¿CÓMO ES SER SUPERDOTADO EN URUGUAY?

Un don que crece a escondidas

Se estima que hay unos 70.000 niños con altas habilidades en nuestro país, pero muy pocos están identificados. La mayoría de ellos pasan desapercibidos o son medicados a partir de diagnósticos errados. Padres y especialistas reclaman una ley que proteja su derecho a recibir una educación adecuada.

15 mil pesos puede llegar a costar un test de inteligencia
Más rápido: Andrés cursó cada grado siendo tres años más joven. Foto: Fernando Ponzetto
Bendelman y Pérez Barrera escribieron "Altas habilidades / Superdotación: ¿Qué, quién, cómo? (Isadora). Foto: F. Flores
Belén sospechó que podía tener altas habilidades leyendo un artículo. Foto: Ricardo Figueredo

Dice la genética que una persona con superdotación es un ser igual de excepcional que un narigón. La inteligencia se distribuye en la población de la misma manera en que algunos son muy altos y otros son muy bajos: hay extremos que siempre van a existir debido a factores genéticos, factores ambientales y una pizca de azar. Cuando en tiempos de la Primera Guerra Mundial el psicólogo estadounidense Lewis M. Terman popularizó el uso de un test para medir la inteligencia, consideró que aquellos con cociente intelectual superior a 130 tendrían más posibilidades de éxito en sus vidas. Según sus cálculos, entre el 3% y el 5% de los recién nacidos serían "superdotados". Desde entonces, la mayoría de los que no integramos ese porcentaje creemos que tener altas habilidades es un don, pero ignoramos cómo es crecer aprendiendo más rápido que el resto.

De pie en medio de su habitación, el espacio más íntimo que puede tener un adolescente, Andrés sostiene una foto que lo muestra a los dos años en una clase de violín. La acerca a su rostro y espera que la cámara fotográfica dispare. Esta mañana limpió el cuarto para recibirnos. Tendió la cama, apiló sobre el escritorio la saga de libros de fantasía heroica que escribió Andrzej Sapkowski, y sacudió el polvo de la repisa que expone su colección de autos alineados con precisión milimétrica. En otro estante hay un grupo de pequeños y metálicos caballeros medievales colocados en posición de ataque y, finalmente, desplegadas con delicadeza, una docena de cuchillas antiguas.

Apenas cumplió su primer año, Andrés ya sabía hablar con oraciones completas, contaba hasta 48 y reconocía las letras. Ahora, con 17, exhibe las pruebas de que siempre ha sido un chico distinto a los de su edad. Responde preguntas y posa para más fotos. Cumple. Aunque murmura, al pasar, que hubiera preferido no ser parte de esta nota.

—¿Por qué aceptaste la entrevista?

—Porque soy un chico educado —dice revoleando los ojos.

Andrés tenía cuatro años cuando empezó la escuela, nueve cuando empezó el liceo y 15 cuando empezó la universidad. A sus compañeros de Facultad de Ingeniería les miente y les dice que ya cumplió los 20.

—O podés decirlo de otra manera. Podés decir que a los 10 fui a mi primera fiesta de 15 y a los 17 voy a tener mi primera despedida de soltero —propone.

Andrés siempre llega temprano a las etapas que a la mayoría de nosotros nos dijeron que había que "quemar". Por eso está acostumbrado a hacer lo que se debe, porque cuando se crece con el cronograma desfasado, hacer lo que se debe es lo único que te permite encajar: mejor no levantar tanto la mano en clase, mejor no corregir si el otro se equivoca, mejor dibujar guerreras de fantasía en los márgenes del cuaderno para no pensar preguntas que enojen al profesor. Mejor aceptar una entrevista y contar cómo se vive pensando a otro ritmo en un país que aún no tiene decidido qué hacer con los chicos como él.

A pesar del autocontrol, el encastre social funciona hasta ahí nomás porque, ¿cómo se siente un chico frente a un compañero tres generaciones menor que él que nunca trasnochó para salvar un examen y tiene buenas notas? ¿Y cómo se adapta a una clase común y corriente un niño que tiene las mismas curiosidades de chicos seis, ocho, 12 años más grandes que él?

