NOCHE Y BOLICHES

Ruido donde nadie se escucha

El reclamo de los vecinos de Cordón Sur, Parque Rodó y el área de Luis Alberto de Herrera y 26 de Marzo por la contaminación acústica generada por los boliches, esconde una situación en la que se cruzan las acusaciones. Los dueños de los locales, la policía, la Intendencia y los jóvenes y sus hábitos entran en un juego de compleja solución.

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La Intendencia planea poner sensores en la ciudad. Foto: M. Bonjour

Cerca de la 1 de la mañana de la noche del viernes, el cruce entre Jackson y Canelones todavía estaba tranquilo, aunque el movimiento ya se empezaba a notar en los cuatro boliches que se concentran en torno a esa esquina. Varios jóvenes iban y venían, y dos puestos de panchos se preparaban para cuando el hambre empezara a atacar. El problema puede llegar sobre las 3 de la mañana, dijo Miguel Elizondo, seguridad del bar The Puta Madre. "Nunca tuve un problema, pero el sábado pasado cinco me quisieron pegar", manifestó en referencia a que el boliche impidió la entrada después de esa hora a quienes arribaron. Aunque todavía no es obligatorio, algunos boliches están probando la norma presente en el proyecto de decreto que la Intendencia de Montevideo (IMM) envió esta semana a la Junta Departamental con el fin de parar las denuncias de ruidos molestos de los vecinos. El mismo establece que las 3 a.m. es el horario máximo de entrada para viernes, sábados y vísperas de feriados, y el tope es hasta la 1 el resto de los días.

"Les salió el tiro por la culata", dijo Elizondo en referencia a que limitar la hora de entrada hace que se amontone más gente en la puerta de los boliches, generando más ruido. El seguridad se quejó de que las personas que acuden al local, entre 500 y 700 por noche, se enteraron de los planes de la IMM por ellos. Coincidió con algunos jóvenes consultados por El País en que la gente no va a volverse a la casa temprano porque les cierren un local.

Sobre las 3.30 de los mañana de la noche del viernes era posible observar grupos de gente en la puerta de algunos boliches de la zona, aunque el frío polar parecía haber desincentivado a varios. Se veía a algunos jóvenes gritando, autos haciendo ostentación de música y caños de escape, y locales cuyas pegadizas melodías se escuchaban fuera del recinto

En el cuarto piso de un edificio sobre la calle Canelones, entre Jackson y Blanes, se encuentra el apartamento de Camelia Huino, una de las caras visibles del grupo de vecinos en guerra con la IMM por los ruidos molestos de la zona de Cordón Sur, Parque Rodó y Luis Alberto de Herrera, al lado del Montevideo Shopping. Ella no estaba en su casa porque se va todos los fines de semana a Solymar para poder dormir. Sí se encontraban sus hijas, una de las cuales, de 16 años, estalló en Facebook días atrás por no tener los fines de semana en familia.

En Canelones y Blanes también vive Nicolás Álvarez, conocido por salir en televisión increpando al prosecretario de la IMM, Christian di Candia, y a su frase de que las "ciudades son dinámicas": "Vamos a hacer dinámica en tu casa Di Candia, vamos a meter tambores en tu casa y boliches en la puerta de tu casa, vamos a ver cómo te gusta la dinámica". Cuando conversó sobre la situación con El País, Álvarez no pudo evitar que la rabia y la indignación se colaran en cada palabra. "Si no dormís, no podés vivir", dijo, y reconoció que la situación lo ha puesto más irascible, algo que le genera problemas con su familia. Álvarez duerme separado de su mujer, porque él pone música para aplacar los ruidos.

Huino y Álvarez son parte de un grupo de vecinos que hace tiempo vienen reclamando por los ruidos molestos y que ha generado que en los últimos meses la IMM empezara a pensar maneras de paliar la situación. Las denuncias son varias: hablan de que tienen problemas para dormir de miércoles a domingo, que no solo es la música de algunos lugares lo que molesta sino que principalmente es el ruido social, generado por la "moda" de estar afuera de los boliches, los cuales por lo general suelen tener una capacidad de 100 personas adentro pero pueden concentrar unas 50 o 70 afuera. Hablan también de que el ruido es continuo y lo padecen hacen unos tres años pero que el verano es un infierno. Algunos se resignan y duermen salteado, otros toman pastillas, la mayoría puso aire acondicionado y doble ventana para aminorar el ruido, aunque sin demasiado éxito. Se quejan de que los boliches cortan la libre circulación y privatizan espacios públicos como las veredas, que los jóvenes orinan, vomitan o defecan en la puerta de la casa, que han roto vidrios de autos y negocios, que hay dealers de droga, que la Intendencia protege los derechos de unos pocos empresarios, que la policía no aparece por ahí y les dicen que no es su asunto. A los problemas habituales, denuncia Huino, por su reiterada aparición pública algunos jóvenes le tocan timbre de madrugada o le gritan que "son unos botones". Para ella la solución es que los boliches se vayan del barrio y que se cree una zona exclusivamente nocturna.

