Para que no se olvide

En el mundo, a excepción de los países árabes, cada vez hay más interés en recordar y comprender el Holocausto. Cada vez hay más memoriales y museos sobre el genocidio nazi de seis millones de judíos.

The Economist

En todo el mundo, los escolares estudian la masacre nazi contra los judíos. Museos del Holocausto en Estados Unidos, Israel y Polonia atraen a más de un millón de visitantes anualmente. La ONU aprobó dos resoluciones en la última década para institucionalizar la memoria del Holocausto en todo el mundo. Yad Vashem, un museo de Israel capacita a 10.000 maestros israelíes y extranjeros cada año. "El interés está creciendo enormemente", dice Dorit Novak, su director general. La membresía de la Asociación de Organizaciones del Holocausto (AHO) pasó de 25 a finales de la década de 1980 a más de 300. Se abrieron museos conmemorativos en Alemania, Francia, Brasil y Japón. De los 16.000 libros sobre el Holocausto que figuran en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, más de dos tercios fueron publicados en las últimas dos décadas.

En el período inmediatamente posterior, el Holocausto pasó mayormente desapercibido. Los autores y los espectadores preferían olvidarlo. La conmemoración comenzó en Israel a donde fueron muchos sobrevivientes. Pero incluso allí se hacía en voz baja. Para el joven y exuberante país, la masacre de los judíos europea era una imagen incómoda de pasividad y debilidad. Un estudio de 1960 mostró que menos de una cuarta parte de las escuelas enseñaba el Holocausto. El cambio llegó recién cuando los israelíes empezaron a sentir una amenaza existencial durante las sucesivas guerras con los vecinos árabes.

En 1982, el Ministerio de Educación hizo obligatoria para todos los niños la enseñanza sobre el Holocausto. La cobertura en los libros de historia se incrementó de 20 páginas en la década de 1960 a 450 en la de 1990. Hoy, todos los escolares israelíes pasan un semestre estudiando la historia de lo que llaman la Shoah, junto con más cursos en las clases de literatura, música y arte. Unos 200.000 estudiantes y soldados visitan Yad Vashem cada año, los soldados van con sus armas a cuestas. El Estado dedica un gran esfuerzo a mantener viva la memoria de los asesinados.

Sin embargo, con el tiempo la representación de la masacre ha ido cambiando. Cuando Israel era débil, destacaba el heroísmo del gueto de Varsovia. Ahora, con unas tranquilizadoramente poderosas fuerzas armadas, la atención se centra más en el victimismo. Las escuelas enseñan que "necesitamos un ejército fuerte, porque el mundo nos odia", dice Dan Porat, profesor de la educación judía en Jerusalén. Algunos israelíes ven simplista la forma en que se enseña la historia de Israel. El Holocausto es a veces presentado como una falta de espíritu nacional judío, dicen, en lugar de un exceso de Alemania. Las oficinas del gobierno muestran fotos de jets de la Fuerza Aérea israelí sobrevolando los campos de exterminio de Auschwitz. El día de recordación del Holocausto, establecido cinco años después de la fundación de Israel, los políticos presentan habitualmente los enemigos del país como a posibles aniquiladores. "Todos nuestros peligros actuales se ven a través del prisma de Auschwitz", afirma Ronen Avihu, profesor de historia judía en la Universidad de Haifa.

En Occidente, recayó en los medios de comunicación fomentar el debate público sobre el Holocausto. Los primeros trabajos golpearon temas familiares para los israelíes. La lista de Schindler, una película de Hollywood de 1993 sobre un empreasrio alemán que sobornó a oficiales nazis para proteger a sus empleados judíos, pasa de blanco y negro a color cuando los sobrevivientes llegan a Jerusalén. Las representaciones occidentales más recientes se han ido distanciando de la narrativa israelí. Los jóvenes europeos, ahora separados por tres generaciones de los asesinatos, se estremecen de la culpa impuesta por los mayores. Según Centropa, un centro educativo en Viena, los estudiantes responden mejor a la enseñanza del Holocausto cuando primero se les habla sobre el pasado judío que se han perdido. "Si ellos se relacionan a través de La metamorfosis de Franz Kafka, los judíos de Praga y la cultura de Weimar, aprenderán sobre el Holocausto entrando por la puerta de atrás", dice Edward Serotta, fundador de Centropa. Las escuelas holandesas atraen alumnos mediante la celebración de paseos conmemorativos a los edificios que una vez albergaron a judíos.

A diferencia de Yad Vashem, que retrata a los judíos como forasteros en Europa que encuentran la redención en Israel, nuevos museos judíos en Austria y Polonia presentan a los judíos como parte intrínseca del patrimonio y la cultura europeas. "Me sorprendió", dijo Porat después de una visita. "Nunca había pensado a los judíos como polacos." La exposición en Yad Vashem termina con una imagen de la declaración de la independencia y la ejecución del himno nacional de Israel, mientras que los equivalentes europeos subrayan un renacimiento judío en lugares donde ocurrieron masacres (Berlin tiene la comunidad judía de más rápido crecimiento del mundo y partiendo de una base muy baja, por ejemplo).

