Boliches: la música del bar

Boliches, el corazón del barrio podría explicarse como una serie documental televisiva sobre la nostalgia; nostalgia de un pasado en el que los bares eran bastiones barriales y nostalgia de no haberlo vivido.

Foto: Germán Nocella.

Mariángel Solomita |

"Me gustaría mucho tener un lugar así", dice Andrés Varela, director, "a varios de estos personajes los envidio mucho porque yo fui educado en ese ambiente y ahora ya no lo tengo".

Del otro lado del teléfono Alex cuenta parte de su historia con el bar Smidel: "Yo había tenido un bar como este hacía 30 años, se llamaba Cervecería La Curva pero todos lo llamaban La Cueva. En la acera de enfrente estaba el Smidel y éramos amigos los dueños, nos visitábamos mutuamente. Un día no me renuevan el contrato de alquiler y cierro el bar, me pongo a trabajar en un taxi, al tiempo paso a saludar y me dicen `justo que viniste, quedate vos con el bar`. El dueño había hecho bastante plata y estaba viejo y las hijas lo querían cerrar y justo caí yo, como llovido del cielo. Mi trabajo en el otro bar era muy distinto, yo era nochero, no había ni puerta en ese lugar, era otra época de la Curva de Maroñas. Yo conocía a todos los punguistas, a todas las muchachas de la calle, a todos sus maridos, a los policías, hasta la radio me dejaban ahí. Tenía pool, billar, maquinitas, máquina de discos, tenía todo eso y vendía mucha comida. Ahora mi señora hace los menú sólo para el mediodía, ya me pasaron muchas noches arriba, atiendo solo hasta las 20:30 hs. Acá pagan todos, los tengo bien enseñados a mis amigos: las copas las tengo que cobrar. A las 9 de la mañana ya tengo gente esperándome para abrir el bar, viene mucho veterano jubilado que está organizado para tomarse su copita todos los días, y más de una, más de dos, usted se asombraría si viera la cantidad de whisky que sirvo acá, ya ni prendo la cafetera. Cuando viene gente nueva o se acostumbra o no viene más; no le damos mucha chance. No permito ni cartas para jugar al truco porque tuve malas experiencias, en mi primer año en el otro bar tenía más combates que Mohammed Alí y ya no quiero esos líos ni esa plata que viene de apuestas, ese tipo de cosas que busca la juventud y que yo no quiero más. Acá se conversa, analizamos todas las mentiras con los amigos. El bar salió en muchos libros pero esta fue la primera vez que filmaron, los parroquianos son chúcaros, les gustó la idea pero se desaparecían cuando llegaban las cámaras, mi mujer tampoco se dejó filmar. Yo ahora tengo 61 años, soy joven todavía, no sé a quién le voy a dejar el bar, tengo cuatro hijos, dos hijas viven conmigo y una se muere por atender el mostrador pero no la dejo, que siga estudiando Economía. Hasta hace un año y medio vivíamos todos en el mismo bar, ahora tenemos un apartamento al lado que me dieron los dueños, `es suyo`, muy buena gente. Usted debería venir al bar, hacemos buenas comidas, pero comida comida nada chatarra; además va a conocer a unos cuantos personajes".

Montevideos.

En Coral Films hace más de cinco meses que se trabaja en los seis capítulos de Boliches. Andrés Varela habla del proyecto mientras revisa por última vez el material que debe entregar a Canal 10, estamos en la sala de montaje donde pasa la mayor parte del tiempo desde hace 90 días, acompañado por Santiago Bednarik, además sonidista y músico. "Fue una linda sorpresa porque teníamos la inquietud de hacer algo en televisión pero creíamos que no íbamos a calzar porque estamos acostumbrados a los tiempos y las formas del cine. Tengo que admitir que terminó siendo el trabajo que tenía ganas de hacer".

