LA NUEVA SANTO Y SEÑA

Ana Matyszczyk: la periodista arriesgada

Luego de realizar un máster de periodismo en Barcelona, volvió a Uruguay y se convirtió en la flamante incorporación del periodístico Santo y Seña. "Antes de estar en el programa, lo miraba y le hacía muchas críticas", confiesa.

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Ana Matyszczyk. Foto: Julmart Bueno

Corría la mitad de 2016 cuando Ana Matyszczyk volvía a Uruguay luego de vivir tres años en Barcelona estudiando y trabajando como periodista. Instalada nuevamente en Montevideo, pasó cuatro meses buscando trabajo sin éxito, hasta que el alejamiento de César Bianchi del programa Santo y Seña dejó una vacante que ella se decidió llenar. El destino quiso que la eligieran para sumarse al equipo del ciclo uruguayo que ella miraba atentamente desde España, y también criticaba. “Le dije mis críticas a Nacho (Álvarez) cuando me sumé al equipo”, asegura. Se alegra de que los medios uruguayos estén dispuestos a correr “más riesgos” que hace unos años pero lamenta el alto costo de vida en Uruguay. “Vivir en Montevideo me sale tres veces más caro que vivir en Barcelona”, puntualiza. Entrevista a la nueva Santo y Seña, la periodista que se arriesgó a volver

—¿Cómo llegaste a formar parte de Santo y Seña?

—Llegué por (Alejandro) ‘el Bicho’ Amaral. Lo tenía en las redes sociales, y cuando estaba viviendo en Barcelona antes de volver a Montevideo, me puse a tantear entre los periodistas que conocía para saber cómo estaba el terreno laboral en Uruguay. Cuando llegué a Montevideo me empecé a mover de un lado a otro, y después de dos meses de no conseguir trabajo, sucedió el episodio de ‘Checho’ (Bianchi, que se desvinculó del programa). Ahí pensé que algún puesto en ese equipo iba a faltar. Le pasé mi currículum al Bicho y si picaba, picaba.

—¿Mirabas Santo y Seña antes de estar en el programa?

—Lo empecé a ver estando en Barcelona. Tenía un amigo uruguayo que se llama el Marre, con el que nos juntábamos en casa especialmente para verlo. Nos enganchó el primero, y después era "che, vamos a ver un Santo y Seña". Le hacíamos muchas críticas que después le hice a Nacho (Álvarez) cuando me sumé a su equipo.

—¿Por ejemplo?

—Consideraba que no estaba cuidada del todo la parte audiovisual. Había mucho para mejorar en ese sentido: los grados de los planos, las formas de las que se resguardaba la identidad de algunos entrevistados. Son detalles que este año se mejoraron muchísimo. Se apostó a evolucionar a nivel visual.

—Ignacio Álvarez es una figura que suele despertar amores y odios, ¿en cuál grupo solías estar antes de conocerlo?

—De a ratos en uno y de a ratos en otro. Me daba la sensación de que a veces generaba enfrentamientos y chispas al santo botón. Ahora nosotros nos enfrentamos por temas de la realidad desde posiciones distintas. Si bien en algunas cosas pensamos parecido, en otras pensamos diferente y ese es un factor de discusión o de intercambio de ideas. Eventualmente podemos llegar a tener un roce, pero somos mucho más parecidos de lo que yo creí que podíamos llegar a ser. Salvando las distancias, porque él es el jefe y yo la empleada, los dos tenemos una personalidad que se impone mucho. Tenemos un temperamento fuerte, y por ese lado también a veces podemos llegar a chocar. De todos modos, ese temperamento nos hace funcionar bien como dupla en la televisión. Eso se transmite.

—¿Cuál discrepancia has tenido con él en estos primeros meses de trabajo?

—Varios con temas de actualidad, principalmente con todo lo que gira en torno a la discusión de "cuota (femenina) sí o cuota no". Pero a veces empezamos discutiendo y todo termina con un chiste.

Matyszczyk junto al equipo del programa en la reciente entrega de los Premios Iris. Foto: Darwin Borrelli
Matyszczyk junto al equipo del programa en la reciente entrega de los Premios Iris. Foto: Darwin Borrelli

—El primer informe que hiciste para el programa sobre abuso de menores levantó mucha polvareda. ¿Cómo viviste la polémica siendo que recién te incorporabas al programa?

—Sabía que algo iba a pasar con el programa. La primera advertencia del Inau diciendo que iban a estar atentos a lo que pusiéramos al aire me preocupó. Llamé a Nacho para preguntarle qué era todo eso. Él tiene mucha astucia para bajar la pelota al piso cuando alguno de nosotros entra en pánico. Él tranquiliza y ayuda a no perder el Norte de lo que hacemos. Cualquiera puede hacer una crítica y en algún caso puede ser acertada, pero nos sorprende que cuando hay una denuncia muy fuerte contra el Inau por su falta de acción en ciertos casos, esta institución venga a levantarnos el dedo y decir "no hagan esto así". Antes hay que mirarse el ombligo y ver cómo está uno para después criticar el trabajo del otro. De todos modos admito las críticas y creo en este juego que uno puede trabajar libremente y puede ser criticado por el trabajo que hace.

—¿Vos le das la razón a alguna de las críticas?, ¿le hubieses cambiado algo a tu informe?

