JUAN TORRACA

Adiós a los pronósticos

El viernes pasado se cerró una etapa en la televisión uruguaya y en especial en la pantalla de Telemundo. De común acuerdo con el canal se resolvió el retiro del histórico Juan Torraca. Fiel a su bajísimo perfil, el meteorólogo no quiso despedirse en cámara y fueron sus compañeros (Aldo Silva, Alberto Kesman, entre otros) quienes le dedicaron sentidas palabras.

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Juan Torraca

Aquí, Torraca habla con Sábado Show de su carrera y de una era donde los pronósticos están más en el celular que en los televisores. ¿Qué hará de ahora en más? “Los que me conocen saben que tengo un niño juguetón adentro y me las ingeniaré para seguir alimentándolo con vivencias creativas y positivas. A pesar de todo, uno es un gran romántico”, asegura.

¿Por qué se retira?

—Hay un desgaste y en común acuerdo con el canal resolvimos cerrar este capítulo. Tengo 74 años y conservo toda la vitalidad y las ganas de seguir haciendo cosas y en concreto de seguir con los pronósticos que es mi pasión. Pero tengo autocrítica. Pregunté siempre a buenos amigos si me veían en condiciones de salir al aire. Muchos me dijeron que sí, lo que en definitiva es un alivio: hay que irse cuando uno está en plenitud y no quiero llegar a que mi imagen sea usada para que los niños tomen la sopa (risas).

—Dice que conserva las ganas de seguir haciendo pronósticos, ¿ha pensado en hacerlo de forma independiente?

—No, no creo. El mundo de hoy es complejo para esas cosas. La gente abre el celular en cualquier momento y lugar y tiene la información.

—¿Pero se puede confiar en esa información?

—Bueno, como son pronósticos globales se precisa un bisturí para hacerlos un poco más zonales. Falta la mirada experta y local. Pero hay un grado de cumplimiento razonable. La ciencia en ese aspecto está avanzando muchísimo.

—¿Cree que esas aplicaciones muy accesibles en computadores o celulares son los principales competidores de la figura del meteorólogo de TV?

—Sí, puede ser. La gente abre un celular y se le despliegan unas imágenes muy bonitas y el interesado se hace el tiempo para estudiarlas como quiera. En al TV, el pronóstico es al final del informativo y siempre estamos con el cronómetro en rojo. Uno no podía explayarse y había que ser muy puntuales.

—¿A qué tiene pensado dedicarse de ahora en adelante?

—No lo sé. Tengo que pensarlo. Por lo pronto ahora me voy con unos amigos al Interior, a disfrutar de unos días. Despejar la mente.

—¿Qué hobbies tiene?

—Hay muchas inquietudes. Por ejemplo, me gusta mucho la música. Hice cursos de piano y de saxo. Tengo un organito guardado. Capaz que es momento de sacarlo. Tuve un problema de salud el año pasado que derivó en una intervención cardíaca pero estoy completamente repuesto. Los que me conocen saben que tengo un niño juguetón adentro y me las ingeniaré para seguir alimentándolo con vivencias creativas y positivas. A pesar de todo, uno es un gran romántico.

—¿Por qué no quiso despedirse?

—No me gustan las despedidas. Vi lo que decían los compañeros y después ha sido impresionante la cantidad y la calidad de mensajes que estoy recibiendo. Conmovedor. Con eso me quedo.

—Fueron más de 30 años de pronósticos en los medios, ¿cuánto le ha pesado el riesgo de equivocarse?

—Mucho y por momentos se siente más la responsabilidad. Todos los parámetros que nosotros estudiamos están en movimiento. La atmósfera es algo dinámico, mucho más en esta zona donde los frentes son cambiantes. Por eso la meteorología y en especial la sinóptica, que es la ciencia de trazar los pronósticos, es algo muy complejo. Uno toma la información de los centros regionales o mundiales, se analizan los mapas y luego hay que hacer una interpretación de la imagen satelital. El pronóstico es una toma de decisión. Es como rendir un examen en TV todos los días: claro que hay exámenes más fáciles pero hay otros muy complejos, donde se pone en juego el conocimiento y la experiencia. Sin dudas, ese es el gran desgaste de esta tarea. Tremendo desgaste. También está la ansiedad de la gente que en determinados momentos está desesperada por lluvia o viceversa. Eso se siente. Cuando uno está hablando hay una especie de voz interna que te interpela: ¿estás seguro?

—¿Cómo se dieron sus comienzos en la meteorología?

—Fue una sucesión de casualidades. Yo fui estudiante frustrado de arquitectura. Empecé la carrera pero la tuve que dejar. Me gustaba mucho la realización en el cine y llegué a hacer ciertas cosas con un amigo en una época en que había 150 cines en Montevideo. Era otro mundo. Pero las ciencias naturales también me atrajeron siempre y en un momento sentí el campanazo y terminé haciendo meteorología. Ingresé en la Dirección de Meteorología, donde estuve una vida. Me fui hace unos años pero es una institución que quiero mucho.

—¿Y en los medios cómo fueron los inicios?

—Soy malo para las fechas, pero la primera experiencia fue 1979 o 1980 en Canal 5. Se hizo un acuerdo con la Dirección y hacíamos un pronóstico los viernes para el fin de semana. Fue una experiencia importante en aquel momento. No quiero decir que fue de pioneros, porque algo se había hecho, pero comenzó a hacerse de forma más sistemática desde entonces. Luego vino otra experiencia en la Red Televisora Color, donde se hacía un pronóstico para cada zona del Interior.

—¿Y su entrada a Canal 12 cómo se dio?

—Bueno, en los años 1984 y 1985, yo dejé los medios para dedicarme a un proyecto que atesoro como uno de los mayores logros de mi vida, que fue la colaboración con un equipo para instalar la estación meteorológica en la Antártida. Trabajé muy activamente allí. Fui y vine muchas veces. A la vuelta, el ingeniero (Horacio) Scheck me convocó para hacer los pronósticos en el 12. Fue en el 1988 si mal no recuerdo. Al mismo tiempo, Alberto Kesman me pidió los informes para incorporarlos a las transmisiones de fútbol porque es un espectáculo al aire libre. Él popularizó mucho mi nombre. Y bueno... humildemente esos han sido mis portes en los medios.

—¿Esperaba ser comunicador?

—No creo que sea mi fuerte, pero se dio el caso de que despierto, o despertaba, cierta credibilidad. Un comunicador necesita ser creíble y respetado: más en materia del clima.

—¿Con qué se queda luego de estos años en los medios?

—Muchísimos amigos e infinitas vivencias satisfactorias. Fui un hombre de suerte. Viví en el 12 los mejores años. Viví la experiencia germinal de Uruguay en Antártida y tuve la otra suerte de hacer una entrega muy importante en el Estado, con mi trabajo en Meteorología y también en la docencia. Estoy muy satisfecho.

—¿Qué le dice la gente en la calle?

—Gracias a Dios he tenido buenas experiencias en ese sentido. Soy agradecido a la vida. En la mayoría de los casos converso. También soy bueno para camuflarme porque muchas veces la gente tiene gran curiosidad para saber de las condiciones del clima. "¿Cuándo va a llover?", "¿Cuándo sale el sol?" Fue así que me he hecho gran amigo de los árboles y de las columnas para caminar lo más oculto posible. Es cosa de mi bajo perfil porque en realidad jamás tuve una mala respuesta. La relación con el público es otro de los tesoros que me llevo.

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