Varela es uno de los fundadores de la productora responsable de los documentales La Matinée(2007), Cachila(2008), Mundialito(2010). Hacía un año y medio que trabajaba en la investigación del próximo proyecto, Maracaná, cuando Pedro Salord les propuso realizar una idea que venía arrastrando desde hacía unos 15 años. "Descubrimos muchos montevideos y una mezcla de los personajes de todas nuestras películas metidos en esos bares", dice. Boliches es el debut en la dirección de Varela y no es casualidad: "yo vi siempre a la producción como algo aleatorio necesario para lo que había que hacer pero me tenía harto, yo quería dirigir y apareció este proyecto, que tiene que ver con mi propia infancia, porque mi abuelo era guitarrista y le gustaba mucho el boliche, cosa que mi abuela odiaba. Me llevó durante años a tomar una Coca Cola a un bar de la Unión como excusa para poder ir él, y ahí conocí a Tito Pastrana, a mucha gente del Carvanal. Tengo una relación muy linda con todos esos lugares porque tiene mucho que ver con mi abuelo y con mi niñez. Ahora me gustaría tener un lugar fijo, creo que lo tenés que tener. Yo a muchos de esos personajes los envidio, porque hay mucho de compartir, de tener un lugar común, de tener otra forma de comunicarse en la que yo fui educado y ya no la tengo."

La condición humana.

Boliches por ahora tiene asegurado la primera temporada, aunque su equipo de realización está entusiasmado y sigue pendiente de encontrar más bares con historias como la del Smidel y de personajes como Alex. Esos recuerdos que no salen en televisión son los que Salord quiso retratar cuando pidió que el registro tuviera un fuerte componente cinematográfico. El primer programa emitido ayer compartió parte de la vida de Gonzalo, que tiene 43 años y desde hace 20 administra el bar de su familia: Fun Fun. Lo fundó su bisabuelo. "Tiene 118 años el bar, lo amo, es mi casa, yo si no lo tengo no sé qué haría, acá trabajé con mis padres, con mis abuelos. Ni mi aburrí ni me cansé, dicen `que la noche` pero a mí me encanta, no me importa dormir poco, me encantan las charlas de boliche, las anécdotas, cómo la gente viene y te confía sus problemas y te pide consejos, soluciones." Gonzalo no olvida la época en la que el bar abría en la mañana y tenía un grupo de 20 clientes fieles. Eso ahora cambió, explica, él ha tenido que ir haciendo algunos cambios bien sutiles, que no enojen a la clientela pero que permitan al bar adaptarse a los cambios: bajar la luz en la noche, que además de tango se cante salsa, o rock. "A veces me genera problemas, pero los cambios de Ciudad Vieja, los cambios del mercado se imponen. Ahora se perdió eso de la intimidad de los 20 clientes porque viene mucha gente joven".

Martín Ubillos es el jefe de producción del proyecto y fue quién recomendó escuchar las historias de Alex y Gonzalo para esta entrevista. Entre sus tareas colaboró en la investigación y como el resto del equipo quedó prendido de esa nostalgia de la vida de bar. "Nos quedó en la cabeza que el futuro de estos bares depende de muchas cosas: es real que no es una situación fácil para estos comerciantes porque requiere muchos compromisos, permisos, responsabilidades. Porque Montevideo cambió mucho y la gente ya no se toma más un café en el bar de la esquina, cambió la forma de consumir, cambió la forma de relacionarse, la mirada sobre el bar cambió: la familiaridad del bar ya no es la misma. Cada vez más están quedando los viejos parroquianos que aguantan el mostrador mientras que otros se aggiornan a los cambios y buscan darle un perfil más turístico al bar, como Fun Fun, o más de centro cultural como El Hacha. Para algunos modernizarse no es una opción y esa también es una postura válida, como la que toma el Smidel, o El Volcán que es uno de los últimos bar-almacén que va quedando en Montevideo".

Muchos cambios, cuenta, suceden cuando se cambia de llave; el nuevo propietario le imprime un nuevo rasgo. "Los que son llevados por bolicheros se quedan más en la tradición". Y en esos lugares pasan cosas como la que cuenta Varela: "encontrarte a un señor llamado Diógenes, que tiene el Síndrome de Diógenes (acumulador) y que se casó con una prostituta porque sus hijos no le dan bola, entonces la muchacha lo ayuda".

