DANIEL BANCHERO

"La AUF es mi casa"

Es un bicho de radio. Daniel Banchero quería dedicarse al comentario o al análisis pero un día cayó en la Asociación Uruguay de Fútbol (AUF) de casualidad y se empapó del asunto político en el deporte.Empezó a ir todos los días y le agarró el gustito a informar sobre temas reglamentarios y dirigenciales que eran “tabú”. No tiene oficina en la calle Guayabos, pero usa el mostrador del hall como escritorio. Pasa ocho horas en la AUF y si no va, extraña. Cada vez que tiene una noticia, anuncia, “palco”, y le dan la palabra en Tenfield y la 890. Desde que Locos por el fútbol está en Del Sol, lo saludan en la calle con esa muletilla que ayudó a instalar Germán Silveira, su imitador.

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Foto: Marcelo Bonjour

—¿Desde cuándo y por qué te gusta el fútbol?

—Desde que me conozco. Jugaba al baby fútbol en el Cerro y crecí con mi viejo que era fanático del deporte. No teníamos televisor y me fui contagiando de ver la alegría de mi viejo escuchando la radio y gritando un gol.

—¿Así te decidiste por el periodismo deportivo?

—Sí, pero me costó. Empecé tarde a trabajar en radio, a los 29 años. Primero hice de todo: fui mozo, trabajé en una zapatería, en una fábrica de pastas.

—¿Por qué te costó tanto decidirte?

—Fui creciendo y trabajando en otras cuestiones hasta que llegó un momento que me di cuenta de que nada de lo había hecho hasta ese momento me hacía feliz: quería estar al lado del fútbol y de la radio. Hice un curso de periodismo, empecé a trabajar enseguida y desde el 89 hasta acá no paré.

—En tu foto de perfil tenés un micrófono de Tenfield y otro de la 890, dos empresas donde trabajás, ¿por qué?, ¿tu trabajo es tu vida?

—Es gran parte de mi vida. Con la foto quise significar el presente: es el mejor momento de mi carrera. Me he consolidado y en las empresas donde trabajo fue donde mejor me han tratado, me respetan desde lo profesional y lo salarial.

—¿Cambió tu carrera desde que entraste a Tenfield, en 2014?

—Sí, bastante. Estoy mucho más expuesto. No me gustar ser protagonista, prefiero pasar desapercibido y a medida que transcurren los años en la empresa (Tenfield) y en la tele, me reconocen en todos lados. Tenés que tener mucho más cuidado porque todo lo que decís tiene un caja de resonancia tremenda. También me gusta tener momentos de intimidad, y no que me estén asediando y preguntándome cosas sobre fútbol. Cuando paso todo el día en cuestiones periodísticas, termina la jornada y quiero alejarme totalmente de eso, bajar la pelota al piso y disfrutar otras cosas.

—Se dice que sos el número uno en los temas vinculados a la AUF. Conocés desde el portero hasta el presidente, ¿cómo ingresaste?, ¿cuál fue el primer contacto?

—No era la idea dedicarme al periodismo político. Quería estar más cercano al análisis y al comentario, pero un día, a poco de haber terminado el curso de periodismo, fui a la AUF y me empecé a quedar para conocer temas políticos, vincularme, aprender más de lo reglamentario. Arranqué a ir todos los días hasta que me empezó a gustar demasiado transmitir y dar a conocer aspectos que en aquel momento eran poco sabidos del fútbol, porque la cosa dirigencial y reglamentaria era como tabú, secreta.

—¿Sentís que siempre tenés la primicia si de noticias de la AUF se trata?

—No lo siento así. Estoy todos los días allí y trabajo en una radio que tiene una grilla dedicada a programas deportivos, entonces es muy fácil estar dando noticias constantemente. Pero yo no siento que esté todo el día dando la primicia.

—¿Cuántas horas pasás en la AUF?

—A veces llego a la una de la tarde y me voy a las nueve o diez de la noche.

—¿Qué hacés todo ese rato?

—Me instalo en el hall principal. Pongo la computadora en un mostrador y ando caminando. Entra y sale gente constantemente así que siempre estoy ocupado y eso genera la noticia. Hablo con los dirigentes y si tengo que subir, me anuncio con el portero y me reciben en cualquier despacho.

—¿Te sentís local en la AUF?

—Totalmente. Es mi casa, mi zona de confort. Paso bien, tengo muchísima gente que además de ser contactos y fuentes necesarias para informar, generamos un vínculo muy bueno. Tengo amigos dirigentes. Me siento bárbaro. Incluso hay veces que no voy y extraño.

—Estabas ahí aquella tarde de 2008 que José Luis Corbo, por ese entonces presidente de la AUF, recibió dos amenazas, ¿cómo fue?

—Fue lo más trágico que viví, pero fue un deleite cubrirlo. Yo estaba en el despacho del presidente, llegó la secretaria con el teléfono en la mano y temblando. Le pregunté, ¿qué pasó? Otra amenaza, me contestó. Mientras ella se lo transmitía, yo estaba al aire y habló el presidente en vivo. Fue lo máximo que me tocó vivir periodísticamente. Era trágico porque no sabía qué iba a pasar, pero era estar transmitiendo desde el lugar de los hechos y que la gente se enterara. Había una adrenalina tremenda. Llegaron los bomberos, me pidieron por favor que evacuara, pero yo no quería salir. Me hicieron sacar. Empezaron a caer llamadas de familiares y amigos que me decían, andate ya de ahí. Rajá.

