ÉRICA RIVAS

La actriz del momento

Su personaje fue el más popular de la exitosaRelatos salvajes. Tanta exposición de la película, nominaciones y ventas por el mundo, la convirtieron en un rostro famoso, pero Érica Rivas lleva años luciéndose en el teatro y el cine más pequeño de Argentina. Entrevista con la ganadora de los Premios Platino.

Algunas confesiones de entrevistados a periodistas pueden resultar exageradas con el paso del tiempo. La actriz argentina Érica Rivas acompañó sus 23 años de carrera dando notas.Sobre su larga relación con el actor Rodrigo de la Serna. Habló de Miranda, la hija que tuvieron jóvenes y que cumplió 15 años. De cómo le costó conseguir trabajo luego de la maternidad porque tenía el cuerpo cambiado. Le dijo a mensajeros desconocidos que a veces se veía como una persona sin amor, que ser madre le daba mucho miedo y que por eso había decidido no tener más hijos. Que no cree en el matrimonio ni en ninguna otra institución. Reconoció que había películas en las que estuvo “realmente mal” y que la alegra que Casados con hijos, esa serie que va por su onceava repetición televisiva, siga beneficiándola económicamente: “es lo que me deja hacer tanto cine independiente”. Antes de ser “la novia de Relatos salvajes”, Érica Rivas ya tenía buena fama como actriz entre críticos y espectadores que vieron sus personajes en el teatro y el cine más chico realizado en Argentina.

Hace dos semanas, en Marbella, durante la entrega de los Premios Platino -los Oscar del cine iberoamericano-, Érica era una estrella. Algunos periodistas que no sabían su nombre la identificaban como "la novia de Relatos salvajes", un apodo que le costará sacarse de encima. Mucho más que el de María Elena Fuseneco, la vecina de Pepe y Moni Argento en Casados con hijos. La actriz de 40 años recibió el Premio del Público a Mejor Actriz y el Premio Platino en la misma categoría, otorgado por el jurado. El último lo aceptó con lágrimas.

En alguna de esas confesiones exageradas, Érica dijo que no le gustaba dar entrevistas porque nunca sabía qué decir, que según su punto de vista el trabajo que hacía hablaba por ella y sobre ella. Sin embargo, hubo algo en el ambiente celebratorio del cine iberoamericano que la conquistó.

Observó la conferencia de prensa del Platino de Honor, Antonio Banderas, con una sonrisa constante: "me encantó todo lo que dijo, ¿será posible? Ojalá". Banderas demostró ser un gran orador con un discurso político donde analizó el lugar de los latinos en Hollywood desde que llegó a Los Ángeles, hace 25 años, al día de hoy, cuando existe un Alfonso Cuarón y un Alejandro González Iñárritu ganando los Oscar más importantes. "Tenemos que robarle Hollywood a Hollywood ¿Cómo?, generando estudios para el cine hispano, canales de televisión que compren sus contenidos y una prensa interesada en conocer a su star system. Estos premios pueden ser la plataforma para conseguirlo. Debemos hacer la revolución en el cine y ahora es más posible que nunca", dijo.

Érica Rivas durante la rueda de prensa previa a la entrega de premios.
Érica Rivas durante la rueda de prensa previa a la entrega de premios.

Luego del momento cúlmine de Banderas, siguió la entrega de Premios del Público y una jornada de entrevistas de seis horas que Érica soportó con buen ánimo y un gesto en el rostro que no se borraría durante su estadía en España: como si estuviera pidiendo perdón por algo que no tiene demasiada importancia.

Después de ver tantas veces la cara de una actriz en la pantalla, es interesante descubrir un rasgo tan particular y propio que, hasta ahora, había logrado disimular en sus personajes. Más de 200 periodistas, miles de invitados y millones de televidentes, fueron testigos de su marca cuando se paró en el escenario para agradecer el galardón con la voz entrecortada. Lo mismo sucedió durante la charla que sigue. Érica Rivas, una actriz de físico juvenil y carácter poderoso, en pocos minutos frente a una periodista de la que no recordará el nombre, fue capaz de compartir inseguridades y malestares que cualquier otra estrella en ascenso optaría por esconder.

—Sos una cara muy conocida en el cine independiente argentino, ¿es el espacio en el que más te interesa trabajar?

—Nunca lo viví como una cosa o la otra, lo que pasa es que las historias que me plantean en el cine independiente me suelen interesar más que las del cine comercial. Además, me gusta el cine independiente y me interesa apoyar a directores en su recorrido. Siempre consideré que un director no es una película en específico sino el conjunto de su filmografía; es interesante ver cómo crecen, para qué lados se mueven, qué les interesa, cuál es su impronta personal.

Con los autores de teatro me pasa lo mismo: mi interés está puesto en el recorrido. El cine independiente, por otro lado, tiene un ámbito de poder hablar y entender al director que también es el autor, incluso sucedió así en Relatos salvajes aunque es una película mainstream. Damián Szifron es el guionista, director, editor y musicalizador de la película...

—Entonces lo que te interesa es un costado más artesanal, algo que, por ejemplo, no se da hoy en la televisión argentina.

—No te lo da la televisión, ni te lo da el cine o el teatro comercial en mi país.

—¿Cómo cambió tu carrera luego de haber actuado en Relatos salvajes?

—Fue un impacto, pero todavía no me llegaron propuestas comerciales, no sé por qué, quizás porque por ahí...

—Conocen tu perfil.

—Sí, yo creo que puede ser por eso.

—¿Cómo te llevás con los personajes masivos? Esta vez te convertiste en "la novia" del relato más famoso de una película que se vendió por todo el mundo, pero también seguís al aire con las reemisiones de la exitosa sitcom Casados con hijos.

