Historia de vida

Carolina Grewal, la modelo uruguaya del otro lado del mundo

Oriunda de Rafael Perazza (San José), la morocha oriental está instalada en la populosa ciudad de Bombay, donde ha formado una familia. Es esposa del también modelo y actor Jatin Grewal y aquí habla de los avatares de un matrimonio por amor y no por arreglo familiar, como es la costumbre en aquel país. Reconoce que extraña y cuida la poca yerba de la que dispone como un tesoro en un país donde el asado es ilegal y abundan las culturas y los prejuicios. "Todos los días te enfrentas a nuevos retos, todo es complejo y caótico, es una lucha cotidiana pero que te enriquece y hace fuerte". Conocé su historia.

Carolina Grewal
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Hace siete años, una modelo oriunda de Rafael Perazza (San José) partió con rumbo a lo desconocido. Carolina Bentancor, tal su nombre de soltera (hoy su apellido es Grewal) quería hacer carrera en India y desembarcó en la enorme y caótica ciudad de Bombay o Mumbai, como también se le llama. 

Allí comenzó a deslumbrar en la pasarela y conoció a su actual esposo, el también modelo y actor de Bollywood Jatin Grewal. Se casaron en una rara unión por amor y no por conveniencia familiar, como es habitual en aquel país. Hoy Carolina es madre, sigue trabajando en un país cargado de prejuicios y cuida la yerba como un tesoro. El asado, por lo demás, es ilegal.

—¿De qué manera se dio tu llegada a India?

—Llegué a fines de 2008 a Mumbai. Quería conocer el país y ninguno de mis scouters me estaban mandando y... decidí buscarme una agencia solita y seguir mi instinto. Hoy trabajo como modelo, soy mamá y ayudo a mi hermano con exportaciones a Uruguay.

—Eres de San José, ¿cómo se despertó tu vocación por el modelaje?

—Sí, soy del departamento de San José, de un pueblito llamado Rafael Perazza sobre la ruta 1, a 72 kilómetros de Montevideo. Recuerdo ser la más alta de mis amigas y era tan, tan delgada que no tenía una buena postura y me encorvaba para quedar a la altura de ellas. Mi mamá estaba muy preocupada y cuando cumplí 15 años llamó a todos lados intentando encontrar a alguien que me enseñara a caminar y tener buena postura. Al principio fue por una necesidad. Estudié con Silvia Holly y esa mujer tan elegante despertó en mí las ganas de ser modelo. Eso fue en 2006. Termine mi curso y en Uruguay solo había trabajo para las modelos ya establecidas que eran todas mayores. Conseguí un scouter internacional y gracias a mi mamá, que siempre me apoyo, comencé a viajar. Primero estuve en China, Tailandia, Hong Kong, Filipinas, Turquía, y finalmente India.

—¿Qué características tiene el ambiente de la moda y los modelos en India? ¿Qué diferencias encontrás con Uruguay?

—Aquí el mundo de la moda va de la mano con Bollywood. Los desfiles son solo de novias o alta costura. También de joyas. Por lo demás, los modelos son todos iguales en todas partes... Aquí son muy ambiciosos, se creen mejor que todos y trabajan muy duro en su imagen. Con respecto a Uruguay, no puedo opinar porque no tuve experiencia y fue hace muchos años pero conociendo a los uruguayos seguro que somos más humildes.

—¿Hay más o menos prejuicios respecto a esa profesión en cuanto a que se dice que es frívola y que se le da excesiva importancia a la imagen?

—Aquí caemos en la gran confusión. La población es muy prejuiciosa pero es entendible porque India como país tiene muchas culturas distintas. Además, toda la población tiene un sentimiento de inferioridad con relación al color de piel. Se gasta mucho dinero en torno a mejorar la imagen. Los modelos somos invitados a muchos eventos vip solo por lucir bien. Desde políticos a gente de negocios quieren verse rodeados de modelos.

—Has formado una familia en India, ¿cómo conociste a tu esposo, Jatin Grewal, que también es modelo y actor?

—Sí, él fue mister India y es actor, aunque ahora se dedica más a los negocios. La historia de cómo nos conocimos es algo cómica, ya que yo seguía en Facebook un perfil con su foto pero era un perfil trucho y a mí me parecía muy atractivo. Él me vio en una fiesta (algo de lo que yo no me enteré) y luego me buscó por todas las agencias en Mumbai hasta dar conmigo y me recomendó para un desfile. Nos conocimos ese día. Y nos vimos un par de veces. Pero yo siempre con la cabeza dura de que si no era serio, no quería saber de nada. Los dos teníamos las mismas intenciones: queríamos ser padres y pensábamos igual de que no importa cuánto tiempo conozcas a la persona: si el destino configura para estar juntos, lo vamos a estar. Nosotros optamos por no tener valijas del pasado y nos casamos a los cuatro meses de conocernos. Digamos que fue amor a primera vista.

—¿Cómo se dio el proceso de choque cultural con tu esposo y su familia?

