Afición sin control

Tiro al aire

La Dirección de Fauna quedó en el medio de un nudo burocrático y no inspecciona la caza. No tiene el presupuesto ni los funcionarios necesarios, y mientras da permisos que luego nadie controla, se generaliza la actividad ilegal, poniendo en riesgo algunas especies.

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Dirección de Fauna quedó en medio de un nudo burocrático y no inspecciona la caza.

En Uruguay hay 35 establecimientos de caza registrados. Ahí se puede matar desde una tórtola o una perdiz, hasta un ciervo o un búfalo. En Uruguay, también, se registran por año entre 3.000 y 3.500 cazadores, más del 95% extranjeros, y otras miles de personas cazan sin tramitar un permiso. En Uruguay, donde se ha formado un ejército de protectores de animales, la oficina que se encarga del cuidado de la fauna y el control de la caza no funciona hace siete meses.

En enero de este año y en el medio de los aprontes para el cambio de mando, la Presidencia firmó el decreto que terminaría de complicar a una dependencia en crisis. El texto determinó que la Dirección de Fauna, creada hace 80 años, debía pasar de manos del Ministerio de Ganadería (MGAP) a manos del Ministerio de Vivienda y Medio Ambiente (Mvotma), pero ejecutar el cambio fue un verdadero caos.

Así lo denunció ayer a El País el jefe del Departamento de Fauna, Jorge Cravino: "Llevamos siete meses sin vehículos y sin viáticos. Enviaron dinero del funcionamiento para el Mvotma, pero los funcionarios quedamos en el MGAP. Pedíamos viáticos en Ganadería y nos decían que el dinero lo tenía Vivienda. Pedíamos en Vivienda, y nos decían que no nos podían dar porque no estábamos en su planilla. Estamos de manos atadas". Recién ayer de tarde se terminó la mudanza de la oficina desde una cartera hacia la otra.

El jerarca admitió que durante este año el MGAP dio permisos de caza para quienes quieren ejecutar dicha práctica en el país, pero no realizó ningún control o seguimiento posterior. "No hay fondos para que un inspector vaya a hacer los controles, además de que solo tenemos dos inspectores para todo el país", marcó Cravino, que afirmó ya haber planteado el tema a los ministros de las dos carteras involucradas, e incluso haber trasladado la situación por escrito, hace tres semanas, al Presidente de la República.

"Es como que el Ministerio del Interior pasara la Policía al Ministerio de Defensa. Que pasara los recursos que hay para la misma, pero no pasara los patrulleros ni los efectivos policiales. El MGAP se quedó con los autos de la Dirección de Fauna, pero no les podía echar nafta porque no tenía el dinero", insistió el jerarca.

Incluso, Cravino dijo que hace poco, para realizar un procedimiento en Rivera, él debió costear el hotel y los gastos en alimentos de dos funcionarios que viajaron a ese departamento. Afirmó que pagó de su bolsillo $ 2.400 y que nadie se lo devolvió, y subrayó que este año no se inspeccionó ningún establecimiento ni se hicieron más controles por ese motivo.

También denunció que no hay un inventario nacional de fauna porque no hay presupuesto para hacerlo, lo cual implica que no se sepa cuántos animales quedan de determinadas especies que son atacadas por los cazadores, algo que las pone especialmente en riesgo.

Cravino dijo que la oficina que encabeza también está en problemas por debilidades en los recursos humanos, y que muchos de los funcionarios ya tendrán causal jubilatorio en la actual administración. "Tenemos dos inspectores, uno de 60 años y el otro de 56, y para esa tarea se necesita agilidad, determinadas destrezas para los operativos, y con esas edades se hace complejo. Tenemos además cinco técnicos, los cuales tienen que asumir tareas inspectivas, pero estamos abandonando los deberes funcionales", advirtió.

El jerarca dijo que los únicos controles que se han llevado a cabo han sido por parte de la Policía, la Prefectura y Aduanas, aunque señaló que para esas instituciones la inspección de fauna es un cometido "secundario". Recordó que la semana pasada la Guardia Republicana detuvo a nueve cazadores furtivos y les incautó 10 carpinchos semifaenados (una especie que está prohibido cazar) y 11 armas de grueso calibre (ver aparte).

"El Estado repartió competencias, pero no idoneidades. Tenemos el conocimiento de las normas, de las especies y nuestro cometido esencial es el cuidado de la fauna, pero no lo podemos hacer. Entonces, me molesta que vengan las ONG y me digan, por ejemplo, que Fauna no hace nada con los animales de las ferias. Además, si en las ferias hay policías o personal de Aduanas, ellos pueden hacer los mismos controles", dijo Cravino.

Turismo que cotiza.

"Uruguay se está convirtiendo en un nuevo pero fascinante destino en el mundo, donde encontrará excelentes trofeos de una gran variedad de especies", anuncia la web de la estancia Rincón de los matreros, y destaca: "Un coto de caza hecho por un cazador, para cazadores". Ubicado en Treinta y Tres, es uno de los 35 sitios locales que reciben cazadores de todo el mundo, pero es uno de los pocos en donde se realiza caza mayor: hay jabalíes, ciervos, cabras y muflones, entre otros animales.