Las acusaciones van y vienen y llegan a ribetes surreales. Ignacio Méndez, dueño de Doña Marta y de varios boliches más, mandó a El País dos capturas de pantalla de supuestas conversaciones por WhatsApp con Huino, y aseguró que le compró aires acondicionados y ventanas a la vecina, pero que esta le exigía cada vez más cosas, como que le pague unas vacaciones a Rocha. Huino lo negó y dice que varios bolicheros compran el silencio de los vecinos.

Los dueños de estos establecimientos también se quejan de que no se fiscaliza a los kioscos y autoservicios que venden alcohol después de la medianoche, lo que generaría que mucha gente tome en la calle. En lo que los bolicheros sí coincidieron con los vecinos es en la necesidad de que el Ministerio del Interior intervenga. "Si tuviéramos dos policías por cuadra no habría tanto ruido. No tenemos autoridad para decirle a la gente qué hacer en la calle", manifestó el dueño de un pub.

Ambos grupos acuerdan, a su vez, en el descreimiento de que la Intendencia fiscalice las normas que establece o de que ponga recursos en el asunto, teniendo en cuenta que tiene un endeudamiento de US$ 415 millones. Actualmente hay unos 30 inspectores que se dedican a controlar los espectáculos públicos en la ciudad.

Ciudad ruidosa.

En Uruguay el máximo permitido de ruido de los boliches que puede llegar a las viviendas es de 39 decibeles. Varios vecinos apuntan a que en las mediciones realizadas por los inspectores de la Intendencia luego de las denuncias el número suele ser mucho mayor. Por otro lado, hay coincidencia en que la mayor parte del ruido es producido no por la música, sino por la gente que se congrega en el exterior de los locales (un problema es que los vecinos tienen que llamar a distintas divisiones de la Intendencia si el ruido es de la música o de la calle). La costumbre de estar afuera se cimentó, a manera de efecto colateral, luego de que la ley prohibiera fumar en espacios cerrados hace una década.

Dos vecinos de Luis Alberto de Herrera dijeron a El País que las mediciones dieron en sus hogares un promedio de 55 decibeles por temas de música de los boliches. Este valor es equivalente al ruido de fondo máximo recomendado para restaurantes, bares y cafeterías, de acuerdo a las curvas NR (Noise Rating), informó Elizabeth González, profesora grado 5 del Departamento de Ingeniería Ambiental del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental de la Udelar.

El ruido es un tema que preocupa a los uruguayos, como dejó de manifiesto un informe presentado esta semana por el Banco Interamericano de Desarrollo, en el que Montevideo aparece como la primera de las ciudades relevadas (por encima de Buenos Aires, San Pablo o Ciudad de México) en la que sus habitantes expresan que frecuentemente tienen problemas causados por los ruidos molestos. Así lo afirmó el 88,8% de los encuestados. La Defensoría del Vecino también tiene un registro de cuánto preocupa este tema a la población. De acuerdo a su informe de 2015, la contaminación acústica está en el tope de los asuntos ingresados con 256 consultas, aunque estos no solo refieren a los ruidos producidos por los boliches sino también a los de lugares de trabajo, como las herrerías o las carpinterías. Los asuntos por contaminación acústica han subido del 9% del total en 2007 al 17% en 2015. A su vez, en la IMM el aumento de las denuncias ha sido "exponencial" en los últimos dos años, manifestó Di Candia.

Buscar opciones.

Frente a esta situación, la IMM ha ido explorando una serie de medidas para paliar los ruidos molestos de los boliches, que hasta el momento no ha logrado contentar ni a los vecinos ni a los bolicheros. Unos y otros señalan a la Intendencia como el principal culpable de no haber previsto esta situación, que se viene desarrollando con fuerza hace unos tres años en la zona de Cordón y Parque Rodó (Municipio B) y una década en Luis Alberto de Herrera (Municipio CH). "Si a la Intendencia no le gustaba que hubiera un boliche en un lugar determinado no hubiera dado los permisos", manifestó el abogado que representa a unos 30 locales nocturnos, quien pidió anonimato. Por el lado de los vecinos, la arquitecta Gimena Epifanio, quien vive en Canelones y Salterain y sufre hace ocho meses los ruidos de un pub, realizó un mapa con los boliches de la zona para cuantificar el problema. Huino dijo que la Intendencia se los pidió. "¿Nadie ahí se puso a pensar en esto?", se preguntó.