Las voces.

El rodaje duró aproximadamente un mes, alrededor de dos jornadas de grabación por local. "Fue un proceso totalmente armonioso donde el equipo funcionó muy bien", dice el director; Ubillos acota: "creo que la manera en que trabajamos tuvo que ver con la buena disposición de la gente, porque el bar es un lugar de escape, de intimidad, de encuentro entonces corríamos el riesgo de ser invasivos. En cambio decidimos seguir el ritmo del lugar, respetar a los clientes, charlar con ellos, no ocuparles el bar sino que se sintieran parte de la serie porque su lugar iba a ser protagonista".

Una de las preguntas habituales era si había gente "conocida" que frecuentara o hubiera frecuentado esos mostradores. En base a las respuestas se armó una agenda de invitados mediáticos que fueron entrevistados por Marcelo Fernández. "La propuesta fue `esto es una charla de bar`. El formato tenía algo en común con Mundialito,

que es que muchas voces distintas fueron componiendo el relato, por eso todos los personajes que aparecen ante cámara debían darle carácter al lugar, tanto los parroquianos como los conocidos. El entrevistado no habla de sí mismo en cuando a su actualidad sino de su experiencia como ser humano de tener ese boliche cerca o de haber vivido cosas ahí. Por eso las entrevistas rindieron mucho y fueron larguísimas; los más famosos dejaron de lado el cassette de su carrera para hablar de su pasado", apunta Varela.

Cada viernes hasta el 20 de setiembre se emitirá Boliches, el televidente verá tres bloques de 15 minutos con un formato variable dependiendo del espacio protagónico. "La dirección de ese formato fue darle carácter a cada bar y a cada uno un perfil distinto. El Uni-bar (6 de setiembre) es la cuna del rock postdictadura, el Tito Borjas (13 de setiembre) en realidad es la cantina de un Club Social y Deportivo en la que el fútbol tiene muchísimo valor. Queda en el Cerro y la gente que lo frecuenta solía salir a cazar liebres, organizar con las familias carreras de galgos, tienen un caballo que lleva el nombre del bar. Es otro mundo. El Uni-bar y El Volcán (30 de agosto) llegaron a tener un cuadro de fútbol". "Ese sentido de pertenencia es algo bastante interesante porque hoy no sucede", interviene Ubillos, "hoy los habitué de cada bar quedan puertas adentro y lo que pasa en esas mesas queda ahí."

Este productor dice que ha recibido varias llamadas de los dueños de bares o allegados, contándole del interés popular que generó esta iniciativa. "El deseo es que no sea solo algo lindo de ver en la televisión, sino generar ganas de visitar estos lugares, de volver a ir al boliche". "Lo cierto es que la realidad superó al guión", retoma Varela, "había muchas anécdotas que surgían día a día en cada rodaje que superaba lo planeado. Fue tremendo aprendizaje, descubrí que había herramientas que tenía incorporadas sin saberlo. Ahí empecé a sentir el oído de la sala de montaje, que fue increíble, yo iba filmando y ya sabía cómo iba a editarlo. Por eso digo que terminó siendo el proyecto que tenía ganas de hacer: con cada uno de estos bares podés hacer un documental."

AMIGOS DEL BOLICHE

Entre los personajes representativos de cada bar se buscó referentes culturales, mediáticos, deportistas que también fueron entrevistados. Es el caso de Pedro Dalton, Marcelo Fernández (ambos en foto), Juan Casanova, Roberto Musso en el Uni-bar. Jaime Roos y Santiago Tavella en El Hacha. Rafael Cotelo, Marcelo Otero, Danilo Baltierra y Richard Pellejero en el Tito Borjas. Ma. Inés Obaldía y Julia Möller en El Volcán; Malena Muyala, Nelson Pino, Ignacio Álvarez, y Julio Toyos en Fun Fun. Y el "Cachete" Espert en el Smidel.

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