Nunca fue fácil ser diferente, pero cuando la diferencia además de rara se considera una dicha, una garantía de que los logros están al alcance de las manos, el futuro puede ser cruel.

Y los chicos con superdotación están lejos de sentirse superhéroes.

—O también podés decir que soy un "defo"—dice Andrés, lanzando otra propuesta.

—¿Un qué?

—Un deforme. Cuando alguien se da cuenta, esa es la mejor manera que tengo de explicarle que aprendo un poco más rápido sin que le caiga mal escucharlo.

Casi invisibles.

Hay un número que construye el futuro de Andrés. Según un test que se realizó un año atrás, tiene un cociente intelectual de 149, una medida cuatro puntos más alta que el resultado que arrojó el mismo estudio cuando era pequeño, y unos 10 puntos por debajo de las mentes brillantes de Albert Einstein y Stephen Hawking.

Aunque en 1994 Uruguay firmó la Declaración de Salamanca, comprometiéndose a ofrecer una educación diferenciada que atienda las particularidades de los niños con altas habilidades, el sistema educativo sigue en deuda. "Si usted me pregunta yo le digo que tenemos una respuesta que todavía no es la deseable", dice Carmen Castellano, inspectora nacional de Educación Especial del Consejo de Educación Inicial y Primaria, órgano que desde 2014 se encarga de ejecutar los lineamientos de acción para asegurar la inclusión educativa.

En nuestro país la superdotación no se estudia ni en Magisterio, ni en Medicina, ni en Psicología, ni en Psicopedagogía.

Por eso, según testimonios, para la mayoría de los pediatras las altas habilidades de niños como Benjamín, que a los tres años aprendió a leer sin que le enseñaran, memorizó el recorrido de líneas de ómnibus, los nombres de las calles, los planetas y todos los jugadores del Mundial de Fútbol de Brasil, son, primero, un indicio de sobrestimulación familiar. Para la mayoría de los psicopedagogos, los niños como Nahuel, que a los cuatro estudió la Civilización Egipcia, el aislamiento puede ser un indicador de autismo. Para la mayoría de los maestros, los niños como Facundo, que a los 11 años quiere ir a un genetista para descodificar su ADN, niños que los corrigen a ellos y a los compañeros, son una molestia en el aula.

Por ahora, identificar la superdotación es tan raro como encontrar una aguja en un pajar. Sin embargo, los expertos aseguran que habría entre dos y cuatro alumnos con altas habilidades en cada salón de clases. Karen Bendelman y Susana Pérez Barrera son parte del pequeñísimo puñado de profesionales que han ido interesándose en su identificación. Hace un año publicaron el primer libro nacional sobre la temática, con herramientas para derribar mitos y consejos para poder visualizar a estos alumnos que, según su experiencia, están desamparados ante el sistema educativo. "Ellos aprenden más rápido pero también lo hacen de formas distintas y ahí está el problema que no se está atendiendo", explican.

En el peor de los casos, el disgusto del estudiante frente a métodos de aprendizaje que no le funcionan puede confundirse con patologías psicológicas y psiquiátricas como hiperactividad o autismo. "La mitad de los niños que recibimos están erróneamente medicados", disparan estas especialistas. De ahí surge que "casi todos los diagnósticos de superdotación comienzan con un llamado de la escuela por mala conducta".

Como un juego de azar.

El neuropsicólogo infantil Horacio Paiva tenía 20 años de experiencia tratando el déficit atencional hasta que empezó a toparse cada vez con más casos de niños que, en vez de confirmar el diagnóstico, lo descartaban. Entonces decidió armar un equipo interdisciplinario para identificar y asesorar a estudiantes con altas habilidades porque, luego del diagnóstico, ¿qué sucede con un niño excepcional?

"Como está el sistema, el desarrollo de estos niños es tan impredecible como jugar a la ruleta. Es apostar al azar, porque en el mejor panorama si el niño se topa con un docente que se solidarice con su situación, tal vez lo ayude", dice.