—Siempre hay cosas para corregir. Si me hubieran dado una semana más capaz que hacía alguna cosa distinta. Lo que mantengo es que nosotros estábamos haciendo una denuncia grave que era que el sistema judicial estaba descuidando a los menores que son las personas más vulnerables que existen en nuestra sociedad. Citamos ejemplos que eran conmovedores y sensibles pero la idea no era quedarse en la anécdota del caso. Los testimonios eran la herramienta para poder hacer efectiva la crítica al sistema judicial. No es una crítica arbitraria sino una que se basa en los casos que se mostraron en el informe y en una cantidad más que no pudimos cubrir. Sé que había imágenes fuertes pero no sería moralmente correcto para un periodista contar una historia y matizar o reducir sus componentes dramáticos. Mi objetivo es que la ciudadanía en general a través de nuestro trabajo tome conciencia de cosas que están pasando en su real dimensión, no en una dimensión más moderada. Claro que hay que cumplir con cosas que cumplimos, como proteger la identidad de las víctimas involucradas. Además este es un trabajo que Santo y seña hizo codo a codo con las familias, que sabían todo lo que estábamos haciendo.

—Hubo ONGs que llamaron a no poner publicidad en Santo y Seña como forma de expresar disconformidad con este informe, ¿cómo te cayó esa campaña?

—Fue un boicot. Me decepcionó porque tanto el periodismo como las ONGs tienen que buscar un objetivo común que es que estos casos se reduzcan al mínimo posible o desaparezcan y que el sistema judicial tenga una actitud más comprometida que la que tiene ahora. Nosotros le reclamamos al Inau un trabajo mejor y habíamos puesto en evidencia varios baches que tiene esa institución. Me llamó la atención que las ONGs hayan salido a decir "no pauten en Santo y Seña" en lugar de sumarse a nuestro reclamo de tener un instituto del menor que sea más eficiente, ya que demostramos las incompetencias que hay en ese lugar. Lo de las ONGs fue un boicot decepcionante. Entiendo que quizás ellos tengan diferencias con nuestra forma de trabajar pero hay un fin último que es proteger a los menores y conseguir una mejor justicia en el Uruguay, y eso no se consigue enmudeciendo al periodismo.

—¿Ya te reconocen por la calle?

—Todavía no. Solamente en ocasiones aisladas como en la estación de servicio. Les resultó raro mi apellido, y lo habían escuchado en el programa.

—¿Y en las redes?

—Me llegaron muchas solicitudes de amistad a Facebook y al principio aceptaba a varios por los amigos en común pero ahora ya no. Tuve como 45 mil mensajes por Facebook en estos días. Decían de todo. Algunos daban para adelante y otros eran más arriesgados... La creatividad humana es muy grande (risas).

—Estuviste tres años viviendo en Barcelona, donde cursaste un máster y trabajaste en El País de Madrid. ¿Qué te hizo tomar la decisión de volver?

—No estaba conforme con las posibilidades laborales de allá. Había pasado mucho tiempo afuera y aposté a volver al Uruguay. También estaba la familia en Montevideo y yo tenía una relación en España que había terminado... Aunque ahora volví.

—¿Cómo influyó una relación amorosa para que te quieras volver a Uruguay?

—Influyó en que yo me quiera ir de España porque había terminado la relación. Estaba de novia con un catalán, y cuando me peleé dije "me voy". Saqué el pasaje para cuatro meses después, pero en ese tiempo volví con él. Ahora estoy otra vez de novia con él y la idea es que el mes próximo se venga a vivir a Montevideo. Está viendo si se concreta una posibilidad de empleo que le surgió acá. Ya vino a pasar las fiestas. Se quedó un mes y le mostré la costa uruguaya desde Punta del Este a Cabo Polonio. Le encantó Uruguay y su gente.

—¿Y cómo fue para vos volver a Uruguay después de tres años de vivir en Barcelona?, ¿cuáles eran tus expectativas?

—Yo consideraba que tenía un perfil atractivo para los medios y que algo iba a conseguir. Tenía un diferencial que era la visión distinta que da formarse y trabajar en el extranjero y eso podía ser seductor para algún medio. Sin embargo, no se logró conjugar con una oportunidad laboral. Pasé cuatro meses pidiendo entrevistas en los medios hasta que después surgió lo de Santo y Seña. Es difícil entrar en un circuito que ya está en funcionamiento, y más para los jóvenes.

—¿Cuál es la impresión que tenés sobre los medios uruguayos en comparación a aquellos en los que trabajaste en España?

—El periodismo en Uruguay siempre fue poco arriesgado. No probaba nuevos formatos ni otras formas de contar las historias. Pero mientras yo estuve afuera, siento que hubo propuestas más arriesgadas en Uruguay, que creció en lo que es multimedia en los portales web. Ahora hay una dinámica que se anima a apostar más. Los medios de Europa están permanentemente probando con cambiar y actualizar todo, desde cómo se ven las letras, si están quedando muy antiguas, el tamaño de la foto, la parte multimedia tiene que estar totalmente actualizada. No están dormidos en ningún momento. Creo que en Uruguay se están empezando a despertar, y antes los medios descuidaban mucho toda esta parte digital.

—¿Cómo encontraste el país en relación a cuando te fuiste hace tres años?

—Carísimo, groseramente caro. Vivir en Montevideo me sale tres veces más que vivir en Barcelona. Es impresionante. La comida, bebida, pasta de dientes, alquiler, ropa. Por donde lo mires todo es más caro. También veo a Uruguay cada vez más inseguro. Me robaron el teléfono hace poco de una piña en la cara cerca de mi casa. Por otro lado, también creo que está más "vivo", como que las generaciones más jóvenes están rejuveneciendo a las mayores. Hay más opciones para jóvenes, más movimiento, más vida social. Toda la movida de los boliches del Parque Rodó no estaba cuando yo me fui. Está bueno que haya una microzona con todos los bolichitos.

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