EL CANDIDATO QUE INQUIETA A LOS ORIENTALES

Trump bajo la mirada uruguaya

Donald Trump aspira a ocupar el sillón principal del Salón Oval en la Casa Blanca. Y tiene serias chances de hacerlo. Su estilo polémico y frontal, y su violento discurso contra los inmigrantes, lo convierten en una amenaza para los hispanos radicados en Estados Unidos.

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Donald Trump. Foto: AFP

Entre la colonia de uruguayos genera rechazo y temor, aunque hay un puñado que lo ve con simpatía porque consideran que falta “mano dura” y que la candidata demócrata, Hillary Clinton, “es muy débil”. ¿Cómo es visto el magnate por los uruguayos en Estados Unidos?

El desenlace era lógico para Rosana Araujo. Sus padres la habían llevado desde niña a la actividad política, movimientos sociales y trabajo voluntario. Pero lo más probable es que nunca hayan imaginado que terminaría estampándole el grito impetuoso de "¡dignidad!" al ahora candidato a la presidencia de Estados Unidos por el partido Republicano, Donald Trump, en el medio de uno de sus mitines. La uruguaya de 48 años vive indocumentada en Miami desde hace 14 y se define como una activista. Acusa a Trump de querer separar familias, de ser xenófobo y racista, y está convencida de que la candidatura del multimillonario será una catástrofe para la comunidad hispana. Por eso, ese 23 de octubre de 2015 en que la echaron del acto a los empujones no se le olvida más.

Tampoco se le borra el dolor por un golpe que dice le propinaron al echarla, ni el repudio que le generó la respuesta de los partidarios de Trump, que festejaron su expulsión del acto llamándola a ella y sus compañeros "perros asquerosos", según recoge la crónica de Univisión de aquel entonces. "Soy de las pocas uruguayas que está metida en esto", señala al describir lo que considera apatía de sus compatriotas hacia la política estadounidense y concluye: "somos pocos los locos".

A pesar de que la política estadounidense no es nativa para los uruguayos radicados en el país, la llegada de Trump al escenario político llevó a que todos tuvieran algo que decir al respecto. La mayoría de los uruguayos están preocupados, al igual que otros inmigrantes, por el ascenso meteórico de una figura que metió el primer pie en la política casi como un experimento, como una oportunidad de negocios más, y que ahora tiene chances reales de ser el presidente de una potencia mundial desde el próximo 20 de enero.

El 17% de la población estadounidense, 55 millones de habitantes, son latinos. De ellos, el 46% está habilitado para votar. El resto no puede hacerlo por ser indocumentado o porque aún no tramitó la ciudadanía, aunque tenga la residencia. Si esta proporción se aplica a los 56 mil uruguayos que residen en Estados Unidos, algo más de 25.700 compatriotas podrán concurrir a las urnas el próximo 8 de noviembre.

Ocho de cada 10 uruguayos viven en Nueva York o Florida. El primero de estos Estados es visiblemente demócrata y en el segundo los sondeos más difusos. Esta influencia del entorno, sumado a que los uruguayos "no suelen ser afectos a los discursos extremistas", dice el analista Ignacio Bartesaghi, hace que el candidato republicano pierda terreno en un país donde el voto no es obligatorio.

Pero así como el multimillonario convence a varios estadounidenses cansados del terrorismo, con su idea de limitar la migración y mano dura, también gana adeptos entre algunos hispanos. El uruguayo Christian Sislian es uno de ellos.

Cuando el jueves Trump aceptó oficialmente su candidatura por el Partido Republicano, Sislian no dio más vueltas: "Si las elecciones fueran hoy, seguramente le daría mi voto". Los discursos de los hijos del magnate y de su compañero de fórmula, Mike Pence, le agregaron el tinte "humano" y políticamente correcto que el contador uruguayo estaba reclamando.

En una contienda en que "ganará el menos malo", Sislian ve a Hillary Clinton como "una débil ante una sociedad cada vez más violenta". En cambio, Trump es esa especie de patovica con cara de Bulldog dispuesto a aplicar el derecho de admisión a todo el que intente ingresar a Estados Unidos, y lo dice sin rodeos.

El candidato republicano había prometido la instalación de un muro de 2.000 kilómetros para aislarse de México y que debía ser pago por los mexicanos. De lo contrario, amenazó, cortaría las remesas que los residentes indocumentados envían a sus familiares en el exterior. Si bien no detalló cuánto es ese dinero, aclaró que el total de remesas (incluyendo a los legales) supera los US$ 24.000 millones, cinco veces la fortuna que la revista Forbes le adjudica a este multimillonario.