Castellano, la inspectora de Educación, explica que si un maestro identifica a un alumno "se generan apoyos con docentes de todas las áreas para acompañar procesos", ya sea de aceleración (adelantar un grado), o de enriquecimiento curricular (sumar, a la par de la currícula, proyectos de investigación). Pero los expertos y los padres consultados aseguran que como no hay una legislación que indique cuáles son los pasos a seguir, el futuro de estos estudiantes termina definiéndose en negociaciones con los centros educativos. Cuando la familia puede pagarlo, también intervienen psicopedagogos que hacen un seguimiento del alumno.

La madre de Nahuel llama a este trío "El Triángulo de las Bermudas" y reconoce que los finales felices son pocos. La escena, por lo general, es la de una peregrinación de colegio en colegio hasta encontrar uno que acepte adaptarse a las formas de aprender del niño y no a la inversa. Dice también que muchas veces estos niños son discriminados. Cuando los padres de Andrés buscaron un liceo que admitiera en primero a un estudiante de nueve años con Primaria completa, les dijeron 23 veces que "no". "Si su hijo fuera ciego o le faltara un brazo o le faltara una pierna lo recibiríamos, pero con superdotación no", justificó una directora.

"Hemos sabido de maestros que recomiendan a los padres que no les digan a sus hijos que tienen altas habilidades, para que no se crean mejores que los demás", cuentan Bendelman y Pérez Barrera. "Pero hay que tener en cuenta que este es un problema del sistema educativo mundial, no solo uruguayo, porque no es culpa de los docentes no haber recibido una formación para actuar de forma acorde", agregan.

Contratada por el Ministerio de Educación y Cultura, Bendelman dictó un curso semipresencial para docentes pero, a pesar de los buenos resultados, duró tres años y se canceló por falta de recursos. Tampoco tuvo el resultado esperado la plataforma Sparkids, enfocada en dar soporte a familias de niños con altas habilidades: no hubo suficiente interés y ahora se está ampliando su propuesta para ser incluida por Ceibal.

Como consuelo, la psicopedagoga cuenta que este año la Universidad de Montevideo incluyó una materia de superdotación en su carrera de Magisterio.

¿Qué sensación deja esta marcha adelante seguida de una marcha atrás? Los padres la resumen así: "La normalización está sobrevalorada". Y como un niño también es sus circunstancias, mientras el tema no tome estado público y deje de ser una rareza, a veces optan por no decirles a sus hijos qué tan especiales son. No lo sabe Nahuel. No lo sabe Facundo.

Los compañeros de Facundo se burlaron de él, le pegaron y lo amenazaron con un vidrio por "hablar diferente". "Es que tu hijo es demasiado perfecto", le dijo la maestra a su mamá. Esta madre opina: "Este es un tema tabú, que los adultos no saben tratar y por eso los niños reaccionan con violencia. Está naturalizado tratar mal al diferente y estos niños necesitan tanta atención como los chicos discapacitados". Ella, junto a otros padres, quiere fundar una asociación o una ONG que ayude a reunir a las personas con superdotación y hacer fuerza para que, de una vez por todas, una ley proteja la educación de sus hijos y otros niños como ellos.

Los cambios posibles.

Andrés duda antes de mostrar las cuadernolas que usó durante el liceo. Por lo general, para evitar el maltrato, estos estudiantes aprenden a disimular. En clase, una vez que entendía la lección, para distraerse menos y no hacer preguntas que molestaran al resto, se ponía a dibujar. Pero este comportamiento también causaba fastidio.

—A los profesores nunca les gustó que opinara porque yo era un alumno y, peor aún, un alumno tres años menor. Era frustrante. Vos estás haciendo algo, sabés que lo estás haciendo bien, pero por algún motivo que no podés discutir, está mal. Y va a estar mal siempre. Y puede ser que esté mal porque sos vos.

—¿Y entonces?

—Y entonces te deprimís y empezás a no hacer tu mejor esfuerzo y empezás a adaptarte cambiando la forma en que hacés las cosas. Y así seguís.

—¿Cómo seguís?

—Por ejemplo, en primer año de liceo me pasaba levantando la mano, pero hacia el final ni siquiera interactuaba con nadie para evitarme problemas.

—¿La facultad es un mundo mejor?

—Mucho mejor, pero hay comportamientos que me quedaron, que los usé como medio de supervivencia y ahora en facultad me vendría bien no tenerlos.

—¿Por ejemplo?