En abril la IMM envió a la Junta Departamental un proyecto de decreto por el que se suspendían las autorizaciones por un año para los boliches de estas zonas (la delimitación en Parque Rodó es el cuadrado formado por Rivera, Bulevar Artigas, Gonzalo Ramírez y Eduardo Acevedo, y en Pocitos y Buceo es 26 de Marzo, Basilio Pereyra de la Luz, Rambla República de Perú y Rambla Armenia). En el Centro, la prohibición es en la calle Florida, desde Paysandú a Plaza Independencia. Se establecía, además, que el funcionamiento de estos debía cesar a la 1 de lunes a jueves y a las 3 los viernes, sábados y domingo. Este proyecto se encontró con la oposición de los bolicheros, quienes denunciaron que la medida era "inconstitucional", porque violaba la igualdad y la libertad de comercio, además de que afectaría seriamente sus ganancias. Algunos dueños de estos establecimientos se quejaron a El País de que la medida deja fuera a varios boliches del grupo W, como es el caso de la carpa habilitada recientemente en el predio que ocupaba Don Trigo, junto al estadio Luis Franzini y la pizzería Rodelú (ver recuadro en página 6).

En Montevideo hay 169 boliches, entendiendo bajo esta denominación discotecas, bares y restaurantes con música o espectáculos en vivo y pubs, según datos suministrados por la Intendencia. Si se incluye otro tipo de establecimientos afines, el número ronda los 500. Al analizar las direcciones de esta lista, unos 60 se encuentran en la zona de Cordón Sur, Parque Rodó y el área de influencia de Luis Alberto de Herrera y 26 de Marzo, aproximadamente 35% del total de 169. En el relevamiento realizado por Epifanio, se identificaron unos 36 boliches en la zona de Parque Rodó y 28 en Cordón.

En mayo la Intendencia propuso un plan para realizar un "fin de semana tempranero", para que un día o un fin de semana al mes se saliera de 18 a 2 de la mañana. El plan fue dejado de lado, así como la restricción de finalización horaria del proyecto de decreto, aunque se mantiene la suspensión de autorizaciones para las zonas de Montevideo mencionadas. Es posible que esto se derogue con la nueva normativa que la Intendencia envió a la Junta Departamental esta semana, dijo Di Candia.

El nuevo proyecto de decreto además de limitar el horario de ingreso (no modifica los tiempos de salida) establece que las mesas, sillas y entarimados colocados en las aceras tienen un tope de horario máximo hasta las 2 de la mañana los fines de semana y hasta las 23:59 el resto de los días. No obstante, entre noviembre y marzo se pueden hacer excepciones a pedido de los interesados. Por otro lado, se insta a los locales a contar con cámaras de video- vigilancia.

Quienes no cumplan con estas disposiciones serán sancionadas con multa de 50 U.R. (unos $ 45.000), cifra bastante mayor a la multa actual por ruidos molestos que es de 8 U.R. ($ 7.200). La tercera reincidencia a las normas del nuevo proyecto de decreto implican la clausura definitiva del establecimiento.

"La libertad de comercio y las propias normas nos impedían que dijéramos que no a las habilitaciones", expresó Di Candia. "Si tenías todos los permisos bien, te la teníamos que dar. No había una planificación territorial de acuerdo al ruido, porque tampoco sabés si algo va a funcionar o no. A los vecinos no les gusta que yo diga que las ciudades son dinámicas, pero es una realidad. La persona que vivía en Jacinto Vera y era una zona tranquila, ahora tienen un shopping a media cuadra. Está bien que las ciudades no sean estáticas, a lo que sí hay que apostar es a reglas claras", sostuvo el joven jerarca.

Un tema al que apuntaron varios de los consultados, y que reconoció Di Candia, es que hay que rever la normativa en cuanto a los permisos a los boliches, que actualmente es muy laxa. A fines de junio se estableció un lapso de 90 días para revisarla.

"Hoy una persona saca un permiso para un restaurante con música y el lugar termina siendo una discoteca hasta las siete de la mañana, no podemos permitir más esto", señaló Di Candia. La Intendencia le pidió a los boliches, además, que dispongan de un vallado o cerramiento movible para que las personas salgan a fumar en turnos y que no puedan salir con bebidas al espacio público. Para los vecinos y los bolicheros consultados estas medidas son paliativas y no afectan la situación de fondo, que es la del ruido social.

