mapa del secuestro en la región

Tras los pasos de Colombia

Colombia es la Meca de la sabiduría sobre el secuestro y hacia allí están mirando los países que, como Uruguay, recién empiezan a sufrir los embates del crimen organizado. La experiencia colombiana indica que los secuestros se pueden controlar, pero que lo que le sigue es un aumento de la extorsión.

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En Uruguay hay un grupo de unas 12 personas que trabaja en delitos complejos.

Entre 1960 y 1970 Colombia empezó a conocer el terror del secuestro. Fue la forma que eligieron los grupos guerrilleros para financiar sus actividades: asentados en zonas rurales, dueños de las rutas y los caminos aislados, seleccionaban a los empresarios y productores más adinerados y los interceptaban para exigir un pago a cambio de sus vidas. Hacia 1980 los colombianos heredan de México la formación de grupos de autodefensa ("policía comunitaria") y luego surgen las primeras bandas de narcotraficantes. La confluencia de esos tres grupos dio como resultado un récord histórico de secuestros en el año 2000: 3.572 en una población de poco más de 40 millones. Hoy, 15 años después y con ocho millones más de habitantes, tienen menos de 300 secuestros por año.

Colombia pasó de ser la capital del secuestro mundial a ostentar en un año niveles semejantes a los que México —el país con más secuestros del mundo— registra formalmente en un mes (sin contar los que no se denuncian, que según organizaciones sociales son el 90%). Control Risks, una consultora internacional que se dedica al análisis de la inseguridad, considera que Colombia presenta hoy un riesgo "medio" de sufrir secuestros, a excepción de la frontera con Ecuador, donde el riesgo sigue siendo alto (ver mapa). Está en la misma categoría que Brasil y Argentina.

La fórmula del éxito se puede resumir en inversión (más de US$ 4 millones por año solamente dedicados a tareas antiextorsión y antisecuestro), prevención (campañas constantes, conferencias informativas y talleres), investigación, tecnología, trabajo estrecho con la Fiscalía, despliegue territorial en 30 unidades Gaula (Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal) y un aumento de las penas. Contribuye la disolución de algunos grupos guerrilleros y las negociaciones de paz con los que aún siguen activos, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o el Ejército de Liberación Nacional.

Más allá de la respuesta de las autoridades, el secuestro cayó en desgracia porque quienes lo elegían para delinquir se dieron cuenta de que no convenía: se necesita mucha organización y estructura para mantener a una persona cautiva, y encima en Colombia el secuestro extorsivo se paga con hasta 42 años de cárcel (y puede haber agravantes).


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Los secuestros denunciados empezaron a bajar desde 2008 y hoy se cuentan unos 300 por año aproximadamente, pero en Colombia todavía no festejan porque la reducción de este delito trajo, en contrapartida, el aumento de otro que es más sencillo de cometer y a priori luce menos escandaloso: la extorsión.

Solo una llamada.

Al teléfono la voz del coronel Fabio López suena tranquila, sin apuros y con la paciencia suficiente como para esperar los segundos que implica una llamada de larga distancia. A López, el director de Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía colombiana, no parecen molestarle las explicaciones. Le interesa compartir la experiencia de un país curtido por el crimen organizado con un país que recién está empezando a sentir esos embates.

"Sí", admite casi sin peros. "La extorsión es hoy la principal preocupación y viene en aumento". En 2014 la Policía de Colombia recibió 2.790 denuncias por este nuevo mal de moda. Las denuncias se incrementaron 300% desde 2010.

López dice que cada año se proyecta en una "matriz operativa" qué cantidad de procedimientos se podrán concretar. Para 2015 son 495. De esos, solo 75 apuntan al delito de secuestro (casos que no se aclararon o que no alcanzaron a capturar a todos los culpables). Las otras 420 operaciones procurarán desarticular bandas dedicadas a la extorsión. En la mayoría de esos casos ya hay información pero falta afinar la puntería para que la Fiscalía emita la orden de captura.

El auge de la extorsión aparece como el último estadio de una progresiva mutación de las características del secuestro. En un comienzo las víctimas tenían mucho dinero, pasaban meses o años en cautiverio y para el rescate se pedían millones de dólares. Con el tiempo, los delincuentes vieron que en niveles socio-económicos altos se enfrentaban a más seguridad y protección privada, así que debieron apelar a personas de nivel medio —dueños de algún inmueble, con cierta comodidad, aclara López. Antes eran empresarios, hoy son pequeños comerciantes. Bajó la ambición de los secuestradores y también la infraestructura, con lo que los secuestros pasaron a durar, en promedio, unos cinco días.