Sislian vivió 28 de sus 37 años en Estados Unidos y nota que ese país está "sobrepoblado de latinos sin documentos" por lo que "la cosa no da para más". No es que se oponga a los inmigrantes, porque eso sería enfrentar su propia historia, pero cuestiona que "cualquiera consigue trabajo sin documentos, y sin aportar a la seguridad social"; sin embargo a él le quitan un 25% de su salario por impuestos.

Y no es solo una cuestión económica. Este contador uruguayo que está afincado en el distrito más extenso de Nueva York, Queens, se siente cada día más inseguro. Dice que tiene "amigos policías" que le han contado que "probablemente" haya un atentado en el centro financiero de Estados Unidos. Es cierto "que Trump habla a lo bruto, pero la otra (Clinton) quiere traer refugiados sirios y aumentar 550% la inmigración de los países árabes".

Además de limitar la inmigración, el candidato del llamativo pelo que causó todo tipo de burlas, ya anunció que recortará el comercio con los países "terroristas". De hecho fue crítico con el convenio alcanzado entre Barack Obama e Irán.

Orientales en el norte.

Los nervios en la previa al acto eran inevitables. Araujo recuerda que organizar la intervención fue cosa de unos pocos días. "Estos hechos no pueden ser tan planificados como otras proyecciones de trabajo", dice. "Me hizo a acordar mucho a cosas que hacíamos en dictadura, en Uruguay". Sin embargo, al llegar, le impactó que las personas usaran máscaras con la cara del candidato y que lo apoyaran con tanto fanatismo, como si fuera un ídolo. Las tres palabras que el grupo de latinos iban a desplegar en varios carteles, en tres momentos diferentes del acto, eran "justicia", "dignidad" y "respeto". A todos los echaron. Según narra la crónica del evento, el mismo Trump ordenó su expulsión: "Con el primer grupo fui amable, con el segundo también (...) al tercero le diré sáquenlos de aquí".

Esta mujer, que es divorciada, tiene un hijo y se ha dedicado a trabajos en limpieza y diversas causas sociales también caminó 160 kilómetros cuando el Papa visitó Estados Unidos, desde una cárcel de indocumentados hasta la Casa Blanca, para pedirle al pontífice que ayude a que el gobierno realice una reforma migratoria integral. El reclamo era básicamente que se contemple a los 11 millones de indocumentados latinos que viven hoy en el país, de los que, según Trump, 2 millones están en la pobreza desde que Obama asumió el poder en 2009.

Porque si hay algo que Trump no da espacio a la duda es que "como dice una cosa, te dice la otra". En pocos párrafos de diferencia, el magnate acusó el jueves a los latinos de narcos y al mismo tiempo los defendió para intentar captar su voto.

"Acá nadie nos regala nada, no recibimos nada de nadie", explica Araujo, quien, a pesar de que no tiene la famosa "Green Card", sí está registrada y paga sus impuestos. Soluciones para quienes están en la misma condición que ella, plazos más cortos para regularizar la situación de los migrantes y convenios entre países para facilitar la inmigración legal son algunas de las propuestas de esta uruguaya.

Nada de muros ni de expulsiones. "Lo que pasa es que Trump hipnotiza a la gente con su discurso económico", dice Araujo. "Creo que va a ganar Hillary. Si pudiera la votaría".

Jorge Rodríguez, quien se dedica a la logística y hoy se define como uruguayo-anarquista, piensa lo contrario: "Trump es un hábil comerciante" y "seguramente" ganará. Aunque rechaza las ideas del candidato, cree que la situación actual de inmigrantes latinoamericanos que llegan sin formación al país propicia la xenofobia, que el multimillonario aprovecha y junta como moneditas.

Seis de cada diez presos en Estados Unidos son negros o latinos. Este dato, como varios otros, es aprovechado por Trump, que canaliza el sentimiento popular para capitalizarlo en su provecho, opina Rodríguez. "La gente que viene acá llega de lugares donde no hay escuelas, donde no saben ni escribir en español" y se hace difícil la integración. Pero también "son ellos (los inmigrantes) quienes se encargan de trabajos que el resto de los estadounidenses no quiere realizar".

Pero hay otro factor que favorece al magnate republicano: a diferencia de Obama, que con su "cancha" supo persuadir a millones de latinos, su posible sucesora demócrata tiene la impronta del establishment de Wall Street, a veces distante del pueblo. José Serebrier, el eximio director de orquesta uruguayo que fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo el mes pasado, palpa esa sensación en las conversaciones con sus pares artistas.

