La representatividad bajo lupa

La voz de la mayoría

La cantidad de afiliados al Pit-Cnt viene en aumento, pero la participación ha mermado. Ante un paro general al que solo 17% dijo adherir por convicción y una serie de ocupaciones estudiantiles resistidas, ¿qué tan representativos son los sindicatos en Uruguay?

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Ayer antes de las 20:00 salieron los últimos ómnibus; hay habrá servicio especial. Foto: G.Pérez.

Jueves 6 de agosto, paro general. El presidente del Pit-Cnt, Fernando Pereira, recorre las calles y constata que las escuelas no funcionan, que la industria está parada, que los servicios son mínimos, que solo circula transporte público de emergencia. Para él, no hay dos lecturas: el paro es un éxito.

Unos días después, una encuesta de Equipos Consultores revela que si bien la mitad de los trabajadores no fue a trabajar, casi un tercio no lo hizo porque no pudo. Son más mujeres que hombres, posiblemente por su responsabilidad en el cuidado de sus hijos. Los que pararon por auténtica adhesión fueron el 17% de los trabajadores: solamente unos 255 mil uruguayos. ¿Solamente? Es difícil de responder porque no existe en el país ninguna medición anterior de acatamiento en un paro general. No hay, por tanto, una referencia real para comparar.

La encuesta molesta en el Pit-Cnt. Para ellos, no tiene sentido preguntar a la gente por qué motivos no se presentó en su trabajo. "Parto de la base de que el que no va a trabajar un día de paro, para", razona Pereira. La lógica es clara: para el movimiento sindical, lo importante es que la medida de lucha se sienta. Además, en la central piensan que los que dijeron que no fueron a trabajar porque no pudieron (27%), hay muchos que lo hicieron "por miedo". "Es lo mismo que les dicen a los empleadores".

En suma, no hay peligro real a la vista a los ojos de los dirigentes sindicales. Lo que halló Equipos sirve como información, pero a la encuestadora "le faltó experiencia" a la hora de medir algo así, opina Pereira. Milton Castellanos, director del Instituto Cuesta Duarte del Pit-Cnt, cuestiona más todavía a la consultora: "Preguntar quién estuvo a favor, de una manera u otra, yo nunca lo había visto en estadísticas, ni a nivel mundial ni en la historia del Uruguay".

Ambos insisten: el paro fue "gigantesco". Y si suman los que dijeron parar por convicción y los que pararon porque no tenían más remedio, resulta que pararon unos 900 mil trabajadores, y eso dobla la cantidad de afiliados al Pit (408 mil). "La convocatoria fue mayor a la agremiación", concluye Pereira. Por ende, no hay un problema de participación y mucho menos de representatividad.

La socióloga María Julia Acosta, directora de Desarrollo Social de Equipos, aclara que no fue su intención cuestionar la representatividad de la central sindical, y mucho menos ir al choque. Eso sí: defiende que se evalúe, de alguna forma, el concepto de adhesión. "La única forma de medir el grado de acuerdo con las medidas es preguntarle a los trabajadores", sostiene.

Para Acosta, la central sindical está frente a un desafío. "Por la propia estructura del mercado de trabajo y la heterogeneidad de situaciones y trabajadores, es difícil pensar en medidas colectivas que nos representen a todos". Todavía están presentes las "representaciones colectivas tradicionales, que trabajan con una población homogénea" (como en una fábrica). Sin embargo, para Acosta es preciso preguntarse si no hay que pensar alternativas para los demás —los que hacen tareas cognitivas, "inmateriales", los que trabajan en servicios—, que hoy son la mayoría.

"Capaz hay que discutir el modelo. Es complejo pensar, por ejemplo, en el sindicato de trabajadoras domésticas, porque trabajan atomizadas, en forma individual. ¿Cómo lográs consciencia colectiva en esa circunstancia? Te tienen que pasar cosas comunes; debe ser algo más que compartir el empleo. Si no, obviamente el sindicato no va a ser representativo", considera la socióloga.

Cuenta el economista Juan Manuel Rodríguez, docente y especialista en relaciones laborales, que el modelo de central única de trabajadores, como el Pit-Cnt, es prácticamente una rareza en el mundo. Lo normal en Europa es que haya tantas centrales como corrientes ideológicas, lo cual evita polémicas internas, pero implica que una empresa deba firmar hasta cinco convenios con cinco centrales. Hay una tendencia en muchos lados a la "individuación de las relaciones laborales": al arreglo personal y no colectivo. "En los países anglosajones es así y tiene mucha fuerza, así como la negociación por empresa y no por rama".

