COLONIAS PSIQUIÁTRICAS

La salud mental a medio camino

En una recorrida por Etchepare y Santín se verificaron mejoras edilicias pero también la persistencia de un modelo cuestionado. En el pueblo Ituzaingó, cercano a las colonias, fueron denunciadas irregularidades en las casas de acogida de exinternos de los centros.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Colonias psiquiátricas. Foto: El País

Hacia el final del predio de la Colonia Santín Carlos Rossi, en San José, se vislumbra un pabellón sorprendentemente moderno, en comparación a los otros que suceden a lo largo del camino. El País entró el miércoles a este centro psiquiátrico contiguo a la Colonia Etchepare, con el que tiene el triste honor de compartir décadas de dolor y vejación. De cerca, el pabellón 8 luce nuevo, tiene paneles solares sobre el techo, calefacción y pisos de cerámica. Al entrar, el panorama es distinto. Hace cinco meses que en este espacio en el que conviven 47 mujeres no tienen agua caliente: los paneles solares dejaron de funcionar y a las internas se las baña con sábanas mojadas con agua fría, informaron fuentes de Santín.

Amén de las condiciones edilicias, el panorama era desolador. En el comedor del pabellón 8 se agrupaba una docena de mujeres, casi todas con esa mirada hacia la nada que una vez vista no se olvida.

Una señora con los pies descalzos y unos 40 años sostenía con devoción el peluche de un sapo mientras en una de las esquinas de la sala una anciana encorvada se tapaba la cara una y otra vez. Otra mujer se miraba las manos como si con ellas sostuviera algo irrecuperable y fruncía el rostro en señal de llanto. Las lágrimas, quizás ya vencidas, no asomaron. Poco después, la inercia fue interrumpida. Llegó el momento de la medicación.

En agosto del año pasado, estas colonias psiquiátricas estuvieron en el ojo de la tormenta luego de que el programa televisivo Santo y Seña emitiera un informe sobre Santín y Etchepare, que incluía imágenes de pacientes desnudos y condiciones edilicias deplorables, además de acusaciones de todo tipo, entre ellas muertes de internos atribuidas a su desatención. Uno de estos fallecimientos fue el de un hombre atacado por una jauría de perros en Etchepare en marzo de 2015. El informe generó la destitución del director de las colonias, Osvaldo do Campo, quien fue reemplazo por Federico Sacchi, y la aceleración del proyecto de Ley de Salud Mental, que entró al Parlamento en diciembre y actualmente está en la Comisión de Salud del Senado.

Sin embargo, durante el último año poco se habló de la situación de las colonias, hasta que el miércoles 13 de julio un interno perdió la vida al ser aplastado por la zorra de un camión en Santín.

El País ingresó a Santín y Etchepare y fue al pueblo Ituzaingó, a cuatro kilómetros de las colonias, lugar que alberga a muchos exresidentes de los centros psiquiátricos. Algunas casas con cuidadores que existen en este pueblo (llamadas "casas de salud" por los vecinos), y en la también ciudad aledaña de Santa Lucía, reciben las acusaciones de varias personas que indican que en ellas se produce lucro económico y destratos a los pacientes. Se trata de un sistema que funciona hace años y que va en consonancia con el posterior planteamiento del proyecto de Ley de Salud Mental, que apunta a cerrar las colonias y asilar a los pacientes en distintos tipos de alojamientos. Una de estas alternativas son las "casas de medio camino". En la actualidad, hay seis en Montevideo. Albergan pacientes del Vilardebó y buscan incentivar la integración en la comunidad y autonomía de sus residentes.

Pacientes caminan por Ituzaingó, donde viven en casas particulares. Foto: El País
Pacientes caminan por Ituzaingó, donde viven en casas particulares. Foto: El País

¿Rehabilitar y encerrar?

Después de la repercusión mediática que tuvo la situación de las colonias, funcionarios consultados por El País dijeron que son "perseguidos" y temen hablar. La tensión se respiraba en Santín, que ocupa una ínfima parte de las 372 hectáreas del predio que comparte con Etchepare. "Lo que se ha hecho en los últimos años es ocultar lo que pasa adentro", señaló Ruben Bouvier, del Movimiento La Salud para Todos.