Di Candia informó que esta semana se puso un primer sonómetro, con un costo de US$ 180, en la zona del Parque Rodó para medir los decibeles del punto en el que está colocado. Se espera en el futuro poner más en las zonas de ruido problemático y luego en toda la capital, para realizar un mapa sonoro de Montevideo, que permita tomar decisiones en base a la contaminación acústica. "Esto nos va a llevar tiempo, seguramente todo el período".

La ingeniera Elizabeth González señaló que cuando una ciudad tiene un problema localizado se puede plantear hacer un estudio de detalle de esas zonas, lo que puede llevar "a lo sumo meses". Enfatizó que es necesario que la normativa sobre ruido sea actualizada, ya que data de la década del setenta y es la más antigua del país, lo que dificulta su aplicación real. Si bien en 2004 se votó la ley 17.852 de Contaminación Acústica, nunca fue reglamentada.

González explicó que una vez con el marco legal en funcionamiento se pueden delimitar zonas acústicamente saturadas, como se hizo en España en los noventa. La experta explicó que en el caso de Valencia, por ejemplo, se hizo una campaña de concientización y se estipuló un horario del fin de las actividades para una zona específica de la ciudad. Una vez cumplido el tiempo delimitado, se le sugería a las personas que se desplacen a otras áreas de la urbe, lo que se logró a través de incentivos como entradas sin cargo a otros lugares. También se contó con la colaboración de la Guardia Civil.

Respecto al planteo de los dueños de boliches de que esta diferenciación en la ciudad afecta la libre competencia, González afirmó: "hay que plantear medidas que funcionen y creo que tiene que estar primero la salud pública".

Carpa bailable del Parque Rodó se suma al ruido.

Al debate por el ruido se le agregó una carpa en el espacio donde estaba Don Trigo, junto al estadio Luis Franzini. En ella se instaló una discoteca del Grupo W (forma en que los bolicheros denominan a la sociedad liderada por José Sasson, Andrés Mañosa y Alberto Lamas, exadministradores de W Lounge y de otros boliches). Un vecino que vive a cien metros de la carpa, denunció a El País que si bien no fue mucha gente hasta ahora, el ruido que llegó a su casa era de 54 decibeles, según midió la Intendencia.

Consultado por esta cuestión, el prosecretario de la IMM, Christian Di Candia, sostuvo que la carpa no tiene una habilitación definitiva y que tuvo varias mediciones que dieron más de los 39 decibeles permitidos. "Seguramente este fin de semana sea el último que funcione", indicó. "Le dijimos que iba a dar ruido y si daba se tenían que ir, pero esos riesgos los asume el privado, no la Intendencia". Consultado por qué la IM otorga una habilitación a una carpa señaló que se le dio el espacio al Grupo W porque después del cierre de W Lounge los jóvenes de 18 a 25 años se quedaban sin oferta nocturna, ya que los boliches que están sobre el Parque Rodó son para mayores a esas edades. "Decidimos habilitar carpas mientras no estén prontas las obras de Plaza Mateo y Forte di Makalle", expresó respecto a los dos proyectos que tiene el Grupo W en el Parque Rodó. (En Plaza Mateo se planea hacer un complejo de pubs y restaurantes y Forte Di Makalle pretende ser la discoteca más grande de América Latina). La concesión se les dio después de que el grupo perdiera W Lounge a manos de McDonalds.

La carpa estuvo antes en el faro de Punta Carretas, pero a los empresarios nos les convenció por temas de seguridad, olor y viento, y luego al lado del lago del Parque Rodó, lugar del que fue sacada después de que el 24 de abril un joven fuera arrojado a las canteras del parque por el encargado de seguridad del boliche.

Un empresario que pidió anonimato dijo que presentó un proyecto para la carpa y no tuvo respuesta. "Si hay más de un interesado por un mismo predio tiene que hacerse un llamado a licitación", expresó.

¿Es posible cambiar la movida nocturna?

El plan de cambiar la manera en que se desarrolla la movida nocturna por parte de la Intendencia de Montevideo (IMM) para generar una mejor convivencia choca con varios problemas. Uno es la dificultad de mutar patrones culturales que llevan años, como es el hábito de empezar la noche a altas horas de la madrugada. Otra es descentralizar la "movida" de ciertas áreas de la ciudad.