"La manera de hablar de Trump no cae bien en la costa este y en los sectores intelectuales, pero tampoco convence Hillary, que está siendo investigada por la Policía", explica el uruguayo nominado a 45 premios Grammy y radicado en Estados Unidos desde 1956. Por eso en noviembre no irá a votar.

Si bien su esposa, la soprano Carole Farley, apostará por Clinton, él prefiere abstenerse y dejar que los otros decidan. Solo recuerda una vez que, con entusiasmo, fue convocado a votar. Fue en los comicios primarios entre Edward Kennedy y Jimmy Carter. La noche anterior lo llamó el famoso músico Leonard Bernstein y le rogó, ya sin voz, que votara por Carter. Serebrier se dejó tentar. Pero esta vez es distinto: "los dos son muy inteligentes, Trump es un gran negociador y por algo sobresalió entre 17 candidatos republicanos, pero ambos (Clinton y él) tienen aspectos poco atractivos".

A tan solo doce horas de Nueva York, en Chicago, los uruguayos son más tajantes a la hora de describir lo que les genera Trump. Luis Rossi es un peso pesado en la industria del entretenimiento. Se radicó en Estados Unidos en 1970, fue periodista y propietario de un diario, pero desde hace veinte años se dedica de lleno a la producción de espectáculos en las mejores salas de Chicago. Por sus manos pasan buena parte de los artistas que se presentan en la tercera ciudad más poblada de los Estados Unidos.

Rossi está en permanente contacto con la comunidad hispana y es enfático al referirse a Trump: "cuando lo escucho no puedo dejar de pensar que está mal de la cabeza". "Estamos contra Trump, ha hablado muy mal de los inmigrantes y, fundamentalmente, de los mexicanos. Son impresentables las cosas que dice. Conozco muy bien a los mexicanos que llegan a Estados Unidos y la enorme mayoría busca trabajo y progresar. No es justo cuando se refiere a ellos. Todo lo que dice es un dislate".

Sostiene que Trump se da esa libertad porque al fin de cuentas es bajo el porcentaje de hispanos que vota con relación al tamaño de la comunidad. "Primero hay que hacerse residente, luego ciudadano, y finalmente registrarse para votar. En cada paso un alto porcentaje va quedando por el camino. No es sencillo. Si fueran más los que votan nos respetaría".

A Rossi le duele el discurso anti inmigrante que se ha instalado en parte de la sociedad norteamericana. "Soy descendiente de italianos. En Uruguay mi abuela no hablaba español y siendo un niño tuve que aprender italiano para comunicarme con ella. Sé lo que es venir de otro país a hacerse un camino propio. Llegué a Estados Unidos en 1970 y me integré rápidamente. Era una sociedad abierta. Me duele que ahora pase esto", dice.

También afirma que Trump es el tema de conversación permanente entre los hispanos. "Hay temor, no se sabe qué puede llegar a hacer si llega a la Presidencia. Hay millones de hispanos indocumentados y son una parte fundamental para la economía de Estados Unidos. ¿Qué pasará si viven con miedo en este país? Trump es una amenaza para todos".

Jimena Catarivas, uruguaya y desde hace cinco años directora general del periódico La Raza, el medio escrito en español más importante de Chicago, recuerda que las amenazas de Trump no fueron tomadas en serio cuando arrancó la campaña para las primarias.

"Cuando dijo que los mexicanos eran violadores o delincuentes nos causaba pena y risa porque pensábamos que con ese discurso era obvio que no llegaría a ningún lado. Luego vino su discurso contra los musulmanes y otras barbaridades. Sin embargo, lejos de caer, cada vez acumula más votos y hoy está peleando por entrar a la Casa Blanca. En la colonia hispana se ha instalado el miedo. Ahora la interrogante es si Hillary podrá ganarle".

Los hispanos y gran parte de la sociedad norteamericana se hacen otra pregunta: ¿de dónde salen tantos votantes de Trump? "Llevo veinte años en Estados Unidos y todos conocemos gente racista o anti inmigrantes. Lo que nunca pensamos es que fueran tantos. Ahora, respaldados por Trump, cobran fuerza".

Desde su posición de periodista, Catarivas señala que Trump representa muchas incógnitas para América Latina. "No se sabe cuál será su relacionamiento y eso es muy importante, fundamentalmente para gobiernos de izquierda como el de Uruguay. ¿Qué pasará a nivel político con el continente si cumple con su promesa de hacer un muro con México o expulsar a once millones de indocumentados? También dijo que revisará todos los tratados multilaterales y bilaterales que tiene Estados Unidos. Uruguay, a nivel comercial, tiene acuerdos para vender carne o cítricos. ¿Se revisarán? Pues no lo sabemos. Esas son las cosas que Trump pone encima de la mesa de forma general, sin entrar en detalle. Dice cosas fuertes pero no dice cómo las hará. Eso genera incertidumbre a nivel político y económico".