En Estados Unidos los sindicatos buscan a sus dirigentes por lo que vendría a ser el Gallito Luis uruguayo. Los eligen por currículum. Una vez que obtienen el aval de la mitad de los trabajadores, pasan a negociar con los empleadores. Son personas que nunca pisaron la empresa en cuestión y que gozan de mucha autonomía porque no tienen que consensuar sus planteos con nadie.

Los modelos en el mundo son muchísimos, pero no son una opción real en Uruguay. "La unidad del movimiento sindical aquí es casi un valor que no se puede perder", dice Rodríguez. De hecho, agrega que se ha dado en varias ramas —y aún se da hoy, aunque "no es generalizado"— que se creen organizaciones de trabajadores que quieren tener su representación aparte porque dicen que no están representados por el sindicato que el gobierno reconoce como interlocutor. Ante estos movimientos, los dirigentes del Pit se mueven hasta el cansancio para evitar la disgregación. La convicción es evidente: la unión hace la fuerza.

En aquellos países donde múltiples sindicatos representan a los múltiples intereses, se generan verdaderos "caos", asegura Rodríguez. La ventaja, se supone, es que todos se sienten representados. Pero para el especialista, que fue sindicalista e incluso dirigió el Instituto Cuesta Duarte, lo que se da en Uruguay tiene que ver con la idiosincrasia: "somos más discutidores". Un modelo como el estadounidense "sería imposible" de aplicar aquí. Además, su sensación es que el espíritu que orienta las relaciones laborales uruguayas es "más democrático".

Levanten la mano.

Los niveles de agremiación hoy son los más altos de la historia uruguaya, lo cual, evidentemente, enorgullece a los dirigentes. Hay 72 sindicatos nucleados en el Pit-Cnt con un total de 408 mil afiliados. El crecimiento fue constante a partir de 2005, cuando había unos 140 mil. En algunos sindicatos fue explosivo. El de la construcción, por ejemplo, pasó de 4 mil en aquella fecha a 42 mil al día de hoy. El movimiento sindical está en campaña para seguir engrosando sus padrones.

En la central dicen que la representatividad se mide básicamente en función de dos elementos: la cantidad de afiliados y la capacidad de conquistar cosas positivas. En ambas se sienten fuertes. "Aunque nunca se termina la etapa reivindicativa, lo cierto es que los avances se notan: convenios colectivos, mejores niveles salariales, nuevas normativas…", menciona Pereira. Si los salarios siguen sumergidos respecto a los países desarrollados (aquellos donde no hay Consejos de Salarios, como acá), es porque todavía hay "50 países, llamados potencias, desarrollados a costa de otros que no desarrollan ni mínimamente", considera el presidente de la central.

La afiliación en Uruguay es alta en comparación con otros países. En el Pit-Cnt piensan que para dimensionarla realmente no hay que mirar solamente la población económicamente activa, sino la población "afiliable" (lo cual excluye a los empleados de comercios familiares, Fuerzas Armadas, entre otros). Con ese criterio, la afiliación asciende de 22 a 33%. Para tener una referencia, los países de la OCDE establecen que un sindicato adquiere derecho a negociar si nuclea al 30% de los trabajadores. El promedio de sindicalización en América Latina es 16%. Además, en muchos países la afiliación gremial es un requisito para acceder a beneficios sociales, como la salud. En Uruguay, no.

Otra es la historia si lo que se evalúa es la participación de esos agremiados. El dirigente de la bebida, Richard Read, que esta semana se alejó de la central por discrepancias (ver entrevista en la página siguiente), dice que la participación "es menor a lo registrado en otras épocas", pero es algo que "se da en todas las organizaciones en el país, tanto empresariales como políticas partidarias". "Hay ausencia de compromiso colectivo", alega.

Entre los gremios que han disminuido en participación están los de la educación. Esta semana, justamente, quedó en evidencia tras la ocupación de dos facultades, Ingeniería y Comunicación, donde la decisión de tomar esa medida se resolvió en asambleas de escasa concurrencia de estudiantes, y luego se juntaron firmas para revocarla. El asunto, que levantó polvareda en esos centros de estudio, era justamente un cuestionamiento a la representatividad.

"Es un hecho objetivo —dice el economista Rodríguez—: no es deseable que un porcentaje muy pequeño decida por todos. Pero la realidad es que los sindicatos convocan a todos. Quien decide no participar, regala el espacio a los que sí". Eso sin perjuicio de que las asambleas se prestan para que participen los más "experientes" y que unos cuantos elijan no hablar para no generarse líos.