Históricamente la noche montevideana se ha ido moviendo de zonas, como sucedió en este siglo con el auge de la Ciudad Vieja, su declive y posterior popularización de la zona de Luis Alberto de Herrera y 26 de Marzo, que en la actualidad continúa en apogeo pero ha cedido el trono a Parque Rodó y Cordón Sur. "La principal causa del fracaso de Ciudad Vieja es que se llenó de un público diverso. Se generó eso de si van ellos, yo no voy", sostuvo Leonard Mattioli, sociólogo, DJ de La Teja Pride e integrante del departamento de Industrias Creativas del Ministerio de Educación y Cultura. A diferencia del grupo de vecinos que quiere que existan guetos nocturnos en zonas no residenciales, Mattioli apuntó a que no prime una cultura "gerontocrática" y coincidió con el prosecretario de la IMM, Christian Di Candia, en que no haya zonas de boliches centralizadas sino que cada barrio pueda tener su movida. "Se había barajado hace un tiempo hacer los boliches en el Faro de Punta Carretas. Si sos un joven del Cerro, ¿cómo hacés para llegar hasta allá?" No obstante, señaló que hay barrios céntricos no tan densamente poblados que podrían ser aprovechados. Al respecto, según el censo 2011, el Municipio C (Aires Puros, Atahualpa, Prado, Solís, Nueva Savona, Cristóbal Colón y Complejo Habitacional Parque Posadas) es el que menor número de viviendas tiene (2,3%), mientras que la zona del Municipio B correspondiente a los barrios de Ciudad Vieja, Centro, Barrio Sur y parte de La Aguada es la que tiene mayor número de viviendas desocupadas (21,2 %).

Con respecto a generar una cultura en la que los jóvenes salgan más temprano, varias de las personas consultadas sostuvieron que es posible, pero que va a llevar tiempo. "Hicimos una convocatoria de ideas para mejorar la noche y salía de los jóvenes que el horario actual no es el mejor, que quedan atrapados en dinámicas como dormir y después salir", señaló el director del Instituto Nacional de la Juventud, Santiago Soto. Sin embargo, las objeciones que se plantean a dejar de salir sobre las 2 o 3 de la mañana, son el horario de salida de los trabajos y las universidades, y los costos de las bebidas en los boliches, que limita la posibilidad de "hacer la previa" en ellos.

Los dueños de los locales afirmaron que históricamente el after office no funciona en Montevideo, porque esta modalidad es exitosa solo en las ciudades grandes, donde la gente tiene mucho tiempo de desplazamiento.

Carlos Varela, alcalde del Municipio B, que concentra las zonas bolicheras de Parque Rodó y Cordón, considera que habría que estudiar la limitación de fumar en los espacios cerrados "Quizás se podría generar cubículos como en los aeropuertos, aunque esto implica cambiar una norma nacional". Otra opción es la que le propusieron un grupo de jóvenes: que los boliches cobren un precio similar al supermercado en las bebidas hasta las 12 de la noche.

Cambiar la cultura nocturna también implica analizar el proceso de fondo. Para el profesor grado 5 de psicología social de la Udelar, Juan Fernández Romar, los jóvenes uruguayos han prologando su horario de salida para minimizar el encuentro con los adultos, en un contexto de adolescencia tardía y de poca autonomía económica. "Es una forma de que la ciudad sea para ellos", afirmó.

Efectos del ruido en la salud.

"El ruido tiene un montón de connotaciones; las vinculadas a la audición no son ni remotamente las únicas", expresó la titular del Departamento de Ingeniería Ambiental del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental de la Udelar. "Hay muchos mecanismos que se desatan en nuestro organismo. Por ejemplo, tenemos una mayor secreción de adrenalina, de noradrenalina, de cortisol, todo eso nos vuelve más agresivos, baja nuestro rendimiento intelectual, afecta nuestra motricidad fina. También dificulta cuestiones comunicacionales o sociales. Es esperable que a una persona que le molesta mucho el ruido tenga tendencia a la depresión, a la agresividad o a los dolores de cabeza. El ruido genera además otros mecanismos, como el incremento de la presión arterial".

La experta señaló que también se ha establecido una conexión entre la exposición al ruido y los problemas respiratorios, así como su incidencia en el crecimiento y el aprendizaje.

Una alta percepción del ruido.

De acuerdo al estudio “Voces emergentes”, presentado esta semana por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un 50% de los habitantes de Montevideo expresó que el tránsito y la circulación era la principal causa de ruidos molestos. Le seguían los animales (19,9%), los vecinos (18,8%), las viviendas (11,6%), la vida nocturna (10,2%) y las calles y veredas (8,4%). En referencia a la vida nocturna, el porcentaje es menor a la cifra promedio de las ciudades presentes en la muestra, que es de 16,2 %. Sin embargo, ante la pregunta “¿Cómo califica, en general, el nivel de ruido de su barrio?”, Montevideo se encuentra por encima de las ciudades de la región con un 44,1% e incluso supera el número promedio de las megaurbes evaluadas.

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