URUGUAY DEL SIGLO XXI

Más viejos y menos niños, un viaje sin retorno

El pronóstico de un país con tasas cada vez más bajas de fecundidad y población envejecida es irreversible según dicen los expertos, que consideran que el avance es aún tibio y que el enfoque de género es fundamental para equilibrar el trabajo y la paternidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La tasa de fecundidad seguirá disminuyendo hacia 2050. Foto: Reuters

Edad: 24 años. Diabetes: no", escuchaba Carolina Fernández desde la camilla, pronta para la cirugía que le iba a negar la posibilidad de tener hijos de una forma casi irreversible por el resto de su vida. Tenía una gorra puesta y el poncho quirúrgico sobre su cuerpo. Cuando la enfermera que recitaba sus datos llegó a la cantidad de hijos y pronunció "cero", todos los profesionales que estaban en la sala la rodearon. "¿Estás decidida? ¿Sabés que es irreversible? ¿Tu novio te apoya?", la interrogaron.

"Yo firmé un consentimiento, nadie me obligó", recuerda haber dicho. Carolina se tomó siete meses desde la primera consulta hasta llegar a la sala de operaciones y cuenta que tuvo la certeza de que no quiere ser madre desde los 13 años. Ese día, afirma, estaba segura y no lo dudó ni siquiera ante los ojos de los profesionales que, incrédulos, le sugerían pensar en alternativas. La cirugía duró poco más de media hora, el dolor fue mínimo y a cuatro meses de la intervención la joven profesora de literatura está recuperada.

La decisión de Carolina ilustra un aspecto que, de alguna manera, hace que desde la academia consideren que las bajas tasas de fecundidad en Uruguay son una "buena noticia". Las mujeres pueden decidir sobre el tamaño de sus familias y tienen la posibilidad de tomar decisiones como la suya. Aunque muchos la han cuestionado, ella afirma que nunca le gustaron los niños y prefiere priorizar su tiempo, su trabajo y su pareja sin necesidad de tener un proyecto de familia con hijos. La intervención le da la tranquilidad de saber que las probabilidades de concebir sean casi nulas.

En el otro extremo, la expectativa de vida crece cada vez más. El resultado es un país que va en camino a tener una población envejecida. Los investigadores consultados están convencidos de que es un proceso irreversible y lo ven con buenos ojos: es un paso en el camino hacia el desarrollo. Así lo describe el prólogo del libro Cambio demográfico y desafíos económicos y sociales en el Uruguay del siglo XXI, escrito por varios investigadores y coordinado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco Mundial.

Actualmente, la tasa de fecundidad es de 1,9 hijos por mujer según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, de 2013. Está apenas debajo de la tasa de reemplazo. Aunque las cifras no muestran un aumento de las mujeres que, como Carolina, deciden no tener hijos, es una realidad histórica que los uruguayos se reproducen cada vez menos.

Por otra parte, la expectativa de vida crece cada vez más. Actualmente está entre los 75 y 80 años y se espera que suba. Según proyecciones de Cepal y Naciones Unidas, la tasa de fecundidad seguirá disminuyendo y hacia 2050 se "estabilizará" bajo el nivel de reemplazo (2,1). Por otro lado, pronostican que la expectativa de vida llegará a los 86 años para 2100.

Para el economista, demógrafo y representante auxiliar del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Uruguay Juan José Calvo, no hay que ver esto como un problema. "Son consecuencias positivas de un mayor ejercicio de los derechos humanos", indica. Mayor nivel de independencia para las mujeres, conocimiento y acceso a métodos anticonceptivos, un incremento del nivel educativo de las mujeres y carreras profesionales que compiten con la maternidad son algunos de los factores que llevan a esta situación, así como mejoras en la salud que hacen que la calidad de vida siga subiendo.

Esta transformación se estudia desde hace décadas y, a futuro, traza un panorama de crecimiento en el gasto en salud y un desequilibrio en el sistema jubilatorio. Habrá menos activos que pasivos, es decir, menos trabajadores que sustenten la jubilación de la población envejecida.