—No animarme a hablar en clase.

Paula, la hermana de 13 años de Andrés, también tiene altas habilidades, pero viendo cómo sufrió su hermano lo mantiene en secreto. Esta noche, mientras su familia cuenta su historia, salta moviendo los brazos como si fueran aletas: quiere convencer a su padre de que le compre la entrada a un concierto.

Los niños con superdotación no son lo que el cine nos enseñó que eran. "No hay un patrón. No todos tienen problemas de integración, no todos tienen otras patologías, no todos son débiles y usan lentes, no todos son tímidos, no todos son genios en matemáticas; incluso algunos de ellos ni siquiera tienen buenas notas", explica Paiva.

Al igual que sus colegas Bendelman y Pérez Barrera, Paiva cree que llegó la hora de ampliar la medición de la inteligencia del test que popularizó hace un siglo Lewis M. Terman y empezar a considerar superdotados a los que tienen altas habilidades en el deporte, la danza o la música. ¿O acaso Luis Suárez, María Noel Riccetto y Luciano Supervielle no lo son? En otras sociedades que ya las están midiendo, se halló que hasta el 10% de la población puede ser notable. Esto quiere decir que en Uruguay habría un potencial de 70.000 niños: se podría llenar un Estadio Centenario con estudiantes con superdotación.

Este es un escenario que entusiasma a Edith Moraes, la subsecretaria de Educación y Cultura. "Estamos en la etapa previa a la redacción de un proyecto de ley", asegura. En mayo, luego de publicar el libro, a pedido del ministerio, Bendelman y Pérez Barrera comenzaron a diseñar una herramienta que permitirá identificar a niños con altas habilidades en el salón de clase y, también, entregaron un borrador de lo que podría ser la base para una ley. "Está un poco demorado", advierten las profesionales, pero Moraes confía en "resolver pronto los nudos problemáticos" para empezar a detectar a estos otros niños que también necesitan una atención especial en el sistema.

"No hemos tomado ninguna decisión, estamos recogiendo modalidades aplicadas en otros países. Pero lo que sí tenemos claro es que queremos que estos talentos sean atendidos en su debido tiempo y acompañados en el desarrollo de sus capacidades, porque no solo es un derecho sino que estamos favoreciendo la riqueza de talentos de nuestro país", adelanta Moraes.

Lento pero seguro, dice el refrán tal vez más usado en esta patria celeste. Mientras tanto, los pocos niños identificados que a costas del esfuerzo de sus padres lograron una apertura en el aula, cursan la currícula y además trabajan, cada 15 días, en proyectos de investigación con docentes asesorados por psicopedagogos particulares. Luego intercambian la información con sus compañeros, integrándose todos a ese plus que tiene tan feliz a Benjamín, Nahuel y Facundo. De a poco van olvidando eso de que son diferentes.

Frente a la biblioteca de su casa, Andrés sonríe y posa para la última foto.

—¿Ahora sí sacás apuntes?

—Ahora dibujo mucho menos.

—¿Y cómo te va?

—Bien, pero perdí algunas materias.

—¿Por qué?

—Yo qué sé, porque me boludeo.

—Como todos los adolescentes.

—Sí...

—¿Te preocupa que tus compañeros de facultad lean esta nota?

—Me estoy arrepintiendo.

—¿Y si usamos un nombre falso?

—No, dejá. Además si no me gusta como queda, voy a poder odiarte toda mi vida.

"Son niños que aprenden por asociación".

Los niños con potencial de superdotación suelen ser de una forma en su casa y de otra en la escuela, especialmente si sus particularidades (forma de hablar y de jugar, temas de interés) son mal recibidas por sus compañeros. Cuando el diagnóstico es positivo, sus padres luchan por lograr una aceleración del año cursado (ya que lo común es que se sientan más cómodos con niños mayores) o, sobre todo, un enriquecimiento curricular. Las especialistas Bendelman y Pérez Barrera dicen que "la mejor opción depende del niño", pero ellas recomiendan la segunda. Bendelman trabaja con algunos pacientes cuyos colegios aceptaron que ella propusiera proyectos de investigación paralelos a la currícula, para así estimular las áreas de superdotación del niño. Uno de ellos es Nahuel. Su mamá explica que esta metodología "da buenos resultados" ya que respeta la manera de aprender de estos niños. "Ellos aprenden de forma integrada, por asociación y no de memoria", dice.