—A mí me gustan. Yo los quiero porque ya no soy yo, soy lo que las personas imprimen en eso. Ya no es lo que yo hice: son interpretaciones masivas, es rarísimo. La verdad es que para mí siempre es muy extraño eso de sentir lo que le pasa a la gente masivamente con lo que uno hizo.

Por otro lado, como también soy una actriz de teatro y cine independiente, estoy acostumbrada a la relación uno a uno: lo que le pasa a esa audiencia, chica, abarcable. Esta masificación, que también tiene su parte interesante, me importa porque la gente que no va a las salas a ver ese cine más chico que hago, le llega mi trabajo, ese grito de lo que uno quiere decir, y le llega con esa reverberación, y la toca. Con Relatos salvajes pude sentir algo nuevo que no me había pasado antes.

Érica Rivas en Relatos salvajes.
Érica Rivas en Relatos salvajes.

—¿Con qué condiciones aceptás sumarte a un proyecto de cine industrial?

—Lo que pasa es que esos proyectos implican una mayor consciencia de saber que lo que uno hará tendrá un efecto muy grande. Creo que por eso soy tan hincha bolas cuando me llegan propuestas comerciales, porque es todo mucho más grande, no solo el público al que hay que llegar sino toda la movida que sigue después. También considero que lo que hay que decir tiene que tener una ética. Muchas veces no comparto esa misma ética con los creadores del cine comercial; a veces puedo no compartirla pero logro hacerlo mío igual, otras veces no se compatibiliza.

—Se nota que evaluás mucho antes de decidirte.

—Sí, la verdad que sí. Esto que te conté es el juego que me armo en mi cabeza cada vez que tengo que decidir si aceptar o no.

—Comentaste que el que Relatos salvajes haya perdido en su nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera te ahorró 20 años de terapia.

—Y es que imaginate, ¡si armo tanto lío con una película cómo me hubiera afectado un Oscar!

—Sos uno de esos casos de actriz que fue especializándose en la delicada línea de la comedia dramática, con personajes de grandes explosiones sorpresivas, ¿cómo es prepararse para conseguir ese tono?

—Ese es el único lugar en el que me gusta trabajar. No empecé haciendo comedia, quizás la gente me conoce más por ahí, pero hice de todo. La comedia fue para mí entrar en un lugar nuevo, de despatarrarme completamente. Haciendo comedia en televisión mostré lo peor de mí e hice todo lo que me decían que no debía hacer en la clase de actuación.

Todo eso me dio una libertad muy grande y me permitió soltarme de mis maestros y armarme un camino personal. Pude encontrarme con mis herramientas y necesidades más primitivas. Viendo eso a la distancia y tomando en cuenta cuánto me sirvió para trabajar, fue una ayuda enorme, porque yo no concibo que haya tragedia sin comedia ni comedia sin tragedia. No existe en mi caso.

—Dijiste que más que buenos actores hay buenos trabajos, ¿cuáles son los tuyos?

—No te podría decir una película entera. Ni siquiera escenas o momentos, solo instantes.

—Aseguraste que Por tu culpa (Anahí Berneri, 2010)fue muy importante para tí a nivel personal, para reflexionar sobre la maternidad.

—Sí, es una de las películas que más me gusta a pesar de que estoy yo. Detesto verme. Me parece que soy una actriz horrible, -dice riéndose de sí misma-. Detesto mi voz, mi humor, todo...

—¿Por eso preferís el teatro?

—Claro, es más rápido, no puedo verme. Pero ahora encontré otra forma de hacer cine que también se aplica a la televisión: lo hago divirtiéndome y trato de no verme. No me acerco al monitor salvo que el director me lo pida. Entonces lo que hago es tratar de conectarme con lo que a mí me divierte de la actuación en ese momento presente, porque sino la paso mal, de verdad.

Recibiendo el Platino como Mejor Actriz.
Recibiendo el Platino como Mejor Actriz.

—Explicaste en una entrevista que vos priorizás un algo fraternal que sucede en los rodajes, ¿te referís a la relación con el equipo?

—Sí. Siempre en los rodajes se generan familias, son muy endogámicos. Te ves 14 horas por día durante más de un mes con las mismas personas y empieza a transformarse en una relación fraternal.

El equipo que la gente no ve es mi mundo, son amigos que conocí filmando y tuvieron hijos con otra gente que conocimos ahí. Pasa la vida en un rodaje y realmente hay algo de familia. Los festivales y los premios son instancias que a mí me dan ternura porque puedo constatar que somos los mismos, y que pudimos hacer entre todos un mundo nuestro, porque en definitiva somos las mismas personas enamorándose y teniendo hijos entre nosotros: nos convertimos en una familia.

—En abril se estrenó en Argentina -y se exhibió en el Festival de Punta del Este- Pistas para volver a casa, una película dirigida por Jazmín Stuart, una actriz que estudió primero para ser directora y no lo había podido concretar hasta ahora ¿Te contagió las ganas de dar un paso atrás de la cámara?

—Es algo que me gustaría porque mi formación de actriz está concebida desde la dirección y desde la dramaturgia, no puramente desde la actuación. Yo no trabajo con elementos que impliquen únicamente la emotividad, yo trabajo desde un esquema, desde un compromiso estético que tiene que ver con la impronta personal de los directores y autores de las obras, en cualquiera de sus formas. Tengo ganas de dirigir cine desde hace mucho tiempo, por eso quise hacer la película de Jazmín. Pero imaginate, si me armo todo el lío que me armo siendo actriz, ¿cómo sería dirigiendo?

POR EL PRINCIPIO

Empezó a actuar en 1992 en teatro y desde el ‘94 en tiras de TV como Los Machos, Nueve lunas, Gasoleros, Campeones, El sodero de mi vida, Casados con hijos y Los simuladores, donde conoció a Damián Szifron.

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