Uruguay es, en este momento, el laboratorio de prueba de la región. Fue el primero en tener estas características de desarrollo y los desafíos que eso conlleva, y a su vez es prácticamente pionero en la toma de medidas en ese camino. Si bien el trillo a seguir está marcado por la experiencia europea, especialmente por los países nórdicos, algunos académicos consultados consideran que las medidas que se vienen tomando son aún "tibias" y que la discusión del sistema político no debería centrarse en aumentar la fecundidad, sino en generar un sistema con las características propicias para que quienes desean tener más hijos que la media puedan hacerlo.

"No va a haber marcha atrás en el descenso de la fecundidad, salvo coyunturas y de muy pequeño margen, pero no vamos a volver a fecundidades pretransicionales", enfatiza Calvo. La política de estado ideal hacia esta transición demográfica es, para el experto, "que las personas tengan la cantidad de hijos que desean tener, en el momento que desean tenerlos, con las condiciones adecuadas para criarlos". Muchas de estas medidas tienen que ver directamente con la situación laboral de los padres y que tener hijos y una carrera profesional no sea algo incompatible.

Asimismo, sostiene, sí se debería actuar sobre lo que se conoce como la "doble insatisfacción". Esto ocurre en dos ámbitos, personas de nivel socioeducativo alto y medio que dicen tener menos hijos de los que hubieran deseado y aquellas con menos educación y dinero que tuvieron más de los que querían.


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Fecundidad y género.

En un país donde la mayor parte de la crianza de los hijos recae en las mujeres, donde parte del sector empresarial ve todavía la ampliación de derechos laborales para madres y padres como un problema y donde en muchos sectores la mujer ocupa menos cargos de poder que el hombre, Calvo plantea la cuestión de igualdad de género y la crianza "protegida" y "menos estresada" como la clave para guiar las políticas.

"Las mujeres trabajan, estudian y no cambia la distribución de roles", indica Carmen Varela, demógrafa e investigadora en el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad de la República (Udelar). Para Varela, no hay una política que sea adecuada, sino una serie de medidas a tomar, como la mejora del Sistema de Cuidados o facilidades a la hora de obtener una vivienda. Otra de las medidas tiene que ver con las licencias para madres y padres.

Una imagen cotidiana en Suecia, por ejemplo, es la de padres discutiendo sobre temas de crianza de niños o llevando carritos con bebés por las calles. Desde 1974, los hombres tienen la posibilidad de tener hasta tres meses de licencia por paternidad. Sin embargo, hasta 20 años después de aplicada la medida la mayoría de no se tomaba los días que les correspondían. El cambio vino cuando se comenzó a dar tres meses de licencia a ambos padres pero de ellos había treinta días que correspondían exclusivamente al hombre. Si no los tomaba, la pareja los perdía. Ahora, tanto padre como madre tienen un total de 16 meses de licencia parental que pueden ser compartidos.

Para la demógrafa y antropóloga de la FCS de Udelar, Wanda Cabella, las medidas que ha tomado Uruguay en ese sentido son tímidas. Los datos muestran que son pocos los hombres que toman la posibilidad de trabajar en un horario reducido luego de tener a sus hijos, a pesar de que la ley se los permite, y que en 2015, el 34% de los padres de los niños nacidos no usó la licencia paga por el BPS.

"La reticencia tiene que ver en parte con el rol, la imagen que los hombres tienen de sí mismos, más asociados a esta idea de ganar dinero en el mercado para sostener económicamente hogar", indica y agrega: "No se discute demasiado en Uruguay quien debe criar a los niños".

"En desarrollo humano Uruguay siempre rankea bien y en el empoderamiento de las mujeres siempre queda muy mal parado", explica Cabella, quien además cree que es necesario estudiar la incidencia de las desigualdades de género en la fecundidad.