Estados Unidos puede tener la segunda población judía del mundo, pero, sin campos de exterminio en su territorio, sigue un camino sorprendentemente universal en la enseñanza del Holocausto. Museos y programas de estudio a menudo lo utilizan como vías para examinar los genocidios en general, se centran en los peligros del "racismo, el fanatismo y la intolerancia", dice Dan Napolitano, directora de educación en el Museo del Holocausto en Washington, el mayor de 30 museos y 70 centros sobre el tema en Estados Unidos. Ofrecen cada vez más cursos para soldados, abogados y policías a los que advierten sobre el abuso de poder.

Discutir el Holocausto en el contexto de otros horrores humanos es muy popular en América Latina, África y Asia. Richard Freeman, que dirige el mayor de los tres centros del Holocausto de Sudáfrica, han utilizado las leyes raciales nazis para examinar el dominio blanco. "Hay un paralelismo muy estrecho entre el establecimiento de un estado racial en Alemania en 1933-1939 y el apartheid de Sudáfrica", dice. En Senegal, un funcionario de la ONU encargado de promover el recuerdo del Holocausto en África ha hablado de utilizarlo como una manera de "desarrollar la memoria de la esclavitud". Alumnos argentinos examinan el Holocausto, a la luz de lo que hizo su propia dictadura.

Los métodos desarrollados por los primeros centros del Holocausto se volvieron las guías para los memoriales de las tragedias en Asia. El Museo del Genocidio Tuol Sleng en Camboya y un museo chino que conmemora la "violación de Nanking" por los soldados japoneses en 1937 se basaron en Yad Vashem. "Los israelíes hacen un gran trabajo de enseñanza del pasado", dice Fu Xiaowei, director del Departamento de Estudios Judaicos de la Universidad de Sichuan en Chengdu. Ha tratado de fomentar el interés en el Holocausto con un concurso de redacción que ofrece un premio en efectivo.

En algunos lugares, el Holocausto ahora eclipsa el conflicto que lo alimenta. Libros de texto de historia de la India dedican gran parte de sus cursos sobre la Segunda Guerra Mundial a la masacre. "Imagínate a tí mismo como judío o polaco en la Alemania nazi. Es setiembre de 1941, y se te pide que portes la estrella de David", instruye un texto de décimo grado llamado India y el mundo contemporáneo. Allí y en otros lugares, el Holocausto es visto como el evento central del siglo XX en Europa, y por lo tanto atrae a millones de turistas. El año pasado, 46.500 surcoreanos visitaron Auschwitz, sólo unos pocos menos que los 68.000 israelíes.

La principal excepción geográfica al creciente interés mundial en el Holocausto es el mundo musulmán, donde es considerado a menudo como una dramatización creada para ganar simpatía hacia los judíos empeñados en acaparar tierras árabes. Ninguno de los tres principales centros de información de la ONU en Medio Oriente celebran el Día del Holocausto. En algunas zonas de París con muchos musulmanes, algunas escuelas habrían eliminado mención del Holocausto en sus programas por temor a parecer pro-Israel. "Sé de casos en que el profesor mencionó Auschwitz y Treblinka y los estudiantes aplaudieron", escribió Georges Bensoussan, un historiador francés, en un estudio sobre las escuelas de inmigrantes 2004.

No obstante, los centros del Holocausto occidentales están incursionando en el mundo musulmán. Internet permite eludir a los censores locales. El Proyecto Aladdin, una iniciativa con sede en París, ha sido escenario de conferencias del Holocausto en Beirut y Bagdad, alabando a los árabes que ofrecen refugio a los judíos que huían de la persecución del siglo XV. El mes próximo, el Museo del Holocausto de Washington llevará a cabo su primer programa de formación para educadores árabes. La agencia para los refugiados palestinos de la ONU, que dirige escuelas para los hijos de árabes que huyeron de Israel tras su fundación hace 65 años, intentó en varias ocasiones impartir clases del Holocausto, pero Hamas se lo impide.

Tal vez la mayor amenaza a la memoria de los seis millones de judíos asesinados por los nazis sea la banalización. "El Holocausto ha perdido su especificidad", dice Eckhardt Fuchs, académico alemán que elabora un estudio sobre libros de texto en todo el mundo. Los políticos de Estados Unidos y otras partes emplean rutinariamente el Holocausto como un recurso retórico para señalar el mal. Incluso en Israel, sus menciones son cada vez más informales, los agricultores molestos por los rendimientos decrecientes deL concentrado de tomate han llamado al ketchup su Auschwitz. Una chiste popular entre los escolares israelíes dice ¿por qué Hitler se suicidó? (Respuesta: leyó su factura de gas.) En el Reino Unido, algunos profesores utilizan el Holocausto como una lección contra el acoso escolar, reduciendo a los nazis a matones de patio de colegio.

Tratarlo como una cuestión moral, advierte Paul Salmons, un académico británico, podría devaluar el estudio del Holocausto, independientemente de su proliferación. (Traducción: Fernán Cisnero)

Algunas pocas visitas

El Memorial del Holocausto del Pueblo Judío, ubicado en la rambla y Bulevar Artigas fue inaugurado en 1994 y fue el primer memorial al Holocausto en América Latina. Su mantenimiento está a cargo de la intendencia. Eduardo Kohn, director de B´Nai B´rith para América Latina, dice que, probablemente por su ubicación, el monumento quedó un poco relegado del tour turístico, aunque sí es bastante visitado por los turistas judíos que vienen a la ciudad.

Ademas del memorial en la rambla, existe un museo del Holocausto en la sede de la Comunidad Israelita del Uruguay, sobre la calle Canelones.

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