmo que la tuvo como protagonista de la televisión uruguaya desde abril, para volver a recibir a una cantidad de cocineros amateurs con intenciones de ser profesionales. Mientras, los que hicieron esta primera temporada se saludan, se abrazan, comparten las últimas charlas y cierran un ciclo que sí, les cambió la vida: los hizo populares, los ayudó a acercarse o a cumplir un sueño y les dio nuevos amigos. Eso, en esta especie de fiesta final, es lo que queda más claro.

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