Los extorsionistas, al igual que los secuestradores, por lo general se concentran en comerciantes y dueños de tiendas modestas. López dice que "extorsionar es fácil porque con tan solo una llamada es posible intimidar a una víctima". Los delincuentes no necesariamente disponen información comprometida. Lo que tienen es "información básica" que se consigue en internet o en guías públicas, como la dirección del comercio, el teléfono de la casa del dueño, el nombre de algún integrante de una familia. Eso les alcanza para manipular. A menudo acceden a datos más privados aprovechando la ingenuidad de niños o empleados, haciéndose pasar por clientes o conocidos.

Los que llaman suelen identificarse como parte de un grupo guerrillero o una banda criminal (ellos les llaman "bacrim"), aunque no lo sean. De hecho, según López, más del 70% de los que secuestran o extorsionan son delincuentes comunes, y solo el 10% de ellos son exmilitares, expolicías o exguerrilleros. Sucede que en muchos casos se da una alianza entre bandas comunes y grupos ilegales —los primeros concretan el secuestro y los otros asumen el cautiverio y la negociación— , por lo que suena creíble que el autor se anuncie más poderoso de lo que realmente es.

"Hacen la exigencia y recurren a amenazas, intimidaciones, presión de pago, atentado contra la vida, la familia, la casa, el local comercial, humillaciones y empleo de violencia para que la víctima se doblegue y que esa intimidación lo domine de modo de hacer el pago extorsivo. En algunos casos llegan a amenazar con disparos de armas de fuego para que la persona vea la capacidad del delincuente", cuenta el coronel López.

Así funciona la extorsión "clásica", pero hay otra que proviene de las cárceles. En la Policía colombiana dicen que en el año 2000 había solo una cárcel de la que se realizaban llamadas extorsivas y ahora llegan a contar 45. Esta modalidad apunta a "pescar un pago" amenazando con matar a un recluso. A veces prueban suerte en pueblos enteros. No acuden a los más "fuertes" porque saben que no les pagarán, dice López. "Fuerte es decirle no a esa extorsión, colgar la llamada y denunciar ante el Gaula".

Esto último es una obsesión de este policía amable y llano al hablar: generar consciencia. Su consuelo frente al auge de la extorsión son sus logros en términos de prevención. Dice que en el tiempo que lleva al frente del Gaula policial (poco más de un año) han logrado llegar a cinco millones de colombianos mediante "acercamientos directos", especialmente con los comerciantes. Les han invitado a integrarse a una red de cooperantes y aliados "para que el ciudadano tenga más capacidad de denuncia y más confianza en la Policía". Su sensación es que el aumento de las denuncias es fruto de ese trabajo.

Mientras tanto.

Algunas organizaciones sociales de Colombia ponen en duda la drástica reducción de secuestros que exhiben las cifras oficiales, pero aun así admiten que han disminuido.

Colombia se erige como un modelo en la región, en dos sentidos: fue "vanguardia" en secuestros (ahora los demás países están sufriendo lo que ellos antes, siendo Uruguay prácticamente el más demorado) y también logró controlarlos.

Esta semana, autoridades de la Policía uruguaya dijeron que habían enviado a formar a sus oficiales a Colombia. Según supo El País, fueron solo "charlas informativas" o cursos de pocos días. En Colombia se organizan cursos exigentes de cuatro meses a los que todavía no han accedido oficiales uruguayos. Fuentes policiales confiaron que el único especialista realmente formado en secuestro dejó la fuerza hace algunos años.

Así como hace 20 años Colombia montó la oficina Antisecuestro y Antiextorsión que hoy dirige Fabio López (y en la que trabajan 1.450 personas), otros países han ido por el mismo camino. En Uruguay existe un grupo de unas 12 personas que depende de la Dirección General de Lucha Contra el Crimen Organizado e Interpol y que se dedica a resolver delitos complejos, entre ellos, los secuestros. Pero no existe una unidad formal. Algunos de esos oficiales brindaron tareas de apoyo al contingente de 60 hombres dirigido por el jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, que investigó el secuestro de la doctora Milvana Salomone y dio fin a su calvario de un mes.

Actualmente México es el país del mundo con más secuestros. Cada seis horas aparece una nueva víctima. Le siguen India, Paquistán, Irak y Nigeria. El mapa de la consultora Control Risks pinta de rojo (nivel de riesgo alto) en América, además de a México, Venezuela, Haití y ciertas zonas de Colombia y Ecuador. Uruguay está marcado, por ahora, con el color claro que identifica al nivel de riesgo "insignificante".