Allí se ofrece dispararle a un jabalí de gran tamaño por US$ 500, a una cabra por US$ 300 y a un ciervo axis (los de manchas blancas) por US$ 1.700. El ciervo rojo llega a los US$ 4.000.

Al norte de Florida, en tanto, está la estancia La Bacana, otro de los sitios donde hay caza mayor. Ahí hay nueve especies disponibles: ciervos colorados, búfalos de agua, antílopes, carneros y chivos salvajes son algunos de los animales más destacados. Un paquete de cacería en ese sitio cuesta entre US$ 3.000 y US$ 5.000, y quienes llegan allí son en su gran mayoría españoles, brasileños y estadounidenses.

El precio incluye los pasajes de avión, la estadía, cuatro comidas diarias, armas, municiones y salidas con guías de caza. El lugar tiene habitaciones dobles, atención las 24 horas y diversas comodidades. Hay servicio de taxidermia para los animales capturados, aunque se cobra aparte.

En Rincón de los matreros, la estancia ubicada en Treinta y Tres, se ofrecen suites de estilo colonial y hay un gran salón con chimenea, una bodega y una piscina con vista a las sierras. El servicio que se brinda es completo. Contempla el alojamiento, los alimentos, el uso de vehículos 4x4 y caballos, guías profesionales, rifles y municiones. Además, el cazador se puede llevar su trofeo (la cabeza del animal), pero debe pagar un trámite de US$ 130.

Otra opción es la estancia Las Torcazas, que en su web afirma: "Quizá el paraíso de caza ya no exista, pero si algo se acerca a él, es cazar en Uruguay". Ubicada en Colonia, se dedica a la caza menor, y está enfocada en las aves. Según se destaca, la abundancia de pájaros en esa zona "permite que en un mismo día se puedan realizar entre 500 y 1.500 disparos".

Para el Ministerio de Turismo, la caza es un elemento más que el país puede aprovechar para atraer visitantes. Benjamín Liberoff, subsecretario de la cartera, dijo a El País que es un negocio "perfectamente" explotable y que es "razonable trabajar" en el área. Afirmó que de momento es un rubro marginal, pero agregó que hay mercados muy fuertes que se pueden explotar a futuro.

Los establecimientos de cacería comparten el perfil de su público: hombres de entre 30 y 70 años y de alto poder adquisitivo. Igual, en las fotografías que publican dichas estancias en sus perfiles en las redes sociales, se puede apreciar la presencia de mujeres cazadoras, y de adolescentes junto a los animales capturados. En las cuentas hay miles de imágenes de animales cazados. En muchas aparece junto al cuerpo, posando con orgullo, el autor del disparo. Las escenas se repiten. El animal yace en el piso donde cayó muerto, o figura en algún lugar especial para exhibirlo mejor. Se ven agujeros de menor o mayor tamaño en su cuerpo y algún rastro de sangre. En muchos casos, la lengua de la presa cuelga hacia afuera. El cazador, mientras, muestra una gran sonrisa. Posa con rostro airoso, radiante, y sostiene un arma de gran calibre.

Cravino, el director de Fauna, dijo que ese tipo de cacería (en cotos) es común en el mundo, y entendió que el principal problema está en quienes salen a cazar sin permiso y quienes matan especies protegidas. Opinó, así, que es necesario cambiar la ley de fauna para que cazar, hacer faena clandestina y vender la carne del animal capturado, pase a ser delito penal y deje de ser solo una falta.

Policía señala existencia de organizaciones de caza ilegal.

El sábado pasado la Guardia Republicana detuvo a nueve cazadores furtivos. El caso ocurrió en el río Cebollatí, y a los cazadores les fueron incautados 10 carpinchos semifaenados (una especie que está prohibido cazar), 11 armas de grueso calibre y tres embarcaciones, además de cerca de 20 cuchillos especiales para la tarea. Según explicó la Policía, los cazadores integraban una organización que abastece a carnicerías del interior del país y que también practica el abigeato. Productores de la zona denunciaron que llegaron a ver a 16 embarcaciones con personas en dicha práctica. De todos modos, los detenidos fueron puestos en libertad por la Justicia, dado que en Uruguay la caza no es un delito sino una infracción. Según explicaron las autoridades tras el procedimiento, ese tipo de organizaciones ha desarrollado una "gran destreza" en la tarea, al punto de lograr faenar un carpincho en solo ocho minutos. Se advirtió que estos grupos tienen un "gran poder de comunicación", con handies y diversos equipos celulares, y utilizan embarcaciones de un valor de US$ 15.000 y armas con costos desde los US$ 1.000 hasta los US$ 7.000. Jorge Cravino, director nacional de Fauna, dijo que el carpincho es un animal buscado especialmente por los cazadores y sumamente codiciado por su carne, más allá de que es una especie protegida, y afirmó en diálogo con El País que ese animal no ha desaparecido solamente porque tiene un alto nivel de reproducción. Se constató que en el interior del país se abastece con cierta "normalidad" a algunas carnicerías con carne de este roedor (el más grande del mundo). Cravino afirmó, en tanto, que los ciervos también son cazados por su carne, y que a las mulitas —especie protegida— les dan "una paliza bárbara".

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