Federico Pérez, secretario gremial de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), se quedó "enojado" porque los "contra-ocupación" tuvieron espacio en los diarios. Para él, no son "representativos". Dice que la movida se infló y que al final de cuentas no fueron 500 los que firmaron, sino 200. Y, de todas formas, "las firmas no son comparables a una asamblea".

Para él, el hecho no revela falta de apoyo porque en elecciones gremiales, que son voluntarias, llega a participar la mitad del padrón. Lo que sí reconoce es la necesidad de lograr mayor participación en asambleas. En Ingeniería, de hecho, después de la polémica se promovió una nueva asamblea con condiciones: no más de dos horas de duración y un máximo de 15 oradores, con cinco minutos cada uno. También se organizó un grupo que va a evaluar si es posible montar una plataforma virtual de discusión, complementaria a las asambleas presenciales.

"No hay un problema de participación, qué va a haber. Hay un problema de cómo generás mayores niveles de participación. Si nos entrara el conformismo, estaríamos en el horno", plantea Pereira, del Pit. Dice, también, que está "convencido" de que hay que regular las asambleas y establecer un quórum mínimo para avanzar hacia más participación, algo que debería nacer de cada sindicato porque cada uno tiene sus estatutos.

"Lo decía Pepe DElía hace 50 años, hay que avanzar en tres direcciones: una, los trabajadores deben estar de acuerdo con la medida, y para eso no basta con una minoría; dos, el resto de los trabajadores debe comprender la acción que el movimiento sindical va a realizar; y tres, se debe entablar una comunicación adecuada con la sociedad que comprenda que cualquier malestar va a estar compensado con el logro que obtenga el sindicato y la rama, y luego en el futuro de su vida", expresa Pereira.

Read, el que acaba de golpear la puerta de la central, se queja de que "cada uno está inmerso en su reducto, cada vez con más actitudes corporativistas, y esto hace que la perspectiva de país en su conjunto esté ausente". No es la representatividad formal la que está en duda según él, sino la que cuestionan —sin involucrarse— las mayorías que esperan en una parada de ómnibus un día de paro general.

Un monitor de la "dimensión social" de los trabajadores.

La idea de Equipos Consultores de medir cuántas personas efectivamente pararon el 6 de agosto surgió en el marco de un Monitor de Trabajo que está llevando adelante la empresa desde hace aproximadamente un año. Bimensualmente se miden distintas variables de la "dimensión social" de los trabajadores, según explicó la directora de Desarrollo Social de Equipos, María Julia Acosta. Para ellos, los análisis que se hacían del mercado laboral hasta entonces eran solamente "desde una perspectiva de oferta y demanda". La última medición, correspondiente a julio, reveló, por ejemplo, que el 49% de los consultados está de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación: "Los empresarios solo piensan en su bolsillo". A su vez, el 30% considera que en la empresa donde trabaja no se respetan sus derechos. El monitor muestra que el 11% tiene multiempleo. Promedialmente, los uruguayos trabajan 41,8 horas semanales. Por otro lado, hay una amplia satisfacción con el empleo actual (81%). Otros datos: 23% trabaja por la noche, 50% lo hace los fines de semana, 27% de los trabajadores tiene personal a cargo y 63% cuenta con horario fijo de entrada y salida. La modalidad de las encuestas es vía celular, a 400 personas mayores de 18 años.

TEMPORADA DE PAROS, OCUPACIONES Y MARCHAS.

Resistencia a ocupar Ingeniería.

El 17 de agosto se ocupó la Facultad de Ingeniería. Se resolvió el día 12 en una asamblea de la que participaron 80 estudiantes, votaron solo 40 y de estos apenas 25 se expresaron a favor. Luego se juntaron unas 500 firmas en contra, pero la medida no se desactivó.

Otro intento en Comunicación.

Alumnos de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Udelar juntaron 200 firmas en dos días en contra de la ocupación del centro de estudios, que fue votado por solo 17 estudiantes en una asamblea que se llevó a cabo en horario de clase.

Varios paros y posible huelga.

El lunes los docentes ocuparon la sede del Codicen. Durante toda la semana se hicieron paros en la educación pública en reclamo de un salario mínimo de $ 30.000. Las negociaciones siguen sin éxito y hoy se decide si van a huelga nacional (ver página 18)

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