Cuando las altas habilidades se diagnostican en la adultez

Susana Pérez Barrera se especializó en superdotación cuando diagnosticaron a sus hijos. Además de trabajar con niños, identifica altas habilidades en adultos. "Sucede que muchas veces, al diagnosticar a sus hijos, algún padre se reconoce y ante la duda, decide evaluarse él también", cuenta, "y en la mayoría de los casos aciertan". "Cuando se diagnostica la superdotación siendo adulto, hay varias etapas que superar y la primera es la de la negación", explica. Hay un peso por "mantener la normalidad" que está mucho más arraigado en los adultos que en los niños. "Es muy doloroso para ellos enfrentar un diagnóstico porque los moviliza, les hace revisar toda su historia".

La especialista explica que les pide a sus pacientes que escriban una biografía de cómo ha sido su vida y luego, al igual que se hace con los más pequeños, mantiene entre cuatro y cinco encuentros. "Utilizo elementos de identificación con ellos y con personas que los conocen muy bien. Después hago una especie de coaching: para encontrar una propuesta de cómo entenderse y retomar eso que en algunos casos habían dejado por el camino".

¿Suelen ser adultos que se destacan en sus trabajos? Pérez Barrera dice que "hay de todo". "Hay casos de personas que fueron medicadas de niños, porque fueron tratadas por trastornos de comportamientos que eran una manifestación por no poder expresar lo que estaba pasando con ellas", explica. A otras, saberse más capaces les ayudó a mejorar su vida. Esto le sucedió a Belén, una bailarina argentina de 32 años que reside en Maldonado. "Empecé a sospechar luego de leer un artículo con el que me sentí identificada. Estaba leyéndolo y me puse a llorar, porque me di cuenta de que siempre me había sentido diferente pero no sabría decirte cómo. Mandé mails a asociaciones de todo el mundo, hasta que Sparkids me contactó con Susana (Pérez Barrera). Me costó muchísimo ir. Fue una lucha interna porque yo sabía que si me daba positivo implicaría un cambio fuerte: tenía miedo de verme de una forma completamente distinta. Demoré meses y una noche en la que no podía dormir, me decidí. Me dije: me hago valiente y lo enfrento. Fui y me di cuenta de que todo empezaba a encajar". Luego de recibir el diagnóstico, Belén dejó la danza y se dedicó a desarrollar la inteligencia lógico-matemática, que es su área de superdotación. De forma autodidacta, dirige una empresa de marketing digital.

DIFERENTES CASOS

  ¿Cómo se trata la superdotación en la región?

BRASIL
Es de los países más avanzados de la región, tanto en legislación como en atención. Desde 2005 los niños con altas habilidades reciben una educación especializada desde Inicial hasta Superior, en "salas de recursos multifuncionales o en centros de atención especializados". Además hay 27 núcleos de actividades de altas habilidades en la capital de cada estado.

CHILE
Desde 2001 hay universidades que ofrecen becas para estudiantes de entre 11 y 17 años para que estos chicos puedan ir profundizando contenidos o adelantando estudios universitarios.

MÉXICO
Creó en 1986 un programa educativo que atiende a alumnos "con capacidades y aptitudes sobresalientes". En 2011 se establece como intervención educativa la aceleración con seguimiento y evaluación del estudiante.

URUGUAY
En Uruguay el Ministerio de Educación y Cultura prevé una ley que obligue a concretar lineamientos de acción para que estos niños reciban la educación adecuada. En 2014 la ANEP, a través del Consejo de Educación Inicial y Primaria, elaboró la circular 38 que dio a conocer un protocolo de inclusión de los niños que precisan educación especial. Debe brindar orientación, asistencia, e intervenir para favorecer su desarrollo a través de maestros de apoyo y equipos psicosociales. "Pero nada se hizo hasta ahora con los niños con superdotación", aseguran Bendelman y Pérez Barrera. Según Paiva, "nuestro país no respeta el derecho a la educación de estos niños y es de los más atrasados de la región en el tratamiento de este tema".

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