Argentina, hoy con un riesgo "medio" según Control Risks, está sufriendo un recrudecimiento del delito de secuestro. Aunque las autoridades no lo admitan públicamente, los operadores judiciales de ese país reconocen que en 2014 y en lo que va de 2015 se reinstaló esta modalidad delictiva que ya tuvo otro pico entre 2002 y 2005. La mayoría de los casos notorios sucedieron en la zona noroeste y oeste del conurbano bonaerense y fueron a empresarios o personas con capacidad de reunir mucho dinero. Allí, por ejemplo, secuestraron al padre del futbolista Carlos Tévez en julio de 2014.

La fundación Insight Crime, que estudia las novedades del crimen organizado en América, vincula el crecimiento de los secuestros en Argentina con su "papel cada vez mayor en el comercio de drogas, tanto como país de tránsito como consumidor". "Esto ha provocado el crecimiento y la expansión de los grupos criminales locales, los cuales son cada vez más violentos. Los recientes secuestros son otro indicio de la creciente sofisticación de este tipo de redes locales", dice en un ar-tículo publicado en agosto de 2014.

Y agrega: "A medida que las organizaciones criminales locales evolucionan, es probable que Argentina experimente este tipo de diversificación de intereses criminales, como ha sucedido en países como México y Colombia, donde las organizaciones que empezaron en el negocio de la droga han participado en otras actividades como el secuestro y la extorsión".

Para el colombiano Fabio López, los países que están dando sus primeros pasos en estos fenómenos deben apostar a mejorar la comunicación interinstitucional y a mirar la experiencia de otros. "Tienen la responsabilidad de dar seguridad al país. Lo que hemos hecho aquí es aumentar capacidades y actualizar la normativa para dar más fuerza en los procesos investigativos. Creo que es bueno que se revise la normativa para luchar contra los delitos de impacto", opinó.

CONSEJOS DE LA POLICÍA COLOMBIANA.


Confiar en la Policía.


El consejo "número uno" del coronel colombiano Fabio López, director de Antisecuestro y Antiextorsión, es que los ciudadanos se acerquen a la Policía, ya sea para denunciar o brindar información sobre hechos delictivos. López recomienda a las familias de las víctimas asesorarse personalmente con la unidad especializada con personal preparado, como es el Gaula en Colombia.

Campañas e información.


En Colombia se realizan campañas de prevención en los medios (se pueden ver en el canal de Gaula en Youtube), conferencias, alianzas estratégicas y asesorías a grupos vulnerables. "Buscamos educar a las familias con información y medidas autoprotectivas", dice López. "La información de una familia, del trabajo o de cada persona debe tener cierta seguridad y preservarse. Muchas veces, tras la llamada de un delincuente, las personas dan información en forma imprudente que después es aprovechada. Cuando hay llamadas extrañas, se recomienda lisa y llanamente preguntar quién está llamando para poder dar la respuesta".

Redes sociales.


Las redes son utilizadas para obtener información, por lo que hay que cuidar el criterio con el que se publican fotos o datos personales. A su vez, en ocasiones, es por medio de las redes que los delincuentes se comunican y hacen exigencias extorsivas.

Comunicación interinstitucional.


López aconseja mantener una buena comunicación entre la Policía y todas las instituciones. En Colombia se creó un Consejo Nacional contra el Secuestro y la Extorsión, presidido por el Ministerio de Defensa (del que depende la Policía), para mantener la capacidad de prevención.

Revisar la normativa.


El jerarca colombiano aseguró que el aumento de penas para quienes cometen secuestro o extorsión es "una herramienta fundamental", porque "ahora los delincuentes se lo piensan dos veces". López recomienda a las autoridades revisar la normativa, tanto para aumentar las penas como para agilizar o potenciar los procesos de investigación de los delitos de alto impacto.

No aceptar extorsión.


"Yo no pago, yo denuncio", es una campaña reciente del Gaula de la Policía colombiana en el marco del plan Choque contra la Extorsión. En distintos videos se muestra cómo se realiza la extorsión desde una cárcel (algo habitual allí) o a un comerciante (lo más frecuente). Se recomienda que, ante una llamada extorsiva, se cuelgue el teléfono y se denuncie a una línea telefónica gratuita que ofrece el Gaula o incluso a través de su cuenta de Twitter.

SABER MÁS

Fabio López, director de antisecuestro en Colombia.


El coronel Fabio López dirige los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal (Gaula) de la Policía Nacional de Colombia desde hace poco más de un año. Antes estuvo al frente de distintas unidades Gaula del interior del país, donde trabajan policías y fiscales especializados en equipo. López ingresó al Gaula en 1997. Ahora trabaja en la dirección central, ubicada en Bogotá, donde delinea estrategias para todo el país, pero también suele viajar al interior para participar directamente de los operativos especiales más complejos. Cuando asumió prometió instalar un portal virtual del Gaula para denunciar extorsión. Eso está en proceso de concretarse para el próximo semestre, según dijo a El País.

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