A diferencia de la imagen de decadencia edilicia que existía hasta hace poco tiempo, se constató en Colonia Etchepare que varios pabellones fueron construidos o refaccionados. Un grupo de obreros estaba trabajando en uno nuevo, el número 11. Algunos pabellones tenían calefacción, otros estufas, algunos eran más nuevos y otros se presentaban sencillos y con falencias, pero en general las locaciones están en buen estado para los pacientes.

Tampoco se visualizaron perros en la zona, "Esto es un lujo. Hasta el año pasado estábamos en un pabellón en que se filtraba agua y había ratas gigantes", dijo uno de los pocos internos, el que parecía tener un mayor grado de lucidez. Otro señaló que la comida había mejorado. Las cucarachas y ratas subsisten, aunque se las combate. Un gran problema es el mantenimiento. Cada cosa que se rompe puede pasar mucho tiempo en ese estado.

Desde ASSE se informó de varias obras que se hicieron, como la demolición de pabellones, la iluminación y el vallado de los predios y la contratación de siete enfermeros. No obstante las reformas, el panorama de los internos en Etchepare no parecía variar mucho de los de Santín: muchos se encontraban en la cama, y la gran mayoría se sentaba mirando un punto fijo y sin interactuar con los otros. Lo que llamó la atención es la poca presencia de funcionarios, por lo general uno por pabellón. En uno de ellos se encontró al enfermero solo en una habitación jugando con su celular.

"Falta gente y hay turnos que quedan descubiertos y falta personal abocado realmente a la atención de pacientes", dijo un trabajador. En la actualidad hay 901 para los dos centros, los cuales albergan unos 748 internos (412 en Etchepare y 336 en Santín). "El lugar de trabajo es insalubre, Los funcionarios deberían tener test psicológicos semestrales. Hubo hasta suicidios", agregó el funcionario. Otro tema importante es el alto número de faltas. El ausentismo en el Hospital Vilardebó y las colonias ronda el 30%, de acuerdo a un informe de salud mental en referencia al 2014 con información suministrada por la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). No obstante, este organismo dijo a El País que el ausentismo es del 10%.

La poca presencia de funcionarios o el desempeño irregular de algunos de ellos han propiciado situaciones como la del hermano de Jorge (nombre ficticio), quien llevaba unos 15 años en Etchepare y murió el año pasado por los golpes que le propinaron otros internos. "Le expliqué al doctor que otros pacientes le pegaban y le pedí cambiarlo de pabellón. ¿Y si le pasa algo?, le pregunté, y me dijo: en mis años de trabajo nunca he visto algo así", contó Jorge, un obrero de la construcción nacido en Fray Bentos.

Años antes de que su hermano falleciera, sus compañeros de pabellón lo quemaron con agua caliente y estuvo un mes internado. "La colonia era como un campo de concentración", expresó. El mismo día que su hermano murió, el 9 de mayo de 2015, también falleció un paciente en Santín, informó Ruben Bouvier. "Estaba atado a una silla por epiléptico. Lo pusieron frente a una estufa y se olvidaron. Cuando lo fueron a buscar estaba muerto y quemado. Le dio un paro cardiorrespiratorio. Lo dos casos los denuncié frente al juez en San José el 22 de mayo de 2015".

Otro tema es la falta de actividades recreativas, si bien existen algunos talleres y un centro educativo. "Hay algunas pero son para un grupo mínimo. Los más limpios, los que están en mejores condiciones", sostuvo un funcionario. Para Cecilia Baroni, psicóloga encargada de la radio Vilardevoz, del Hospital Vilardebó, uno de los problemas que más manifiestan los internos es el aburrimiento. La lejanía de las colonias atenta contra que haya más proyectos y aleja a los internos de sus propias familias.