Varela, por su parte, entiende que los cambios demográficos no implican que Uruguay se vaya a convertir en un "país de viejos" y que, aunque la expectativa de vida sube, hay otras variables, como la migración, que hacen que estas cifras se transformen. Además, indicó, si se observa la cantidad de hijos que tiene una mujer entre los 35 y 40 años (paridez media acumulada) y no la tasa de fecundidad, que "es una medida de momento", el panorama parece más alentador. Hacia los 35 la cifra se acerca a los dos hijos y a los 40 crece. Esto quiere decir que las mujeres tienen hijos luego de los 35 y que, sumando otros factores demográficos que entran en juego, "a un mediano plazo no va a disminuir la población".

A su vez, alerta, hay un problema que debería preocupar más y es la brecha que hay entre familias de contexto socioeducativo vulnerable y los estratos más educados y pudientes. 


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Política y academia.

Si bien la academia rechaza la idea de aplicar políticas que busquen incidir directamente en la cantidad de nacimientos, desde el ámbito político hay algunas propuestas que refieren a aumentarla.

Quienes más se han destacado en este sentido han sido la senadora Verónica Alonso y el vicepresidente de la república Raúl Sendic. La propuesta de Alonso, quien presentó una serie de medidas a José Mujica durante su presidencia, iba dirigida a "fomentar la llegada del tercer hijo" en sectores de ingresos medios, según explica la senadora. Una de ellas implicaba una bonificación en la jubilación para quienes tuvieran tres hijos y además proponía reducciones de IRPF.

Sendic también ha manifestado en declaraciones que una sociedad envejecida es "insostenible" y en diciembre de 2015 anunció que iba a trabajar en una propuesta, en colaboración con Alonso, aunque todavía no se ha concretado. "Creo que el aumento de la natalidad es una de las posibles soluciones o mejoras a ese problema. Seguramente hay otras medidas que habrá que seguir estudiando, como aumentar población económicamente activa o tratar de que el desempleo siga disminuyendo", destaca Alonso.

También desde la Comisión Sectorial de Población, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto se han realizado varios documentos prospectivos que dibujan las posibilidades del país de cara al 2030.

El mito del “Uruguay de los diez millones”.

¿Podría Uruguay llegar a tener diez millones de habitantes? Ni en el escenario más optimista esto sería posible, indican los autores de Cambio demográfico y desafíos económicos y sociales en el Uruguay del siglo XXI, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco Mundial. En un apartado, los autores explican, en respuesta a lo que definen como un “coro” de larga data que sugiere el crecimiento demográfico como condición “necesaria para el desarrollo”, que ni con las mejores tasas de fecundidad y recepción óptima de inmigrantes algo así podría ocurrir, al menos hasta 2050. De hecho, para que apenas se superen los cuatro millones de personas la fecundidad debería volver a alcanzar la tasa de reemplazo y habría que sumar un saldo migratorio de cinco mil personas por año a partir de 2015. En el peor de los casos se llegaría a los 3,4 millones.

La oportunidad del "bono" demográfico.

La población uruguaya atraviesa lo que se conoce como un "bono" demográfico, que durará las primeras décadas del siglo, alrededor de 2040. Se trata de un período en que la población activa es más alta de lo que fue en el pasado y de lo que será en el futuro, que ocurre en el momento previo a la disminución de las tasas de fecundidad. Quienes nacieron en épocas con mayor natalidad se mantienen en edad de trabajar por un período de tiempo, y eso tiene potencial para la proyección del país. Uruguay no es el único que vive este momento que se considera como una oportunidad para el ahorro, inversiones y la generación de capital, ya que hay más personas en edad de trabajar. Actualmente, Uruguay se encuentra en el "punto medio" del bono, según indican la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco Mundial. En comparación con otros países este bono brindará oportunidades más limitadas a Uruguay que a los vecinos de la región e incluso países asiáticos, y una de las explicaciones tiene que ver con el alto nivel de consumo del país, que reduce la capacidad de ahorro de la población.

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