—Nos casamos hace seis años. No era muy común en esa época ya que la mayoría de los casamientos aquí son arreglados por las familias y casi no se aceptan uniones por amor. Una de las cosas que jugó un rol fundamental para que mi marido me eligiera y para que su familia me aceptara fue que yo jamás en toda mi carrera acepté trabajos en bikini o ropa reveladora. Esa fue siempre mi condición. Para mí fue ventajoso porque al ser más conservadora el choque cultural no fue tan grande. Me casé muy joven; tenía 19 años. Pero con la cabeza sobre los pies gracias a la educación de mis padres.

—¿Qué es lo más positivo de vivir en India?

—Lo más maravilloso de India es que nunca te puedes aburrir de aquí. El país tiene tantas culturas, cada estado de India habla un idioma diferente; tienen vestimentas diferentes, encuentras todas las religiones del mundo en tan sólo un país. Ni que hablar de la cocina: hay tanta deliciosa variedad. Caminar es un conocimiento continuo y también desafiante. Todos los días te enfrentas a nuevos retos, todo es complejo y caótico, es una lucha cotidiana pero que te enriquece y hace fuerte.

—¿Y lo más desventajoso?

—Lo negativo es que no valoran a la mujer. Y tienen una mala imagen de los extranjeros ya que somos más liberales. Como hay tantas culturas tienes que actuar con cuidado frente a cierta gente porque tienen sus costumbres y tú eres el que se tiene que adaptar a ellos. Eso ha sido lo más difícil de mi vida en India.

—¿Y el idioma?

—Nunca me senté a estudiar hindi pero al tener que valerme sola uno va escuchando, preguntando y aprendiendo. Hoy lo manejo con naturalidad.

—¿En qué crees que te cambió vivir en una sociedad y una cultura tan diferente a la uruguaya?

—Estando aquí aprendí que cada uno tiene una forma de vivir y opiniones diferentes que son válidas y que nadie tiene derecho a justificar. También que una mujer es sexy por cómo se maneja en la vida y sale adelante sin temores y no por el escote que luzca.

—¿Eres religiosa?

—No sigo ninguna religión en particular, pero soy muy espiritual. Tengo mucha fe en Dios, que sí creo que existe, aunque no lo categorizo bajo ningún nombre.

—¿Esperabas en tu infancia y adolescencia en Uruguay que tu vida iba a dar ese giro?

—Recuerdo de pequeña siempre ir feliz a mis clases de inglés y decirle a mis padres que de grande quería ser algo que me permitiera viajar por el mundo. Así que de alguna manera le mandé el mensaje al universo de que quería esto.

—¿Qué sabe tu entorno (familia, amigos) de Uruguay?

—La familia de mi marido ha buscado fotos por Internet pero el resto ni sabían que Uruguay existía y no se interesan mucho.

—¿Mantienes algún tipo de "tradición" uruguaya?

—Sí, tengo mi mate aunque no tomo frecuentemente ya que cuido mucho la yerba de la que dispongo. Aquí no la puedo comprar. Un asado imposible, porque la carne vacuna es ilegal pero miro fotos de amigos y me imagino que yo también estoy ahí disfrutando de un domingo familiero. Lo que más me acerca a mi país es la música. Sé todas las canciones más nuevas de las bandas uruguayas. Todo el día suena música uruguaya en casa.

—¿Tienes amistad con otros uruguayos en India?

—No tengo noción de otros uruguayos por aquí. Sólo práctico el español con mi mejor amiga que es mexicana.

—¿Conservas familiares en Uruguay? ¿Con qué frecuencia vienes?

—Mi familia vive toda en Uruguay. Fui dos años consecutivos en el verano pero ahora mi hija comenzó la escuela y este año no pude ir.

—¿Qué es lo que más extrañas? ¿Piensas regresar en algún momento?

—Extraño muchísimo, algunos días más que otros. Extraño la rambla, las playas, la gente humilde. En Uruguay no hay tanta discriminación por clases sociales. El "buen día" y las "gracias". Esas palabras tan bonitas de escuchar. De todos modos, volver a Uruguay creo que sólo será por vacaciones. Mi esposo no habla español y no podría adaptarse a vivir en Uruguay. Y aquí él ya tiene su vida formada.

—¿Cuáles son tus próximos sueños? ¿Qué objetivos tienes como modelo y en lo personal?

—En lo profesional me gustaría poder de alguna manera mostrar la India a los uruguayos, quizá algún día ese sueño se haga realidad. Y en lo personal poder enseñar a mi hija los valores uruguayos con los que crecí. Sería un sueño para mí que mi mamá se venga a vivir con nosotros y que pueda ver crecer a su nieta.

Vida amorosa.

Se casó a los 19 años con el modelo y actor, Jatin Grewal, que ahora está más dedicado a los negocios. "Para que él si su familia me aceptaran fue fundamental que nunca había aceptado hacer trabajos en bikini y ropa reveladora", confiesa Carolina.

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