—¿Cuánto conocés a nivel de reglamento y cuestiones políticas?

—Antes sabía mucho más. Los reglamentos cambian y no me estoy actualizando como me gustaría.

—Has conocido a varios presidentes, ¿con cuál tuviste mejor relación?

—Con Carlos Maresca, que renunció después de la Copa América del 95. Además de la amistad y cariño, yo lo veía como una figura paternal y él creo que me sentía como el quinto hijo varón. De todas maneras, me llevo bárbaro con Wilmar Valdez. Tenemos una relación fantástica desde antes de que él asumiera como presidente de la AUF. Fue relator de fútbol y creo que eso hace que tenga tan buena relación con los periodistas: jamás le va a negar una nota a nadie porque él estuvo del otro lado del mostrador. He sido testigo de todo su crecimiento y me gusta porque se lo merece. Es un buen tipo, tremendamente humilde y no ha cambiado. Tengo muy buena relación y con el tiempo está empezando a ser muy similar a la que tuve con Maresca.

—Estuviste en el momento de la caída de Sebastián Bauzá y su Comité Ejecutivo, ¿fue difícil manejarlo a nivel de información?

—No fue difícil porque se veía venir. La coyuntura del momento hizo que ese Consejo Ejecutivo y Sebastián Bauzá temblequearan. Tenía problemas con el Ministerio del Interior por los líos que había, también con Tenfield y le había retirado el apoyo a una mayoría de clubes que eran los más necesitados porque no los contemplaba. Recuerdo que renunció y al día siguiente llegó de imprevisto a la AUF, nadie lo esperaba y se fue a despedir del personal que lo aplaudió en la escalera. Fue un momento muy emotivo y lo cubrí para la radio.

—¿Te llevaste mal con algún presidente?

—Con Eugenio Figueredo tuvimos una relación de amor odio. Arrancamos bárbaro y terminamos muy mal. Chocábamos mucho. Tal es así que estuvimos un año sin hablarnos.

El fútbol atraviesa un momento difícil. Los conflictos entre los jugadores, la Mutual y Tenfield; hay violencia en las canchas, ¿cómo lo sentís desde la AUF?, ¿es el peor momento?

—Problemas en el fútbol uruguayo hubo siempre, pero ha habido momentos mucho más duros. Cuando la Selección no clasificaba a los Mundiales, que no había dinero, caían ejecutivos a cada rato. En la década del 70 y 80 eso era moneda corriente. Ahora hay un Consejo Ejecutivo totalmente consolidado y está muy firme, manejando muy bien la AUF.

El tema de los futbolistas con Tenfield y la Mutual es un problema entre jugadores: los del medio local, los de la Selección, la Mutual que son jugadores y exjugadores y Tenfield que también está dirigida por exjugadores de fútbol. Ellos tienen la solución. Hablando entre jugadores de fútbol se van a tener que entender.

—Los jugadores tomaron la decisión de no hablar más con Tenfield, ¿te sorprendió?

—Sí, me sorprendió. Hablaron toda la vida. Me parece que debería haber habido un diálogo con la empresa antes de tomar la decisión. No se debió haber llegado a eso. Había otros mecanismos intermedios.

—Fuiste testigo de la AUF antes de Tenfield, ¿cómo recordás esa época?

—Antes de que existiera Tenfield todo el mundo televisaba y los clubes no recibían un peso, se los arreglaba con cinco mil pesos o un kilo de yerba. Cuando llegó Tenfield pagó dinero, profesionalizó la televisación del fútbol uruguayo y le dio dinero a la AUF y a los clubes. Eso lo reconoce Wilmar Valdez, en su momento también Sebastián Bauzá y los clubes. Hay un antes y un después de Tenfield.

—El día de Uruguay - Brasil te cruzaste mano a mano con tu imitador, Germán Silveira, y salieron al aire por Deporgol en la previa de Del Sol. Ya habían charlado varias veces en Locos por el fútbol, ¿cómo te cayó enterarte de que hubiera alguien imitándote?

—Me lo dijeron hace como cinco años y no lo podía creer. Me llamaba la atención porque en esto hay talentos y trabajadores, y yo considero que estoy del lado de los peones. Jamás me imaginé que podían imitarme. Un día lo escuché en Locos por el fútbol y me divirtió muchísimo. Cada vez que puedo me hago un ratito para escucharlo los lunes en Deporgol y los sábados que estoy mucho más liberado a la medianoche lo escucho siempre en Locos por el fútbol. Me gusta el respeto con el que me caricaturiza y me río mucho porque no puedo creer que lo haga tan idéntico. Se ha superado.

El pase de AM Libre a Del Sol los ha mediatizado a tal punto de que antes a mí me saludaban con "Palco" poca gente del ambiente del fútbol. "Palco" es la forma en que yo anuncio que tengo algo para decir en la transmisión. Lo hago desde que entré a la Sport, en 2011. Desde que Locos por el fútbol está en Del Sol la gente me saluda por la calle y me dice, "palco". Es brutal. Lo disfruto como si fuera un triunfo mío.

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