La cifra estimada de pacientes que reciben visitas es entre el 15% y el 20%, sostuvo el expresidente de la Sociedad de psiquiatría del Uruguay (SPU) Ángel Valmaggia, quien fue director de las colonias en 2005. El alto promedio de internación por paciente (20 años), la separación de la familia y la pobreza generan que sea muy difícil para muchos salir de las colonias.

"Hay situaciones lamentables. El paciente que murió por el camión entró a los 19 años y murió a los 63. No hay ningún delito que tenga esa condena. En las colonias no se puede rehabilitar nadie. Se tiene que rehabilitar en la comunidad", sostuvo el psiquiatra. El actual presidente de la SPU, Rafael Sibils, se expresó en el mismo sentido. "A lo largo de la historia de las colonias no ha habido proyectos de rehabilitación exitosos", sostuvo.

Valmaggia y Sibils esperan que las colonias desaparezcan, en consonancia con el compromiso asumido por Uruguay con la Organización Mundial de la Salud, que establece el cierre de los manicomios en el continente para el año 2020. Sin embargo desde ASSE y el Ministerio de Salud (MSP) se apuntó a que el cierre no implica necesariamente la desaparición de los predios de Etchepare y Santín, sino que lo que se van a prohibir son los ingresos (que se siguen dando por disposición judicial, pero disminuyeron). "Los colonias como tales se cierran, eso no implica que el lugar físico se cierre, se tienen que transformar en hogares con una rehabilitación. No hay que plantear falsas oposiciones", indicó Ariel Montalbán, responsable del Programa de Salud Mental del MSP .

Según el citado informe sobre salud, el crédito anual asignado para las dos colonias ascendió en 2014 a $ 542.663.867. Tanto Valmaggia como Sibils entienden que el presupuesto podría usarse en las estructuras alternativas al encierro. Las colonias ahora se hacen llamar Centro de Rehabilitación Médico Ocupacional y Sicosocial (CE.RE.M.O.S). "Mejor uno podría decir cerremos", bromeó Valmaggia.

No obstante, la experiencia dejada por el modelo de las casas con cuidadores en Ituzaingó y Santa Lucía plantea advertencias para la puesta en práctica de alternativas de este tipo.

Solución cuestionada.

En Ituzaingó, —un pueblo de unos 800 habitantes que lleva muchos años dedicándose al cuidado de enfermos psiquiátricos en varios hogares de los vecinos— sobre las cinco de la tarde del miércoles el movimiento era casi nulo. Minutos después, un grupo de expacientes de las colonias salió de la colorida casa en la que funciona el centro recreativo del pueblo y se encaminó en una fila silenciosa e involuntaria hacia sus hogares, a escasos metros de distancia. El País habló con una de las vecinas, que alberga seis hombres en su hogar. Su hermana tiene una casa más grande en la que habitan unas 20 personas. Al ser consultada por el costo para un señor mayor que quisiera vivir allí, se informó que el precio era de unos $ 20.000. En este tipo de casas conviven exresidentes de las colonias con pacientes particulares. Varias personas dijeron que este intento por generar una mejor calidad de vida en los exhabitantes de las colonias está lejos de funcionar. "No voy a decir nada, pero nunca mandaría a un pariente mío ahí", aseguró nerviosa una las vecinas de Ituzaingó consultadas sobre una casa en particular. Otros expresaron recelo, manifestaron que las condiciones de los pacientes dependen de la buena voluntad del cuidador y que muchos de estos carecen de formación específica para estar a cargo de personas con patologías mentales.

"A algunos los tienen con el mínimo y tienen problemas psiquiátricos ellos mismos. Los pacientes no ven con asiduidad a profesionales", dijo una fuente.

Varios denunciaron la falta de fiscalización. "Se terminan transformando en pequeñas colonias", señaló otra persona.

De acuerdo con ASSE, 139 personas se encuentran a cargo de 89 cuidadores en los pueblos y ciudades próximos a la Etchepare y Santín.