Jorge Moreira vota al Partido Demócrata desde que puede participar en las elecciones. Este año, "más que nunca", dice. Este abogado y editor de un periódico de distribución gratuita en Nueva York y Nueva Jersey trata con muchos casos vinculados a la migración. Vive en Estados Unidos desde 1974, está casado con una uruguaya y tiene tres hijos.

Moreira cree que si Trump llega a presidente se van a terminar todos los proyectos de acción afirmativa que ayudan a los latinoamericanos a integrarse en la sociedad estadounidense. Una victoria de Trump podría complicar el trámite de residencia para aquellos que lo estén llevando adelante al momento de su asunción. Para Moreira, el discurso de Trump "no tiene sustancia". Sin embargo, la amenaza de una victoria es algo que a Moreira le parece probable y un serio riesgo.

Pero como concluye Serebrier: "La democracia es lo mejor que tenemos y el pueblo tienen derecho a votar sobre lo que se les ha convencido. Guste o no". Producción Gonzalo Terra

Clavijo: "este es un problema de todos", dice el futbolista.

Cuando Donald Trump dijo que sería candidato a presidente, pocos le creyeron. Desde la década de 1990 este multimillonario venía anunciando que "jamás" aceptaría tal investidura. Cuando anunció que ganaría en las internas de su Partido Republicano frente a 17 oponentes, fueron menos aún los que se lo tomaron en serio. "Empezó como una farsa política en donde nadie pensaba que podía salir de las primarias", recuerda Fernando Clavijo, futbolista uruguayo que jugó para la selección estadounidense en el Mundial de Fútbol de 1990 y 1994. Pero el jueves, cuando el magnate aceptó la nominación presidencial republicana, tumbó a todos los detractores que lo miraban como un "inocente". Millones de estadounidenses siguieron su discurso en vivo. Por más que esta haya sido una de sus elocuciones más moderadas, a Clavijo no dejó de indignarle "la forma en que Trump está haciendo política". Y dice que es un reflejo de un "problema de todos".

"El nombramiento de Trump es mala noticia para Sudamérica".

La vida de Donald Trump parece anclada en los deseos de un niño caprichoso, nacido en una cuna de oro. Y sus discursos también. Este magnate de 70 años que comenzó a trabajar en la empresa de su padre, que llegó a construir los rascacielos y hoteles más emblemáticos de Nueva York y que estuvo atrás de la franquicia Miss Universo, dice lo primero que se le cruza por la cabeza, sin mucha premeditación. Su política impredecible abre una interrogante mayúscula ante su eventual investidura como presidente de Estados Unidos: ¿cómo será su relacionamiento con Sudamérica?

Los más de 55 millones de latinos que viven en Estados Unidos son una comunidad relevante para captar el voto pero, por ahora, "su poder no se ha hecho sentir en la agenda de los anteriores presidentes estadounidenses", dice Ignacio Bartesaghi director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica.

Pero hay que reconocer, dice el académico, que Barack Obama "no cayó en la tentación de una política agresiva cuando era cuestionado por el chavismo, se acercó a Cuba y ahora también a Argentina". Ese escenario, señala, "se cortaría" con la elección de Trump. En cambio la figura de Hillary Clinton es la más cercana a una continuidad.

El nombramiento del magnate "es una mala noticia" para la región, enfatiza Bartesaghi. "Si bien Trump va a matizar mucho su discurso y el presidente no es tan poderosos como se cree, la posición contra los migrantes preocupa a América Latina". Inquieta que el presidente de la primera potencia del mundo, "tenga una visión tan simplista del terrorismo y crea que se evita dejando entrar a ciertas personas".

Esa preocupación, dice el analista, también se refleja en las intenciones de política económica exterior. Tanto Clinton como Trump son el reflejo de un Estados Unidos cada vez más contrario al libre comercio. "Los dos se paran en la vereda de enfrente al acuerdo del transpacífico y del transatlántico". ¿El motivo? El país norteño no quiere perder su industria y desea recuperar cierto proteccionismo de sus productos.

La imagen de Trump como un gran empresario y las inversiones que tiene en Uruguay (como la torre homónima de 24 pisos en Punta del Este), "no nos adelantan cómo será su presidencia", dice Bartesaghi. "Menos aún aseguraría un tratado con el Mercosur con un Brasil convulsionado".

Lo único claro, concluye, es que "la extrema derecha toma cada vez más protagonismo en el mundo, fruto de parte de la población cansada, y nos alerta si "¿no es una crisis del sistema?"

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