Según supo El País, ha habido denuncias, por ejemplo, sobre encargados que se quedan con la pensión que reciben los enfermos psiquiátricos, de unos $ 9.000 por mes, o que sacan préstamos a nombre de los pacientes. "Lo que dicen los usuarios es que en ocasiones no los dejan salir, les dan la comida cuando se les ocurre, los castigan por determinadas cosas", sostuvo Cecilia Baroni, quien aclaró que el problema no es del dispositivo sino de los controles que se realizan. "Los abusos en las casas de salud son sumamente frecuentes", dijo Ángel Valmaggia.

Ariel Montalbán indicó que el MSP ha ido en algunas ocasiones a Ituzaingó y se corroboró que las casas funcionaban bien. No obstante, reconoció, en el país existen muchas otras casas donde la fiscalización se hace necesaria. "Es una prioridad del MSP, es una debilidad que se pretende corregir". ASSE sostuvo que no ha recibido denuncias sobre irregularidades de este tipo. Uno de los funcionarios de las colonias, en cambio, fue enfático sobre este tema. "Si hicieran un control real, el 90% de estas casas no queda".

Una historia que se repite a lo largo de las décadas.

Las situaciones deficientes en las colonias Etchepare y Santín Carlos Rossi no son nada nuevo, ya que albergan importantes problemas desde su creación. Etchepare fue fundada en 1912 durante la presidencia de José Batlle y Ordóñez, como forma de desagotar el alto número de pacientes del Manicomio Nacional (hoy Hospital Vilardebó), que tenía 1.500 internos en 1910, según el ar- tículo "Noventa años de la Colonia Etchepare", de los psiquiatras Margarita Arduino (exdirectora de este centro) y Ángel Ginés. En 1936 se fundó Santín Carlos Rossi. A mediados de siglo las dos colonias y el Vilardebó albergaban unas 5.000 personas. En las primeras décadas del siglo pasado el número de muertes era muy elevado, y no todas las personas eran ingresadas por trastornos psiquiátricos, sino que muchos que allí confluían eran personas con falta de recursos "económicos y sociales". Esta situación perpetúa aún hoy el prolongado lapso de residencia de los internos. La capacidad de egreso de las colonias a lo largo de su historia ha sido muy baja. No obstante, ASSE informó que en el último año se le ha dado de alta a 22 pacientes. En 1966 un experto francés visitó las colonias y señaló el mal estado de la edificación, la ociosidad de los internos y la imposibilidad de una rehabilitación real. Cincuenta años después, y luego de numerosas constataciones de las realidad de las colonias, se siguen señalando las mismas carencias. Para la psicóloga Cecilia Baroni, a cargo del proyecto Vilardevoz e integrante de la Comisión Nacional Por una Ley de Salud Mental (en la actualidad rige la Ley del Psicópata, de 1936), el problema no es tan complicado como parece. "En las colonias, el Vilardebó y los refugios del Mides hay unos 2.000 uruguayos. Si no podés solucionar eso es porque sos inepto o porque no querés".

Muerte del interno aplastado era "inevitable".

La muerte de un hombre de 63 años el 13 de julio en la Colonia Santín Carlos Rossi, tras ser aplastado por un camión con zorra que descargaba leña en el predio, volvió a disparar las críticas sobre la desatención de los enfermos en las colonias. Sin embargo, funcionarios consultados dijeron que la tragedia era "inevitable" porque el hombre, que llevaba 44 años internado, era un "fanático" de los autos y siempre se tiraba a mirar sus ruedas. ASSE dijo a El País que al paciente se le brindó asistencia inmediata, se realizó la denuncia y se decretó una investigación administrativa. Esta muerte trae el recuerdo de otros decesos ocurridos en circunstancias cuestionables en los centros psiquiátricos, como el de febrero en el Vilardebó, cuando una joven se ahorcó con su propia ropa en una sala de máxima seguridad de la institución. "Estuvo 40 minutos haciéndole gestos a los de vigilancia. Tuvo que morir para que se cerrara esa sala", dijo la psicóloga Cecilia Baroni, de Vilardevoz.

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